Más personajes cubanos, reales o ficticios

Más personajes cubanos, reales o ficticios

La música ha tenido un papel muy importante en llevar a la fama a personajes o bien que existieron que han sido producto de la imaginación del autor y a través de las generaciones se han ido cimentando como parte de las tradiciones y mitología de nuestro país, en la que hay unos cuantos olvidados por muchos, pero que merece rescatar aquí. Otros han trascendido cuando han sido empleados en su forma original o modificada para destacarlos o como una nota simpática o atrayente en programas de televisión o propagandas comerciales y otra parte que vale la pena retomar para que no queden en el olvido. Y están otros que no son personajes físicos o virtuales que podamos definir, sino que representan ocupaciones que son parte de nuestra cultura. Veamos algunos:

Matasiete

Las mañanas de domingo, tan tranquilas, y esa tranquilidad era alterada, para bien, cuando nos sentábamos con los niños a ver La Comedia Silente, esas viejas comedias del cine mudo, que Armando Calderón con su magia hacía revivir y de qué forma.

Calderón, llamado el hombre de las mil voces, les ponía el sonido, tanto voz como efectos en esos enredos bien seleccionados de broncas, persecuciones y situaciones increíbles entre hombres y mujeres, ladrones y policías, borrachos y pendencieros. No importaba de donde fueran, todos hablaban como cubanos y con las frases propias de nuestra picaresca.

Allí aparecían Charly, Barrilete, Cara de Globo, Luz Brillante, Soplete y el que nos ocupa: Matasiete, el personaje al que Calderón había bautizado como el matón del barrio, un hombre alto y gordo con unas cejas aguileñas y una barriga impresionante que le sacaba una cuarta y media a Charles Chaplin y siempre andaba en pose de pelea con sus brazos en guardia, a la usanza de los boxeadores de principios del siglo pasado.

Armando Calderón era un hombre muy culto y que leía mucho, y era muy entendido en rescatar personajes y hechos curiosos, así que probablemente el nombre de Matasiete lo haya rescatado de la historia cubana porque así se le llamó a un individuo con una leyenda muy oscura, supongo que el verdadero Matasiete.

El Matasiete a que se refieren las crónicas, era uno que no había matado a siete sino a tres, que se conociera, y sin embargo el apodo se le había quedado de manera que ya nadie sabía su verdadero nombre.

Se cuenta que era un mulato calesero en los tiempos de la colonia, apellidado Gamboa como era costumbre de nombrar a todos los esclavos con el del dueño y que gozaba de algunos privilegios, hasta que un día, creyéndose impune y con engreimiento, se equivocó con su amo y le faltó el respeto, el cual le marcó la cara con un latigazo, ordenó que le cortaran la patilla y el bigote y lo enviaran a trabajar al ingenio de su propiedad.

El calesero, sabía el significado del castigo, por lo que decidió que antes de que lo enviaran al ingenio y le cortaran el bigote y la patilla, debía escaparse y dedicarse al pillaje, ocupándose de robos y asaltos, hasta que encontró más tarde un oficio mejor remunerado y más cómodo: el de sicario.

Al primero que robó fue a su ex-amo Don Jacinto y su primera víctima mortal fue el comisario Capote, que lo había perseguido furiosamente y al que mató con el puñal que le robara a su dueño.

Se hizo amigo de los malhechores que en esa época pululaban en Cuba y que no temía andar libremente por dondequiera, donde era rápidamente reconocido porque su fealdad repulsiva con sus pómulos salientes y ojos saltones, era rematada por una cara con una nariz completamente desfigurada y en la que sobresalen costurones y ronchas. Fue andando con esos bandidos que conoció a un marqués que empleaba a delincuentes con diferentes objetivos, el que le contó sus andanzas y le pidió encargarse de lo que necesitara, ante lo cual le respondió que buscara la manera de que la gente pensara de que estaba muerto y después lo emplearía, porque en las condiciones que estaba, a un perseguido como él todo el mundo lo reconocería fácilmente.

Fue entonces que Matasiete fingió su muerte para lo que se ocultó en una manigua en la zona del Campo de Marte, fuera de las murallas y se encontró con que en el lugar había un hombre que le había dado muerte a un mulato de aproximadamente su tamaño y que le estaba cortando la cabeza. De manera que sin tener que matar a nadie, lo que además no le importaba, se había ahorrado el trabajo y también le servía para quitarse a la justicia de arriba.

Vistió al cadáver con su ropa dentro de la que había una carta de su antiguo amo y algunas posesiones del mismo como un chaleco, una tabaquera de carey y la sortija, cosas que le había robado. Al descubrirse al día siguiente el cuerpo, llamaron a Don Jacinto Gamboa y reconoció la ropa del calesero y las prendas suyas. Dio gracias a Dios porque sabía que el que ahora estaba muerto había amenazado con quitarle la vida y ya mucha gente no tendría que temer más del acoso del asesino. Era irrelevante que no hubiera aparecido la cabeza, ese sin duda era el calesero, cuya muerte asumieron como una venganza del asesinado comisario Capote o de una venganza o ajuste de cuentas entre malandrines.

A partir de ahí, desprovisto de su patilla y sus bigotes y mejoró su apariencia personal, aunque la fealdad y su cicatriz seguían señalándole como un monstruo que metía miedo a cualquiera, fue a ver al marqués de Baños, el cual lo bautizó con el apodo de Matasiete y fue empleado en ejecutar los peores crímenes como sicario.

Se dice que el calesero nunca dejó de sentir un odio infinito hacia su ex amo y todo lo que representara el orden y la justicia y que el que le desfiguró el rostro tenía que morir de su propia mano y con el puñal que había sido de el mismo mientras le decía antes de apuñalarlo:

Don Jacinto, yo soy Gamboa, el calesero.

Pero de si pudo cumplir su cometido o no, realmente no se sabe, ni cómo acabó Matasiete.

La frita cubana

En los estados unidos y en todo el mundo, a partir de los años 50, se propagó la comida rápida, en particular el “hamburger” o sea “la hamburguesa”. Pero en Cuba, desde mucho antes, tenemos algo parecido pero mucho más apetitoso“La Frita Cubana”.

La original frita cubana se prepara con carne molida de res, manteca de chorizo con pimentón, cebolla, salsa de tomate y papa frita picada finamente en juliana dentro de un pan suave para que sea crujiente y su secreto está en la manteca de chorizo con pimentón que aparte del sabor hace que se fría mejor y se compacte.

Se dice que esta comida callejera se difundió masivamente sobre la década de 1930 pero que ya existía desde antes. Tal es así que en 1926 Jorge Mañach ya dedicaba una de sus Estampas de San Cristóbal a la popular frita, tan en correspondencia con el gusto del cubano por las cosas fritas, siempre presente en nuestro paladar.

