La Luz brillante, la Comedia Silente y los pisos de granito.

El edificio de la Cuban Telephone Company ya cumplió 90 años y así se mantiene el monograma en su piso de mármol

La Luz brillante, la Comedia Silente y los pisos de granito.

La luz brillante fue un combustible muy usado en los hogares cubanos durante muchos años y todavía se sigue empleando sobre todo en el campo cubano, aunque ahora se hace difícil conseguirla y se sustituye por el gasoil o petróleo para motores Diésel.

Pero en Cuba a la Luz brillante podemos asociarla a varias cosas.

Etimológicamente primero lo relacionamos con una luz que tiene intenso brillo, que alumbra mucho. En segundo lugar me viene a la memoria ese maestro de la locución que fue Armando Calderón, el llamado “hombre de las mil voces”. Que con su programa televisivo “La comedia silente” deleitaba a chicos y también a grandes y que entre sus narraciones, siempre tenía un personaje malo al que llamaba “luz Brillante”, un matón de baja categoría que en nuestros tiempos se pudiera asumir como similar al presidente de más de un país. Y tercero la acepción que más conocieron los cubanos, el líquido amarillento y grasoso resultante de la destilación del petróleo y que por mucho tiempo sirvió para alumbrarse donde no había luz eléctrica y también para cocinar.

La “luz brillante” o queroseno, querosén, kerosene o kerosina u otra denominación que puede tener en otros países, es llamada en Cuba como “Luz Brillante” porque ese fue el nombre con que fue comercializado en nuestra Isla. En 1882, el multimillonario John D. Rockefeller, el zar del petróleo entonces con la Standard Oil Company, construyó en la desembocadura del Río Almendares, precisamente en “La Chorrera”, donde está el restaurante 1830, una pequeña refinería para producir y comercializar el combustible llamado “Luz Brillante”.

Mencionando a la Standard Oil, con su marca Esso, que junto con Texaco y Shell casi tenían entre las tres el monopolio de los combustibles en Cuba, cuando un galón de gasolina rondaba los 30 centavos, dependiendo de su octanaje, yo era un gran aficionado a coleccionar los mapas de carreteras producidos por la Esso y que las gasolineras ofrecían a sus clientes.

Los tenía de Cuba completa, de todas las provincias y de muchos países, en particular de Estados Unidos completo y de muchos de sus Estados, en particular Miami y New York y que obtuve comprándolos en librerías de uso y a precios muy bajos. Y no eran mapas desactualizados, los sacaban anualmente. Para el que le gustan los mapas, era una posesión muy preciada y así los conservaba.

Mientras tanto otros defienden que el origen del nombre se debe a una campaña publicitaria hecha por los fabricantes de unos faroles de queroseno, que se basaba en “Ponga Luz Brillante en su casa”, pero al margen de ello, la realidad es que el nombre comercial del producto era “Luz Brillante”.

                                                          El popular quinqué

Durante mucho tiempo el mayor empleo de la Luz Brillante fue como combustible para las lámparas de queroseno, a las que se les llamaba de parafina o quinqué, que en su forma sólida constituye el material para fabricar velas. Las lámparas de Luz Brillante daban iluminación a base de combustible líquido, principalmente el queroseno y fueron mucho más eficientes y duraderas que las velas, así que eran muy necesarias, sobre todo donde no había luz eléctrica. Y también existían los llamados Faroles Carreteros, porque se acostumbraba llevar por los campesinos en las carretas o simplemente llevados de la mano para transitar de noche.

También un inventor polaco creó las lámparas a gas de queroseno, muy empleadas en alumbrado público, las que ya no empleaban aceite de ballena como fue usual hasta muy entrado el siglo XIX, sino que aprovechaban los gases del derivado del petróleo, más barato y eficiente que el combustible anterior.

Lámparas Coleman, Piker y Karpaty.

