Las Lomas de La Habana y congas famosas

Las Lomas de La Habana y congas famosas

La acepción más aceptada por los especialistas es que el nombre Habana proviene del cacique taíno Habaguanex, pero entre otras teorías hay una que considero bastante acertada y es la palabra taína Jabana, la forma como los arahuacos del occidente cubano denominaban a una sabana. Y es que La Habana, considerando no sólo la capital, sino la histórica provincia que va desde la costa norte con el estrecho de la Florida hasta el golfo de Batabanó en el sur, es una extensa sabana, salvo algunas alturas menores en la zona central que va de Bejucal hasta Madruga y que se extienden hasta Limonar en Matanzas.

Y la ciudad de La Habana como tal, es casi plana, por eso llaman la atención algunas lomas que en una geografía con un entorno montañoso o mixto no tendrían importancia alguna. Para mí, que pasé mis dos años de vida en Bejucal, del cual vine a conocer después sus características, y que también es una zona muy plana, solamente destacaba la llamada Loma de Bejucal, a la entrada del pueblo y donde estaba situada la famosa Ciudad de los Niños del Padre Testé, posteriormente convertida en base de cohetes y ahora en total abandono. Muy cerca estaba otra loma que todos conocemos, la loma del Cacahual, en primer lugar porque allí está el panteón que recuerda al Titán de Bronce, Antonio Maceo y que además permite observar una fantástica vista de la capital.

Pero al mudarme para el barrio de El Cerro, en mis andanzas con otros mataperros (que nunca matamos ni lastimamos a ningún perro, todo lo contrario, los buscábamos para jugar, acariciarlos y darles lo que tuviéramos de comer), muy cerca de la casa me encontré con una maravilla: la loma de la calle Chaple entre Esperanza y Vía Blanca. Aquello era una simple lomita de no más de 15 o 20 metros de desnivel y de alrededor de 50 metros de largo pero con un buen grado de inclinación y para nosotros era todo un reto bajarla y subirla porque en los alrededores no había otra tan inclinada.

Chaple y Vía Blanca, “mi primera loma”, donde recientemente hubo un derrumbe. Al fondo el acueducto de Palatino.

Años después en un viaje en carro a Guanabo, en un Jeep de un tío, me pareció escalofriante bajar la loma del intermitente de Vía Blanca hacia la playa, que también era solamente otra lomita. Pero así ocurre cuando casi todo lo que te rodea es plano o casi llano y un accidente pequeño te parece algo espectacular. Eso le ocurre al habanero cuando va por los pocos lugares donde en la capital se rompe la monotonía de la uniformidad rasa y nos encontramos con un paisaje diferente.

“Son de la loma” es una de las canciones cubanas más famosas de todos los tiempos y su compositor, Miguel Matamoros, el líder del reconocido trío halló inspiración en una pregunta de una niña en la entrada del teatro donde actuaba. Dice el son:

“Mamá, yo quiero saber / de dónde son los cantantes; / que los encuentro galantes / y los quiero conocer, / con sus trovas fascinantes / que me las quiero aprender. ¿De dónde serán? (Ay, mamá). / ¿Serán de La Habana? (Sí, señor). / ¿Serán de Santiago? (Cómo no), / tierra soberana. / Son de la loma, / cantan en llano (sí señor, cómo no). / Mamá, que son de la loma, / mamá, que cantan en llano”…

El son cubano, uno de los más influyentes géneros de la música latinoamericana, se dice que surgió en la región oriental de Cuba, pero eso solo es válido como tradición oral. Se dice que el tresista de origen haitiano Nené Manfugás, de origen haitiano, lo llevó desde Baracoa a los carnavales de Santiago de Cuba y que de ahí algunos miembros del ejército libertador lo llevaron a La Habana. Lo cierto es que hay evidencias de que esta manifestación artística se fue gestando en la capital desde mediados del siglo XIX y no solo en Oriente, por lo que la paternidad no puede ser concedida. Algo parecido ocurre con la rumba y sus distintas variantes que se le atribuye exclusivamente a la capital y no es así, pues tuve gran desarrollo en Matanzas. Y algo muy significativo es que las llamadas Rumba flamenca, Rumba catalana y Rumba gallega, tienen su origen en la rumba cubana y podrán tener su propia identidad pero se derivan de ella.


