BEJUCAL

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BEJUCAL

San Felipe y Santiago del Bejucal proviene de la hacienda “Bejucal”, donde donó el Capitán Don Juan Núñez de Castilla en el año 1712, cuatro caballerías de tierra “para fundar una Ciudad”, con 30 familias que diseminadas en los campos cercanos se dedicaban al cultivo del tabaco. Cumplida esta primera disposición, entregó en propiedad a cada una de dichas 30 familias, un solar sin gravamen alguno, y además, una caballería de “monte firme” en calidad de arrendamiento, con una renta de 250 pesos anuales, excepto los dos primeros años los cuales les eran dispensados al objeto de que los favorecidos pudieran hacer el desmonte e iniciar sus labranzas. Donó también a cada uno de los pobladores: una yunta de bueyes, seis gallinas y un gallo, otorgándoles además el derecho de usar gratuitamente todo el ganado de su Hacienda. Este fue el origen de la villa cercana a Santiago de Compostela de las Vegas, nombre original de Santiago de las Vegas.

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Bejucal es un pequeño pueblecito de la antigua provincia La Habana, muy cerca de la capital, con unos 25 mil habitantes y con varias cosas interesantes que lo hicieron famoso, las que enumero en orden de importancia según mis criterios.

1- Primer ferrocarril. El 19 de noviembre de 1837, Bejucal tuvo el privilegio de ser la sede (tramo Habana-Bejucal), del primer ferrocarril construido por España en el Nuevo Mundo, que constituyó a su vez ser el pionero en Iberoamérica, el segundo en el continente americano y el séptimo a nivel mundial.

Actualmente en Bejucal, en los altos de la Estación de Ferrocarril que aún presta sus servicios, existe el modesto pero significativo Museo Ferroviario más antiguo de Iberoamérica (desde 1837), en los terrenos de la otrora San Felipe y Santiago del Bejucal, inolvidable día en que el camino de hierro vislumbró el desarrollo industrial, en un trabajo mancomunado de la Corona Española y grandes hacendados criollos.

 

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PRIMER FERROCARRIL EN CUBA, ESTACION.

El tramo de vía Habana–Bejucal resultaba, sin duda el más complejo de todo el proyecto. La elevación de Bejucal sobre La Habana era de 98 metros en 25 kilómetros, por lo que en ocasiones se hacía difícil obtener planos de 10 metros de inclinación. Las desigualdades del terreno demandaban complicados trabajos de infraestructura; resultaba necesario elevar terraplenes, rebajar lomas e incluso horadarlas. Incluía, también, la construcción de diversos puentes, uno de ellos sobre el río Almendares el que exigió la utilización de 200 pilares de cantería importados de Estados Unidos. En su construcción se emple<b></b>aron esclavos (principalmente de origen africano), negros libertos, criollos, chinos, yucatecos (convictos mexicanos), irlandeses procedentes de Estados Unidos y naturales de las Islas Canarias, personal que frecuentemente se sublevó por el maltrato y la explotación a la que fue sometido.

En ocasión del santo de la Reina Isabel II, el 19 de noviembre de 1837, la “Real Junta de Fomento” inauguró solemnemente el Ferrocarril. A las 8:00 de la mañana salió el primer tren entre la Habana y Bejucal. Fue vital su implementación para la industria azucarera. Aquel primer viaje entre La Habana y Bejucal se produjo en una mañana invernal y lluviosa, lo que no impidió la aglomeración del público a lo largo de seis y media leguas (unos 35 kilómetros), asombrado de observar el paso del convoy despidiendo una humareda negra por su chimenea. El ferrocarril Habana – Bejucal fue un increíble triunfo tecnológico mundial. Su precio, en hombres, 12 muertos por kilómetro, un cadáver cada 83 metros.