La lámpara a gas de queroseno fue modernizándose, y a mediados de los años 50 existían unas de más moderna factura, con tanque para el combustible cerrado al que se le bombeaba aire en su interior para elevar la presión del líquido, el que salía por un pequeño agujero, lo que hacía que se gasificara y ese gas llenaba una bolsa de amianto donde se producía la ignición. Esas fueron las famosas Lámparas Coleman, que daban una luz blanca de gran intensidad de iluminación. Por lo que conozco no eran muy baratas pero además para los que vivían en poblados o zonas rurales electrificadas no eran realmente necesarias, salvo para el caso de un desastre natural, aunque sí eran comunes en las zonas rurales, para el que tuviera acceso a ellas, de otra forma había que conformarse con una lámpara de luz brillante o con una humilde chismosa, con su alta dosis de tiznado.

De esta variante de lámpara, mucho más eficiente que la de mecha o pabilo, eran muy famosas en Cuba las de marca Coleman y también los hornillos Primus para cocinar. Similar principio fue empleado por un invento cubano, las cocinas Piker.

Las Piker era un invento que resolvía un problema pero creaba otros que daban repetidos e intensos dolores de cabeza. Ese fogón, a diferencia de los originales, era una adaptación petrolera de mala muerte que quería llegar a ser una cocina de gas pero no llegaba ni a su chancleta.

En esos tiempos había un dicho que pronosticaba que si querías ver a un hombre sufriendo, le dieras una moto Karpaty y una cocina Piker.

La moto Karpaty era casi una bicicleta ruidosa, rabiosa le llamaban algunos, que no soportaba mucho peso y siempre estaba rota al igual que sus parientes Berjovina y Riga, dinosaurios sobrevivientes probablemente solo en Cuba, de la era del osito Misha, mientras que la cocina Piker hacía posible que la comida supiera a luz brillante y el humo y el olor del gas llenara toda la casa. En un país como Cuba, donde las cosas casi tienen que durar para siempre, contar con semejantes fósiles tecnológicos era una verdadera desgracia, porque no había fórmula para sustituirla. Yo conocía a más de un infeliz que tuvo una moto Karpaty o una Berjovina y eran no solamente esclavos de dicho artefacto, sino que al final se gastaban un dineral en ellas y no los llevaba a ninguna parte. Uno de ellos estuvo a punto de pegarle candela a la moto por la desesperación. Y conocí a otro que en el trabajo le vendieron una moto Vosjod, llamada comúnmente Corcoveo, que me habían ofrecido a mi pero yo rechacé porque no me gustan para nada los medios de locomoción de dos ruedas, y el pobre sufrió muchísimo con aquel bicho. Dicen los entendidos que las únicas motocicletas buenas eran las Ural, que fue para los soviéticos un trofeo de guerra, pues eran las motos que usó la Wermacht durante la Segunda Guerra Mundial.

En Cuba hay una serie de oficios que dudo que los haya en otras partes del mundo. Entre ellos están el rellenador de fosforeras o encendedores, los raspadores de calderos, los reparadores de sombrillas, los compradores ambulantes que compran desde un colchón hasta pomos de perfume vacíos o pedacitos de oro, los llenadores de memorias flash, los que hacen en tu lugar cualquier cola necesaria para la gestión que se requiera, los cambiadores de pesetas para pagar en la guagua, los distribuidores del paquete semanal o los fabricantes o reparadores de fogones Píker.

Yo no se de dónde habrá salido el nombre Piker, pero su traducción del inglés significa “pelagatos” o persona de poco valor. Lo cierto es que la llamada Revolución Energética quiso acabar con ellas, pero no lo ha logrado totalmente, a pesar de que es difícil encontrar combustible para las mismas. Las Piker requerían mantenimiento constante, y aunque lo tuvieran sistemáticamente, eran un problema, tenían salideros y tiznaba aparte de no calentar bien, gastaban mucho alcohol y llenaban todo de humo, pero entonces no había otra opción mejor. Si no había alcohol la gente inventaba con tintura de ajo u otro preparado para calentarla y tratar de conseguir la ansiada llama azul. Ante el calvario de cocinar con una Piker algunos decían que era mejor estar cocinando en una cueva en el Paleolítico.