Y no hablo de la conga o tumbadora, ese instrumento de percusión creado en Cuba, creado a partir de las maderas de los barriles de vino y cueros, y que sustituyeron a los barriles de bacalao y de velas con los que en Matanzas y La Habana se tocaba inicialmente la rumba, sino a la conga, ese ritmo sincopado que acompaña con tambores a las comparsas de carnaval desde los tiempos de la esclavitud, que comenzó en la celebración del Día de Reyes y que en los inicios de la etapa republicana en nuestro país y diría yo hasta nuestros días, se emplea como elemento de propaganda política para motivar a las masas tras su ritmo. La conga es quizá el baile popular cubano más añejo y arrastra a muchas personas bailando y cantando.

No puedo dejar de recordar a Eduardo Alvarez, amigo e hijo de un amigo y que trabajó mucho tiempo conmigo y el cual, por ser negro, era escogido para tocar la tumbadora arrollando por todas las oficinas, cuando en realidad era un negro fino, que no le gustaba la música afrocubana ni su religión (a pesar de que su padre era un tremendo santero) sino la música norteamericana y era un fanático de Michael Jackson y Earth Wind & Fire, por lo que malamente tocaba el tambor haciendo ruido, pero sin sentirlo. Son los estereotipos que nos creamos de que si eres negro tienes que ser brujero y saber tocar el tambor.

Pero no es del son, sino de la conga, y no de las montañas santiagueras, sino de las tímidas lomas habaneras que vamos a escribir hoy.

Convento de Belén en La Habana Vieja.

A la loma de Belén

El barrio de Belén, en la Habana Vieja, que limita desde la Avenida del Puerto hasta la calle Acosta y desde Egido hasta Muralla, no tiene ninguna elevación. Aunque ahora tiene otra división, Belén formaba parte del habanero barrio de San Isidro el que contaba una de las zonas de tolerancia que se conocían entonces en La Habana como centros la prostitución en la ciudad.

Desde niños todos los cubanos hemos estuchado esta tonada:
“A la loma de Belén,
de Belén nos vamos.
A la loma de Belén,
de Belén nos vamos…
Aééé… Eááá…
Aé, componedores…
Aé, remachadores…
Y yo voy a la loma, buscándote.
Aé, componedores…
Aé, remachadores…
Y yo voy a la loma, buscándote.”

                                      Abelardo Barroso, el tercero de izquierda a derecha con el Sexteto Habanero.

La canción fue compuesta por Juana González y su esposo Felipe Neri 1929 autor de clásicos cubanos como Tribilín Cantore y Tres Lindas Cubanas y fue popularizada por el Sexteto Habanero, con su cantante Abelardo Barroso al frente.

Yo conozco el Arco de Belén en la calle compostela y Acosta, del cual hice referencia en el artículo sobre los catalanes en Cuba y que fue construido para facilitar el traslado de los enfermos convalecientes desde el Convento hacia las construcciones que la orden poseía en terrenos al otro lado de la calle, ya que las autoridades sanitarias de la ciudad habían prohibido el movimiento de estas personas a través de la vía pública temiendo una epidemia en su marcha desde el Convento de Nuestra Señora de Belén de La Habana, se encontraba localizado en las manzanas comprendidas entre las calles Compostela, Acosta, Picota y Luz, en La Habana Vieja.

A pesar de haber buscado exhaustivamente no he encontrado a qué se refiere, a no ser que tenga una connotación religiosa, pero en el barrio de Belén no hay lomas.

Las lomas que sí existen

La Habana es predominantemente llana pero tiene sus lomas y son más de diez y están dispersas por toda la ciudad, lo que pasa es que muchas de ellas las subes tan concentrado en tu actividad que no notas siquiera que están allí, con excepción de unas pocas.


La loma del Burro

Una de las lomas más famosas es la loma del Burro. Con 55,6 metros de altura está en la frontera entre los barrios de Luyanó y Lawton, no muy lejos de la Iglesia de Jesús del Monte y en diferentes épocas ha contado con algunos árboles, sobre todo pinos y ahora es una loma pelada. Pelada de vegetación, porque está repleta de restos de brujerías, desde un gallo hasta un racimo de plátanos podridos con un lazo colorado.

Parece que el nombre viene de algún burro que pastaba allí, pero lo verdaderamente triste de este lugar, muy cercano al conocido Hospital Materno antiguo Hijos de Galicia, es que en sus faldas estaba el aciago barrio de las Yaguas, donde muchos decían que era un refugio de prostitutas, mariguaneros, ladrones, brujeros y borrachos, cuando en realidad la mayoría de los que allí subsistían eran personas decentes que fueron desalojados de sus viviendas por no poder pagar el alquiler.

