Historias endemoniadas cubanas

Historias endemoniadas cubanas

De que al hombre le gusta el misterio y las cosas que lo aterrorizan o que no puede explicarse, no queda duda alguna. Si no fuera así el prolífico escritor Stephen King no hubiera publicado más de medio centenar de libros, casi todos superventas y muchos de ellos llevados exitosamente al cine, ni desde niños nos hubiéramos embelesado con las narraciones que entrañaba una aventura o un peligro,las que nos cautivaron y así disfrutamos a Julio Verne y a Emilio Salgari, y un poco después a maestros del misterio como Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, Bram Stoker, Mary Shelley, Anne Rice y otros, que con sus personajes de Drácula, Frankenstein, el Gato Negro, el fantasma de la Ópera nos pusieron los pelos de punta.

Pero sin duda, los que tuvieron la suerte de tener una abuela como la mía, temblaron desde mucho antes. Mi abuela me contaba las historias y yo se las pedía nuevamente, casi todas las que vivió o escuchó en su infancia en la Sierra Norte de Sevilla, como eran los tres pelos del diablo, sus aventuras con los lobos y la caperucita roja.

Me gustaba mucho el cuento de los tres pelos del diablo que en síntesis narra que cuando un joven se enamora de la hija del rey, éste le encarga una misión casi imposible, traerle tres pelos que tiene que arrancarle al diablo. Muchos problemas se le suceden junto a otras personas que se encontrará en su travesía hacia el Infierno para conseguir tres pelos del diablo. un rey malvado, de una princesa afortunada, y hasta un diablo engañado. Y aunque ya me sabía el final, lo escuchaba como si no lo conociera.

Hoy en día apenas quedan lobos en Andalucía, pero a finales del siglo XIX eran abundantísimos, por lo que mi abuela tenía muchos cuentos sobre los lobos, que la acechaban en sus andanzas por la Sierra Norte de Sevilla. Yo me veía junto con ella subiéndome a un árbol o corriendo hasta la cabaña más cercana, mientras el aire frío nos hacía sentir aún más miedo a que los lobos nos alcanzaran.

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Los lobos han llenado con su presencia numerosas manifestaciones de la cultura popular en España, y muchos cuentos infantiles lo incorporan como personaje imprescindible y siempre malo porque representa al macho abusador y torpe. Solamente en Andalucía hay más de veinte cuentos infantiles sobre lobos y zorras, en las cuales el lobo es muy fuerte pero bobo y la zorra es más débil pero muy lista. Y seguramente no lo recuerdo pero mi abuela debe haberme contado muchas de esas historias. Sentado en su regazo quisiera estar ahora y que me narrara esos cuentos otra vez. Ese está entre los mejores recuerdos de mi vida.

El cuento de Caperucita no hay ni que hacerlo, creo que se conoce en todas partes del mundo y de sus dos versiones, todos nos quedamos con la de Perrault, porque la de los hermanos Grimm no tiene un final feliz, y los cuentos que nos gustan son los que terminan bien.

Otra figura muy compartida como recurso para asustar a los niños y eliminar sus majaderías es el hombre del saco, que probablemente tenga su origen en el mal aspecto de indigentes que acostumbran a llevar sus pertenencias en un saco y que nos advertía que si no nos portábamos bien y no cumplíamos los principios que nos enseñaban podíamos llegar a convertirnos en alguien como el viejo del saco.

Estas historias, con su mezcla de suspenso, terror e intriga por conocerlas, se alimentó con los comics o muñequitos de La Dalia Negra, Cuentos de Brujas o Misterios del Gato Negro y más tarde con las obras de Poe y los clásicos de terror Drácula y Frankenstein.

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En artículos anteriores ya hemos repasado a personajes, hechos y leyendas tenebrosas, fantásticas o relacionadas con la muerte y sus misterios, como son el de Irma Izquierdo, la estigmatizada; la Dama Azul del Castillo de Jagua; la tiñosa blanca de Camagüey; la leyenda de Dolores Rondón; Blacamán; el rechazo de mi perra Lía a acercarse al Cementerio Chino en la calle 26 en el Vedado; las tumbas de la Milagrosa, el Hermano José y la tumba vertical de Casimiro en el Cementerio de Colón; el Güije; el Pelú de Mayajigua y el de Baracoa con su maldición; el velorio de Pachencho; Juana Martín y su tumba en forma de dominó; las supersticiones del cubano y otros.

Pero siempre quedan cientos de historias, sobre todo muchas que son producto de la fantasía e imaginación de nuestros campesinos, los llamados “cuenteros” con sus crónicas, creíbles o no, pero siempre interesantes y hasta divertidas.

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Leyenda del niño con diente largo

Uno de los relatos que debemos mencionar es la famosa leyenda del “niño con diente largo”, leyenda que narra la historia de un campesino que viajaba a caballo durante una noche oscura y tenebrosa bajo la lluvia y que al escuchar el llanto de un niño pequeño se detuvo y lo encontró empapado entre los arbustos. Era un bebé casi recién nacido envuelto en un paño negro, color no adecuado ni usual para cobijarlos. Subió al caballo y arropando al nené pensó que debía secarlo y hacerlo entrar en calor, pero que no tenía nada adecuado para darle de comer, porque solo tenía en su casa tasajo y galletas.

El niño quitó el paño que casi le cubría la cara y enseñando unos dientes afilados y grandes le dijo al jinete:

Ya yo tengo dientes para comer galletas.

Asustado, el campesino soltó el bulto, el que se desvaneció en el aire antes de caer y eso reforzó su decisión de huir lo más lejos posible de ese lugar. Se dice que el guajiro más nunca fue visto en los alrededores y que lo ocurrido se lo contó a un lugareño con el que se encontrara muchos años después, al que le llamó la atención de que el hombre, antes fuerte y viril, ahora era un anciano arrugado y débil.

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Ramón Mentira, el cuentero

En el caserío llamado Marcos Vázquez, en Las Ovas, cercano a la capital de Pinar del Río sus habitantes tenían un entretenimiento nocturno incomparable con las historias descabelladas de Ramón González.

Antes de comenzar, repetía todos los días que el que no creyera sus historias es que había sido criado con “leche pedía”. Todos sabía que lo que decía era mentira, pero el campesino era un poeta inventando las historias. Aunque lo bautizaron como Ramón Mentira, nadie se lo dijo de frente porque era un hombre serio que inspiraba respeto.

Sus narraciones eran fantásticas, como la de la perrita blanca que tenía que era tan hambrienta que le arrebataba la comida de sus manos, de lo cual se cansó y Ramón puso un balín en la candela y cuando estuvo al rojo vivo lo echó dentro de un pedazo de pan. La perrita pronto le quitó el bocado y se lo tragó. Cuenta que le dolió mucho cuando la vió revolcándose en el piso, pero que el susto fue mayor cuando la perra le dijo: ¡Me quemaste, Ramón!. Seguidamente el animal salió corriendo y se perdió, pero a los dos años regresó y al verlo le dijo: ¡Ramón, ya estoy curá!.

Ramón permanecía imperturbable tras hacer sus cuentas y probablemente se creía lo que él mismo narraba e Isabel, su esposa, asentía, y cuando los demás dudaban le decía:

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–Verdad mijito, verdad.