Y los típicos carritos con cocinas de gas líquido, de kerosene, conocida en Cuba como “luz brillante” y hasta de carbón, fueron estableciéndose en cualquier calle.

Al igual que las cafeterías que ofertaban café cubano de tres centavos, los friteros llegaron a dominar toda la geografía de la capital. Fue así que se convirtieron en una comida perfecta para después de salir del cine, de la pelota o tras tomarse unos tragos. Cerca de cualquier lugar público había un puesto de fritas, pero en particular en los alrededores de los estadios de pelota, jai-alai o boxeo, los bares, estaciones de guaguas o de trenes y calles comerciales, su presencia era masiva.

Pero más que eso era la comida típica de barrio que podía consumirse a cualquier hora, ya fuera desayuno, almuerzo, comida o merienda. Llegó a ser muy conocida en todas partes del país por ser muy barato aparte de delicioso.

Un carbonero, el gallego Sebastián Carro Seijido, viendo que el gas licuado comenzaba a imponerse como combustible doméstico, vio que tenía que dedicarse a otro giro.

Así se convirtió en el creador de esta deliciosa invención, la que elaboraba con mucha limpieza. No tardó mucho, por la aceptación, en darse cuenta de que había nacido el mejor bocadillo de barrio de la gastronomía cubana.

Ya en los años cincuenta Sebastián, gracias a la frita, era un empresario adinerado que aparecía en el Libro de Oro de la Sociedad Habanera y poseía varias cafeterías y el restaurante de comida española El Escorial. Fueron famosas su cafetería El Bulevar en la calle 23 entre 2 y 4 en el Vedado, la popular La Cocinita en la calle Paseo donde estaba entonces el desaparecido Palacio de los Deportes y otras más todas famosas por su especialidad: la frita cubana.

Los friteros estaban en todas partes y ello era de gran importancia para la economía popular, porque al ser sus productos muy económicos, estaban al alcance de todos, por lo que se podía resolver un almuerzo o comida rápidamente y sin gastar mucho.

Algunos friteros fueron evolucionando y comenzaron a dar una más variada oferta, vendiendo pan con bisté, butifarras, mariquitas, pan con tortillas, perros calientes, papas rellenas y otros, pero la frita nunca dejó de ser la reina. No valió para nada la competencia de otras delicias también baratas como los bollitos de carita y las majúas fritas en los puestos de chinos, las frituras de bacalao o de malanga, los chicharrones o los tamales. La frita solamente era llevada a un segundo plano en Cuba por el café con leche.

Los puestos de frita junto con los puestos de chinos, eran conocidos como “casa de socorros”, porque podía uno alimentarse con unos pocos centavos. Y para hacerlo más gráfico, cuando la situación estaba muy mala la gente decía “no me gané ni para la frita”

El puesto de fritas era un sitio de tanto arraigo popular que de cierta forma identificaba al país. Al dicho que no creo que se haya formulado para denigrarnos, porque con ella se arreglan y discutían todos los problemas y negocios, y que es real, de que: “Cuba es un país de café con leche”, podía agregársele: “y fritas”.

La revolución acabó con todo y entre sus víctimas también estuvo la frita. La desaparición de la frita empezó con el mismo comienzo del gobierno revolucionario y tuvo su estocada con la llamada “ofensiva revolucionaria” de marzo de 1968 que destruyó la economía particular y sumió al país en una crisis económica que todavía perdura y que cíclicamente lleva a la nación muy cerca del abismo.

Es por ello que la frita también emigró. Los cubanos se iban incesantemente de la isla mientras se nacionalizaban los negocios y propiedades, y el principal componente de la frita, la carne molida, se hizo imposible de conseguir porque la vaca se convirtió en algo sagrado, casi como en la India.

La frita se fue junto con los más de dos millones que abandonar el país, los que comenzaron a recrear los negocios que fueron de su propiedad o conocieron, mayormente restaurantes, y empresas relacionadas con la gastronomía o la industria alimentaria.

En Miami, donde afortunadamente sobrevive y se ha extendido, el rescate comenzó en 1961 cuando Dagoberto Estevil inauguró la primera fritería en la Pequeña Habana en Miami. Después abrió El Rey de las Fritas, El Mago de las Fritas, El Palacio de los Jugos, Five Cuban Guys y en los cientos de restaurantes cubanos o latinos que allí hay siempre está presente.

La frita surgió mucho antes de que comenzara la fiebre de la hamburguesa en Estados Unidos, por lo que no hay imitación, sino probablemente sea lo contrario; McDonald’s masificó en Estados Unidos la hamburguesa, una versión insípida comparada con la frita cubana.

Sin embargo, en Cuba, donde nació, hay muchos cubanos de hoy en día que no saben lo que es. Pero si en Cuba tomarse un café con leche es un milagro, qué no será con la frita.

Los personajes de Matamoros

“Veinte años en mi término
me encontraba paralítico
y me dijo un hombre místico
que me extirpara el trigémino.

Suelta la muleta y el bastón
y podrás bailar el son.”

Es imposible que haya un cubano que no reconozca esta melodía o tantas con las que el genial músico Miguel Matamoros hizo sus aportes al cancionero cubano.

“El Paralítico” este son del Matamoros fue la inspiración al conocer que de en La Habana de 1930 un médico español llamado Fernando Asuero, pregonaba que curaba cualquier parálisis mediante una inyección en un nervio llamado trigémino y extirpándolo. La llamada neuralgia del trigémino o tic doloroso se presenta como un dolor facial intenso, como un calambre, porque es uno de los nervios más largos de la cabeza y que lleva la sensibilidad desde la cara al cerebro, por lo que una operación de ese tipo resulta compleja, debe hacerse bajo anestesia general y al final puede que resuelva las parálisis faciales pero ninguna otra, por lo que lo que el médico pregonaba era un absurdo.

Matamoros conocía a un billetero de la Plaza del Vapor que estaba paralítico y que se trató con el doctor Asuero y por supuesto, tras someterse al tratamiento, no hubo ninguna cura, así que de esa treta del médico para buscarse pacientes, salió la inspiración para el son de referencia.

De Matamoros la lista de números famosos de su autoría, casi todos basados en hechos y personas reales, se hace interminable, así como los estribillos y frases que se pueden aplicar a diversas cosas de la vida real como son:

“El que siembra su maíz que se coma su pinol”, que se puede interpretar como “el que la hace la paga”.

“Cada vez que me acuerdo del ciclón se me parte el corazón”, que tuvo su origen en un ciclón que lo sorprendió en Santo Domingo y que provocó cuatro mil muertos y veinte mil heridos.

“La mujer de Antonio: tiene un pegajoso estribillo:

“la mujer de Antonio camina así, por la madrugada, camina asi, cuando va a la plaza, camina así”.