Su nombre viene de las yaguas de palmas que después de ser empleadas en la industria del tabaco, las fábricas botaban en la Loma del Burro, y con ellas se construyeron unas mil quinientas casetas donde vivían unas seis mil familias sin electricidad ni agua corriente y por supuesto sin ninguna medida sanitaria. Una verdadera vergüenza de los gobiernos republicanos y una de las pocas cosas buenas que hizo el gobierno revolucionario, aunque después sus políticas provocaron que nadie pudiera aspirar a tener su vivienda.

La loma de Chaple o de Luz

Es una de las de mayor elevación, está en el barrio de Santos Suárez y es una de las más significativas de la ciudad, con 66,7 metros de altura. Su nombre viene de Joaquín de la Luz, pero es más conocida por el de su urbanizador, Eduardo Chaple.

Este lugar es un mirador natural de la capital y está lleno de grandes mansiones venidas a menos y que en su momento fueron cuna de la alta burguesía y hoy estructuras que se despedazan por días, pero que siguen contando con la vista panorámica más impresionante de La Habana que van desde el Monumento a José Martí, la Rampa con el Hotel Habana Libre hasta el Capitolio y el Morro a la entrada de la Bahía.

Probablemente cuando haya un cambio de sistema, se derrumbará lo que no se haya derrumbado entonces y se harán otras construcciones, seguramente unos impresionantes restaurantes con terrazas para admirar la vista.


Loma de Jesús del Monte

Con solo 39.8 metros de altura, la Loma de Jesús del Monto, protegida por un alto paredón hacia la avenida de Diez de Octubre, cuenta en su cima con la iglesia de igual nombre y la más antigua de La Habana fuera de las desaparecidas murallas. Este lugar fue una elevación de carácter estratégico en el período en que La Habana fue conquistada por los ingleses y también es histórica porque allí se produjo la sublevación de los vegueros ante el estanco del tabaco.

Al comienzo de su expansión en ella se instalaron familias adineradas; ahora es un lugar sumamente miserable y olvidado.

La loma del Mazo

Situada en la Víbora, cercana al Instituto de Segunda Enseñanza, en Juan Bruno Zayas y Patrocinio hasta Vista Alegre y con una altura de 76.6 metros es el uno de los lugares más elevados de La Habana y también jugó un papel importante en la toma de La Habana por los ingleses y es no menos destacada e impresionante la vista desde ese lugar.


La loma de Atarés

Teniendo en cuenta su altitud y su ubicación, fue levantada en ella en el siglo XVIII el Castillo de San Domingo de Atarés como una de las fortificaciones del sistema defensivo de La Habana colonial.

Desde que fue edificada, el castillo ha sido utilizado como fortaleza militar, sede de la guardia presidencial, prisión y unidad militar. Es de las pocas fortalezas españolas de La Habana, al igual que el Castillo del Príncipe que en la actualidad no se encuentra abierta al público y no ha sido convertida en museo, en particular porque su estado de conservación no es bueno.

El acceso al lugar es por una falda inclinada y preparada por los constructores para que fuese muy difícil o casi imposible de escalar por quien quisiera asediarla por tierra o por mar. Las naves podían acercarse al sitio por la ensenada de Atarés, pero no al castillo.

He leído que la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana inició el proceso de restauración del Castillo de Atarés. Esta es una obra de gran valor patrimonial que a pesar de estar declarado Monumento Nacional está en estado deplorable. A su vez esta decisión está reforzada por los resultados de excavaciones arqueológicas recientes que refuerzan su importancia y la calificación del castillo como otro de sus miradores naturales.


Loma de Monserrate

Estas loma, de la cual casi no nos damos cuenta que existe por lo pobre de su inclinación, aunque el que va manejando en Cuba para ahorrar gasolina recurre al hecho de apagar el motor y desde Cerro y Boyeros, si no se encuentra con un obstáculo o semáforo, puede ir bajando por gravedad hasta Carlos III, la loma del Príncipe y la de la Universidad.

En este lugar, antes de ser construida la Plaza Cívica, ahora llamada Plaza de la Revolución fue construida la ermita de la virgen de Monserrate, nombrada por el pueblo como la ermita de los Catalanes.


