Yo soy de los Baby Boomers cubanos

Yo soy de los Baby Boomers cubanos

Yo soy de la generación que en Estados Unidos llaman Baby Boomers, de
Aquella de los que nacimos después de la Segunda Guerra Mundial y hasta 1964, los que ahora tienen de 57 a 76 años de edad. Y como nací en 1945 soy de los primeros Baby Boomers.

El masivo incremento de la natalidad tras el conflicto definió el nombre de esta nueva generación, que ahora cuenta con millones de personas

Se dice que esta generación se caracteriza por su independencia, su responsabilidad y su madurez. Y ello está dado porque los años cincuenta fueron de hecho años de inocencia, el gran entretenimiento era el cine, que además era muy barato y era particularmente atractivo el ir a las matinés para darle continuidad a las series dirigidas a ese segmento juvenil. Después el cetro lo iría ganando la televisión, donde Lassie y otras aventuras, sobre todo Patrulla de Caminos o La Ley del Revólver nos capturaron. Los comics o muñequitos, también muy accesibles, estaban entre los entretenimientos preferidos y ello nos llevó a otra afición más seria y duradera: la lectura, en una época en que los libros también eran muy baratos. Y algo muy peculiar es que fuimos la primera generación que creció junto con la televisión.

Más tarde, la era de los sesenta definiría a los Baby Boomers. La música y los cambios sociales dejaron una huella permanente. La inocencia de la década anterior sería sustituida por el impacto real de la amenaza de una guerra nuclear, la Guerra Fría y las guerras como la de Viet Nam y otros conflictos que no daban tregua. Cambiaron los pelados y la moda, muchos se desilusionaron por las cosas nuevas y por lo que sus padres consideraban escandaloso, pero al final el idealismo de esos años hizo que surgieran verdaderos valores y sobre todo que nunca se perdiera la educación formal y el respeto a los mayores. El asesinato del presidente Kennedy impactó de forma tal que en Estados Unidos se priorizaron los derechos sociales y de la mujer y se aprobaran leyes que ocasionaron un cambio político en ese país e impactaron en el resto del mundo, con excepción de Cuba, donde se había optado por un camino hacia el fracaso, el del comunismo.

Por cosas como esa los Baby Boomers cubanos (ahora descubrimos que nuestra generación se llamó así) fuimos diferentes a los del resto del mundo occidental porque nos vimos atrapados en cambios políticos, económicos y sociales y en una cultura muy diferentes al mundo que habíamos conocido en nuestros primeros años.

En sentido general los Baby Boomers alcanzaron un nivel de educación mayor que ninguna otra generación anterior y el que no podía llegar a la universidad al menos aspiraba a estudiar en la Escuela de Comercio y dominar la contabilidad, las finanzas, la mecanografía y otras especialidades muy demandadas; gracias a los descubrimientos científicos aumentó la esperanza de vida y la mayoría lograron una existencia plena con actitudes responsables, ya que la vida a finales de los años cuarenta y cincuenta se centraba en la familia y ésta a su vez se centraba en los niños y su futuro.

No importaba cual fuera nuestra situación económica, todos comíamos lo que nos pusieran al alcance; los carros, del que tuviera, no poseían ni aire acondicionado ni transmisión automática; la leche la traía el lechero, una ocupación desaparecida, y la dejaban en la puerta de las casas y nadie se los robaba; los que podían iban al auto cine a ver las películas, lo que era toda una aventura; todavía había películas en sepia o en color verde y la mayoría eran en blanco y negro; se podía fumar donde quiera: en las tiendas, en las guaguas, en los aviones, en el cine, en las oficinas, en los restaurantes y hasta en los hospitales, era raro que alguien no fumara; si disponías de servicio telefónico, muchas llamadas se hacían a través de una operadora; la televisión finalizaba sus transmisiones a medianoche con el himno nacional; los teléfonos tenían un disco para marcar los números y era muy común usar teléfonos públicos tragamonedas; el medio de comunicación más rápido y usual era el telegrama, y la forma más común de comunicarse con la familia lejana o amigos era el correo postal; el conseguir y acumular sellos de descuento de determinadas tiendas era una práctica usual y obtener gratis artículos con ello todo un suceso.