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CHARANGAS DE BEJUCAL

2- Las Charangas de Bejucal. No se puede hablar de Bejucal sin mencionar su popular Charanga de fin de año. Dicen, los que de estas cosas saben, que sus inicios fueron a mediados del siglo XIX, otros las llevan a fechas aun más antiguas. Lo cierto es que en diciembre en toda la ciudad de Bejucal, sus alrededores, y en efecto, la provincia de La Habana, se nota el entusiasmo por esta celebración a nivel de todo el pueblo.

Los orígenes de las charangas están relacionados con la “Misa del Gallo” del 24 de diciembre. Los dueños de las dotaciones de esclavos les daban el día de asueto y ellos, danzaban y tocaban sus ritmos en los alrededores de la iglesia. Con el tiempo el pueblo se agrupó en dos bandos: “La Musicanga”, compuesta por criollos, mulatos y negros esclavos, y “Los Malayos”, compuestos por españoles y criollos simpatizantes con la corona. La fiesta a pesar de sus orígenes se mantuvo siempre con carácter laico. Al calor de la iglesia parroquial de Bejucal y de los festejos navideños surgieron las charangas, fiestas populares tradicionales de este territorio. Versiones de algunos historiadores señalan que dos bandos de vecinos emulaban entre sí entrando a la Misa del Gallo con farolas, adornos, matracas y fotutos que hacían sonar dentro del templo a una señal del sacerdote. Cuentan que al salir a las calles comenzaba el jolgorio popular. Nueve días antes de noche buena se celebraban las misas de aguinaldo y en las noches los negros de las dotaciones cuyos barracones estaban al sur de la población calentaban los cueros de los tambores.

Carrozas y personajes: Las primeras carrozas se realizaron en andas, semejando las procesiones católicas, llevadas por cuatro hombres y representando elementos sencillos de poco peso. La iluminación era mediante velas. A principios del siglo XX cambian los nombres de los dos bandos; “La Musicanga” pasó a ser “La Ceiba de Plata” identificada con el color azul y el símbolo del alacrán mientras que “Los Malayos” se convirtió en “La Espina de Oro” adoptando el color rojo y como símbolo el gallo. Las carrozas en aquella época eran tiradas por bueyes, se iluminaban con carburo y trataban diferentes temáticas según la imaginación de sus constructores.

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DIARIO DE LA EPOCA 

Estas fiestas siempre han sido acompañadas por personajes típicos como: la Macorina, la Mujiganga, la Bollera, la Kulona y el Yerbero. Después del triunfo de la Revolución las carrozas han dado un gran cambio. Sus temáticas responden a eventos nacionales o internacionales, históricos y culturales. Su iluminación es eléctrica y son trasladadas por tractores desde los talleres donde se construyen hasta la posición que tradicionalmente han ocupado, La Ceiba de Plata frente al Cine Teatro “José Martí”, y La Espina de Oro Frente al restaurante “Bodegón El Gallo”.

Las carrozas ganan en complejidad y belleza construyéndose piezas más hermosas y monumentales que alcanzan una altura de hasta 23 metros. Es de destacar que quizás el único pueblo de Cuba donde habia dos liceos o sociedades, uno frente al otro en los extremos del parque central de la localidad y en los mismos iban a tocar los artistas más relevantes, por ejemplo en los años 50 Benny Moré en uno y la Orquesta Aragón en el otro. Eso dice de la calidad de estos festejos a los que concurrían personas de todas partes.

Sin dudas, Bejucal ha hecho a sus charangas y las charangas han hecho a Bejucal.

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MAPA CON UBICACION DE BEJUCAL

3- Los Pinos Nuevos de Bejucal. Una famosa panadería y dulcería traspasó las fronteras del pequeño pueblo por la calidad de sus productos, nadie pasaba por Bejucal que no fuera a comprar pan o dulces a ella y su dueño expandió el negocio ejecutando una inversión importante, la mas moderna en su época en la Avenida de Boyeros y calle 100; cuentan que el día antes de la inauguración cruzó a la senda enfrente de la avenida para verla mejor y un auto lo atropelló y mató, pero no puedo dar fe cierta de ello, aunque es comentario en Bejucal.

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CIUDAD DE LOS NIÑOS
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MIRADOR DE LA CIUDAD DE LOS NIÑOS.