Loma de Aróstegui

Casi no se le conoce por este nombre sino por la loma de la Universidad de La Habana. Y se conoce popularmente por la colina Universitaria con su famosa escalinata por el lado de Sán Lázaro o entrada principal y un corto pero empinado acceso por Carlos III y el comienzo de la Calle G en el Vedado.

La loma del Ángel (o Cecilia Valdés)

Sin duda una pequeñísima loma tiene una tremenda presencia en la cultura del cubano. Y todo se debe a la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel (1882) del cubano Cirilo Villaverde, una de las novelas cumbres de la literatura hispanoamericana del siglo XIX.

Esta obra refleja a la sociedad cubana colonial y el mestizaje como rasgo distintivo de la nación cubana, a través de la historia amorosa entre una bella mulata y el hijo de un hacendado español y el talento narrativo de Cirilo Villaverde nos ofrece un impresionante fresco de la Cuba colonial tras el período independentista del resto de los países hispanoamericanos y la permanencia de la colonización española y la esclavitud en nuestro país.

Es muy difícil encontrar un cubano que no reconozca la importancia de la novela Cecilia Valdés para la cultura nacional. Pero muchos no conocen que Cirilo Villaverde vivió la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en Estados Unidos y que su obra cumbre fue publicada en Nueva York, ciudad en la que vivió casi cuarenta años tras.participar en el movimiento conspirativo encabezado por el general venezolano Narciso López, ser condenado a diez años de prisión y después a muerte, y lograr escapar de prisión y huir a Estados Unidos y que hasta el último de sus días estuvo luchando por la independencia de Cuba.

Justo en la esquina de Cuarteles y Avenida de Bélgica se encuentra la Iglesia del Santo Ángel Custodio, escenario principal de la historia de Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde.

Y no lo cojan a relajo diciendo la famosa frase: “ya lo dijo Villaverde al salir del hospital, cuando el mal es de cagar, no valen guayabas verdes”.

La loma del castillo del Príncipe.

Es la más alta colina de la capital, y fue nombrada en honor del príncipe Carlos, hijo del rey Carlos III, y en ella está ubicado el castillo del Príncipe, fortaleza militar que sirvió de prisión durante la época colonial y la era republicana. Este castillo se constituyó en el más importante de La Habana y continuó siendo una prisión hasta la década de 1970. Luego el gobierno lo transforma en una unidad de ceremonias militares y en sus faldas se podían ver a los integrantes de bandas militares ensayando y también lo conocí como un almacén de publicaciones del Instituto del Libro y que cumplía simultáneamente ambas funciones.

Popularmente se le conoce como “la loma”” aludiendo al presidio y la Sonora Matancera con Celia Cruz al frente popularizó en los años 50, de la autoría de Javier Vázquez, el número “Palo Mayimbe

“”¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Eh, me llevan pa’ la loma, me llevan pa’ la loma! –¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Mayimbe: de la loma, Mayimbe: de la loma! –¡Palo Mayimbe: me llevan pa’ la loma! –¡Eh, nos vamos pa’ la loma, nos vamos pa’ la loma!»

Palo son denominaciones de orígen Bantú, traídos por esclavos de África central esclavizados en Cuba y de la religión Yoruba de la zona del Golfo de Guinea y se asocian con otras ramas religiosas como Palo Monte, Palo Mayombe, Palo congo, Brillumba y Kimbisa. Mientras tanto en Cuba un Mayimbe es un jefe, y Mayombe es de uso en santería.

Por lo tanto a la gente que tenga poder, el cubano le llama Mayimbe. !Oye jefe me llevan preso!, diría algo parecido la canción.

  La loma y los restos de la Ciudad de los Niños a la entrada de Bejucal

Por supuesto hay otras elevaciones en La Habana, pero sin llegar a alcanzar trascendencia como estas, pero podemos referirnos a la Loma del Ingenito, al sur de Lawton y al este de Víbora Park, la pálida loma del Zoológico de 26 en Nuevo Vedado por 26 y algunas otras un poco más pronunciadas que hay en esa zona, y saliendo de la zona central de la capital están la loma de la entrada principal de la playa de Guanabo, las de las entradas a las playas de Tarará y Santa María del Mar, las alturas un poco más impresionantes por estar junto a la bahía, las de Casablanca, el Cristo de La Habana y la fortaleza de la Cabaña, y la de la entrada a Cojímar.