La gente ya no se acuerda de la Luz Brillante, salvo aquellos que no han tenido suerte con la revolución energética. Y esos con poca suerte ahora tienen un problema adicional: conseguir la luz brillante o su sustituto para cocinar que ha sido el combustible Diésel. No me olvido que era muy usual, si manejabas por la autopista Nacional en cualquier sentido, encontrarte a un camión parado en el medio de la nada y ver a un campesino con un par de latas de 5 galones o 20 litros sacando combustible del camión o la guagua, el cual era cambiado por gallinas, queso, viandas y quién sabe cuáles otras cosas. Volvimos a la fórmula de la circulación mercantil simple después de miles de años de civilización.

Pero así y todo la Piker cumplió una función durante años, la gente lo agradece, pero dudo que haya alguien que quiera que resucite.

Y también está el caserío llamado “La Luz Brillante”, compuesto por chozas levantadas con palos viejos y materiales encontrados en la basura, sin agua corriente ni servicios sanitarios y poblado casi íntegramente por emigrantes de las provincias orientales que no tienen residencia legal en la capital. Esta villa miseria, al oeste del poblado y playa de Santa Fé, en La Habana, está muy cerca del llamado “Punto Cero”, el cuartel general y coto privado de Fidel Castro, el que a diferencia de los habitantes de Luz Brillante, única forma de cocinar de los que allí viven y que recibieron el nombre por cocinar con querosene, nunca cocinó con Luz brillante.

Afortunadamente fue llegando el combustible de gas líquido y emplear cocinas eléctricas u ollas similares. En mi casa desde mediados de los 50 y hasta el 2009 se cocinó con una cocina General Electric de 6 hornillas y horno, que con el tiempo se fue deteriorando por rotura de algunas hornillas, que felizmente pudimos conseguir más tarde, pero no tuvimos la mala suerte de vernos obligados a tener que cocinar con una Piker, aunque ante la falta de energía eléctrica muchas veces tuvimos que echarle mano a una cocinita de alcohol.

La Comedia Silente.

Y volviendo a Armando Calderón, que nos emocionaba con su locución y se entusiasmaba extraordinariamente con sus narraciones, que hablaba por todos los personajes de filmes silentes a la vez y hacía los efectos de sonido, todo en vivo, cuando no existía el video grabado, tenía grandes posibilidades de que en algún momento se confundiera por lo rápida y variada de su narración. En ella, a velocidad increíble aparecían Matasiete, Cara de Globo, Soplete, Mantequilla, Chaplin y Luz Brillante, Barrilito, Barrilete y Barrilote, Maicena , la Marquesa de las Papadas. Menos a Chaplin a los demás personaje les bautizó con nombretes criollos. Y todas las tintorerías o lavanderías que aparecían en los filmes se llamaban La bola de churre, y los restaurantes El vaso de agua.

La Comedia Silente no era simplemente los filmes de Charlot, ni los clásicos de Buster Keaton, con la risa siempre por dentro porque no se reía, ni las del gordo Fatty Arbuckle, ni Harold Lloyd, ni Max Linden ni de la etapa silente de El Gordo y el Flaco, era algo diferente, cuya magia radica no en la reproducción burlesca de sonidos o en la imaginación de los diálogos simpáticos, sino el hecho de que cada personaje y escena eran completamente cubanizadas, igualadas a situaciones, costumbres y frases de nuestra cultura.

Hay que recordar con la gracia que se le daban tonos graves a la voz de personajes negativos, los acentos gallegos a los dueños de comercios y restaurantes, voz afrancesada a los peluqueros, el manejo de los bailes y la música que imaginábamos según nos narraba.

Y el final es que filmes que habíamos disfrutado en el cine y en televisión, las viejas comedias del cine silente, tenía una presentación diferente, que hacía que ya después no nos alegraba tanto como verlas narradas por Armando Calderón.