La Solterona, un juego que se perdió en el tiempo

Para las niñas había disponible muñecas que hablaban, algo increíble; los niños disfrutábamos de las pistolas con fulminante, un rollito de papel con un poco de pólvora que hacía ruido y provocaba humo y nos parecía un disparo real y también el que podía, con los trenes eléctricos de juguete; la mayor aspiración de un niño o niña era tener una bicicleta Niágara; los juegos de mesa eran muy populares y pasábamos muchas horas en ellos, siendo los más usuales las damas, el parchís, las damas chinas, las cartas (americanas o españolas con sus diferentes juegos) y el más complejo y entretenido, el Monopolio; como todos los niños jugamos a la pelota con lo que fuera, inclusive a las cuatro esquinas con pelotas hechas con cajetillas de cigarros; el café se hacía con un colador de tela; la tecnología más avanzada estaba representada por las máquinas de escribir y las calculadoras; a los refrigeradores se les llamaba neveras rememorando aquellas que conservaban el alimento con hielo; el agua se tomaba directamente de la pila, y en algunos lugares después de filtradas; aparecieron masivamente muchos artículos para el hogar, en particular para la cocina, como batidoras, mezcladoras, hornos y cocinas eléctricas o a gas, planchas eléctricas y ventiladores y poco a poco se fueron rebajando los costosos equipos de aire acondicionado y los televisores; muchos nos acordamos de los reverberos, que calentaban pero no cocinaban.

Las voluminosas guías telefónicas eran de uso común para todo; los supermercados eran escasos y más caros que las populares bodegas; la música se escuchaba en la radio y más tarde en radios portátiles a transistores; las victrolas difundían constantemente música, te gustara o no, por cualquier esquina, aunque casi siempre era la que preferíamos; la televisión a color era algo que vendría en el futuro; todos los uniformes de médicos y enfermeras eran blancos; los números telefónicos comenzaban con letras seguidas de cuatro dígitos; los controles del televisor eran botones que estaban en su mueble; uno de los lujos deseados por todos era tener un tocadiscos y si era automático, mejor, porque nos permitía disfrutar de nuestros artistas preferidos en la forma y momentos en que deseáramos.

A pesar de que los taxis eran muy baratos, éstos se tomaban solo en ocasiones excepcionales o cuando íbamos con una carga voluminosa; quedaron atrás las llamadas guaguas de “palo” sin puertas y fueron sustituidas por las cómodas General Motor Coach, con suspensión de aire y puertas neumáticas; los viajes interprovinciales, fuera por tren o por ómnibus eran cómodos y asequibles a todos los bolsillos y los viajes aéreos fueron incrementándose y bajando sus tarifas; para los que no viajábamos en avión, quedaba una opción nada despreciable como la que yo empleé muchas veces, ir a la cafetería del aeropuerto, disfrutar de una deliciosa merienda y después ir a la terraza a ver partir y aterrizar los aviones, lo que fue una aventura muy deseada para mis hijos.

Todos jugamos con el hula-hula o hula-hoop; no hubo excepción a salir con la novia que no fuera con una chaperona; muchos bailaron el rock and roll y el twist; las fiestas de quince años se celebraban con la música de los Platters y Paul Anka, pero también nos gustaba la Aragón y Benny Moré y tarareamos La Engañadora y El Bodeguero sin parar; todos aspiraban a tener un pantalón sin pliegues y sin bajos y una camisa McGregor y a hacerse un pelado tipo alemán y las hembras a tener una saya de paradera bien ceñida en la cintura y unos zapatos de tacón; mientras unos imitábamos a Elvis Presley con la mota y las patillas, otros al aparecer los Beatles, se dejaron el pelo largo, lo que en Cuba fue un grave problema. Los que tuvimos acceso nos encantamos con el el View Master, que a pesar de su limitada colección de imágenes era un preferido y nos asombramos con sus vistas en 3D; la gasolina costaba una miseria, menos de 30 centavos el galón, que era como se vendía; el transporte público era una maravilla y a no ser en casos muy especiales se podía esperar la siguiente para no ir de pie; había más guaguas que personas y salvo después de las seis de la tarde en La Habana Vieja, donde se producían grandes tranques, el resto del día cumplían sus recorridos al mejor estilo inglés con una puntualidad no acostumbrada para el cubano.

Esperábamos con ansia el verano para ir a la playa y chuparnos unos mamoncillos y el invierno para comernos unas manzanas acarameladas; todos disfrutamos como una cosa curiosa ir a una fonda de chinos o a la cafetería del Ten cents o Woolworths ya fuera el de Obispo, el de Galiano o el de 23 y 12 y además ver todas las cosas admirables que vendían a muy bajos precios en esas tiendas; un deseo común era ir al Coney Island en la Playa de Marianao a montar los carros locos, las sillas voladoras y al que le gustara, la montaña rusa de madera que allí había.