Intermitente de Vía Blanca y la entrada hacia la playa de Guanabo, que en su día me pareción impresionante.
Las congas

Y muchos se preguntarán si el tema tratado ha sido el de las lomas de La Habana, ¿que hacen aquí las congas? Muy simple: al rememorar lo que fue el Castillo del Príncipe, llamado popularmente “la loma”, la memoria de lo antiguo, siempre alerta, me recordó “palo mayimbe me llevan pa’ la loma” y ahí surgió la idea de escribir sobre algo que también es parte de la cultura cubana aunque tenga profundas raíces africanas: la conga.

Desde que el hombre primitivo concibió la forma de vivir sin trabajar y surgiera el brujo de la tribu, que sería el interlocutor entre los hombres y las fuerzas que dominan la naturaleza, a las que había que obedecer y dar ofrendas, también se pensó en una forma de aflojar las
Tensiones. Supongo que los brujos de la tribu hayan acompañado con sonidos, que se fueron convirtiendo en música, estos rituales y con ello apareció lo que después se conocería como una fórmula triunfadora: pan y circo.

Al pueblo, pan y circo, es una expresión que todos conocemos y que a pesar de que se dice tuvo su origen en el imperio romano “panem et circenses” era una práctica que el hombre había descubierto mucho antes como forma de ofrecerla al pueblo a cambio de obediencia, de confianza y de mantenerse ocupados con estos asuntos y no meterse en aquellos que la clase o grupo dominante reservaban para su círculo político íntimo. En esos tiempos era el circo romano con sus gladiadores y espectáculos sangrientos, en nuestros días son los juegos de fútbol. El que fuera entre 1823 y 1932 Capitán General español de la Isla de Cuba, Francisco Dionisio Vives, decía: dale al cubano un guateque donde no falte un lechón asado, ron, guitarra, tiple, güiro, gallos y mujeres y no pensará en política”. Vives fue nombrado después con el título de Conde de Cuba.

Fue así que más tarde los primeros agricultores se reunieron con los rostros enmascarados y los cuerpos pintados para agradecer la fertilidad de los suelos, dar gracias por la lluvia y alejar a los malos espíritus, todo ello mediante una fiesta. Ese sería el germen de lo que hoy conocemos como carnaval y que tiene carácter universal con formas específicas en cada región del mundo.

En Cuba desde épocas muy remotas se celebran todos los años fiestas populares como los carnavales y las parrandas. De los primeros son famosos los de La Habana, Santiago de Cuba y las celebraciones de San Juan en Camagüey y de las parrandas , que son competencias entre barrios de un mismo pueblo, destacan las de Remedios, Camajuaní y las famosas Charangas de Bejucal. Los Tambores de Bejucal, famosos en las charangas de mi pueblo, se destacan con “Mamá se fue, mamá se fue, con la conga en la calle vamo’ a guarachar”.

En todas estos festejos no pueden faltar las comparsas, carrozas y desfiles pero ninguna puede existir sin una conga. La conga es un género musical muy relacionado con la rumba y muy parecido a ella, pero que se caracteriza por un baile colectivo que avanza por las calles con su ritmo pegajoso y con la única exigencia de marcar el ritmo. Son famosas la conga habanera y la oriental, esta última emplea una corneta china y tiene mucha influencia haitiana, sobre todo identificada por este instrumento y por el coro que repite como es el caso de “Abre que viene el Cocoyé”. Y la Academia Española de la Lengua, que aprueba casi cualquier barbaridad, todavía no ha aprobado la acepción cubana de “arrollar”, que es bailar por las calles al sonido de una conga, que no es precisamente atropellar, ni dar vueltas ni ir rodando, es ir gozando al ritmo de la música.

Pero sin duda la conga habanera es la más popular y extendida, a pesar de lo que digan los santiagueros.

Una muy famosa que todos hemos escuchado es la creada por Chano Pozo: “Siento un bombo mamita me está llamando, sí, sí, son los Dandys” siempre presente en los carnavales de cualquier parte. O la que escuché muy a menudo durante mi niñez y juventud cuando vivía en el barrio del Cerro y que se sentía todo el año:
“Oye mamita no te asustes cuando veas,
el alacrán tumbando caña.
Costumbres de mi país, mi hermano

Yo no tumbo caña
que la tumbe el viento
que la tumbe Lola
con su movimiento”.