4-La Ciudad de los Niños. Monseñor Ismael Testé y Pérez era Párroco en Santiago de las Vegas, se dedicó a atraer a la juventud a la Iglesia. Tenía gran personalidad, era ocurrente y siempre inquieto. Visitaba las casas de las familias que lo invitaban, preferiblemente si le ofrecían almuerzo o comida. Al igual que el resto de los sacerdotes y monjas expulsados de Cuba en 1961, el Padre Testé inmediatamente se ofreció para continuar su vocación donde fuese necesario y fue acogido por la Diócesis de Houston.

Su obra de mayor beneficio y recordación fue “La Ciudad de los Niños” en Bejucal, construida en lo alto de una loma a la entrada del pueblo y que cuyo financiamiento promocionaba a través de un programa de televisión que tenía. Esta instalación fue posteriormente una base de misiles y unidad militar.

La Ciudad de los Niños fue un bello sueño hecho realidad, por la voluntad de un sacerdote y de miles de cubanos.

Si hablamos de Bejucal hay que mencionar su famoso restaurante El Gallo. Situado frente a la plaza de armas en la manzana donde estuviera ubicado el Palacio de los Marqueses de San Felipe y de Bejucal. En el hoy Bodegón El Gallo existía dicho palacio en el año 1740, pero un huracán y un incendio lo destruyeron totalmente, por lo que quedó abandonado. Hubo que esperar a la primera mitad del siglo XIX a que abriera sus puertas a los viajeros como fonda y posada. Otros personajes célebres que se hospedaron durante temporadas en la residencia nobiliaria también asistieron a misa en el templo bejucaleño, ese es el caso del gobernador de la Isla de Cuba Don Luis de las Casas y por príncipe Luis Felipe de Orleáns, quien fue rey de Francia. En 1839 fue visitado por el escritor cubano Cirilo Villaverde, autor de la novela Cecilia Valdés y en la década del setenta de la pasada centuria, cuando se convirtió en el Restaurante Insignia de Bejucal, disfrutaron del lugar destacadas personalidades de la cultura cubana, como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y Félix Pita Rodríguez entre otros.

Son muchos los personajes ilustres de Bejucal, algunos han aportado, a nuestra cultura y a nuestro país, una obra que trasciende más allá de nuestras fronteras. Carlos Díaz, director de teatro del grupo “El Publico”; Andy García, actor de cine y teatro reconocido internacionalmente; Félix Pita Rodríguez escritor, poeta, periodista, narrador y crítico literario cubano; Juan Carlos Alfonso destacado pianista, compositor y director de orquesta; Maria Elena Simeón, destacada científica y Juan José Barona Saturnino se distingue el ser habitante antiguo y protagonista de la historia de una localidad con identidad propia: Bejucal. Fue el mas versátil y entusiasta promotor cultural de ese pueblo.

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ANDY GARCIA

Bueno este es Bejucal a grandes rasgos, pero cómo fui a nacer allí, si mi familia no era oriunda de ese pueblo es otra historia. Mi abuelo paterno, Bernardo Rodríguez, madrileño, llegó a Cuba buscando un mejor horizonte y lo encontró, en la década de los años 20 era vicepresidente del Banco Español de la Isla de Cuba, mi abuela paterna Amalia Valdés-Carranza y Somines, andaluza, llegó a Cuba acompañando a mi abuelo. El Banco quebró en 1926 y mis abuelos se fueron a vivir con los hijos más pequeños a Bejucal. Mis abuelos maternos Jose Búa y María Mencía, naturales de Toledo y criados en Asturias ambos, de origen sefardita y a los que no conocí, tuvieron una vida azarosa por la condición de anarquista y troskista de él, cuenta en secreto la familia que durante la huelga de 1935 fue preso, torturado y se suicidó y mi abuela murió de tuberculosis. Los hijos, cuatro en total, fueron repartidos entre varios hermanos de mi abuelo, los que vivían en Bejucal. Una de ellas se hizo cargo de mi madre. Por supuesto que nací en mi casa, con el auxilio de una comadrona y recuerdo con mucha nostalgia esa gran casa con inmenso patio, donde me sentía a mis anchas, con los árboles y una numerosa familia de curieles, tal es así que cuando mi familia se mudó para el Cerro, en la capital, me subí con solo 3 años a un árbol de guanábana y no quería bajar.