Y la mujer de Antonio no existió, se refería a una perrita y la inspiración le vino cuando Pepín Bacardí le pidió que fuera al Hotel Venus en Santiago de Cuba para cantar en un almuerzo homenaje a una artista mexicana llamada Celia Montalván,tiple cómica, actriz y vedette, la que tenía una perrita pequinesa exageradamente zamba y al verla se le ocurrió “la perra de Celia camina así…pero le cambió la letra por la que conocemos y que es muy sugestiva.

“Veneración” es sin duda una de las canciones más cubanas de Matamoros, que la inscribió a nombre de la esposa de Rafael Cueto, guitarra acompañante de su trío con el objetivo de su amor por las virgen de la Caridad del Cobre, centro de la composición y para que cobrara los derechos de autor. No hay cubano que no haya disfrutado:

“Y si vas al Cobre quiero que me traigas una virgencita de la Caridad. Yo no quiero flores, yo no quiero estampas, lo que quiero es Virgen de la Caridad”.

Y “Mamá Son de la Loma” (¿De dónde serán? Ay, mamá ¿Serán de La Habana? ¿Serán de Santiago, Tierra soberana? Son de la loma, y cantan en llano…) y Lágrimas Negras (Tú me quieres dejar, yo no quiero sufrir, contigo me voy mi santa, aunque me cueste morir) están entre las más representativas de la música cubana y la primera surgió cuando después de dar una serenata y no tener respuesta alguna, ya cuando se iban de retirada, viendo que la serenata había sido un fracaso, sintió desde uno de los edificios contiguos a una niña preguntando: Mamá ¿esos cantantes son de La Habana?, a lo que le respondió la madre– “No, hijita son de aquí, de Santiago, de la loma”.

“Olvido” (Aunque quiera olvidarme, ha de ser imposible, porque eternos recuerdos, tendrás siempre de mi, mis caricias serán el fantasma terrible, de lo mucho que sufro, de lo mucho que sufro alejado de ti).

Reclamo místico (Dime que ya eres libre como es el viento dime que no me quieres que ya me olvidas dime que ya no tienes ni un pensamiento ni una sola esperanza que me de vida ni una sola esperanza que me de vida);

El Fiel enamorado (Aún sólo persiguiendo tu cariño yo sigo desafiando el porvenir y mientras tenga en mis venas sangre te seguiré queriendo, te seguiré adorando y serás para mí todo mi corazón. Quita mi caballo que está en la puerta allá en el camino real…);

La Cocainómana (No quiero más cocaína, no me quiero envenenar, yo quiero vivir Celina una vida de verdad. No quiero coca, que me sofoco, a mí la coca, mamá, me pone loco.)

Triste muy triste (Triste están las estrellas, triste la luna, triste porque muy triste me ven llorar. En esta noche, noche tan triste como ninguna, como ninguna de las mil noches de mi penar).

Camarones y Mamoncillos (Allá por el año tres se bailó mejor el son, era cortó y ala vez mas caliente y sabrosón. Oyelo, báilalo, gózalo, allá vá, lo verán. Camarones donde están los mamoncillos, mamoncillos donde están los camarones).

Juramento (Si el amor hace sentir hondos dolores yo te diera mi bien por tus amores hasta la sangre que hierve en mis arterias).

Dulce embeleso (El beso de tu boca tentadora que me diste embriagada de ilusión, yo lo guardo como llama animadora en el fondo de mi pobre corazón).

Es imposible mencionar su obra de alrededor de doscientas composiciones, todas exitosas y todas haciéndose eco de una realidad. Por ello en Cuba, todo el pueblo reconoce su obra y la invocan para amenizar fiestas familiares o populares.

Francisquito daba la hora exacta sin tener reloj.

Cuando uno camina por el centro de la ciudad de Sancti Spíritus, como es moda ahora en Cuba, se ha cerrado al tránsito para crear un paseo peatonal al que se le llama bulevar, que por definición es una avenida ancha y arbolada con lugares adecuados para el comercio minorista, imitando los grandes boulevares del mundo, como se denomina originalmente, nacidos en París y extendidos a casi todos los países del mundo. En Cuba destacan la calle Obispo en La Habana Vieja, el Bulevar de San Rafael, el de Cienfuegos, la calle Enramada en Santiago de Cuba, y otros similares en Cienfuegos, Camagüey, Bayamo, Ciego de Avila, Sancti Spíritus, San José de las Lajas y Nueva Gerona. Pero ninguno realmente cumple el que sea una avenida ancha y menos con árboles.

Y el de Sancti Spíritus no es la excepción, pero en mitad del paseo se levanta una estatua de tamaño natural de un personaje de la ciudad, que se llamó Francisco Polanco y que era conocido por Francisquito.

La estatua está de pie sobre la esfera de un reloj a la usanza antigua con números romanos y tiene la ropa y los zapatos rotos y un saco a la espalda, por lo que sin duda llama la atención.

Francisquito era uno de los vagabundos que va desandando y malviviendo por las calles de las ciudades y pueblos y que se buscaba la vida haciendo lo que fuera, recogiendo basura o acometiendo cualquier tarea a cambio de comida.
Eso solo no podía haber hecho a Francisquito famoso, porque son unos cuantos los que llevan esa vida incierta y sin futuro, pero en particular este personaje tenía un don que lo hizo popular.

Nunca había tenido ni usado un reloj, pero cualquiera podía acercarse a él y preguntarle: ¿qué hora es Francisquito? y al momento le respondía con una precisión hasta de minutos y en lo que nunca se equivocaba. Siempre decía la hora exacta.

Nadie logró explicar a qué se debía su habilidad, no se encontró una razón científica, pero Francisquito se convirtió en el reloj de Sancti Spíritus, a sabiendas de que nunca fallaba.

De esa forma devino un personaje entrañable pero no obstante la mayor parte de su vida la pasó en la calle como un vagabundo. Muchos lo ayudaban y le daban comida o una muda de ropa hasta que fue acogido en un hogar de anciano, donde vivió casi hasta los cien años y le erigieron la estatua en el Bulevar para que la gente pudiera seguir preguntándole la hora, aunque ya no le respondan.

Otro Francisquito, el Mulo Parlanchín que se haría muy famoso por sus muñequitos o cómics y sus películas y ello ratificaría el concepto científico de que los mulos y mulas son animales muy inteligentes, que tratados con cariño y paciencia son muy útiles y si los tratan a palos, son muy tercos y no obedecen.

François Gamboa millonario y mendigo

Un francés apellidado Chueaux en 1834 buscando oro en la Sierra Caballos en Isla de Pinos, unas elevaciones contiguas a la capital pinera, encontró yacimientos de mármol gris de buena calidad.