Era la conga de la comparsa del Alacrán cuya sede estaba a escasas dos cuadras de mi casa . “Flores, flores, ahí viene La Jardinera, viene regando flores”, era el estribillo de la comparsa La Jardinera.

También sonaron mucho “Yenyere Gumá original de Cachao: “”Yenyere guma la buena noche, buena noche, Yenyere guma la buena noooche ¿cómo está usted?”. Y también Yayabo, original de Sancti Spíritus: Tu que me decías que yayabo no salía más, tu que me decías que yayabo no salía más, Yayabo está en la calle con su último detalle y su ritmo sin igual, Aaa yayabo ya salió. Aaa yayabo ya salió.”

Seguramente no olvidamos una bien contagiosa y simpática:
“Abre que voy caminando
Abre que voy echando un pie
Abre que voy cuidao’ con los cayos
Abre que voy lo digo otra vez”
O una bien tradicional:
“Al carnaval de oriente me voy
Donde mejor se puede gozar
Al carnaval de oriente me voy
Donde mejor se puede gozar”

Y una conga muy famosa internacionalmente, y en Cuba también, es la interpretada por los Lecuona Cuban Boys en los años 30, la Conga de Jaruco, llamada así por el sobrenombre de su autor, Ernesto Vázquez:

“La conga de Jaruco
Ahí viene arrollando.
La conga de Jaruco
Ahí viene arrollando.
Y tiene en su comparsa
La alegría del lugar
Que viene arrollando
Con su ritmo sin igual…”

Y hay un prolífico autor, Rafael Ortiz, conocido por Mañungo, que daría al cancionero cubano números clásicos cubanos como Bombón cháa, Muy junto al corazón, Dame un trago cantinero, ¿Por qué me guardas rencor?, Sol de verdad y Amor de loca juventud. pero su composición más famosa sin duda y resultante de una apuesta acerca de que él, compositor de boleros, no podía crear una rumba o una conga, se convirtió en la música que es la que identifica inequívocamente al género:

“Uno dos y tres, Uno dos y tres, Uno dos y tres
Que paso más chévere, que paso más chévere
El de mi conga es
Uno dos y tres, uno dos y tres, que paso más chévere
Que paso más chévere el de mi conga es”

Eran los tiempos del sombrero jipijapa, de los tranvías y del fox trot, cuando la conga comenzó a salir de los solares y de esta pieza surgió por primera vez el vocablo “chévere”, palabra de un ritual de la sociedad secreta afrocubana abakuá en La Habana, y que ahora muchos países quieren atribuirse como propia. En abakuá “chévere quiere decir valiente, excelente, maravilloso y la expresión “Ma’ chévere” era un título que se le daban a los Mokongos o dignatarios reconocidos por sus habilidades, lo que de hecho nos identifica a chévere con cualidades positivas. “Chévere’ es exclusiva de Cuba y a través de la música se extrapola a otros países.

                         Ricardo Leyva, director de Sur Caribe, con el laureado pianista Frank Fernández.

Y hace pocas años apareció un toque de finura, naciendo con ello una nueva sonoridad de dicho género. “Añoranza por la conga”, ritmo con acordes nuevos para romper el mito de que sólo en época de Carnaval se debe gozar una conga. Añoranza por la conga, de la autoría de Ricardo Leyva con su grupo Sur Caribe, nos muestra otra cara de la realidad cubana, el exilio y la emigración vista a través de la conga. Elegante y contagiosa.

“Micaela se fue pa´ otra tierra buscando caminos,
que por buenos o malos quien sabe le impuso el destino.
Solo vive llorando, sufriendo y pensando en su vino,
que no es vino, señor; ni aguardiente, señor;
es la conga, señor santiaguera…

…Si los santos son tantos, son tantos más tantos,
óyeme Mayeya no juegues con los santos.
Que los mejores congueros tienen disciplina,
sigan arrojando y paren en la esquina.
Y con el chenche bochinche cualquiera va a caer,
pónganse la capa que ahorita va a llover.
Y para despedirme que canten los cantantes,
oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante.
Oigan santiagueros sigan adelante.”


Para lo último, la emblemática Ae, ae la Chambelona

Ae, ae la Chambelona es una de las congas más representativas de esta música y de nuestro país y tuvo una connotación política tal que el resto de las actividades de la vida republicana posteriores no podían dejar de contar con una conga.