Ramón fue una especie de versión local de otros grandes de la cuentística cubana, esos que recrearon historias rebuscadas, las que aumentaban y exageraban, llenaban de fantasía y magia y que nos hacían poner los pelos de punta y a su vez reír, muchas veces convirtiendo una mentira en verdad: el Cuentero Mayor, Onelio Jorge Cardoso, al que Neruda lo calificó como el mejor cuentista de América Latina, y Samuel Feijóo, probablemente el más profundo de los investigadores del verdadero folclor cubano, el campesino y no el afrocubano que ahora se quiere identificar como el folclor autóctono de nuestro país.

Mucha gente en Cuba, sobre todo en las zonas rurales, recuerdan cuando de pequeño, le encantaban y atemorizaban a la vez los cuentos que el abuelo contaba en las noches campesinas, sentados en taburetes, a la luz de un quinqué y tratando de coger los cocuyos que cruzaban cerca. No sabían entonces diferenciar entre la realidad y la fantasía, entre lo objetivo y lo exagerado, de reir y ponerse los pelos de punta a la vez, en un acto que permitía mantener viva la transmisión oral de historias y leyendas, algo indisolublemente ligado a la cultura cubana.

Y como decía el guajiro: De cualquier palo podrío sale un pájaro cabezón.

Ellos, los conocidos y los anónimos, fueron el mejor ejemplo de lo que dijo el asturiano Ramón de Campoamor:

“En este mundo traidor
nada es verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.”

La leyenda de La Rondona.

Hace más de un siglo que se oye en Remedios, provincia de Villa Clara, antigua Las Villas, la leyenda de María Manuela, una cubana poseída por demonios y que fuera exorcizada. Los más viejos de la localidad aseguran que no es una leyenda, sino que fue una historia verídica.

María Manuela era una joven hermosa perteneciente a una de las familias dominantes de esa población y que tenía un carácter dominante y áspero y que siempre quería hacer lo que deseara aunque ello afectara a otros. Como era hija única de padres ricos, siempre satisfacía sus caprichos.

Se cuenta que su madre para ver su actitud, le pidió prestados siete reales, a lo que la hija le respondió que no tenía esa cantidad. La madre la increpó y le dijo egoista, y que si le pedía ese dinero es porque sabía que lo tenía, ante lo cual María le respondió con ira:

¡Siete legiones de demonios es lo que yo tengo dentro del cuerpo!.

La madre se retiró muy triste, al darse cuenta de la mala entraña de su hija y sus malas formas con ella.

A partir de ese día María Manuela comenzó a sufrir convulsiones, escupía perennemente y hablaba como un hombre de las clases más bajas profiriendo maldiciones, sacaba la lengua constantemente hasta lo increíble pues se lamía la cara y sus partes pudendas.
toda clase de trastornos, incluyendo terribles convulsiones.

Alexei Gomez/https://www.tremendanota.com/tarekos-mitos-leyendas/

No comía nada, por lo que fue adelgazando hasta parecer una momia. Fue entonces que comenzaron a llamarla La Rondona, porque la rondaban seres infernales malignos.

Como la ciencia no pudo curarla, la familia decidió someterla a un exorcismo, conjuro mediante el cual la iglesia católica consideraba posible expulsar los demonios del cuerpo de la muchacha. El párroco de la Iglesia Mayor de Remedios, Marcos García exorcizó repetidamente a la endemoniada, tanto en el templo como en su casa y se cuenta que no respondía cuando la llamaban por su nombre, sino cuando se invocaba a Lucifer, Belcebú o Satanás.

En uno de los conjuros, los demonios dijeron que abandonarían el cuerpo de la joven solo si le permitían alojarse en el del sacristán, el cual salió corriendo del lugar. Pero al fin el sacerdote logró lo que deseaba. El último demonio salió por el dedo gordo del pie derecho, tras lo cual dejó un humo con olor a azufre.

Después de aquello María Manuela, ya conocida como La Rondona para todos los remedianos fue una ferviente religiosa que concurría a diario a la iglesia. Finalmente murió como todos sin que otro demonio se introdujera en ella y se afirma que su autopsia reveló que tenía muchas anomalías en sus órganos internos. Al menos esos dicen unos amarillentos documentos de la época que todos citan pero que nadie ha visto.

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La Gritona de Seborucal

Seguimos en San Juan de los Remedios, lugar donde las leyendas de apariciones femeninas son repetidas y que nos hacen pensar de que es un pueblo maldito, tan asolado por fantasmas y demonios como por corsarios y piratas.

En este caso conoceremos la de la Gritona de Seborucal, que es una de las leyendas de apariciones femeninas más conocidas, más antiguas y más temidas del fabulario cubano.

A causa de estar cercana a la costa, Remedios atrajo la codicia de los corsarios desde 1538, los que merodeaban por las costas de Cuba para repartir sus botines o esconderlos, aunque el primer asedio importante ocurrió a principios del siglo XVII cuando unos piratas asentados en las Islas Tortugas, conocidos como “los hermanos de la costa” saquearon la villa y se llevaron a mujeres y a hombres como esclavos. Se sucedieron los ataques y fue aterrador el asalto a Batabanó, Remedios y Puerto Príncipe (hoy Camagüey) en el mismo año de 1667, cuando ya el famoso bucanero del que vamos a hablar ya había llegado a comandar una flota de cincuenta naves piratas, pero el de nuestra historia es de 1658, cuando Jean David Nau, más conocido como Fran­çois l’OloJnnais, también llamado El Olonés, uno de los personajes más crueles que asoló a Latinoamérica en ese periodo, atacó a Remedios.

El ataque fue tan violento que tras cometer todo tipo de depredaciones a sus indefensos habitantes, solo quedaron las piedras sobre el suelo y como era costumbre ante esos ataques, los remedianos se internaron en los montes, lo que fue aprovechada por los piratas, los que se apoderaron de la iglesia, matando al Obispo De la Torre. Aunque trató de escapar, por subterráneos y pasadizos del pueblo la joven de nuestra leyenda fue capturada por el mismísimo Olonés, el que pretendió hacerla su amante.

El Olonés sembraba el terror por donde pasaba, a sus cautivos los torturaba y elegía alguno que sirviera de ejemplo a los demás al que o le cortaba vivo su cuerpo en pedazos o le abría el pecho sacándole el corazón, por lo que era un personaje temido y odiado a causa de su crueldad sin razón. Muy astuto, al bucanero nunca pudieron vencerlo los españoles ni por tierra ni por mar, hasta que finalmente fue capturado por indígenas de una tribu kuna, practicantes del canibalismo, que lo descuartizaron vivo y echaron al fuego de sus despojos, lo que puede considerarse algo así como un “ojo por ojo y diente por diente”.

François l’Olonnais
Alexandre Olivier Exquemelin – The Library of Congress presents The Buccaneers of America

La leyenda cuenta que la muchacha luchó furiosamente contra el Olonés al que le arañó la cara y el pecho. El asesino furioso por no alcanzar su objetivo y haber sido ridiculizado por la valiente joven, le cortó la cabeza de un solo tajo.

Después de esos hechos surge la escalofriante historia de que el cuerpo sin cabeza, comenzó a correr y el Olonés la persiguió junto con sus hombres, hasta que cayó en un profundo despeñadero en la zona de Seborucal, cercana a Remedios, de donde se alzó con la cabeza en su lugar maldiciendo al asesino y la furnia se convirtió en un lugar encantado al que nadie se atrevió jamás a bajar.