La Isla es bien conocida por sus yacimientos de mármol sobre todo las de la Sierra de Caballos y la Sierra de las Casas, que rodean la ciudad de Gerona y de las que se explota el tipo gris siboney.

Ya antes, desde 1826 varios habían pedido a las autoridades españolas la explotación de ese mineral, pero no fue hasta 1847, cuando a Leopoldo O’Donnell le fue concedido el permiso para emplear las canteras, lo que se hizo exitosamente y con grandes inversiones, pero el alto costo del traslado hacia La Habana y el poco apoyo e interés del gobierno colonial hicieron inviable la explotación marmolera.

Es a partir de 1926 con la construcción del Presidio Modelo donde verdaderamente comienza a funcionar la industria del mármol basado en el empleo de los presos y el mineral es extensamente utilizado en toda la Isla, tanto en obras públicas como privadas lo que se ha extendido hasta la actualidad y posteriormente comienza su exportación hacia la capital habanera.

No es el de mayor calidad, pues en Villa Clara existen variantes de vino verde, de alta aceptación por ser muy raro, pero sí el mayor yacimiento del país, y además aparte del gris también hay uno negro muy gustado.

La Isla no era de mucho interés por parte del gobierno colonial español, muestra de lo cual es su tardía fundación de su capital en 1830 y el desdén por autorizar la explotación del mármol. Así que el territorio vivió de la pesca y de algunos productos agrícolas, sobre todo impulsados por colonos norteamericanos y después por el mármol y una fuerte producción de cítricos que prácticamente ha desaparecido. Algunos pineros dicen que ellos tienen una mala suerte, o una doble circunstancia adversa, son una isla dentro, a pesar y aparte de otra Isla, Cuba.

Pero en 1928 llega a Cuba François Gamboa, un personaje que se presume que venía huyendo de Europa, donde había asaltado un banco y era buscado. También se supo que su nombre no era ese, por lo que resultaba que alguien llamado François no fuera francés sino italiano. Lo cierto es que con ese alias, para no ser descubierto, llegó meses más tarde a la entonces poco habitada Isla de Pinos.

Allí comenzó a invertir su fortuna de manera que compró varias fincas, terrenos urbanos, instaló una mueblería, una tienda que vendía de todo y hasta una casa de empeños, por lo que pronto fue de los hombres más ricos de la localidad. Después fomenta la construcción de viviendas, todas en una comunidad que bautizó con su nombre: el reparto llamado François.

Todos los registros históricos aseguran que su fortuna fue millonaria, pero que se caracterizaba por no hacerle honor a ello, pues que, a pesar de su riqueza vestía y se veía como un pordiosero. Sucio, con ropa ajada o raída, comía muy mal y bebía en exceso, por lo que parecía más un necesitado que un hombre rico. Y además de ser un miserable era avaro y codicioso.

Cuentan que ya cercano a los ochenta años de edad se casó con una mujer de más o menos su misma edad y su presencia mejoró, pero no dejó de ser un tacaño ni el irascible y desagradable personaje que había sido siempre.

Otros cuentan que cuando el cambio de la moneda en 1961 por parte del gobierno revolucionario, uno de los más afectados fue François Gamboa, el que perdió cientos de miles de pesos escondidos en su casa y que fueran encontrados en paquetes de diez mil pesos tras su muerte y se especula que debe haber muchos más escondidos o enterrados.

En resumen, un delincuente encubierto que escogió un lugar entonces escondido y apartado para hacer crecer su botín y que no obstante su éxito, debido exclusivamente a que tenía medios para invertir, nunca ayudó a nadie y vivía como un mísero, por lo que no se mereció nada de lo que tuvo. Eso desgraciadamente ocurre con mucha gente, que ha llegado a alcanzar lo que no se merece y se olvida de ayudar al prójimo y sobre todo de no agradecer a los que en algún momento lo ayudaron.

La Isla de la Juventud tiene un ritmo original: el “sucu sucu,” que tiene más en cosas en común con el calipso y otros ritmos caribeños que con los procedentes de la gran isla de Cuba, y estoy seguro que algún sucu-sucu echándole con el rayo al desagradable François tiene que haberse escuchado.

Ya los majases no tienen cueva

“Ya los majases no tienen cuevas
Felipe Blanco se las tapó,/
se las tapó, se las tapó,
se las tapó/ que lo vide yo…”

Ya que hablamos de Isla de Pinos, no podemos pasar por alto ese número musical, un sucu-sucu muy famoso hecho rescatado y hecho popular por Eliseo Grenet, ese prolífico autor de Ay! Mamá Inés, La Mora, Papá Montero, Lamento cubano, Negro bembón, Drume negrita, Las perlas de tu boca, Tabaco esclavo y muchas otras joyas musicales cubanas.

“Felipe Blanco” sonaba el día entero en la radio y en las victrolas de los establecimientos comerciales y dio a conocer ese ritmo pinero, pero lo importante es el origen de la historia.

Su familia fue de los fundadores de Nueva Gerona en 1831 donde tenían una finca dedicada a la cría de cerdos. Los habían convencido de irse a ese lugar con la promesa de darle cinco caballerías para sembrar sin pagar impuestos por diez años y donde podrían cultivar, como en el resto de la zona occidental de Cuba, caña de azúcar y tabaco, cosa que no era real pues las tierras no daban para eso. Pero trabajaron duro y llegaron a tener mucho ganado bovino y porcino. Felipe había nacido en 1834 y tuvo un papel importante en el exito de la empresa familiar. Se fue a vivir a Surgidero de Batabanó y regresó a la Isla.

Mientras tanto se había casado y tenía siete hijos y la aparición de niños con ojos azules, igual que Felipe, los que le querían apuntar a él y que de alguna forma comenzó la leyenda del majá y las cuevas,lo que no tenía nada que ver con el tema erótico, sino con uno más serio.

A los revolucionarios cubanos que el gobierno colonial deportaba para Isla de Pinos, llamada por Don José de la Luz y Caballero como “La Siberia de Cuba”, se les calificaba como “majases”, un reptil no venenoso que no es agresivo y ante una pelea, se esconde en el monte. Esos deportados no tenían recursos y eran mal vistos los que le hacían favores, por lo que no tenían otro remedio que irse a vivir en las cuevas, que son numerosas en la zona. Pero la crueldad del gobierno español era tal que ordenaron a todos los propietarios de tierras que las tapiaran para evitar que en ellas vivieran los desterrados.

Felipe Blanco era amigo del gobernador y sabiendo la bestialidad del mando, mandó a obstruir la entrada de las cuevas en sus terrenos para que los “majases” no pudieran refugiarse en ellas. Otros dicen que era buena persona, pero el hecho real es que fue un enemigo de la independencia de Cuba y el pueblo, siempre sabio, le ajustó cuentas por su forma de actuar con el sucu-sucu más popular.