Sin duda todos recordamos, jóvenes y viejos, con mucho cariño ese programa y a Calderón en particular, al cual, si algún día, en su descripción de sucesos que se repetían uno tras otro, los que expresaba a través de ” esto es tremendo queridos amiguitos, papaítos y abuelitos” dijera ” esto es de pinga…”, en lugar de “esto es tremendo…”, hay que perdonarlo, pues eso también nos hizo desternillarnos de risa. Parece que fue cierto el hecho, pues estuvo suspendido un tiempo el programa y después regresó, pero de cualquier forma, su frase ha quedado sembrada para siempre en el refranero popular cubano. Sin duda ante cualquier situación inaudita, de las tantas que nos ha acostumbrado a asombrarnos el gobierno revolucionario, todos los cubanos hemos dicho: esto es de p…..queridos amiguitos, papaítos y abuelitos”. Y como ocurre con la expresión “coño”, que se ha quedado en un “ñó”, la de Calderón se ha quedado en “Esto es de p….queridos amiguitos”.

Hay quienes conocieron personalmente a Calderón y niegan el hecho, porque era una persona que sin estudios, poseía una vasta cultura y gran educación y aseguran que jamás le escucharon decir una palabra inapropiada o vulgar.

Y desde la cabina de locución, pues nunca se hizo en estudio, La Comedia Silente, ese programa de los más baratos en su producción, permitió que los niños de esa época conocieran a los mejores exponentes de la era ya pasada cuando en el cine no había sonido, y a los mayores, ver con otra óptica esos viejos filmes, todo gracias al gran talento de Armando Calderón, a quien esperábamos todos los domingos, lo que sabíamos que iba a ser un día feliz simplemente por ese hecho, ya que con su agudeza e imaginación nos hacía reíamos de lo que él decía más de lo que veíamos.
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Y Armando Calderón, mejor locutor que muchísimos que han pasado por la radio y la televisión cubanas, era un simple obrero en la fábrica de jabones y perfumería, antigua Sabatés, donde se desempeñaba como operador de montacargas, trabajo que no dejaba por nada del mundo, pues tenía uno de los llamados “Salarios Históricos” que fueron reconocidos como promedio de lo ganado en años anteriores a los trabajadores de las empresas nacionalizadas por el gobierno revolucionario y que era superior en varias veces a los sueldos que después se establecieron. Mi suegro también pudo acogerse a esa ley y disfrutó de un buen salario y una buena jubilación, trabajando cien veces menos que como lo hacía anteriormente. Pero esa es harina de otro costal, es una de las tantas estupideces del nuevo régimen, que convirtió a los cubanos en vagos y en dependientes de todo lo que decidiera el estado.

Solo queda en nuestra memoria y a lo mejor en forma borrosa, la television en blanco y negro y en particular La Comedia Silente, pero la huella es tan profunda que hasta una canción le dedicaron, gracias a la obra de Carlos Varela con el mismo título del programa y que decía:

“Yo no quiero ser tu rana rené,

Ni tampoco superman.
No me digas lo que tengo que hacer,
Yo solo quiero
Que me dejes un poquito en paz,
Solo un poquito en paz.

Igual que toda la gente,
Unos ladran y otros muerden,
Yo vivo religiosamente
Como en la comedia silente.

No, no me pongas contra la pared,
Yo no soy tu peter pan,
No me digas lo que tengo que hacer,
Yo solo quiero
Que me dejes un poquito en paz,
Solo un poquito en paz.Igual que toda la gente,
Unos callan y otros mienten,
Yo vivo silenciosamente
Como en la comedia silente.

Cara de globo y soplete,
Barrilito y barrilón
Con el gordo matasiete
Con el guardia y el ladrón.
El conde de luz brillante
Bailando su charlestón.
Ya no somos los de antes,
Ya no me queda casi generación.
El hombre de las mil voces
No sabe como es mi voz.
Se perdieron nuestros dioses
Como Armando Calderón.

Tan fuerte fue el legado que se hizo famoso decirle a los niños: “Si no te portas bien, no te dejo ver la Comedia Silente”, que después se reforzó con la chispa de Enrique Arredondo en su personaje de Bernabé cuando dijo: “Si no te portas bien, te pongo a ver muñequitos rusos”.

Y ya que estamos en el tema de la Luz Brillante, recuerdo otro uso muy popular que se le daba a este derivado del petróleo: darle brillo a los pisos y matar al comején, lo que nos da pie a otro asunto.

                                                      Una joya en todos los sentidos: el Edificio Bacardí.
Los pisos de granito.

