El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso I.

El cliente y el marchante: frases y vocablos en desuso I.

En el lugar menos pensado le vienen a la mente a uno las cosas más insospechadas, y voy a poner como ejemplo la historia que voy a contar.

En un tratamiento médico sistemático al que asistía diariamente de lunes a viernes, normalmente me atendía la misma persona, un joven brasileño con el que uno podía entenderse bien tanto en inglés como en español. La otra persona era una terapista haitiana con similares capacidades y ambos con mucha amabilidad.

El brasileño siempre estaba hablando de que tenía ganas de que llegara el viernes para ir a practicar su hobby preferido, irse a una playa a nadar y a tomar cerveza y así, en el breve tiempo de acomodo y terminación del proceso, fuimos amenizándolo con una alimentación de sus conocimientos del “lenguaje cubano”, lo que tuvo su culminación cuando un dia en que llegué a la clínica mucho antes de lo normal, al ser atendido enseguida, le dije inocentemente: “hoy no hay clientes”.

Ahí comenzó a reírse, diciendo que era la primera vez que escuchaba esa palabra aplicada a otra cosa que no fuera ir a comprar a un supermercado. Ahí quedó lo gracioso de la conversación, pero la memoria puede patinar y demorarse, pero nunca falla, y ella me trajo otra palabra: marchante.

Fue así que aproveché para incorporar al brasileño a su jolongo de léxico cubano la citada palabrita, para lo que tuve que explicarle que cuando yo era niño, no existían los supermercados y las compras habituales se hacían en pequeñas tienditas, conocidas como bodegas para los cubanos, y que la gente que allí iban, que ni siquiera pagaban al momento, sino que en una libretica le iban apuntando lo adeudado y era liquidada los sábados cuando se cobraba, esos eran los llamados “marchantes”.

Así que ahora hay que averiguar de dónde viene lo del marchante, que no debe ser alguien que se marcha o se va, ni un militar que ejecuta una marcha militar.

Dicen los diccionarios que “marchante” es un comerciante en obras de arte, un cliente habitual de un bar o restaurante, o en sentido general un comprador. Entre los sinónimos de marchante está por supuesto cliente y otro curioso: “parroquiano”, que sobre todo en Andalucía, se identifica como el que acostumbra a comprar en una misma tienda o ir a comer a un mismo lugar. Pero el parroquiano lo conocíamos como la persona que pertenece a una parroquia, el que vivía dentro del territorio de una parroquia, división territorial de la Iglesia Católica atendida por un párroco.

Y en Argentina, con ese español tan incomprensible, “tirarse a la marchanta” es abandonarse uno mismo, y un buen ejemplo de ello es el conocido tango “Mano a Mano” de Carlos Gardel:

“Rechiflao en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer;
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón…”

Pero la cosa va mucho más atrás en el tiempo. El vocablo marchante, ya en desuso, se refería a una nave o barco que se dedicaba exclusivamente a transportar mercancías o pasajeros, lo que derivó en “mercante”. También se usó para designar el vendedor ambulante y todo ello viene del latín, y de ahí al francés: “marchand”, con el que se designaba a un cliente de un establecimiento comercial, sobre todo en un mercado público. Y en Cuba el marchante era el asiduo a un comercio.

La libretica del gallego.

Y el marchante más representativo era el cliente del bodeguero.

Como dije en casi cada esquina había un puesto de chinos y enfrente, invariablemente una bodega de españoles, casi siempre gallegos o asturianos. Tanto unos como otros vivían dentro del propio local del comercio o en el piso superior del mismo. En esa bodega se acostumbraba a hacer las compras, llamadas “mandados”, del día, y no pagar en ese momento, el gallego con su infaltable lápiz en la oreja, lo anotaba en una libretica que llevaba el comprador y la deuda se liquidaba cuando se pudiera. No creo que nadie hiciera trampa con eso, era una relación de mutua confianza.

Lo usual en las casas era comprar lo que se iban a consumir en el día y dejar el refrigerador o la nevera para la leche y el agua y algunas otras cosas que requirieran una temperatura más fresca. La mayoría de las familias en los años 40 y 50 del pasado siglo cocinaba con carbón, lo que era lento y sucio, pero esos sabores maravillosos son inolvidables. Eran la combinación de carnes frescas, vegetales recién cosechados y cocinados lentamente con carbón.