Sarito, el Robin Hood cubano

En el folklore de todas las naciones siempre aparecen historias sobre bandoleros, asaltantes o cuatreros, y siempre hay uno de ellos que roba a los ricos para repartirlo entre los pobres.
Así surgieron las leyendas de Robin Hood, Jesse James, Pancho Villa, Jesuíno Brilhante el Cangaceiro, Cartouche, Fra Diávolo, El Tempranillo y hasta Pablo Escobar.

Parecido esquema se repite en todas partes y se vuelve una presencia imprescindible la del bandolero “buena gente”, que protege a los desfavorecidos, protege a huérfanos, viudas, ancianos y gente común sin recursos y que ha sido obligado en contra de su voluntad por las circunstancias, a llevar una vida fuera de la ley y ello lo ha aprovechado para despojar a los pudientes y ayudar a las víctimas de la injusticia social.

Y Cuba no podía ser menos que otros, por eso tenemos la historia de cuando el bandolerismo se convirtió en leyenda en nuestro país con Manuel García, El Rey de los Campos de Cuba, una figura incólume que hay que mencionar cuando se hable de folklore cubano. Uno de los primeros versos que nos aprendimos, porque nos lo repetía y contaba su historia nuestras abuelas, fue:

“Y dice Manuel García
que si no le dan centenes,
él descarrila los trenes
y mata la policía.”

Se cantó un danzón con su nombre, inspiró una película silente, otra sonora, episodios radiales y hasta muñequitos. Para unos fue un bandolero y para otros un patriota y lo cierto es que fue muerto a traición.

Pero de este personaje-leyenda ya hemos hablado, hoy le toca a otros menos conocidos.

La habanera Condesa de Merlín, dejó en 1844 sus ideas sobre el bandolero noble cuando dijo: “El que mata a otro huye al interior de la Isla, se le persigue y se le pone precio a su cabeza. Abandonado como enemigo de la especie humana, obligado a temer y a defenderse, se hace ladrón para proveer su existencia y asesino para conservarla.”

El Rey (Manuel García), obra de Carlos Enríquez.

Entre los bandidos cubanos aventureros y caballerescos está Gustavo Machín y Ulloa, famoso por haberse escapado del Castillo del Príncipe y que tras ser capturado nuevamente , se casó con su concubina Simeona antes de ser ejecutado en garrote vil en 1888.

Uno de los secuaces de Machí, José Moreno y Suárez, tenía nada menos que veintisiete hijos. Al ser capturado y en el momento de ser trasladado para su ejecución en Guanajay, los españoles tuvieron que preparar un tren con doscientos soldados para custodiarlo, porque era un personaje de mucha fama y muy querido. Se dice que desde el patíbulo donde iban a ahorcarlo gritó: “¡Se acabó esto! ¡Adiós, caballeros!”.

En Jovellanos, Matanzas, Cristóbal Fernández Delgado era un bandido muy querido de Jovellanos, del que se asegura que, como María Antonieta de Austria, durante la noche anterior a ser ejecutado el pelo se le puso completamente blanco.

Pero cuentan los entendidos que no hubo ningun caso como el de Sarito, quien se daría a conocer en la década de 1920 y fue asesinado por la Guardia Rural sin haber robado jamás a nadie.

Se llamaba Hermenegildo Seara Plaza y casi un niño entró a prestar servicios en el ejército de la República en Camagüey. Su forma de pensar era lo más alejado a la disciplina militar hasta
Que se cansó de tanto ordeno y mando y se convirtió en desertor, pero no simplemente dejó el ejército, sino que se llevó su fusil y se fue para el monte.

Estuvo andando por Vertientes, terreno que se conocía bien y visitaba las fincas de los campesinos más pobres, los que lo alimentaban y protegían de la persecución del ejército.

Como era una persona jaranera y jovial, se había ganado la confianza de todos y aunque no hay certeza de hechos delictivos por su parte, durante esos años el país estaba plagado de bandoleros y asaltantes que mataban y robaban impunemente, sobre todo a los hacendados y ganaderos de la zona, éstos le achacaron todo a Sarito y pusieron precio a su cabeza.

La Guardia Rural también quería la recompensa e aumentó la búsqueda y como siempre ocurre, gracias a una traición y una delación le prepararon una emboscada. Fue abatido a tiros sin poder defenderse y un campesino que lo acompañaba fue asesinado poco tiempo después.

Su muerte fue llorada por los campesinos de la zona y la prensa camagüeyana criticó el hecho, ya que no se podía afirmar que hubiera matado o robado, su único pecado había sido desertar.

Pocos saben que a Sarito le pusieron inadecuadamente el título de bandido, por lo que lejos de considerar al joven un Robin Hood criollo, como sí lo fue Manuel García, el muchacho fue más que un malhechor, una víctima.

El guajiro de Cunagua

“¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

¡Ea! llegó el guajiro, llegó el guajiro de Cunagua.

Yo vine a La Habana, pues quería gozar, y con tanta gana, que aprendí a bailar, óyelo negra.

Salí de Cunagua, y llegué hasta Ciego, resultó que luego ya estaba en La Habana, ya tu lo ves,
Conocí a Barroso, allá en el Pontón, le cantó sabroso con la Sensación, oye guarjiro,

¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

Camará y Oscar, Rafael Segundo, dicen a gozar, y se acaba el mundo, oyelo negra

¡Ea!, ya llegó el guajiro, ya llegó el guajiro de Cunagua.

Traigo la mano caliente Antero, su guarará
Con su guara, con su guara,
con su guara, su guarará….”

No puedo menos que reírme cuando veo repetidamente que al cha cha chá de la inspiración de Juana González y que hiciera famoso el gran Abelardo Barroso con la orquesta Sensación, se le califique como salsa-bembé, cuando todavía faltaban muchos años para que los oportunistas bautizaran como “salsa” a los ritmos cubanos tocados en New York y sobre cuyo origen no se podía discutir por el auto bloqueo que el comunismo le impuso a Cuba.

Entre sus números famosos fueron El Panquelero, La Hija de Juan Simón, En Guantánamo y El Brujo de Guanabacoa, El Guajiro de Cunagua no se quedó atrás y sonaba en las estaciones de radio y en las victrolas una vez tras otra. Las asociaciones de música e imágenes que nos trajo Barroso difícilmente se repitan, no en balde lo apodaron El Caruso del Son.

Aunque también El Panquelero, En Guantánamo y El Brujo de Guanabacoa están inspirados en personajes reales, es el del Guajiro de Cunagua del que vamos a hablar.

El central Cunagua, situado en el pueblo del mismo nombre en la entonces provincia de Camagüey y hora Ciego de Ávila, era uno de los más grandes del país por su capacidad de molienda de seiscientas mil arrobas de caña diarias y el tercer mayor propietario de tierras, pues disponía de casi cinco mil caballerías y tenía también su propio aeropuerto.