La memoria olfativa nos hace recordar el olor a la casa, pero la casa de nuestra infancia, ese olor de la ropa recién lavada, del piso recién baldeado con “pinaroma” o las losas del piso tratadas con aserrín con luz brillante, sin duda muchos lo recordamos.

El Pinaroma era un desinfectante popular para la limpieza a base de resina de pino, muy empleado en todas las casas, pero para hacer brillar un piso de verdad, había que meterle al aserrín con luz brillante. No había nada mejor. Por supuesto que habría otros productos para brillar, pero lo popular era hacerlo con aserrín y luz brillante. Y no porque la gente fuera tacaña p agarrada, es que era verdaderamente efectivo.

Y reflexionando sobre el aserrín o virutas resultantes del procesamiento de la madera, recuerdo la calificación de “Aserrín de Pinotea” que se empleaba cuando alguien es tacaño y cicatero, camina con los codos, no da luz ni a un ciego, tener reuma en el brazo, es árnica, alcanfor y diente de perro. Pinotea es una madera de pino de baja calidad y su desecho es el aserrín, de ahí la frase.

Pero hablando de los pisos que brillaban en las casas me acordé de algo que me impresionaba mucho: el brillo de los pisos de edificios, comercios, cines, empresas, hoteles y edificaciones de todo tipo, en las que muchas veíamos que contenían un monograma en sus pisos de mármol o de granito.

No dejan atrás mi memoria están estos letreros, monogramas o logotipos, algunos de los cuales se mantienen en muchos lugares y también recuerdo varios que ya no existen.
Algunas de estas obras de arte tienen más de un siglo de existencia pero mantienen su vitalidad y majestuosidad, a pesar de que algunos no tienen ya vigencia, pues la revolución triunfante acabó con todas las empresas y cambió los nombres de edificios, pero la huella en el granito es más fuerte que las absurdas decisiones de aquellos hombres que piensan que con un plumazo pueden cambiar la historia.

La Avenida de los Presidentes o Calle G.

El gobierno revolucionario, al estilo de lo narrado en 1984 de George Orwell, durante más de medio siglo en el poder de forma absoluta, modificó nombres de ciudades, calles, pueblos, centrales azucareros, parques, empresas, tiendas, cines, escuelas y edificaciones de todo tipo, incluyendo la eliminación de estatuas, placas y monumentos. Solamente tomemos de ejemplo de estupidez suprema a la majestuosa Calle G en el Vedado, llamada Avenida de los Presidentes, cuyas estatuas fueron totalmente eliminadas, quedando solamente en pie al inicio de la avenida, el pedestal con los pies de Estrada Palma, pero se mantuvo íntegramente el monumento a José Miguel Gómez por su tamaño y además por su magnificencia no pudieron destruirlo. Ni siquiera el vandalismo y el abandono pudieron derribarlo y fue rescatado y remozado hace pocos años.

Ni siquiera de ello se salvó Alfredo Zayas, porque escogió, aún en vida, que su estatua fuera erigida frente al Palacio Presidencial, lugar que fue seleccionado por el gobierno revolucionario para el Memorial del yate Granma.

                                    Lo que no pudieron demoler del monumento a Estrada Palma.

El emblemático nombre de Avenida de los Presidentes, nacido de la idea original de establecer una sucesión con los primeros representantes de la República,carece de sentido ante el incumplimiento de este propósito. Es por ello que se abogó por la restitución de su nombre inicial, calle G, por el cual se le llama en la actualidad, no obstante ser conocida de una forma u otra.

Y al dictador Gerardo Machado, que proyectó emplazar su estatua en la intersección de G y Malecón, pero su pésimo legado hizo que se produjeran grandes protestas y al final no llegó a ejecutarse, y en su lugar se emplazó el monumento al General Calixto García.

General de las tres guerras por la independencia y uno de los principales estrategas de las guerras de liberación del colonialismo español, la estatua de Calixto García, que no fue presidente pero si un gran héroe nacional, aparece al principio de la calle G y frente al Malecón.