Todavía recuerdo que la comida de los domingos era casi invariablemente el arroz con pollo, porque este animalito costaba tres veces más que la entonces miserable carne vacuna, que hoy es ansiada por los cubanos como el oro rojo, algo prohibido a partir del triunfo revolucionario, por eso para nosotros el lujo mayor es comerse un bisté de palomilla con papas fritas. En ese entonces se prefería comprar los pollos vivos, en pollerías y no congelados como hoy en día. Si a este plato le faltaba el pimiento morrón de lata y los petit pois, entonces estaba incompleto.

El bodeguero no era un comerciante ajeno a sus clientes, marchantes o parroquianos, se codeaba a diario con ellos, los conocía a profundidad y participaba de sus alegrías y de sus penas. La gente iba a la bodega como quien va a casa de un amigo. No importaba que algunas bodegas mejoraran y tuvieran neveras gigantescas, anaqueles barnizados y muchas luces y pomos con golosinas, ellos seguían siendo el amigo de todos en el barrio, alguien que no se puede borrar de nuestra idiosincrasia.

Lo cierto es que las bodegas cubanas siguen teniendo muchos marchantes aunque los anaqueles estén vacíos.

Con esta anécdota me aparecen de nuevo muchas palabras que han quedado en el olvido, que ya no forman parte del léxico y solo la recordamos algunos ancianos o gente madura. Y si antes la prensa tenía un papel importante en la creación de nuevas voces, vocablos y frases, ahora ese papel fundamentalmente recae en Internet, sobre todo en las redes sociales, el nuevo asesino del idioma de Cervantes (el antiguo asesino era en particular el habla argentina y en particular de Buenos Aires).

Solo nos resta hacer similar análisis con frases que han quedado solamente en nuestra memoria y que no significan nada para las nuevas generaciones, pero que vale la pena recordarlas, muchas de origen español, que ya no se escuchan.

Frases en desuso.

Comer catibía o comer bolas: credulidad excesiva en algo mientras los engañan.

Comerse un pan: equivocarse

!Se la comió!: hizo algo excelente.

Dar caritate: pasear con su pareja por delante de alguien que fuera su amante.

Estar en la tea o en la fuácata: es estar en la pobreza o la indigencia.

Estar la caña a tres trozos: estar en una situación muy complicada, es pensar de forma pesimista sobre política o asuntos sociales.

Estar en el pico del aura, es gran dificultad para lograr algo que se quiere

Irse a freír tusas: es mandar a alguien a alejarse de donde está para que no moleste o no se entere de lo que se conversa. La tusa es lo que queda después de desgranar la mazorca de maíz, así que es enviarlo a hacer algo inútil.

Pegarse el jamón: vivir a costillas del Estado, en este caso de Liborio. Algunas caricaturas representaban al presidente del país siempre con un jamón entero a cuestas.

Acabar con la quinta y con los mangos: Destruirlo todo, arrasar.

Más se perdió en Cuba: cualquier problema o pérdida es insignificante respecto a otras y no debe preocuparnos.

Salir como bola por tronera: fracasar en una empresa, de la tronera, del juego de billar, de donde no se sale.

Ser un ñame con corbata: alguien sin educación ni cultura que desempeña un cargo para el que no es apto.

Al fin parió Catana es desengañarse de algo por lo que se porfiaba sin razón.

Eramos pocos y parió Catana: llegó más gente en el momento menos adecuado, algo que sucede inesperadamente y que se añade como una nueva preocupación.

¡Y un jamón!: es rechazar algo que se pretende por otro.

Bodeguero, hijo caballero y nieto pordiosero: Los descendientes no luchan por mantener un estatus que les cayó del cielo, sino lo despilfarran.

Comer de lo que pica el pollo: Estar actuando como un tonto, estar comiendo mierda.

Te peinas o te haces papelillos: implica que se debe tomar una decisión.

Se acabó lo que se daba: no queda nada, el final.

Se sacó la rifa del guanajo: Una situación inesperada que no sabemos cómo solucionarla.

Ni hablar del peluquín: rechazar totalmente algo que acabamos de escuchar. Se hizo popular con una canción de Juan Legido y los Churumbeles de España.

Chenche por chenche: es un intercambio de una cosa por otra, viene del inglés “change for change”.

Comerse un cake: llevarse un susto, sucede algo diferente a lo esperado.

Se acabó el pan de piquito: se acabó lo bueno.

Al carajo albañiles que se acabó la mezcla: ya no queda nada que hacer.