El central Cunagua fue construido durante la danza de los millones del siglo pasado. Los mayores centrales estaban en la antigua provincia de Camagüey, Colosos, y en la región de Ciego había al menos cinco de ellos: Stewart, Violeta, Pina, Baraguá y Cunagua.
El nombre de Cunagua, de origen indígena proviene de los manantiales existentes en el lugar y el batey del central construido entre 1915 y 1917 fue, junto con el Hershey uno de los más confortables y de mayor valor arquitectónico de los existentes en Cuba. Después de ser nacionalizado le dieron el nombre de Bolivia y como la mayoría y gracias al triunfante proceso revolucionario, fue desmantelado y demolido.

Pero el lugar se haría famoso por la mencionada canción, que tuvo un origen curioso.

Había un pelotero, Raúl González, “Cunagua” al que no se por qué lo llamaban así porque era natural de Perico en Matanzas, y sin embargo había famosos peloteros nacidos en Cunagua como fueron Tony “Haitiano” González que jugara con el Cienfuegos en 1958-61, los Cubans Sugar Kings en 1958-59 y en Grandes Ligas de 1960 a 1972 incluida una temporada en las Ligas Mayores del Japón.

Sobre el tema de a quién podía identificarse como el guajiro de Cunagua los comentaristas deportivos debatieron mucho, al igual que sobre el profesionalismo y el amateurismo. Bobby Salamanca, el mejor de los narradores cubanos, al igual que Rubén Rodríguez, defendían el profesionalismo mientras que Eddy Martin, siempre oportunista, era agresivo contra los profesionales mientras se ponía el mismo una venda en los ojos y una cortina de humo para no ver que el llamado amateurismo de la pelota cubana era una falsedad y solo buscaba la supremacía, con objetivos políticos dentro del béisbol no rentado internacional.

Y este narrador, igual que otro que pasará a la historia junto con él, por ser instrumentos serviles de la política en detrimento del deporte, eran ambos unos destructores del béisbol. Eddy Martin y Héctor Rodríguez eran de un lugar cercano a Morón y por ende a Cunagua.

Ahora en Cunagua ya no hay un central azucarero, pero está ubicada cerca de una importante zona de desarrollo turístico, Cayo Coco y Guillermo. Su playa, Cunagua es una muestra de lo que es la diferencia entre el turismo extranjero y el cubano, es el balneario de los pobres porque la de los cayos está vedada para los que no tengan dólares y hasta hace poco para todos los cubanos, parias en su propio país.

Al final no se puede precisar si el Guajiro fue Raúl González o Tony González, pero lo que es seguro es que el guajiro de Cunagua ahora es más guajiro que nunca antes.

El bodeguero de Richard Egües

“Toma chocolate y paga lo que debes”, es un estribillo de la letra de dicha canción, y muy conocida mundialmente y que ha devenido en parte del refranero popular de la isla,
ya que cualquier persona utiliza esta frase para pedir implícitamente su pago o retribución.
El bodeguero era uno de los personajes populares en Cuba, la mayoría españoles con una fuerte presencia asturiana y gallega, eran conocidos y queridos por todos. Llevaban una vida de trabajo y esfuerzo y sobrevivía con las exiguas ganancias que obtenían por su agotador servicio. Era común en Cuba que las amas de casa tuvieran una libreta donde el bodeguero les anotaba lo que iban consumiendo y en cuanto tuvieran dinero le liquidaba la deuda. En eso no había trampas ni trucos de una parte o de la otra, era una relación de mutua confianza pero que a veces, porque el ser humano si se destaca por algo es por ser malo, surgía uno que dejaba de pagar y de una conversación de ese tipo que escuchó Richard Egües, nació la canción.

El Bodeguero es sin duda alguna de las canciones insignia de la Orquesta Aragón, una de las agrupaciones cubanas más importantes de toda la historia artística.

El compositor y flautista de la orquesta, Richard Egües, nunca imaginó el éxito que tendría, pero al escucharla por primera vez su director, Rafael Lay, supo que tendría gran fama.

Eran los tiempos de oro del chachachá, y a su autor hacía tiempo venía elaborándola en su mente, y una madrugada al regresar al hospedaje donde vivía vio que no podía dormir y se dedicó a escribirla hasta que terminó, y cuando lo hizo volvió a repasarla.

Richard Egües le dedicó la canción a un bodeguero amigo suyo natural de la provincia de Santa Clara al que veía a menudo y que le contaba anécdotas como esa. Todas las bodegas entonces tenían un pequeño espacio que era una barra de madera dura con una cantina, donde la gente del barrio y los que ocasionalmente pasaban, se tomaban un trago o una cerveza mientras el bodeguero le despachaba los víveres que había ido a comprar, o se quedaban un rato tomando mientras compartían o conversaban con algún amigo y el bodeguero entonces les ofrecía un saladito, el que iba mejorando en calidad a medida que se consumía nuevamente.

Como ocurría muchas veces, El bodeguero se estrenó en una de las presentaciones en vivo de la orquesta Aragón en su programa diario de Radio Progreso. Tras su identificación:
“Si tú oyes un son sabrosón,
ponle el cuño, es Aragón.
Si tú escuchas un rico danzón.
ponle el cuño, es Aragón.”

comenzaron a tocar El Bodeguero, el que hizo enloquecer a todos desde su primera representación. La furia por escuchar la canción que se grabó poco después en 1955 comenzó entonces y sesenta y cuatro años después la gente la sigue oyendo con el mismo gusto.

Pero las generaciones actuales no tienen la más mínima idea del origen de la canción ni de lo que era un bodeguero de verdad, como el que inspiró esa melodía.

El indio de la Hatuey no es cubano ni dominicano.


Cuando uno escucha la palabra Hatuey, si es cubano, le vienen dos cosas a la mente: el indio y la cerveza.

El primero se refiere a Hatuey, un cacique taíno proveniente de la isla de Quisqueya, llamada por los españoles La Española y que ocupan actualmente Haití y República Dominicana, el cual al ser expulsado de Guajabá, su lugar de origen, por los conquistadores se fue a la parte oriental de Cuba y contactó con las tribus taínas de esa zona y los preparó para la lucha contra los intrusos y les recomendó deshacerse del oro que poseían porque ese era el dios de los hombres blancos. Atacó en pequeños grupos a Baracoa y hostigó a los españoles pero la superioridad técnica hizo que fuera detenido y condenado a la hoguera.