La Chambelona, vocablo que tampoco ha aprobado la Real Academia Española, es muy diferente al pirulí que define el idioma y que es muy diferente aunque ambos sean un caramelo con un palito. Al cubano no hay quien le confundan un pirulí con una chambelona.

Pero realmente la conga no se llamaba así, sino que fue la versión cubana con influencia africana de una vieja tonada española y que viene de Chambas, pueblo de la entonces provincia de Camagüey, y perteneciente hoy a Ciego de Ávila y que por tanto se llamaba Chamberona, o música de Chambas.

En ese pueblo había una prostituta a la que le llamaban la Chamberona, y la conga en su primera interpretación, que data de 1908 decía:

“Pedro Sánchez del Portal
Un alcalde sin igual
Elegido en su persona.
¡Aé, aé, aé la chambelona!
Todo liberal ya grita:
Yo no tengo la culpita
Ni tampoco la culpona.
¡Aé, aé, aé la chambelona!”

…y otra version:
Desde que se fue Chinchilla / y ha venido Polavieja / yo no como mantequilla / ni tampoco ropa vieja / ¡Aé, aé, aé la chambelona…”

Después de dos intervenciones norteamericanas, la vida política de Cuba estaba polarizada entre conservadores, con Mario García Menocal al frente, un tipo sin carisma y el clásico pesado que podía pasar por argentino, pecado mortal para los cubanos que resiste casi cualquier cosa menos la pedantería y la pesadez, y por otra parte los liberales con el popular con fachada de guapo José Miguel Gómez, Mayor General de la Guerra de Independencia y que después fuera conocido como “Tiburón” (cuando se baña salpica) al frente de ese Partido y cuyo candidato presidencial era Alfredo Zayas, tan inteligente como corrupto. No había nada más parecido a un conservador que un liberal pero así son las cosas.

Sorprendió a todos que durante la campaña, llegara un tren a la estación central de La Habana con cientos de liberales para apoyar a Zayas, los que venían ejecutando algo que se convirtió en una especie de himno que decía “Aé, aé, aé La Chambelona”.“Yo no tengo la culpita ni tampoco la culpona” y se añadía, “Aé, aé, aé La Chambelona”.

”“La Chambelona”, con su pegajoso ritmo y letra burlona no ofrecía dudas en la victoria en las elecciones, pero como siempre ocurre con el cubano, que cuando no llega, se pasa, como decía el Generalísimo Máximo Gómez, el general dominicano artífice de nuestra independencia y uno de los que mejor conocía la idiosincrasia del cubano, comenzaron los ataques a Menocal a través de su esposa, Mariana Seva, que tenía fama de prostituta.

Las elecciones tuvieron como resultado un gran fraude, por lo que estalló una insurrección encabezada por José Miguel Gómez, la cual no tuvo mucha duración. Todo al son de la Chambelona, donde fue más el ruido y discursos que los muertos que hubo. Como se diría en la Cuba de hoy: “más rollo que película”.

La Chambelona trajo hace un siglo violencia, inestabilidad política y mucho rencor en el seno del pueblo cubano, lo mismo que haría la revolución muchos años después. Pero la Chambelona quedó incólume y se siguió usando a lo largo de toda la república. Dos momentos que recuerdo:

“Batista no tiene madre, porque lo parió una mona/ Ae, ae, ae, la chambelona…”
Y no olvido a finales de 1958, en la etapa más crítica e inestable del país y con la caída del gobierno batistiano muy cerca, se celebraron elecciones donde el candidato gubernamental era Rivero Agüero y todavía está en mi mente la conga que pasó varias veces tocando La Chambelona a favor del candidato de Batista. Los mismos integrantes de esa conga, muchos de ellos de la comparsa del Alacrán, fueron los mismos que apoyaron irrestrictamente a Fidel Castro dos o tres meses después, algunos fueron destacados represores o dirigentes del Partido.

Esa es la triste historia del ser humano, se mueve exclusivamente por intereses o miedo y el cerebro que le dio la naturaleza lo utiliza muy poco, por eso no lo digo ni remotamente en juego cuando me refiero a menudo de que los perros son mejores que los hombres. Ya lo dijo Roberto Carlos: “yo quisiera ser civilizado como los animales”.

Todos la hemos tarareado alguna vez o hemos participado del coro espontáneo que la entona. Los tiempos cambiaron, pero La Chambelona sigue siendo La Chambelona.