Conocimos lo que era La Habana de día, visitando sus comercios interminable y sus intensas noches con anuncios lumínicos por dondequiera; el pan se compraba en la panadería y siempre había distintas especialidades recién horneadas con un olor que nos invitaba a comerlo.

Fuimos a las cafeterías a comer perros calientes y batidos de trigo, de chocolate, de plátano, mamey o fruta bomba; disfrutamos de las fritas en los puestos callejeros, con sus riquísimas papitas a la juliana y los puestos de venta de ostiones y huevos de carey; conocimos los discos voladores y las cafeterías que los ofrecían tuvieron mucha aceptación, sobre todo los de queso y guayaba, hasta que los aparatos llegaron a las casas y se convirtieron en un preferido; nuestras madres y abuelas por lo regular no trabajaban en la calle, sino que se dedicaban a las tareas del hogar, por lo que los desayunos, almuerzos y comidas eran, para los estándares alimenticios de hoy, difíciles de comer por su abundancia y por sus componentes, muchos satanizados hoy en día.

Vimos cómo los turistas americanos desfilaban por La Habana vieja y hacían visitas al Sloppy Joe’s, el Floridita y a las tiendas de artículos de piel, los llamados Alligator Goods; los vendedores de billetes de lotería, en puestos fijos o ambulantes, estaban por dondequiera, pero no se nos ocurría comprar alguno; los heladeros de Guarina, Hatuey o Santa Beatriz estaban dondequiera y los deseos de consumirlo eran permanentes, y aparecieron los puestos de frozen que fueron muy populares al principio pero nunca destronaron al helado; cuando teníamos dinero nos aventurábamos a disfrutar de un Coco Glacé o una Piña Glacé, un derroche financiero y una avalancha de sabor y mientras tanto consumíamos barquillos, paletas o los deliciosos bocaditos de helado; nos sentamos en el muro del malecón a comer maní tostado calentico o un tamal mientras disfrutábamos la brisa marina y tratábamos de descifrar los destellos de la farola del Morro.

Nos volvimos expertos conocedores de todos los muñequitos o cómics existentes, hicimos colecciones y buscamos las ofertas de números atrasados no vendidos para comprarlos a menor precio y creamos todo un submundo de trueque de esas publicaciones; esperábamos con ansia los periódicos de fin de semana para ver las tiras cómicas que traían; nos entusiasmamos con nuestras primeras lecturas de las obras de Salgari y Julio Verne, pasamos de largo por las novelitas de bolsillo del Servicio Secreto, el FBI y del oeste americano, seguimos con Las mil y una noches, Don Quijote de la Mancha, la Ilíada y La Odisea y después aprendimos a valorar los clásicos, comenzando por Victor Hugo, Stevenson, Dickens, Poe y Mark Twain y continuamos con Dostoievski, Tolstoi, Balzac, Hemingway, William Faulkner, F. Scott Fitzgerald y George Orwell hasta llegar a Miguel Hernández, García Lorca y Neruda.

Curiosamente de esa época de las cosas que más nítidamente conservo en la memoria son mis visitas a La Biblioteca, un punto de venta de libros y discos de uso que estaba en la calle Belascoaín esquina a Pocitos, justo al fondo del Edificio Masónico, y de paso enfrente a la Casa de los 1, 2 y 3 centavos, llamada popularmente “La casa de los tres quilos”.

Belascoaín y Reina, a la derecha la Casa de los Tres Quilos y al fondo a la izquierda, tras lo que sería el Templo Nacional Masónico, estaba La Biblioteca.

Vimos con asombro y orgullo la construcción de los tres túneles habaneros, el de Línea, el de 5ta Avenida y el de la Bahía y en algunos nos aventuramos as cruzarlos a pie; cómo se erigieron los grandes rascacielos: el FOCSA, el hotel Habana Hilton, el Hotel Capri, el Hotel Habana Riviera, el Edificio Someillan, el Retiro Odontológico, el Retiro Radial y muchos otros; Vimos la construcción del Cristo de La Habana, la vía Monumental y el desarrollo de La Habana del Este; el desarrollo de Miramar y muchas otras obras, y gracias a todo ello la capital se constituyó en la ciudad más moderna y cosmopolita de la región.

No olvidamos nuestras primeras experiencias sexuales en lo más oscuro de los cines, en el Turf Club de Calzada u otro bar escandaloso o sintiéndonos hombres visitando el Teatro Shanghai o un prostíbulo del barrio de Colón.