En 1898 fue enviado por Tomás Estrada Palma, presidente de la República en Armas para ir a Washington, como delegado del Ejército Libertador, a las conversaciones entre el Gobierno de la República de Cuba en Armas y el gobierno de los Estados Unidos, pero en un banquete celebrado en su honor, el 11 de diciembre de 1898, sufrió un accidente cerebrovascular que le causó la muerte. Es por ello que su monumento está mal situado y mal concebido. La posicion del caballo con tres patas apoyadas y una levantada, indican que el General murió por heridas en combate,lo cual no fue así y también su posición es incorrecta, ya que está de frente al mar, lo cual se emplea solamente para los extranjeros, los nacionales deben mirar hacia su tierra.

                                           Monumento al General Calixto García en Malecón y calle G.

Y lo peor es que este monumento está situado en una zona que es fuertemente azotada por ciclones, tormentas y penetraciones del mar, por lo que se ha decidido ubicado en otro lugar.

Mientras iban quitando a los presidentes cubanos, fueron ubicados personajes que fueron presidentes en sus países como Omar Torrijos, de Panamá; Salvador Allende, de Chile; Benito Juárez, de México; Eloy Alfaro de Ecuador y Simón Bolívar de Venezuela. La Avenida de los Presidentes de Cuba se ha convertido en la Avenida de los Presidentes latinoamericanos. Como siempre, relegando nuestra historia, quitándole todo valor a personalidades que como todos, tuvieron sus luces y sus sombras, y eliminando acontecimientos y lugares de importancia histórica para los cubanos y, suplantarlos por otros que podrán tener trascendencia mundial, pero no en nuestro país para sustituir a los nuestros. De esta furia contra la historia no se salvaron tampoco el monumento a las víctimas del crucero Maine, en Línea y Malecón, tanto su pedestal con un águila como bustos de McKinley, Theodore Roosevelt y Leonard Wood, que quieran o no, son parte de la historia de Cuba y no otros con lo que nuestras raíces no tienen nada que ver como son los erigidos a Lenin y otros líderes mundiales del comunismo.

      Otra vista del Monumento al General Calixto García. Al fondo el Hotel Presidente y la Casa de las Américas.

La calle G ha tenido mucha presencia en mis recuerdos, desde mis famosas visitas al Club Olokku, en Calzada y E, que fuera el último reducto del Rock and Roll en La Habana de los 60 y que ahora es una pizzería, la entonces una de las pocas pizzerías que existían en La Habana, Doña Rosina, la escuela de idiomas Abraham Lincoln, en Calzada y H, en donde mi esposa y yo nos conocimos hace poco más de medio siglo, el restaurante Castillo de Jagua en 23 y G y otros lugares que se me escapan a la memoria.

Y no dejo de mencionar a la antigua embajada de Brasil, en G y 19, donde mi padre estuvo refugiado después de ser aprehendido y torturado por los sicarios del gobierno de Batista.

En fin, la Avenida de los Presidentes (ahora debía llamarse Avenida de los Presidentes Latinoamericanos), cuenta con presidentes, generales, y una nutrida representación nocturna sobre todo, de rockeros, frikis, punks y seguidores de la timba y el reguetón. La juventud se ha adueñado de esta avenida, los que a lo mejor no conocen lo que ha sido borrado, pero siempre van a existir los que conocen la verdadera historia que algún día, sobre sus restos y tachaduras, se volverá a escribir.

                                                        Monograma de la Manzana de Gómez.

Monogramas en los pisos.

Estoy seguro de que en su momento, sobre todo a finales de los años 50, cuando más recorría La Habana por razones de trabajo la mayoría de las veces y por simple curiosidad otras, estas obras me llamaron la atención, pero no le dí a esos trabajos que son casi imperecederos, el valor que realmente tenían.

Uno de los iniciadores de esos trabajos en Cuba fue un escultor llamado José Albazzi, que tenía un taller frente al Parque Central, por Neptuno, justo donde hoy está el Hotel Parque Central. Tal era la calidad de sus trabajos que fue seleccionado para participar en la “Exposición Universal de 1887”, celebrada en París, por ser el inventor de un método artístico industrial con el que se lograban esculturas con granito artificial de todos los colores.