La leyenda cuenta que la infeliz joven sale de su refugio en la sima en fechas muy señaladas: el primer viernes de enero, el Viernes Santo, el viernes anterior al 25 de diciembre coincidiendo con el nacimiento de Jesucristo y el viernes de Dolores, anterior al Domingo de Ramos. En esos día sale de su refugio con la cabeza entre las manos, dando vueltas por todo el pueblo a la par que emite unos gritos fantasmales.

Por eso es que comenzaron a llamarla La Gritona de Seborucal y se dice que al escuchar los tenebrosos lamentos las embarazadas abortaban, los perros de volvían locos de tanto aullar, los que la veían quedaban ciegos y los enfermos morían. Por eso en esos días en los hogares remedianos se repetía:

¡Dios nos salve, ahí viene la gritona de Seborucal!.

El mito, con mucho arraigo en la masa campesina, afirma que la joven ha estado vagando por la zona durante siglos y que a partir de medianoche abandona su morada y que sus gritos de lamento por su desgracia aterrorizan a cualquiera.

La leyenda convirtió en monstruo a la víctima en vez del victimario, el verdadero engendro. Había que tenerlo miedo a los perversos piratas, corsarios o bucaneros y no a una infeliz que murió por la mano de ellos.

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Las gritonas o lloronas no sólo son de México

“Las chicanas … cruzaron los 3000 kilómetros de frontera que nos separan del país más poderoso del mundo con la Virgen de Guadalupe, la Malinche, la Llorona, la Coatlicue a cuestas y allá les dieron un nuevo valor y una identidad que antes no tenían.”

Elena Poniatowska

Ya vimos que la leyenda de la Llorona no es solo de México, porque en Cuba hay unas cuantas fábulas de mujeres que se lamentan, lloran y gritan. Espectros femeninos que lloran y gritan para lamentarse en la noche, predominan entre las leyendas de la campiña cubana y otras similares existen en muchos países de Latinoamérica, donde toman los rasgos folclóricos de cada pueblo o región y que se convierten en personajes recurrentes de sus imaginarios colectivos.

La Llorona es una de las más famosas Leyendas Mexicanas, la que trata de una indígena que tenía un romance con un español, de cuya relación surgieron tres hijos. Este amorío se mantuvo en secreto ya que el hombre pertenecía a un alto nivel social y aquel nexo con una india era nocivo para su estatus, por lo que la abandonó para casarse con una española de la alta sociedad.

Ello dio origen a la leyenda porque la mujer desesperada, tomó a sus tres hijos, los llevó al río y junto con ellos se hundió en las aguas.

Desde ese triste hecho, la culpa de la mujer no la deja descansar, y se afirma que en el río donde ocurrió, ella vaga con lamentos y gritos de dolor clamando por sus hijos. Pero ya esos lamentos van más allá, pues ella camina sin destino por las calles y plazas de la ciudad, y al que osa mirar, ve a una mujer vestida de blanco con una espesa y larga cabellera negra, rogando por sus hijos de forma tal que hiela la sangre.

Otros aseguran que la verdadera historia de la Llorona era una mujer a la que se le habían perdido sus hijos y trataba de localizarlos llorando y clamando por ellos todas las noches.

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Pero lo más acertado es que hay versiones de la leyenda que corresponden a la era prehispánica, en particular los aztecas que se referían a la Llorona como una representación de sus propios dioses, relacionándola con las diosas madre Cihuacóatl, Coatlicue o Tonantzin, cuya alma vagaba por las veredas y se detenía en las encrucijadas de los caminos donde llamaba a sus hijos con fuertes llantos y horrendos lamentos. Los sabios chamanes de entonces, conocedores de la astronomía, profetizaron que a este mito había que hacerle caso porque profetizaba el destino funesto que deparaba a los mexicas con la guerra, la muerte y la esclavitud.

Este mito comenzó a aparecer en los alrededores del lago de Texcoco alrededor del año 1500 y Moctezuma era temeroso de esta aparición, que según los sacerdotes, había salido de las aguas y bajado de las montañas y volcanes previniendo la suerte de los aztecas.

Y la profecía se cumplió: los españoles liderados por Hernán Cortés, sometió a la gran Tenochtitlán y como consecuencia de ello hubo miles de muertos, mujeres violadas, dioses profanados, epidemias, esclavitud y atrocidades de todo tipo. Pero Cihuacoatl (la Llorona) permaneció incólume, y a la medianoche aparecía una mujer vestida de blanco, de la que unos dicen que no tiene rostro, otros que flota y otros que es un fantasma vaporoso, lamentándose por sus hijos.

Con el tiempo la Llorona tuvo nuevas representaciones: las mujeres muertas en el parto y las asesinadas y violadas, las que regresan a nuestro mundo en determinados días, para mantener vivos sus lamentos.

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Lo cierto es que a la leyenda de la Llorona, la mexicana le han sacado provecho con trece películas, desde la de 1933, el primer filme de horror mexicano, seguida de La herencia de La Llorona de 1947, La Llorona de 1960, La Maldición de la Llorona de 1963, La venganza de La Llorona de 1974, Las Lloronas de 2004, Kilómetro 31 de 2006, la Trilogía La Llorona (The Wailer) de 2006, 2007 y 2012, J-ok’el de 2007, La Leyenda de La Llorona (animado) de 2011 y La Maldición de la Llorona de 2019.

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La fórmula general del capital, elaborada por Carlos Marx expresada mediante el enunciado Dinero – Mercancía – Dinero Incrementado, también es válida para los sucesos paranormales.
Al terror se le saca mucho dinero, porque el ser humano por naturaleza es curioso y miedoso.

Otras gritonas cubanas

Aparte de la Rondona y la Gritona de Seborucal, hay una abundancia de personajes de este corte en nuestro país, veamos algunas de ellas.

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La gritona de Jibacoa

Fueron numerosos los casos de familias cuyos hombres, padres e hijos, se incorporaron a las fuerzas independentistas mambisas y las madres, esposas y hermanas, que permanecieron en sus hogares, fueron desalojadas y condenadas al hambre y la muerte. El caso que nos ocupa, ocurrido en 1895 al inicio de la Guerra de Independencia, es el de una madre y su hija, cuyo esposo se había unido a los mambises, la que fue atrapada, quemaron su bohío, mataron sus animales y los españoles las encerraron en una cueva en la zona de Vegas de Jibacoa, en la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba, en los alrededores de su altura máxima, el Pico Turquino.

Allí fueron abandonadas, e imposibilitadas de sobrevivir, murieron en aquella cueva. Poco tiempo después de ello, los gritos de auxilio de las víctimas de la crueldad del ejército español, se escuchaban por gran parte de las sierras. Después de terminar la guerra, encontraron sus restos y tras darle cristiana sepultura, por lo que pensaron que los gritos ya no se escucharían más, pero se equivocaron, muchísimos años después esos chillidos espeluznantes se continuaron oyendo. Y otros aseguran que si pasas de noche, cerca de la cueva, los sentirás.

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La gritona de La Yaya

La Yaya es un asentamiento ubicado en el municipio Manicaragua, en las Montañas de Guamuhaya, alturas de Escambray en Villa Clara, en el cual hay algunas elevaciones notables y donde estaba el que fuera hermoso, famoso y ya desaparecido Salto del Hanabanilla, uno de los símbolos de la belleza de la geografía cubana.

