LOS MUÑEQUITOS.

 

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MUÑEQUITO DE SUPERMAN.

LOS MUÑEQUITOS.

En Cuba se le llama “muñequitos” a los dibujos en forma de revista que en otras partes del mundo se denominan mayoritariamente como Comics, Historietas o Tebeos.
En los años 40 y 50 había en Cuba muñequitos de todas las editoriales imaginables del mundo, en particular las editoras Novaro, SEA y Marvel y La Prensa.

También los diarios sabatinos y domingueros tenían secciones que los aficionados a los muñequitos seguían con disciplina, en particular a Tarzán, Mandrake el Mago, el Fantasma, Flash Gordon y Dick Tracy.

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MUÑEQUITO DE TARZAN.

Un muñequito de estreno de la semana (casi todos sacaban números semanales) tenía un costo de 10 centavos, eso equivalía a dejar de ir al cine una vez o privarte de comer algo sabroso. Sólo los que tenían un poco más de recursos los compraban. Pero a la semana siguiente, el precio iba bajando aunque fuera un ejemplar nuevo y al mes ya este costaba 2 ejemplares por 5 centavos.

Yo estudiaba relativamente lejos de mi casa en la primaria, para ello me daban la merienda en un cartucho que se doblaba, como moda de la época, dentro de la faja y se llevaba como una alforja, y 16 centavos, 8 para la ida y 8 para la vuelta en el transporte público.
Muy pocas veces creo haber utilizado la guagua, quizás si estuviera lloviendo o algo así, si no, hacía el largo recorrido de 17 cuadras y me ahorraba los 16 centavos, claro que no me los gastaba todo en muñequitos, había un puesto de venta de empanadas de guayaba en el recorrido y ahí me comía una al costo de 5 centavos o 3 centavos según el tamaño, el resto lo iba guardando para el fin de semana, cuando hacía, con mi pequeña fortuna, la compra semanal de muñequitos. Siempre me preguntaban que por qué me iba tan temprano y respondía porque me gustaba llegar temprano, nunca dije que me iba a pie.

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COLECCION DE MUÑEQUITOS.

Mis muñequitos preferidos eran Superman, Batman, La Pequeña Lulú, Tom y Jerry, Las urracas parlanchinas Tuco y Tico, Tarzán, el Spirit y como niño al fin los terroríficos Misterios del Gato Negro, La Dalia Negra y Cuentos de Horror y Misterio.

En resumen, en poco tiempo tenía inmensas pilas de miles de muñequitos, muchos de ellos de colección que eran intocables y otros que leía y conservaba bien para darle más valor y los montaba en una especie de vagoneta que tenía para ir a ver a varios compinches del barrio e intercambiarlos por otros.

Este era mi mayor entretenimiento, que entre los muñequitos y los libros que empezaba a leer con mucho gusto de Julio Verne, Salgari y clásicos de Dumas, me ocupaban todo el tiempo, no oía radio ni veía televisión, cuando la tuvimos, porque era un lujo en aquella época. Cuando llegó la televisión solo me gustaba ver las series norteamericanas de aquellos años, como Patrulla de Caminos, La Ley del Revólver, Bat Masterson, Las aventuras de Rin Tin Tin, Pájaros de acero, y la que no resistía era I Love Lucy, que para mi era una pesadez y a la gente le hacía mucha gracia, sobre todo porque había un cubano en ella (Desi Arnaz) que era una bomba humana de pesado.

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TIRA COMICA DE TARZAN EN EL PERIODICO EL PAIS.

Creo que sólo el juego de pelota podía hacerle un poco de competencia a mi afición a los libros y los muñequitos, pero ellos eran menos peligrosos, la pelota había que jugarla en la variante de “las cuatro esquinas”, donde cada esquina de la calle era una base, las pelotas podían caer en alguna casa y eso era problema, pero el mayor era que pasara el policía de posta en el barrio que venía desde lejos sonando su tolete o macana en las aceras, avisando que fueran despejando la pista. Rara vez nos aventurábamos hasta el llamado parque forestal, donde hoy está la Ciudad Deportiva, porque era un inmenso matorral, hasta una laguna tenía, y el único lugar donde se podía jugar pelota casi siempre estaba con gente jugando. Otra variante era ir al fondo del desaparecido Parque Palatino, pasando la zanja real, donde había un terreno nombrado “el biuti” (¿el hermoso sería?) y que si era un terreno de verdad y donde los mayores jugaban los fines de semana jugándose dinero, que iba a parar al equipo ganador.

Mi gigantesca colección costaría una fortuna en los tiempos actuales, además porque eran en casi su totalidad ejemplares nuevos, pero como ocurre con muchas cosas en la vida, no me ocupé debidamente de mantenerlos. Solo unos pocos ejemplares encuadernados en tomos con 10 volúmenes fueron conocidos por mis hijos.

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MUÑEQUITO DE LA PEQUEÑA LULU.
En cuanto a las historietas cubanas entonces eran inexistentes, solamente unos pocos personajes en la prensa escrita como era Liborio, el Reyecito Criollo o el Hombre Siniestro en la Revista Bohemia, “La Historia de la II Guerra Mundial”, “Cascaritas y Mango Macho” y “José Dolores en el Periódico Información, así como en El Diario de la Marina, El País y El Mundo, entre otros. En total circularon más de 400 personajes de historietas en el país, desarrollando en la población un gusto por este género.

Después de la Revolución surge Supertiñosa, de Virgilio Martínez, de mucha calidad e imaginación pero con una inclinación politizada excesiva y también “Recuerdos de Chamaco” de Fidel Morales. En 1970 aparece el personaje Elpidio Valdes de Juan Padrón que más tarde pasaría a la animación convirtiéndose en el más popular comic cubano de todos los tiempos. Ni voy a hablar de un personaje que se quiso popularizar mucho por la política pero que carecía de los valores mínimos, tanto como arte plástica como por su contenido que era el bodrio de “el loquito” de Nuez.

Pronto comenzaron los comics relacionados con la ciencia ficción, siguiendo el ejemplo de españoles, franceses, italianos o argentinos y con una influencia notable de los escritores de ciencia ficción soviéticos, muy imaginativos. Otro temática que gustó mucho fue la adaptación de obras literarias.

Cuenta el gran escritor Guillermo Cabrera Infante, que desde muy niño tuvo dos grandes inspiraciones para aprender a leer: el cine y los muñequitos. A mi me pasó igual y creo que a muchas otras personas que se convirtieron en furibundos lectores gracias a la influencia de los muñequitos, comics, caricaturas o tebeos como se les dice en diferentes países. El segundo paso fue leer libros que tuvieran alguna ilustración y finalmente la lectura pura que es la que nos permite que vuele la imaginación y recreemos en nuestra mente lo que leemos.

Hoy disfruto viendo muchísimos de esos ejemplares que me traen tantos recuerdos, al haberlos descargado de sitios en Internet y tener con ellos una colección virtual similar a la original o mejor aún. Los guardo como un tesoro al lado de mis libros preferidos, también digitalizados porque el libro tradicional se ha vuelto prohibitivo y el comic de hoy en día no creo que tenga nada de educativo ni atractivo. Debe ser que estoy viejo porque me pasa lo mismo con la música contempóranea.

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MUÑEQUITO CUENTOS DE MISTERIO.

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