Todos conocemos que cuando un cura, el padre Olmedo le preguntó si quería convertirse al cristianismo para ir al cielo, Hatuey le respondió” si los españoles también van al cielo, prefiero ir a cualquier parte donde no estén y por no ver gente tan cruel. Yara, el lugar donde se asume ocurrió el suplicio de Hatuey y después se realizó el Grito de Yara, el inicio de nuestras guerras de independencia, cuenta con un monumento en su honor, aunque hay quienes dicen que cerca de Baracoa también hay un lugar llamado Yara y los naturales se hacen eco de una leyenda que ha trascendido medio siglo sobre La Luz de Yara, una luz crepuscular que varía de tamaño y que le sale al paso a los que por allí pasan y que no es más que una manifestación del bravo cacique.

Y la segunda es una popular bebida cubana, una cerveza de mucha calidad que pretendía ser, y lo fue, competencia de la Tropical y que propiedad de la Bacardí fue lanzada en 1927 en Santiago de Cuba con la marca Hatuey. Por supuesto que Hatuey tenía una imagen del emblemático aborigen como símbolo que la identificaba. Sus rasgos fisonómicos son los propios de un indio caribeño, con facciones mongoloides según los dibujos de la época e igualmente son acertados sus atuendos, los documentados durante la conquista.

En sus primeros veinte años Hatuey resultó un producto de mucha aceptación, por lo que se construyeron otras dos fábricas, una en la parte central de la Isla, en Manacas, y otra en los alrededores de la capital, la Cervecería Modelo del Cotorro. A pesar de una fuerte campaña publicitaria y el exponencial crecimiento de sus ventas, se consideraba que su propaganda se habías hecho sobre la base de una imagen muy conservadora y poco atractiva.

Teniendo en cuenta estos criterios la Bacardí consideró conveniente rediseñar la imagen de la cerveza en los años 50 para lo que contrataron a una prestigiosa agencia publicitaria, la OTPLA (Organización Técnica Publicitaria Latino Americana)., la que rediseñó la representación de la marca.

El rediseño conllevaba, según sus criterios cambiar la imagen del indio Hatuey y finalmente escogieron una que no engaña a ningún conocedor de la historia o a una persona con cultura media, la escogida, con una asombrosa inexactitud gráfica de los anales, fue la correspondiente a un indio estadounidense famoso: Pontiac, ensombreciendo completamente su asociación con el nombre que ostentaba..

El indio de plumas alargadas, como las de un águila, que no las hay en Cuba y los rasgos similares a los integrantes de las tribus iroquesas del norte de Estados Unidos eran ahora el emblema del indio Hatuey. En definitiva a los tomadores de cerveza no les interesaba la etiqueta, pero sin duda fue todo un sacrilegio cultural.

Se dice que el pintor Luis Martínez Pedro, diseñador de la OTPLA fue el que propuso la solución, que buscaba acercar al mercado norteamericano visualmente la imagen del indio. Aunque extraño para los cubanos y molesto para los trabajadores de la Bacardí, Pontiac era el símbolo indio por excelencia de los Estados Unidos, el guerrero valiente y audaz que lucho a brazo partido para expulsar a los ingleses de sus territorios. Una figura reconocida por los americanos era un gancho para qu consumieran la cerveza Hatuey. Es imagen no la daban Toro Sentado, Caballo Loco, Gerónimo o Cochise.

Por eso Pontiac fue desde antes, la imagen de una conocida y popular marca de automóviles perteneciente a la General Motors, la cual estuvo produciéndose hasta 2010. Pontiac se destacó porque sus productos eran de mayor rendimiento que los Chevrolet y tenían un precio más bajo que sus equivalentes en Buick y Oldsmobile. Y l imagen del Pontiac Firebird con el mitológico pájaro de llamas en su capó es parte de la cultura pop.

Pero al pobre Hatuey lo convirtieron en un indio americano y al final salió tan jodido como aquellos, con la diferencia de que en Cuba no quedan indios y si quedaran no iban a tener los privilegios que hipócritamente les han dado en Estados Unidos después que destruyeron su civilización y los asesinaron masivamente.

Lola, la que mataron a las tres de la tarde

Esta expresión, tan cubana como “voló como Matías Pérez”, “la hora en que mataron a Lola”, está entre los dichos más populares.

No hay cubano que al referirse a las tres de la tarde no recuerde : “eran las tres de la tarde cuando mataron a Lola”, como dice una famosa canción.

Y esta curiosidad también tiene un origen real. Un crimen pasional y violento sirvió de inspiración al número musical y por ende al dicho, cuando un hombre asesinó a su esposa cuando lo encontró siéndole infiel con otro.

Se cuenta que Lola era una prostituta que vivía en Belascoaín y Nueva del Pilar y que un médico llamado Edmundo Mas, que le dio una puñalada en el pecho por traicinarlo. El hecho fue recogido con poco ruido por la crónica roja de los periódicos y solo se precisó como dato interesante que la habían matado a las tres de la tarde.

De ahí quedó para la historia las tres de la tarde como la “hora en que mataron a Lola”.

Fue famosa la anécdota de cuando Ramón Grau San Martín siendo presidente de Cuba, miró durante un discurso su reloj y sorprendido por la hora dijo:

“¡Coño, son las tres de la tarde, la hora en que mataron a Lola!”, lo que hizo que la frase aún ganara más popularidad.

Como el cubano le saca filo y la veta humorística a todo, más allá del crimen pasional, se ha relacionado la historia de Lola con otras cosas, como por ejemplo:

Si alguien está en una posición inclinada hacia delante, le advierten que en esa posición mataron a Lola.

Cuando estamos en un éxtasis o un disfrute máximo, decimos: “está mejor que Lola”.

Las 3:00 pm en Cuba se definen como “la hora en que mataron a Lola”.
Estar “mejor que Lola”, hace alusión a un estado de máximo disfrute.

Y volviendo a la pelota, Bobby Salamanca identificó la frase con un jonrón, el que narraba diciendo: “¡Adiós, Lolita de mi vida…!”.

La canción “Lola” interpretada por Orestes Macías, recreó la historia, aunque de forma novelada. Y es de que destacar que su autor fue el reconocido músico puertorriqueño que vivió en Cuba y que dio al mundo obras tan hermosas como Perfume de Gardenias, Cachito, Silencio, Amor ciego, Capullito de Alelí, Tu no comprendes, Lo siento por tí, Desvelo de amor, Amor ciego,El Cumbanchero y Lamento Borincano y el que es casi un himno boricua, Preciosa, el gran Rafael Hernández.

No hay evidencias de que Rafael aclarara en algún momento si se refería a un hecho real, que pudo haber ocurrido en Puerto Rico o en Cuba, donde también vivió hasta el momento en que la compuso. Lo real es que la canción dice:

“Eran las tres de la tarde
cuando mataron a Lola…
y dicen los que la vieron
que agonizando decía:
yo quiero ver a ese hombre
que me ha quitado la vida
yo quiero verlo y besarlo
para morirme tranquila”.