Cercano al lugar al que nos referimos están la Loma de la Yaya, Loma Cara de la Virgen, Subida del Sijú y Cerro Feo, de donde también se habla de historias tenebrosas ocurridas en esos lugares.

En la Yaya vivía una mujer que tuvo la desgracia de que sus hijas murieran como consecuencia de la Guerra de Independencia y lo que más le dolía era que no había podido bautizar a ninguna de las dos. Ella iba cada noche a las orillas del río, un afluente del Arimao, a dar rienda sueltas a su dolor gritando. Una noche un jinete se detuvo preguntando por su penar, a lo que le respondió que necesitaba bautizar a sus hijas. El hombre entró al río junto con las dos fantasmales apariciones que eran las niñas para realizar la ceremonia y no volvió a salir del agua.

Esta leyenda tiene otra versión en la obra de Feijóo que cuenta que un jinete pastoreaba sus reses de noche y se encontró con una aparición, por lo que del susto salió al trote y dejó atrás al ganado. Había visto a una mujer vaporosa, gritando desesperadamente:

¡Bautíceme los hijos, que están judíos…!

También se dice que en esos tiempos La Yaya era puro monte y el dueño de esas tierras, donde había mucho ganado, quería atemorizar para que no entraran en sus predios, por lo que ofreció dinero a un famoso curandero de la localidad para que saliera de noche y diera esos gritos y también se encargara de propagandizar la leyenda de la aparición de la Gritona, lo que por supuesto dio los frutos esperados.

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La Gritona del Río

También en la zona hay otra leyenda parecida, que asegura que hay una mujer de apariencia fantasmagórica, que se pone gritar y a lamentarse a media noche en la orilla del río, lamentándose que un amante que no le correspondía la decapitó. Se asegura que al que escuche los gritos de esta aparición será maldecido con enfermedades, desgracias personales, y hasta con la muerte. A veces también esta mujer aparece en otra versión, ahora sin cabeza y cargando un bebé muerto pidiendo a gritos que alguien se la bautice en el río.

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La Pelúa de Cunagua

Muy cercano a Cunagua, en la costa norte de la zona centro-oriental de Cuba, está la ciudad de Morón, famosa por el Gallo remedo de su par sevillano de Morón de la Frontera y las Torticas de Morón creadas por Doña Fina en alusión a los polvorones españoles y con un toque cubano. Y como todos los pueblos cubanos Morón y Cunagua tienen sus historias inverosímiles y una de ellas es la de la Pelúa de Cunagua que aquí les contamos.

Era usual que en la zona fueran muchos braceros haitianos a trabajar en la zafra, pero era tiempo muerto y uno de ellos se fue al monte a cazar jutías para no morir de hambre, pero el infeliz se perdió en la espesura y estuvo perdido una semana, por lo que lo dieron por muerto y aunque denunciaron el hecho la Guardia Rural no hizo el menor caso, por supuesto por tratarse de un negro y haitiano. Pero justamente al séptimo día apareció en el batey Las Llaves, al norte de la Loma de Cunagua, donde vivía, dando gritos de terror.

Lo detuvieron pensando que se había vuelto loco, pero contó que había estado preso por una mujer altísima, de más de siete pies de altura, que tenía todo el cuerpo cubierto de pelos y que el pensó al inicio que se trataba de un gorila o un mono gigantesco. La mujer lo llevó y retuvo en una cueva cuya entrada estaba tapiada con una roca grandísima y lo alimentó con plátanos maduros y cuando intentaba escaparse le pisoteaba los pies con mucha fuerza y que él no se explicaba el motivo de su secuestro, aunque pensó que lo quería como marido y desechó la idea inicial de que se lo iba a comer.

Describió al personaje, el que según contó, tenía manos como las de las personas, pero cascos en vez de pies, un pelo larguísimo que la cubría y hablaba patuá y español, que lo sorprendió en los mangles y que lo cargó como si fuera una pluma, caminó muchos kilómetros y atravesó a nado con él a cuestas una laguna hasta llegar a la cueva donde movió la inmensa roca que probablemente requeriría la fuerza de veinte hombres para moverla. Desde su desaparición, por las noches en el batey sonaban toques de santos, invocando al haitiano perdido con gritos y él los escuchaba desde la cueva a pesar de estar tapiada y lejos, pero no podía escaparse pues la Pelúa no solo lo había amenazado de muerte si lo intentaba, sino que también le había sacado las uñas de los pies y se los pisaba al menor movimiento del raptado. Un día La Pelúa fue a buscar comida y dejó la roca de la puerta de la cueva abierta, es decir, confiada en que él no podía caminar. Pero en ese momento se le apareció una virgen que le dijo que escapara que él podía caminar, pero aparentemente hubo un conjuro o bendición y logró escapar y llegar al batey.

Al negro haitiano no lo fueron a buscar, pero a la peluda bruja sí, por lo que salió una partida de la Rural y encontraron la cueva, pero de la mujer ni rastro. Después se organizaron los pobladores para buscar a la Pelúa, pero nunca pudieron encontrarla.

El caso es que al haitiano le quedó fama de loco, a pesar de que varios campesinos también aseguraron haberse cruzado o visto a la Pelúa en los montes.

Esta historia apareció en la prensa de la época, sobre los años 30 del siglo pasado, por lo que los de la localidad lo dan por real. Existen muchos pelúos en el imaginario cubano y hasta tienen estatuas en Mayajigua y en Baracoa, pero aparentemente estos fueron personajes reales.

Después de esos hechos el haitiano no quiso quedarse en Cunagua por temor a que La Pelúa lo buscara y se fue para la zona de Esmeralda, con tanta suerte que compró un billete de lotería porque una voz en su interior se lo insistía y pensó que era la virgen, y resultó ganador, por lo que compró un pasaje y regresó a Haití.

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La leyenda del Cayo las Brujas

Seguimos en la zona central de la Isla, tan pródiga en hechos tenebrosos y fantásticos, en este caso Cayo las Brujas, en la cayería al norte de Villa Clara cercana a Caibarién, probablemente de los lugares más hermosos y las mejores playas del país. Un lugar paradisíaco donde ahora se accesa mediante un pedraplén y hay numerosos hoteles cinco estrellas y hasta un aeropuerto para naves de medio porte.

Hay una creencia popular en toda la zona villareña de que en ese lugar existen desde hace siglos personajes fantasmales, los que allí se reúnen para ayudar a que una joven de la localidad pudiera encontrarse con su amante, un pescador, el cual era mal visto por el padre de la muchacha.

Son historias de fantasmas, ruidos y apariciones que circulan entre los pobladores, narraciones que se asocian con los encuentros amorosos entre un pescador y una joven de la localidad. Según se dice allí se reunían brujas y fantasmas para propiciar el encuentro de esta joven pareja, a espaldas del celoso padre de la muchacha. Los aquelarres que allí se celebran tienen como objetivo ayudar en la relación amorosa de la pareja citada.

Se dice que un día el joven pescador no acudió a la cita porque los hermanos de la muchacha, según indicaciones del padre, lo habían emborrachado, y ella sintiéndose rechazada y abandonada, desapareció y no se supo más de ella.

La historia tuvo más veracidad cuando cada tarde, el pescador enamorado, se embriagaba y se adentraba en el mar buscando a su novia y solo regresaba a la mañana siguiente, ya sobrio, contaba que había estado toda la noche con ella, una historia que nadie le creía, pero que reforzó la leyenda.