Si hubieran sido unos cuantos años después hubiera habido que amarrarme para que no me fuera.

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BEJUCAL VISTA DESDE LA CIUDAD DE LOS NIÑOS.

Pero no puedo concluir este episodio sin hablar de dos temas interesantes.
Primero la familia Búa. Donde usted vea este apellido, salvo los de origen asiático donde prolifera este apellido, deben ser parientes míos. Es un apellido escaso en España y proviene de los sefarditas españoles, cosa de la que me enteré recientemente porque no conozco nadie en la familia que tenga que ver con el judaismo, pero algo debe haber pasado cuando la raiz de ese apellido está en Toledo, donde había gran número de sefardies y al ser expulsados muchos fueron a vivir a Constantinopla o Jerusalén, pero algunos se escondieron en Asturias, de donde provienen mis abuelos. El caso es que varios hermanos se separaron y unos vinieron a Cuba, otros a Argentina y otros a Estados Unidos, donde uno se ha hecho el más famoso de todos los Búa: el laureado pintor neoyorkino Justin Bua.

Siempre en mis trabajos me han llamado Búa, que es más identificativo que el común Carlos o Rodríguez. Aun hoy que mi correo electrónico que es carlosbua@gmail.com (bua es mas pegajoso que el repetitivo Rodríguez) recibo informaciones para Carlos López Búa y Carlos Manuel Búa, ambos de España, por equivocación.

Pero vamos a lo verdaderamente interesante de mi árbol genealógico más próximo: los Búa de Cuba. Todos los Búa de Cuba son parientes sin excepción. El patriarca de los Búa en Cuba tuvo una idea genial que no acabo de entender. Mi abuelo se llamaba Jose Ramón Búa, pero el resto de sus hermanos tenían nombres tales como: Violeta, Rosa, Lirio, Sirio, América, Oceanía, Liberto, y dos cuyo nombres no recuerdo, a uno le decían Pilo y al otro Foti. Foti era el borracho más conocido en Bejucal, cuando tomaba le daba por dirigir el tráfico a la entrada del pueblo, era un excelente zapatero, como casi todos los Búa, pero todo lo que ganaba se lo tomaba y el resto era para pagar la multa. Salvo Violeta y Rosa todos los demás nombres no aparecían en el santoral.

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CONGA DE LAS CHARANGAS, AL FONDO EN BLANCO Y AZUL EL CINE DE BEJUCAL.

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PLAZA JUAN DELGADO CON LA IGLESIA Y EL CINE A UN COSTADO

El otro tema que no quiero dejar pasar es el cine de Bejucal. Se llamaba, como muchos en Cuba, Teatro Martí. Me encantaba ir al cine de Bejucal porque lo que vi ahí no lo he visto en ninguna otra parte. Era una experiencia parecida al encierro de San Fermín en Pamplona cuando se corre desesperadamente para que los toros no le alcancen. La entrada de todos los cines del mundo se efectúa mediante un acceso en el cual se presenta el ticket o recibo de pago para entrar a la sala. En el cine de Bejucal no era así. El cine abría 3 puertas hacia la calle minutos antes de empezar la función. Entraba todo el público en desbandada y después cerraban y venían por los dos pasillos contiguos al lunetario central, cuatro personas recogiendo los tickets de la entrada. De más esta decir que muchos muchachos se arrastraban por debajo de los asientos para llegar a los primeros después que hubieran pasado los “recogedores de tickets” y ver la función sin pagar. De pronto atrapaban a uno y ahí se formaba la algarabía y otros aprovechaban. Aquello era digno de una película silente o algo así, creo que el espectáculo es irrepetible.

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