La revolución cambió muchas cosas, entre ellas los carnavales, que ahora son un descalabro total, faltos de elegancia, de belleza y sobre todo de decencia y de respeto. Y ahora las congas son un instrumento político reiterativo a todos los niveles. Hay un ejemplo que da risa y es la
“Conga cubana contra la homofobia y la transfobia”. Esto no resiste el menor comentario. Un país donde hasta vestirse o dejarse el pelo de forma no tradicional era sancionado con la cárcel y las conductas sexuales disidentes eran un delito mayor ahora quiere ser ejemplo de tolerancia. No comparto la represión de la mariconería o el tortillerismo, cada cual que viva de acuerdo a su conveniencia y gustos, pero el apoyo irrestricto a estas manifestaciones por parte de sus mayores represores históricos es algo sumamente asqueroso y de poca credibilidad y no con eso van a limpiar la mancha de todo lo que hicieron.

       Adolfo Luque, René Cañizares y Miguel Angel González.  Dos glorias del béisbol y un destacado periodista.

Sin conga no hay pelota

Se dice que en 1912 los Anacoretas del Fe, (!qué nombrecito!) un equipo de pelota fue el primero en ser animado con una conga. El Fe tiene que haber sido un equipo fuera de liga porque tenía en su alineación a Mike González, Adolfo Luque y Julián Castillo en su alineación.

En 1901, con evidente matiz patriótico, inicia su historia la Liga Cubana de Béisbol, organizando un campeonato con Habana, Almendares, Cubano, San Francisco y Fe.

Poco antes del comienzo del juego se sintieron los acordes de la Jardinera: “Del jardín cubano cortaremos flores…”. La gran conga de la comparsa se situó en el lugar donde después siempre se encontraría, entre el home y el dugout de tercera base, el del home club o equipo local. Pero otras fuentes dicen que desde años antes de que se constituyera la Liga cubana moderna de pelota ya la conga se encontraba presente, aunque en las calles y como parte de la celebración del triunfo del equipo local.

Durante la década de los 50 el Cienfuegos contó con la conga matancera de Papá Boza, que también animó a los Cubans Sugar Kings apoyados por Roberto “Bobby” Maduro, dueño del club de Triple A

Y por supuesto que hay que hablar de la conga de los Industriales en el estadio Latinoamericano. Nadie en Cuba se imagina un juego de pelota sin una conga con mucho ruido en las graderías. Y mucho menos si es Industriales el equipo en el terreno.

Un juego de pelota en Cuba sin una conga o al menos una trompeta y una tumbadora, es algo insípido, la misma herencia que tenemos de la pasión por la pelota la tenemos por la conga como expresión de alegría. Por eso ya en los estadios no hay una sola conga, sino varias y al menos en el estadio Latinoamericano, con la gran emigración, legal o ilegal, que hay en La Habana, no se sabe si la conga que suena más dura es la que apoya a los Industriales o a los equipos del interior. Pero todas le dan fuerzas al equipo y a los jugadores.

Para desgracia de los cubanos, hoy en día la pelota está muerta en Cuba,a la espera de ser declarada cadáver y ni las congas la pueden revivir.

Para el cubano, la conga es un instrumento que sirve para cualquier cosa. Tal es así que hasta José Luis Cortés, el Tosco, le dedicó una conga a Barack Obama: “Obama, Obama, vuélvete loco y ven Pa’ La Habana”.

Y todo ello ha ocurrido pese el aislamiento en el que la revolución sumió a nuestra cultura y la ha hecho pese a todo y hasta pese a Internet una perfecta desconocida, el mercado es hoy un terreno donde a un cubano le resulta difícil batear un jonrón. Y una prueba de ello está en que algunos propios ejecutivos cubanos, que se olvidaron de sus raíces y se cree que inventaron otras nuevas que nos refleja, dicen despectivamente: suena muy cubano o en el boxeo y en otras disciplinas: tiene el estilo cubano y como también les pasa a los peloteros, les cuesta mucho trabajo acomodarse a actuar en las ligas mayores. Olvídense de los dominicanos, puertorriqueños y venezolanos en cualquier esfera: Están ahí porque Cuba estuvo ausente medio siglo, su futuro no está en lo que son hoy. En la música, en el deporte, en el turismo y en muchas cosas más, no pueden competir con el cubano. A pesar de nuestras propias trabas y de las de nuestra propia gente el porvenir es incierto, pero lleno de grandes oportunidades.

     Vista aérea del Castillo del Príncipe, más conocido por “La loma”.

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