Los trajes de los hombres pasaron de ser holgados, con amplias solapas y corbatas, a ser estrechos, ajustados, con solapas y corbatas estrechas, lo que fue cambiando con el tiempo y ahora vuelve a ser tendencia de la moda masculina, como muestra de que el pasado no pasa, siempre queda algo de él.

No todo fue miel sobre hojuelas, al aumentar la cantidad de carros disponibles, aumentó dramáticamente los accidentes donde estaban involucrados niños, entre ellos yo, aunque fue más susto que otra cosa y paralelamente hubo miles de casos de poliomielitis, en particular en la casa de al lado donde vivía, lo que hizo que tuviéramos que vacunarnos y vivir en un semi terror durante un tiempo por el temor a enfermarse, a que nos metieran en un horrible aparato o respirador mecánico llamado el pulmón de acero, donde solo la cabeza quedaba libre o de quedar lisiados como mi vecinita, contemporánea conmigo y con mi hermano. Pero ni por asomo podríamos pensar que algo muy malo nos acechaba: un país muy diferente al que habíamos conocido.

Vivimos la dura etapa de la lucha contra el gobierno de Batista y algo peor, lo que vino después y por lo que tuvimos que renunciar a muchas de nuestras costumbres, heredadas de nuestros ancestros, como las navidades, los carnavales sanos, las celebraciones patrióticas y muchas otras; decir lo que uno piensa se convirtió en una prohibición y un tabú y aprendimos a callar y obedecer por no existir, para la inmensa mayoría, otra opción. Hubo que asumir una cultura muy diferente a la nuestra, hasta la gastronomía cubana tradicional sufrió por las carencias y las nuevas costumbres y disponibilidades de productos y lo peor: tuvimos que asumir una doble moral resultante del miedo y la represión.

Mientras el mundo entero aplaudía el programa Apolo y la hazaña de haber llegado el hombre a la Luna, en Cuba se desconocía y ocultaba el hecho; la información disponible era la que el gobierno decidiera; la música, el cine y la literatura eran las que no criticaran al socialismo y el resto era prohibido. Cuba se convirtió en el país en que lo que no estaba prohibido era obligatorio, no había opción para la voluntad personal.

Convivimos con nuestros padres y abuelos y el relevo generacional tuvo que acostumbrarse a lo mismo, inclusive a vivir con sus bisabuelos si estos habían llegado a una edad avanzada. Ello trajo como consecuencia un agravamiento del siempre presente conflicto generacional y aunque en Cuba no lo conocimos, había surgido la frase: “OK Boomer”, como reacción a las actitudes negativas o anticuadas de algunas personas mayores, que aseguraron que los Millennials o Generación Y y la Generación Z, nacidos después de 1979, poseían el síndrome de Peter Pan, como expresión de que nunca quieren crecer y piensan que los pensamientos utópicos e idílicos de su niñez se van a mantener en la adultez.

Por supuesto que no todos los Baby Boomers pensamos igual, en particular los que no tuvimos una vida reparadora del esfuerzo de toda una vida, como ocurrió en los países desarrollados, sino que vivimos no solamente sojuzgados y al final no tenemos ninguna recompensa como aquellos. Los cubanos Baby Boomers que no se fueron de Cuba no saben lo que es tener una casa propia, ni un carro, ni viajar, ni disponer de una vida holgada para jubilarse, solo han tenido lucha, trabajo, carencias y han conocido el dolor de la separación de las familias.

Mientras los cubanos nos acostumbrábamos a aprender a vivir como mediocres marionetas, aparecía en el mundo la contracultura de los Boomers, luchando por igualdad social, política y económica, manifestándose contra la guerra en Viet Nam y los abusos en todas partes del mundo, surgieron los hippies con sus cabellos largos, el amor libre y el consumo de drogas y sobre todo con el rechazo a los políticos, todo ello resultante a que la mayoría de los Boomers, crecieron en una era de prosperidad, de subsidios para levantar el nivel de vida y estimular la economía durante la posguerra y con la esperanza de un mundo mejor, como así fue.

Mientras en muchos países se fueron creando todo tipo de facilidades para los Baby Boomers retirados, como es el caso de la Florida, con un clima más amigable que otros lugares de Estados Unidos, surgieron cientos de emisoras radiales especializadas en la música de los cincuenta, sesenta y setenta y recreaciones propias para ese segmento, en Cuba los Boomers no tienen otras opciones sino ponerse a vender maní, inventarse una plaza como cuidador de parqueos o a cuidar un baño público, si no es que quieren morirse de hambre y necesidades, un destino muy diferente a sus compañeros generacionales en el resto del mundo.