Después de ello, algunos curiosos decidieron seguir al enamorado y tras vero tambaleante por su embriaguez, veía como se metía al mar y aunque no lo seguían ni podían verlo, oían risas y quejidos y se veía volar a una bruja sobre su escoba. Tasta un día en que también desapareció el joven enamorado.

Estos personajes se evocan, en diferentes lugares del Cayo, en particular alrededor del hotel Villa Las Brujas, lugar que se define como el del encuentro de los enamorados, en magníficas esculturas de mujer mirando al mar en espera del regreso de su amado, también relacionada con otra historia, la de “La leyenda de la bruja del cayo“, una especie de Penélope tropical sin la suerte de ella, porque era hermosa cuando su amado partió a pescar y se hizo vieja esperándolo, pero nunca regresó.

Y por supuesto hay quienes afirman que en las noches más tranquilas cerca del cayo, se oyen lamentos angustiosos de la doncella. Pero todavía no he sabido de ninguno de los miles de turistas que han pasado por esa instalación que no hable de otra cosa de la belleza del lugar, que es lo único que verdaderamente nos puede embrujar de ese lugar.

Lo cierto es que el lugar, casi un paraíso terrenal, no tiene nada que nos haga pensar en que esté embrujado, salvo el hecho de que tanta belleza nos embruja.

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La leyenda de la Madre de Aguas

Tenemos mucha suerte, porque en Cuba las únicas serpientes conocidas no son venenosas y solo existen el majá y si son pequeñas como jubos. Hay varias especies, pero el más grande, famoso y llamativo por los colores de su piel, es el majá de Santa María o Boa Cubana, un animal inofensivo y tímido, a pesar de lo cual yo le tengo terror por mi ofidiofobia.

Sobre la base de la existencia del majá se ha tejido otra leyenda cubana que también aparece en otros países de América Latina, La Madre de Agua. En otros lugares el mito se asocia a una mujer muy blanca, de pelo largo dorado, ojos verdes grandes y que se peina con un espinazo de pescado, tiene el tamaño de una palma real y la persona que la vea tiene que persignarse con un gajo de albahaca porque si no le entra fiebre y queda hipnotizado y hasta inconsciente.

Esta leyenda en nuestro país, surgida de la cultura popular campesina, todavía le pone los pelos de punta a más de uno, y sus fantásticas historias cada día son más exageradas.
La Madre de Agua se esconde en el fondo de las charcas, las que nunca se secan mientras ella esté ahí, por muy fuerte que sea la sequía, tiene tantos años y no ha dejado de crecer, por lo que sus dimensiones son inmensas y ha adquirido poderes sobrenaturales capaces de atraer trombas marinas en las zonas costeras y rabos de nube en tierra adentro. Su hambre es tal que puede devorar lo mismo una gallina que una yunta de bueyes.

Los mitos en la zona central del país, la más prolífica en historias sobrenaturales, afirman que la Madre de Aguas habita en ríos y lagunas, que es un majá inmenso que tiene dos cuernos y escamas durísimas y que aquel que intente atacarla perece al momento. En Sagua la Grande, en la Laguna de Hoyuelos, se cuenta que el que entraba en la laguna no volvía a aparecer. Era la guarida de una Madre de Aguas, un majá gigante que no atacaba a nadie pero al que entraba al agua lo devoraba y el que la viera se enfermaba con una fiebre altísima.

En Camajuaní, también en Las Villas y cercana a Remedios, existía el ingenio llamado La Matilde donde había un pozo insondable donde había un majá con cuernos. En la dotación de cientos de esclavos había terror porque los enviaran a limpiarlo y se negaban aunque los azotaran o los pusieran en el cepo. Pero algunos esclavos, que recibían favores y prebendas de sus amos, se ofrecieron para la tarea, pero algunos no regresaron y otros se volvieron locos o se suicidaron ahorcándose

Y hay muchas otras referencias e historias sobre estos terroríficos engendros, hasta en un lagunato en la propia Habana se decía que había una de ellas en varias ocasiones durante la década de 1980, pero lo indiscutible es que la biología marina reconoce la existencia de las serpientes cuya descripción corresponde con la de las Madres de Agua, y las ha bautizado con una locución latinas resonante: “Epicrates angulifer”, que no es otra cosa sino el majá de Santamaría, la boa cubana.

Lo más objetivo del surgimiento de estas leyendas es que nacen en los campos cubanos como un mecanismo para alejar a los niños del peligro de morir ahogados en los ríos o en pozas a los que los menores se escapaban para sus travesuras sin supervisión de adultos.

Ante la escasez del preciado líquido en todas partes de Cuba actualmente, la gente en lugar de pensar en las Madres de Agua, dirán: ¡el agua está de madre!.

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La gallina de la Plaza del Cristo.

Seguimos en Remedios, ahora con la leyenda de una gallina que iba con sus doce pollitos, todos sin cabeza, recorriendo todas las noches la Plaza del Cristo y sus alrededores. Se dice que muchísima gente los vió y cuando observaron los pollitos sin cabeza, corrieron despavoridos. Desapareció o dejó de verse durante años y volvió a las andadas a principios del siglo XX, aunque ahora la gallina era gigante, del tamaño de un ternero, y sus pollitos eran inmensos, como carneros, seguían descabezados, pero de sus pescuezos surgían chorros de sangre, pero de ella no quedaba rastro en el suelo.

Ante este espectro, los habitantes del barrio dejaron de salir a la calle de noche y los visitantes y asiduos a esa zona tan céntrica, no se atrevían a acercarse.

La gallina y sus polluelos desaparecieron nuevamente y no se han visto más. Si lo hubieran hecho en la Cuba actual, seguramente le hubieran arrancado la cabeza a la gallina y se la hubieran comido junto con los descabezados pollos, sin importar si eran malditos o no.

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La Bruja Gritona de San Salvador

Y seguimos en Remedios, donde nunca se acaban las leyendas, ahora con Ana de Rojas, perteneciente a una de las familias que habían fundado el pueblo y que era una persona de mucha popularidad en la villa a finales del siglo XIX.

Pero la popularidad no era positiva, respondía a que vivía en una casa que parecía el basurero municipal y por las noches vagaba por las calles con una vela encendida que la precedía lanzando gritos de terror para atemorizar a los vecinos.

Es por ello que la vecina de Ana de Rojas llegó a ser considerada por los remedianos como una bruja. Su vivienda era un caos, una mezcla de abandono total y pobreza extrema. Los muebles y espejos estaban rotos, había perros, gallinas, puercos, conejos y todo tipo de alimañas que convivían con la mugre en ese desastre habitacional.

Ana de Rojas era una fiel devota de San Salvador de Horta, uno de los patronos en los que se fraccionaba el pueblo para las competencias de las famosas Parrandas Remedianas, una de las manifestaciones culturales más ricas y auténticas del país, comparable solo con las de Bejucal en La Habana. Y Ana era la encargada de limpiar y mantener inmaculado el templo donde se honraba a San Salvador, situado en el extremo norte del pueblo en el barrio del mismo nombre y cercana a la estación del ferrocarril. De allí partía uno de los bandos con su insignia, un gallo blanco, representando a San Salvador.

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Con el tiempo y el abandono el templo estaba muy deteriorado y en un estado ruinoso (hoy en día ya no existe), pero a pesar de eso Ana de Rojas iba allí cada tarde junto con su esclava Manuela para tocar las campanas y convocar a misa a los limitados feligreses que todavía iban a la destartalada iglesia. Sin embargo su verdadero entretenimiento era otro y era nocturno.