Ni la cabeza de un guanajo: una comparación ridícula o algo que no tiene sentido definirlo como bueno.

Irse a empinar chiringas: equivale a mandar al diablo.

El bayú de Lola: un relajo extremo o un inmenso reguero y caos.

El potrero de Don Pío: donde no se respetan leyes ni a nada ni a nadie, donde impera el desorden.

Esto está de apaga y vámonos: La cosa está muy difícil.

Metérsela hasta el collín: alude a los machetes Collins, que tienen la marca al lado de su empuñadura. Significa que se llevó algo hasta las últimas consecuencias y también tiene una significación sexual.

Se formó la de San Quintín: Se armó tremendo problema.

Caerle como un 20 de Mayo: tiene el significado de caer de forma masiva y aplastante sobre alguien, pues el 20 de Mayo de 1902 en Cuba se instauró la República.

Voló como Matías Pérez: hace referencia a Matías Pérez, un toldero y aeronauta aficionado cubano que levantó vuelo en su globo en junio de 1856 sin que se supiera más de él. La frase se aplica al que desaparece sin dejar huellas.

Vivir como Carmelina: alude a Carmelina Arechabala, que tuvo una vida de comodidad y opulencia gracias al negocio familiar, la fábrica de rones y otras bebidas Arechabala, creadora de la marca Habana Club.

Perder güiro, calabaza y miel: implica perderlo todo, generalmente por no tomar una decisión en el momento preciso.

Meter La Habana en Guanabacoa: Guanabacoa es un municipio de la capital cubana, por lo que la expresión se utiliza para indicar cuando se intenta introducir algo en un espacio insuficiente para ello.

Pasar por la piedra: tener sexo.

“¡Liberales de Perico! ¡A correr!”: El Ejército estaba en manos de Menocal y con su apoyo los conservadores sembraban el pánico allí donde hubiera un político con ideas contrarias. Aún así los liberales de Perico se reunieron a celebrar un mitin de protesta. Al comenzar el discurso del liberal con la frase “¡Liberales de Perico!”, aparecieron los conservadores atacando a tiros a los congregados, por lo que agregó: “a correr”.

Donde la mula tumbó a Genaro.: un momento crítico.

Ser hacha y machete: tener habilidad para algo, ser muy diestro.

Ángela Pérez: exactamente; es una variación de “anjá”, que significa afirmación.

Quemar el tenis: es irse de prisa.

Guayabitos en la azotea: significa que alguien está loco.

Olray (alright) era más usualmente empleado que el actual O.K. (Okey) para indicar que todo está bien.

Niet poni maiev: significa no en ruso, una negativa rotunda.

La botella del mondongo: un premio ridículo.

Artículos desaparecidos.

Pero aquí no queda lo olvidado, continuamos con cosas materiales y no me refiero a objetos que pueden parecer cercanos como el cassette, los vídeos VHS o Betamax o el Walkman, sino a otros artículos un poco más antiguos y que eran comunes en todas las casas cubanas. Son las cosas que quedaron atrás por imperativo de los tiempos y la tecnología.

Las enciclopedias. Un tema sobre el que he abundado y que sigo añorando por lo que representaron en mi juventud y en la mayoría de mis contemporáneos.

Las máquinas de escribir. Un sonido que no olvido y que hasta he tenido puesto en el teclado de mi computadora por lo agradable que me resulta escucharlo. Representaron un invento tan importante que la distribución del teclado QWERTY, creado para ellas, es el estándar para teclados de todos los dispositivos digitales.

Los teléfonos fijos con marcador de disco pesaban una tonelada y eran irrompibles. Recuerden aquellos de la marca Kellogg.

Plumas fuente: ¿quién no quería tener una Parker, o aunque fuera una Esterbrook?. El bolígrafo acabó con su reinado.

Las cámaras fotográficas analógicas de rollos. La mayoría de nuestras memorias se capturaron con estas cámaras, en las que había que ser cuidadoso para evitar que hubiera fotos defectuosas, después venía el revelado y la impresión, por lo que sin duda la fotografía digital le ganó la partida por un amplio margen.

Los centros de mesa tejidos a crochet. Estaban en todas las casas.

Los cigarros de chocolate. Como fumar era considerado un signo de distinción, existían cientos de marcas de cigarrillos de chocolate, que disfrutamos como si estuviéramos fumando igual que los adultos.