No nos ha quedado siquiera el consuelo de ir nuevamente a algunos de los cines donde soñamos, cuando jóvenes, en tener una vida plena y feliz, porque ya no existen, o ir a centros turísticos, restaurantes u otros lugares donde disfrutamos porque han estado vedados para los cubanos y ahora no hay posibilidad financiera para acceder a ellos. Todo ello nos lleva a que a diferencia del resto del mundo los Boomers cubanos hemos vivido sin esperanza y en una existencia mucho peor que el resto del mundo y de la Cuba que existió cuando nacimos y en nuestros primeros años.

El Baby Boomer cubano es algo así como un día me dijo mi amigo y maestro, Juan Carlos Oliva respecto a los trabajadores que cursaban estudios nocturnos de ingeniería por el llamado CPT (cepeté) o Cursos para Trabajadores: ustedes los “cepetianos” son un bicho raro, como los marcianos. Lo que Oliva no sabía es que él también era un bicho raro, un Baby Boomer cubano.

Los Baby Boomers han destruido a América y ahora a otros Boomers les corresponde repararla

En estos días turbulentos en que vivimos, hay quien dice que un Baby Boomer ha destruido a América y que hay que traer a otro Baby Boomer para que la arregle. Se dice que los problemas de Estados Unidos, y aun los del mundo los han creado durante tres o cuatro décadas, los Baby Boomers, que son los que han estado dominando la vida política.

Se afirma que los días prósperos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, hizo que esta generación se dedicaran a reducir los impuestos, asegurarse de que se legislaran programas que los protegieran a sí mismos e hicieron poco para proteger el medio ambiente, invertir en infraestructura y atenuar la crisis creciente de deudas educacionales. Como vivieron una era donde casi todo el tiempo hubo pleno empleo, los salarios crecieron y a su vez la productividad a un ritmo mayor, hizo que los Boomers envejecieran junto con un modelo económico que no estimula la producción y alimenta la inequidad.

Este es un interesante análisis económico que pone el dedo en la llaga cuando analiza la llegada al poder de otro Boomer, el peor de todos, no como político porque no lo es, sino como persona y como ciudadano, el que hizo un recorte histórico de los impuestos, beneficiando a los más ricos y con el objetivo aparente de debilitar el gobierno. Del resto del desastre que ha representado Donald Trump para los Estados Unidos y para la imagen y ejemplo de ese país líder de la democracia en el mundo, y para la crisis de valores que ha impregnado en su partido, sacando lo peor a flote, mejor ni hablo.

Sin duda, los otros Boomers, que han llegado al poder, lo han hecho con el apoyo y la esperanza de otras generaciones más jóvenes, que van a reclamar su lugar y lo que merecen en cuanto al legado que le han dejado los Baby Boomers.

Por nuestros hijos y nietos, y porque la democracia y la libertad prevalezca, deseamos que esta reparación se haga realidad.

Woodstock

Eventos históricos relacionados con los boomers

Es muy halagador que haya habido eventos que definieron la generación de los Baby Boomers, como son el movimiento de derechos civiles, la elección del presidente más joven como John F. Kennedy, la marcha de Martin Luther King Jr. a Washington, El Acta de Derechos Civiles que cambió a América radicalmente, la llegada a la luna del primer hombre en el Apolo 11, el festival de música de Woodstock fue un momento cumbre del movimiento hippie, integrado por boomers, la caída de la Unión Soviética y el sistema socialista, entre otros.

Y hubo otros muy tristes, como fueron el McArtismo, la revolución cubana,la construcción del Muro de Berlín, la Crisis de los Misiles soviéticos en Cuba, el asesinato del presidente Kennedy y el de Martin Luther King Jr., el envío de baby boomers a la Guerra de Vietnam (se dice que el 40% de ellos sirvieron en el ejército), el escándalo de Watergate y la renuncia de Nixon fue un momento político definitorio como lo es el actual. Y yo agregaría como el más triste el haber llevado a la Casa Blanca a un personaje tan negativo como Trump, apoyado (no puedo explicarme por qué) por más de la mitad de los Boomers, sobre todo de áreas rurales, blancos, evangélicos y super conservadores (quieren conservar las ideas obsoletas).

Pero lo cierto es que el conflicto generacional no da tregua y ahora las nuevas generaciones apuntan a los Boomers, con bastante razón, como los responsables de los problemas que ellos deben ahora afrontar y resolver.

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