Como es costumbre en el campo, los remedianos se acostaban “con las gallinas” y se levantaban con ellas. Ese era el momento que aprovechaba la anciana, ya transtornada por la desidia con su Santo Patrono, salía a la calle despeinada y con un palo en la punta del cual había una vela encendida, y se dedicaba a gritar y a gemir, lo que trajo el pánico en la zona.

Las autoridades pidieron ayuda a las instancias del gobierno provincial, por lo que llegó a Remedios el comisario Antonio Abad González, conocido como “La Rabia”, por su áspero carácter y por entrar en cólera rápidamente. Por supuesto que La Rabia no creía en fantasmas, por lo que una noche decidió esperar con un palo a la aparición, y cuando Ana llegó con su palo con una vela y gritando, sin avisarla, le cayó a palazos y le fracturó varios costillas, lo que le hizo gritar aún más.

Ya desenmascarada, se refugió en su guarida y no salió más. Vivía de la venta de frutas, se hizo adivinadora y leía el futuro y tiraba las cartas y hasta preparaba conjuros. Algunos intrusos quisieron investigar sobre su vida y misterios y ella los recibía a guatacazos defendiéndose como una fiera.

Más tarde, terminando el siglo XIX, Ana de Rojas, acostada en su hamaca mecida por su esclava, ahora sirvienta, mientras gritaba desaforadamente se fue de este mundo junto con el siglo.

La Falsa Bruja de San Salvador pasó a la historia como una tradición oral que afirma que todavía en fechas señaladas continúa deambulando por el barrio con su palo y su vela y regresa hasta el lugar donde están las ruinas de su antigua casa.

No se puede definir si las parrandas remedianas son un mito o una fiesta popular, pero historias como esta, son las que hacen que mantenga su vigencia.

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El médico francés de Remedios

No terminan las misteriosas historias de Remedios, y esta es una de las más inquietantes. Se trata la del médico Manuel Delgado Jorrín, el que llegó a la villa en la década de 1920.

Era un personaje tenebroso, solo salía de noche en su coche de caballos con las cortinas bajadas y se dice que dormía como un faquir, en una tabla con puntillas, que hablaba con los muertos y que se podía convertir, como los vampiros, en un animal si era necesario escapar.
Realmente el doctor Jorrín era una persona muy alta, delgado, encorvado y muy descuidado, con ojos penetrantes muy pequeños. Se decía que era francés por su acento, aunque la mayoría decía por su nombre que era cubano y que había estudiado en Francia.

Compró una inmensa casona colonial en la calle San Simón en la salida del pueblo, donde vivía con su esposa, que había dejado a su anterior marido, un gallego y se fue con él. Con el compartían pocas personas y el aspecto de la mansión era tenebroso. La propiedad estaba rodeada por una cerca de piedra cubierta por una tupida enredadera y la puerta estaba conformada por las llamadas “piedras de rayo”, una piedra en forma de punta de flecha a las que en Cuba se les dice “chinas pelonas”, pero de esa forma y a las que se les atribuye propiedades esotéricas.

Allí instaló un consultorio para atender a los pacientes y lo mismo atendía un embarazo que consultas espirituales, se decía que era un practicante de la brujería y tenía poderes mágicos.
Se auxiliaba de dos enormes perros negros que no se apartaban de los lados del doctor, la consulta tenía varias puertas de acceso y no se sabía por cual de ellas iba a entrar o retirarse. No salía mucho a la cale y solo lo hacía en las noches para ver a algún paciente en su coche con las cortinas bajadas para evitar que lo vieran.

El misterioso doctor Delgado Jorrín murió en 1970, sus funerales se realizaron con mucha discreción por su hija y unos pocos allegados y para seguir el misterio después del entierro, para aumentar el enigma, su cadáver desapareció del cementerio local.

Hoy a un costado de la vetusta casona, se alza una frondosa ceiba y un alto pino sembrados por Jorrín, de los que se dice que representan su fuerza, vigente aún después de su muerte porque entre sus raíces hay plantado un conjuro que brinda poderes sobrenaturales.

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La Bella Durmiente de Cienfuegos

El cementerio de Reina de Cienfuegos, al igual que el Acea, son hermosos camposantos con incomparables monumentos funerarios. En el Reina existe un hermoso panteón que es llamado la tumba de la Bella Durmiente y donde descansan los restos de María Josefa Álvarez Miró, fallecida en plena juventud a los veinticuatro años en julio de 1907.

Tras su inhumación, fue situada sobre su tumba una hermosa escultura, encargada a un escultor italiano, Santo Saccomanno, por la madre de la joven para perpetuar su memoria y dar a creer que no había muerto sino que se encontraba durmiendo. Otros afirman que el de la idea fue su esposo, Vicente González, dueño del hotel La Unión, que quería que ella fuera no solo su evocación sino que resaltara entre tantos bellos monumentos del cementerio.

La Bella Durmiente de Cienfuegos, esculpida en mármol de Carrara, se encuentra inclinada sobre una cruz, tiene un ramo de amapolas que sostiene en su mano derecha sobre el regazo y que simboliza la vida y en la mano izquierda aplasta una serpiente que es la muerte. A pesar de que guarda semejanza con otras que hay en Italia, es uno de los monumentos fúnebres más relevantes de la Necrópolis de Reina, probablemente la composición estrella del cementerio.

Desde hace un siglo los cienfuegueros nombran al panteón como la tumba de la Bella Durmiente y al igual que otras en otros camposantos del país, como es el caso de la Milagrosa en el Cementerio de Colón, se tejieron muchas leyendas en torno a ella.

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El pórtico del Cementerio de Colón

Existe una leyenda sobre el pórtico principal del Cementerio de Colón en La Habana, muy curiosa.

Poco más de dos millones es la población de la capital cubana, y casi esa misma cantidad, descansa en la necrópolis Cristóbal Colón. Allí hay monumentos funerarios de todo tipo y los más populares son los relacionados con historias de amor como son las de Modesto y Margarita, Catalina y Juan Pedro, el chulo Yarini y Berta, la tumba de Leocadia y Hermano José, una respetada y famosa médium de mediados del siglo pasado y su guía espiritual, y sobresale entre todas, la de José Vicente y Amelia, mas conocida como La Milagrosa, probablemente la más visitada y venerada. Y alrededor de todas ellas, nacieron sus leyendas.

Este gigantesco camposanto habanero está considerado como uno de los más importantes y famosos del mundo y además de la coincidencia numérica hay otros elementos de relevancia. Su fama sólo la supera el de Staglieno, en Génova, Italia, famoso por sus monumentos funerarios y el de Montjuic, en Barcelona, España. En este predio de cincuenta y siete hectáreas hay más de cincuenta y tres mil mausoleos, galerías, capillas, panteones y osarios. Son disímiles los estilos arquitectónicos que se encuentran, tales como el gótico, el moderno, las formas renacentistas, románicas, griegas, el art decó y el militar son algunos de los más visibles. La inauguración de este gran cementerio a cielo abierto cuenta ya con ciento cuarenta y tres años y es el único edificado en honor al descubridor del Nuevo Mundo en toda América y su nombre está dado porque se piensa que sus cenizas descansan en esta necrópolis, que cuenta con riquezas por valor aproximado de mil millones de dólares.