                                                          Capitolio Nacional.

No soy un conocedor del tema, pero estoy seguro que ese procedimiento es el que se diseminó por todas las construcciones de la floreciente Habana de finales del siglo XIX y principios del XX, y es la que ha permitido que aún hoy se conservan en perfecto estado, los impresionantes suelos de granito de distintos colores y tonalidades, con sus distintivos, letreros, monogramas o logotipos en la entrada de cientos de instalaciones como hoteles, bancos, comercios o simplemente edificios o casas particulares.

Tuve la suerte de vivir en una casa con pisos de granito, que es bonito, brillante y fresco.Es resistente a los rayones manteniéndolo limpio y pulido no tiene igual. Y mantener un piso de granito no es nada extraordinario: mucho escobillón y un pequeño chorrito de luz brillante en el cubo de la limpieza. Si no cuentas con otro producto, esta fórmula es muy efectiva: viruta de madera con luz brillante y mucho brillador, y pinaroma por si queda algún olor.

Así pudimos mantener por más de 50 años nuestra casa de Fontanar con un piso envidiable, solo con cuidados. Nunca hizo falta recurrir a los métodos más generalizados para mantenerlo como son el emplomado, diamantado y cristalizado, válido para pisos de mármol, granito o mosaico. Después de más de 30 años de construida la casa decidimos agrandar una pequeña terraza para contar con una sala de estar bien amplia. Esa ampliación la hicimos con piso de losas de granito, que no es igual que el granito vaciado en el lugar, pero igualmente es un piso muy fuerte y atractivo.

Ahora con la tecnología, existe otros métodos más modernos son el sistema de chorreado por succión, junto con el fotograbado en granito o el grabado por láser en piedras naturales oscuras o pulidas, como granito o mármol. Pero es sorprendente que con condiciones tan pedestres se pudieran lograr maravillas como las que se pueden observar en muchos lugares de La Habana.

Y no es cosa del pasado, en el sitio de compraventas Cubísima.com se halla un anuncio promocionando en Cuba la fundición de pisos de mármol o granito con dibujos por parte de un negocio privado, pues el estado socialista abolió o desconoció esos trabajos.

                                 El teatro América no es solo una joya del Art-Decó cubano, sus pisos también son una maravilla.

La oferta es que se funde piso de granito integral con calidad y la garantía, granitos de mármol de diferentes colores y cintillos de bronce para las fundiciones con la óptima calidad, así como experiencia en fundiciones de pisos con dibujos, personalizados con la imagen que se desee.

Sería imposible abarcar un universo de lugares con letreros, logotipos y nombres que aún se pueden ver impresos en pisos y paredes de toda nuestra isla, pero por suerte han sobrevivido muchos. Y pocos se han respetado, como es el caso del Capitolio Nacional y la Manzana de Gómez o el Hotel Nacional.

Entrada del Gran Teatro de La Habana en el antiguo Centro Gallego.

                        Obras de Antonia Eiriz y Mariano Rodríguez en las aceras de La Rampa habanera.

Mosaicos en la Rampa habanera.

La más popular de las calles habaneras, que comprende la calle 23 desde calle L hasta Malecón, contiene en sus aceras 180 diseños originales de artistas plásticos cubanos que fueron realizados en granito y van desde calle J hasta Infanta.

Ello tuvo lugar en Octubre de 1963 como parte de los festejos por la celebración del VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos y que se hacía por vez primera en un país latinoamericano. Las obras que a tal efecto se prepararon fueron el Pabellón Cuba en N y 23 y apropiado para espectáculos y exposiciones, las paradas de ómnibus en la heladería Coppelia, y la cascada de 23 y Malecón, contigua a los jardines del Hotel Nacional, y por supuesto la remodelación de sus aceras con sus obras de arte incorporadas.

Es significativo que a pesar de haber sido construidas mucho más recientemente que la mayoría de las obras que hemos mencionado, su estado de conservación es muy deficiente, a pesar de que seguramente en los años 60 existían técnicas de construcción más avanzadas que las realizadas hace un siglo.

 

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