Sin duda todo un drama, que es una de las cosas preferidas por la morbosidad humana.

Se dice estar inspirado en la vida real, pues mientras el asesino trataba de escapar, fue detenido y llevado a rastras a donde estaba agonizando Lola, la que lo besó antes de morir, y que seguidamente volvía a escabullirse por lo que ajusticiado por los policías que allí se encontraban.

Cómo ocurrió el suceso objetivamente es muy difícil de afirmar, pero lo que sí es cierto es que la expresión ha trascendido el tiempo y se ha hecho parte de nuestra idiosincrasia.

María La O

“María la O todo se acabó
María la O
tu amor ya se fue
y jamás volverá
María la O sueña en morir

Y jamás él volverá
María la O
sueña en morir”

¿habrá algún cubano que no haya escuchado y disfrutado esta melodía?

María la O es una conocida zarzuela o sainete lírico en un solo acto, y compuesta por el maestro Ernesto Lecuona creada a partir de una obra de Gustavo Sánchez Galarraga, un escritor y poeta habanero que a pesar de ser de familia acomodada, siempre estuvo cerca de los sectores humildes y los representó en sus trabajos. Como letrista trabajó con destacados compositores musicales como Jorge Anckermann y Ernesto Lecuona con quienes hizo nacer obras cubanas que han quedado para siempre como Rosa la China, El Batey y María la O a la vez que fue autor de muchas obras de teatro exitosas.

Lecuona siempre tuvo en mente el proyecto de María la O como una forma de llevar la trama la novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde a una obra musical, pero los herederos de Villaverde no le concedieron los derechos de adaptación, por lo que trabajó de conjunto con Galarraga para no perder esa bella estampa colonial cubana.

María la O, una hermosa mulata habanera con muchos pretendientes entre ellos un Santiago Mariño, José Inocente y Fernando de Alcázar. Jose Inocente es el único de ellos que es cubano y juró que mataría a quien le hiciera daña a María, la que se enamora de Fernando sin saber que está prometido a la hija de un marqués, por lo que la trama es parecida a la de Cecilia Valdés y José Inocente mata a Fernando.

Lecuona fue llamado el Gershwin cubano porque estar siempre en la preferencia tanto en Cuba como en Estados Unidos. El autor de Siboney, Para Vigo me voy, Canto Siboney, El Amor del Guarachero, El Batey, El Cafetal, El Calesero, El Maizal, La Flor del Sitio, María la O, Rosa la China, Canto Carabalí, La Comparsa y Malagueña, Andalucía y Siempre en mi corazón, nominada a un Oscar como canción y que fuera derrotada por White Christmas en 1942.

Algunas de sus zarzuelas son las únicas producciones de latinoamérica que están integrados a los repertorios en España.

María la O ha sido interpretada por estrellas de renombre mundial como son: Esther Borja, Alina Sánchez, Zoila Galvez, Alba Marina, Ana María Martínez, Larisa Martínez, Libertad Lamarque, Eva del Moral, Maria Leticia Hernandez, Plácido Domingo, José Mojica, Alfredo Sadel, Manolo Alvarez Mera, Maria Eugenia Barrio y una lista que sería interminable

Y hay otra canción de igual nombre, aunque con un “de” intermedio, que fuera inmortalizada por Lola Flores y más tarde por Conchita Piquer e Isabel Pantoja y que dice:
“¡María de la O!
Que desgrasiaíta, gitana tú ere
teniéndolo tó.
Te quiere reí,
y hasta los ojitos los tienes morao
de tanto sufrí.
Mardito parné
que por su curpita dejaste ar gitano
que fue tu queré.
Castigo de Dió
Castigo de Dió
é la crusesita que lleva a cuesta
María de la O”.

Pero en Cuba María la O también tuvo otro significado.

A partir del triunfo de la revolución comienzan las escaseces y se implanta la libreta de racionamiento alimenticio y la de productos industriales, y en esta última había cupones por el que podía adquirirse una cosa u otra, había que elegir. Entonces comenzó a llamársele María la O: o coges una cosa o coges la otra.

María la O, la libreta de productos industriales era válida por todo un año, personal e
intransferible, y los cupones sueltos no tenían valor. Cada persona pertenecía a un grupo de compra clasificado con una letra y, dentro de esa letra, un número. Podía ser que el día de compra coincidiera con el abastecimiento de la tienda o no, todo era suerte y verdad.

¡Te toca, pero no vino o vino pero no te toca!, eran casi siempre las opciones más repetidas.

María de la O: todo se acabó.

El ermitaño gallego

Volvemos a Isla de Pinos, un territorio pequeño pero con muchísimas historias que van desde los trabajos de sus primeros habitantes, el mármol, la cueva de Punta del Este con sus dibujos de arte rupestre, sus colonias de norteamericanos, el triste y macabro Presidio Modelo y hasta ser considerada como la Isla del Tesoro, en la que se basara para escribir el libro de aventuras Robert Louis Stevenson, pero ahora vamos a referirnos a la asombrosa vida de Antonio Isla, un gallego que llega a la isla y que sin quererlo y cuyos avatasres le dieran nombre a una cueva de esa región.

No se conoce cómo llegó a Isla de Pinos el personaje, y mucho menos del por qué se convirtió en ermitaño y vivió un cuarto de siglo en una caverna, casi como los hombres primitivos.

Lo de Antonio no fue poca cosa, probablemente no se conozca que alguien haya estado viviendo de forma aislada y en una cueva por tanto tiempo en Cuba. Se dice que era un leñador y carbonero y que un día decidió aprovechar que el extremo sudoriental de la isla, conocido como cueva de los Indios o cueva del Humo, y que más tarde se llamaría cueva de Isla en honor a Antonio Isla por haber vivido allí y convertirse en una leyenda.

En 1944 los arqueólogos de la Sociedad Espeleológica de Cuba lo hallaron cuando exploraban la cueva número 1 de Punta del Este en busca de pinturas rupestres. En esos momentos ya tenía setenta y cinco años y estaba fuerte a pesar de que los vecinos lo habían atacado y recibió una puñalada en un pulmón. Los vecinos decían que el hombre vivía allí porque había encontrado un tesoro, el que tenía escondido en botijas y que se dedicaba al contrabando, lo que despertó la codicia de algunos, de los cuales supo defenderse bien.

Tras su muerte en la cueva, el lugar y sus alrededores fueron cuidadosamente revisados y aunque no se encontró tesoro ni botija alguna, se encontraron documentos de que Antonio Isla era propietario de una cuenta bancaria que lo hacía rico. Antonio se llevó con él su secreto de por qué se hizo un anacoreta, un solitario y se aisló del mundo.

La Capilla Sixtina del arte rupestre cubano: la cueva de Punta del Este.

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