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En realidad los restos mortales de Colón estuvieron ciento dos años, desde 1796 a 1898 en un nicho situado en la Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana, de donde fueron trasladados a la Catedral de Sevilla cuando Cuba se emancipó de la Madre Patria.

Pero en el Cementerio de Colón descansan los restos de muchísimas personalidades relevantes en la historia de Cuba, lo que sería objeto de un análisis mucho más profundo. De lo que vamos a tratar es de Calixto de Loira, el arquitecto que proyectó el cementerio. Era el arquitecto más importante del país entonces y a su fallecimiento, se dice que sus restos reposan en el lugar más destacado de su obra arquitectónica: el pórtico principal de la Necrópolis.

Se dice que cuando Calixto de Loira falleció, estaban en avance los trabajos de construcción del nuevo cementerio que sustituiría al de Espada y que entonces se decidió que sus restos fueran a descansar junto al pedestal en el pórtico de entrada. el afamado escultor cubano José Vilalta Saavedra fue encargado de esculpir el pórtico de inspiración románica, con tres entradas que aluden a la trinidad divina, con tres esculturas que representan las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, leyenda que cobró fuerza con el paso de los años.

Pero los estudios realizados demuestran que esta teoría no es cierta, y que que desde sus primeros años de creado este camposanto se ha convertido en un lugar que propicia la especulación e invención de las más misteriosas leyendas y esta no es más que una de ellas.

Otros afirman que el proyecto de cementerio diseñado por Loira y titulado La pálida muerte, que entraba lo mismo en las chozas miserables que en los más encumbrados palacios y de la cual nadie se salvaba, fue un atrevimiento que le costó la vida y murió con sólo treinta y dos años de edad el 28 de septiembre de 1874 debido a una tuberculosis pulmonar. El gallego había aportado a nuestro país obras como el Pabellón de Mendigos la Casa de Beneficencia y otros planes para el desarrollo habanero.

En los archivos del Cementerio de Colón se describe que fue enterrado el día 29, en la que se llamara Galería de Tobías, extensa galería subterránea de cien metros de largo proyectada por él mismo. Esta fue una de las primeras edificaciones que se construyeran en la necrópolis y el primer cuerpo en ocupar uno de los nichos. El destino quiso que el primero en estrenar la obra fuera su propio autor.

Pero de todas formas mucha gente sigue creyendo que sus restos están en el pórtico en la calle Zapata y 12 en el Vedado.

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El Manco de Auras

Ya está no se trata de cementerios, sino de alguien que contribuía a que los cementerios se siguieran llenando, el Manco de Auras, el asesino de Holguín del que se decía que era más malo que el diablo.

San Marcos de Auras, rebautizada por la revolución como Floro Pérez aunque se dice que el nombre viene desde la revuelta contra Machado, equidistante a la ciudad de Holguín y al puerto de Gibara, era el centro de una rica zona agrícola.

Algo muy curioso de Auras es que fue el último pueblo tomado en la Guerra de Independencia, y tomado por los españoles, que aunque perdieron la guerra desalojaron de el lugar en esa oportunidad a los cubanos y se quedaron allí hasta la evacuación de sus tropas hacia España a través del puerto de Gibara el 30 de noviembre de 1898.

Allí vivía un inmigrante malagueño, marino mercante, que llegó a tener tan mala fama, que cuando alguien quiere referirse a una persona mala, cuando en otras partes de Cuba dicen: es más malo que una araña pelúa” o “es más malo que boruga”, allí expresan: “es más malo que el Manco Rondán”.

Francisco Rondán Rodríguez como se llamaba, llegó a Holguín en 1820 y se convirtió en una de las personas más ricas e influyentes del territorio. Se inició en los negocios gracias a una herencia que recibió al morir su amigo Pedro Fabiella, pero por supuesto que su fortuna fue producto de negocios turbulentos y sucios, como el tráfico de esclavos y sobre todo por el asesinato de personas adineradas que se hospedaban en su mesón llamado la Casa Larga, de unos dos mil metros cuadrados, la que se comunicaba mediante túneles con otros inmuebles suyos. En la Casa Larga había un sótano, un pozo y una trampa secreta activada mediante una palanca.

Rondán acostumbraba invitar a los ricos comerciantes y ganaderos que pasaban por el pueblo a pernoctar en su mesón, donde los invitaba al cuarto secreto para jugar a las cartas por dinero y si estos tenían la mala suerte de ganarle activaba una palanca y los hacía caer en la trampa, al caer en la cual los degollaba junto con el barbero del poblado.

La fortuna que obtuvo desfalcando a sus víctimas, la invirtió en el contrabando de negros esclavos y en una de esas tratas negreras tuvo una pelea la que le costó un brazo, por lo que a partir de ahí fue conocido como el Manco Rondán. Al final el Manco todo lo que tenía estaba manchado de sangre.

En la fábrica de tabacos en el llamado edificio La Azotea, otra de las misteriosas casonas de Rondán y hasta donde se dice que llegaba la red de túneles que confluían en La Casa Larga. Existe también la creencia de que existe un túnel secreto donde dos amantes compartían su pasión; la mujer de un funcionario español y un teniente de Voluntarios, pero ese túnel nunca se ha descubierto, ni siquiera durante la restauración del edificio y es probable que sea solamente parte de la leyenda.

Invirtió mucho dinero en tierras, en gran número de esclavos, en una hacienda ganadera de caballos, porcinos y vacunos. Construyó un ingenio azucarero, pero fracasó en este empeño. Ostentó varios cargos públicos, hasta Alcalde municipal y regidor y Presidente de la Junta de Armamento y Defensa.

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Rondán se mudó a Holguín con su familia y se lo llevó todo para construir La Periquera en el lugar más céntrico de la ciudad, la mansión colonial que se puede observar claramente desde el centro de la plaza, que tendría una triste historia en el asalto por los mambises y después sería el centro político de la localidad por el lugar estratégico que ocupa.

Es entonces que los nuevos dueños de la Casa Larga trataron de cegar el pozo donde eran asesinadas sus víctimas, pero no lo consiguieron, era como si no tuviera fin, por lo que este continuó en medio de la casa como un recordatorio tétrico de lo allí ocurrido. Posteriormente allí hubo una posada, barbería, panadería, tabaquería, un cuartel del ejército español, un cuartel del ejército de Batista y hasta el primer cine de Auras, cuando todavía era silente.

De su pozo se pudieron extraer armas antiguas y algunos restos y cuando desmantelaron el viejo horno de la panadería, se produjo un aluvión de monedas de oro, algo no comprobado y bastante improbable pues seguramente Rondán cargó con todo lo que tenía al irse a vivir a Holguín.

La voracidad e indolencia revolucionaria, destruyó esta edificación, fue demolida y los tablones de cedro del techo terminaron convertidos en muebles domésticos. Se destruyó así un edificio de gran valor cultural y económico, pues bien pudo ser explotado, junto con sus leyendas, en el desarrollo turístico y cultural de la nación.

Rondán murió en junio de 1875, sin purgar sus culpas. Rafael Rondán, uno de sus seis hijos (el resto se fueron a España o a Estados Unidos) dirigió instancias al Ministerio de la Guerra espanol pidiendo el abono de nueve mil trescientos siete pesos por la ocupación de su propiedad durante más de dos años a partir del inicio de la Guerra de los Diez Años y reconociendo los servicios a España ante el sitio de Holguín por los mambises. La respuesta de los tribunales fue de falta de personalidad en el actor y la incompetencia de la jurisdicción, por lo que no le pagaron nada.