Mosquiteros. Bebés, niños y adultos dormíamos con mosquiteros cubriendo la cama. Era una colgadura de gasa que impedía entrar a los mosquitos o insectos.

Medicinas. Nadie sabe hoy día que es el argirol, el yodo, el mercurocromo, la sal de higuera, el palmacristi, el árnica, y muchas otras con las que nos curamos afecciones comunes.

Afiladores de tijeras y cuchillos. Los amoladores o afiladores paseaban por los barrios sonando una especie de flautilla (mini flauta, flauta de afilador, silbato de afilador), ahora son innecesarios.

Ceniceros y escupideras. Los avances en la salud pública y su prevención, hicieron que estos objetos, antes comunes en todas partes, desaparecieran completamente.

Pan con Timba: pan con dulce de guayaba. Acompañado con una Materva o un Royal Crown Cola, los refrescos de mayor contenido líquido, eran una merienda abundante.

Las fosforeras y encendedores. Todos queríamos tener una Ronson y sobre todo las que no se apagaran con el viento o tuvieran una forma atractiva o curiosa. Fenecieron junto con el descubrimiento de lo nocivo del vicio de fumar, aunque subsisten.

Los contenedores de aluminio para fabricar cubitos de hielo con una palanca para sacarlos.

Las guías telefónicas, cada año más voluminosas, con las páginas blancas de los abonados y las páginas amarillas de los comercios y empresas y las correspondientes libretas de direcciones y números telefónicos.

Los mapas de carreteras y ciudades que daban en las gasolineras. Esso, Shell y Texaco eran los mejores.

Los lavaderos, ya fueran de madera o construídos de cemento y cerámica eran la forma más común de lavar cuando no todos tenían lavadoras. Muchos trabajos pasamos con ellos, así que no los olvidamos.

Las máquinas de moler carne manuales. En todas las casas había una y allí se molía la carne, el maíz, los vegetales, y lo que fuera.

Los relojes despertadores de cuerda. Esos nos despertaban quisiéramos o no y difícilmente fallaban.

Las latas de galletas grandes, donde se guardaba el azúcar, el arroz y lo que se compraba en grandes cantidades.

Los litros de leche de cristal.

Las máquinas de coser (y las costureras). Mucha ropa, sobre todo de mujer, era confeccionada de esta forma.

Las neveras. Se les echaba hielo y allí se guardaban cosas elementales, porque las compras se hacían a diario, sobre todo de productos perecederos.

Frases de origen religioso

Y también estaban los vocablos religiosos, muy abundantes y muy empleados, ya fuera para agradecer o maldecir.

Empezó Cristo a padecer.

Alabado sea el Señor.

Gracias a Dios.

Que Dios te acompañe.

Que Dios te bendiga.

Ave María purísima.

Que Dios no lo quiera.

Vaya con Dios.

Valgame Dios.

Me cago en Dios.

Me cago en la hostia.

El copon bendito.

Hace un frío (calor) del copón.

Te voy a dar una hostia.

Y así hasta el infinito esa mezcla de religioso y profano que tenemos los cubanos, según nos convenga, era también objeto de nuestra habla popular. Ahora hay que agradecer o maldecir todo a la revolución y el comunismo.

Ahora que la vulgaridad ha sido elevada al nivel de la cultura, una política cultural de la revolución, junto con el desprecio por todos los valores éticos y civiles que eran parte de nuestra identidad, implica que entre las muchas tareas que tenemos los cubanos, cuando tomemos el control libre de nuestra Isla, está el desterrar para siempre, de nuestra tierra, la fealdad, y la vulgaridad en nuestra forma de expresarnos.

Que se vaya con los Castro y su legado maldito, la grosería, los malos modales, la incultura, la chusmeria y la seudocultura del asere, símbolos de una era ideológica, que pretendió y que ha logrado en cierto medida destruir, junto con la economía y la sociedad, nuestra idiosincrasia y el desprecio por nuestros verdaderos valores patrios y nuestros patriotas, lo que por suerte vive y revive entre los cubanos en el exilio.Encartonado: muy pálido, débil, desnutrido, se aplicaba a enfermos de los pulmones o tuberculosos.

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2 Comentarios

  • Reply
    Shirley
    November 9, 2021 at 2:38 pm

    Gracias como siempre, muchas de las frases no las conocia y tantos de los objetos existian aun en mi casa cuando era niña en los 90.

    • Reply
      carlosbu@
      December 1, 2021 at 7:39 pm

      gracias por tu atencion y tus comentarios

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