Pero la referencia a alguien muy malo, malísimo, siempre en esa zona estará ligada a la figura del Manco Rondán, un tipo bien malvado.

Otras figuras del bestiario cubano.

Hay muchas otras figuras como el cagüeiro, el güije, el sijú y otras criaturas que componen, junto a muchos otros, la zoología fantástica cubana.

El cagüeiro, es un ente transmutante que tiene la facultad de convertirse en el animal que quiera o en un objeto inanimado para hacer sus fechorías y escapar de sus enemigos. El güije,
también conocido como Jigüe o Chichiricú, habita en los ríos y es el duende característico de la cultura cubana y Caribeña y se representa como un negrito diminuto, cabezón, de facciones grotescas con ojos saltones y muy resbaladizo. El sijú es un ave de la familia de los búhos endémica de Cuba y es el más pequeño de los búhos antillanos. Se conoce como sijú platanero no porque coma plátanos, sino por estar a menudo en los platanales, donde se siente a gusto. Esta pequeña lechuza no se por qué se identifica en Cuba como una forma de compararlo con alguien que es feo, pues es un ave bien bonita. Es un hábil cazador. Emite un sonido algo parecido a un “cu-cu-cu, se-se, si-si-si”, con las últimas notas de un tono más alto, que según creencias campesinas escuchar su canto es augurio de muerte.

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Así podemos encontrar una multitud de seres mitológicos como las brujas, el minotauro, el unicornio, el dragón, las sirenas, de presencia universal y más cercanos la ciguapa una criatura mítica femenina, similar a una mujer india que camina con sus pies vueltos al revés; el babujal, el espíritu maligno de los campos cubanos que se presenta en forma de un lagarto gigante; el catraco, un gato con cuatro pies de altura y cabeza de pulpo;
el coabay, un murciélago gigante que salía de su cueva a prima noche y tras adaptar la figura de una persona recién fallecida, iba a visitar a sus familiares; el gigantesco caimán de Jinaguayabo, cercano a Remedios; los hombres peste de Remedios, que no tenían ojos y por sus cuencas salían gusanos mientras se les iba cayendo la piel podrida la que causaba un gran hedor; el manatí gritón del río Cuyaguateje; el grillo de Guajabana, Remedios, es el único del bestiario que apareció en la prensa y es un insecto gigante cuyo chirrido no dejaba dormir a nadie; el majadrilo era un majá que andaba erecto como una persona y tenía cabeza y patas de cocodrilo; el júa, que se aparece el día de San Juan, el veinticuatro de junio, y es nuestra versión del Ave Fénix, que se enciende y resurge de sus cenizas, el caballo marino de Cayo Fragoso y decenas de otros producto del imaginario popular, sobre todo campesino.

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4 de diciembre

Cuando era niño, había un día en que nos recomendaban, o más bien nos mandaban a no salir de la casa, porque para celebrar el 4 de diciembre, los brujeros y santeros secuestraban a niños y niñas para sacrificarlos en honor a Santa Bárbara en el día de su festividad.

Año tras año nos contaban del caso en que un hombre que iba en una guagua con un saco cuyo contenido se movía constantemente y el chofer, al conocer el hecho paró en cuanto vio al primer policía y le contó la sospecha, y al revisar el bulto, adentro había un niño con la boca cosida. Se aproximaba la fecha fatídica y el niño, sangre inocente, iba a ser sacrificado a Changó

Changó, la representación sincrética de Santa Bárbara es muy popular entre los dioses del panteón Yoruba, que antes era una religión que se practicaba casi a escondidas y que ahora se ha convertido en todo un negocio en Cuba, auspiciada por el propio gobierno como una forma de estupidizar aún más (si se puede) al sufrido pueblo cubano. Chango, que lo mismo es hombre que mujer, es el Orisha de los rayos y truenos, la virilidad, la danza y el fuego, la intensidad de vivir, la pasión y las riquezas y que originalmente guerrero y brujo, por error quemó su casa y mató a su esposa y sus hijos, por lo que se convirtió en deidad.

Sus ofrendas incluyen inmolar en su nombre a carneros, gallos, codornices, jicoteas, gallina de guinea, palomas, y hasta niños.

Esta religión es tan primitiva que sus ceremonias, llena de ofrendas vivas, dejan un rastro de crueldad y pestilencia, pero para evitar la cólera de sus dioses, exactamente como los indígenas de los tiempos prehispánicos en algunas civilizaciones, consienten la sangre ajena como un regalo preciado a los que suponen que pueden controlar nuestro destino. Pero para ello la sangre la tienen que poner otros.

¿Qué clase de felicidad y bienestar puede traer la realización de un acto horrible ejecutado mediante un morboso mito. El derecho a la vida, hasta de los animales, si no es para alimentarse, también debe ser respetado, pero el secuestro y asesinato de niños con estos fines es algo abominable que nos retrotrae a los momentos más oscuros de la mal llamada civilización.

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Desde inicios de diciembre, todos los niños buscábamos la manera de ir en grupos hasta la cercana escuela y regresar de igual forma y nunca que nos cogiera la noche. No se si estos hechos ocurrieron ciertamente o no, pero lo cierto es que vivíamos aterrados en esas fechas y cuando pasábamos por las cercanías de algún solar o del Canal en el Cerro, lugares donde predominaba la santería y las ofrendas a sus dioses, tratábamos de pasar lo más rápido posible y mirando recelosos hacia todos lados..

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Pero el cubano, por naturaleza, todo lo tira a relajo. Tenía que llegar finalmente una película de terror, en este caso de zombies en La Habana, que es una mezcla del amor por la capital y la emigración cubana y la siempre deficiente respuesta del gobierno para hacerle frente a los males que afectan a los ciudadanos, en este caso una epidemia de muertos vivientes. Terror con una buena mezcla de política y de humor criollo del bueno, del autóctono.

De todas maneras los cubanos estamos acostumbrados a vivir en un ambiente de terror desde hace más de medio siglo y este tipo de historia lo más que pueden causarnos es risa.

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Y lo que ha sucedido solo ha tenido una solución: abandonar el país. Y es muy significativo que Fidel Castro haya dicho, como una premonición de lo que sería su desgobierno, el 4 de enero de 1959 en Camagüey, las siguientes palabras:

“…Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo. Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria. Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden….”

El colmo del cinismo de un gobernante que precisamente por no cumplir nada de lo que prometió, ha provocado que el cubano solo piense en una cosa: en marcharse del país, con un éxodo gigantesco que no cesa a pesar de que durante cincuenta años la posibilidad de hacerlo era muy remota.

Gracias a su gestión dictatorial, este es un país donde se puede decir adiós a las certezas del mundo real y esperar siempre lo inesperado. Como si se tratara de una leyenda en lugar de una existencia.

Las leyendas va desapareciendo porque los jóvenes cada vez disfrutan menos con las historias fantásticas y los cuentos folclóricos. La propia figura del cuentero ya está casi extinta, porque la gente ya no cree en nada.

A partir de los postulados de este resumen, probablemente exclamaría un campesino supersticioso, pero astuto:

“Hay cosas que si no existieran, habría que inventarlas”.

Pero en estos tiempos de Trump, parece que la gente ya prefiere lo falso antes que la verdad. Eran más bonitas estas leyendas.

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