LUNA DE MIEL, RIVIERA Y CIENFUEGOS

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EN EL HOTEL JAGUA, 1969.

<b>LUNA DE MIEL, RIVIERA Y CIENFUEGOS</b>
“Cuando a Cienfuegos llegué/y esa ciudad quise verla/ya que la llaman La Perla/ahora les diré por qué…”, así decía la famosa canción del Bárbaro del Ritmo Benny Moré, oriundo de esos lares, y tenía razón.

Cienfuegos es una encantadora e interesante ciudad con una historia bastante diferente a la del resto del país. Tiene un ambiente más cosmopolita que la mayoría de otras ciudades del sur. Las calles son rectas y anchas con el Paseo del Prado, la calle más importante, que corta la ciudad y se extiende hacia el final de la península de Punta Gorda. Las calles se extienden al sur a través del área de Punta Gorda, y hacia el norte a través de la bahía, brindando excelentes vistas especialmente al atardecer, con la caída del Sol, cuando la bahía toma una apariencia tranquila y romántica.

Siempre habíamos oído hablar mucho de las bellezas de Cienfuegos, sobre todo por el Parque José Martí, en la parte este con su impresionante Catedral de La Purísima Concepción y el Palacio del Gobierno Provincial (el parque contiene el único arco del triunfo en Cuba); el Teatro Tomás Terry, situado en el lado norte del Parque José Martí, es un precioso edificio con una estructura impresionante, su Museo Histórico y el Palacio de Valle, en Punta Gorda, casa de campo de estilo morisco y contiguo con dos lugares a los que no se podía dejar de ir: el hotel Jagua y el restaurante Covadonga, famoso por sus paellas y catalogado por muchos el mejor restaurante del centro de la isla. La paella del Covadonga o paella cienfueguera es una copia a lo cubano de la valenciana, oriunda de España y se elabora utilizando ingredientes fundamentales: pollo, cerdo, jamón, langosta, camarón y pescado.

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CIENFUEGOS. MALECON EN EL PRADO HACIA PUNTA GORDA

El Jardín Botánico de Cienfuegos es tal vez el más famoso en el país, con sus más de 2000 plantas tropicales y sub-tropicales, y como gran curiosidad para no dejar de ir estaba el Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, ubicado a 22 kilómetros de Cienfuegos a la entrada de la bahía que es de tipo bolsa similar a la de La Habana pero mucho mayor. Este Castillo fué originalmente utilizado por los colonizadores españoles como un pequeño fuerte para mantener alejados a los contrabandistas que solían entrar en la Bahía de Jagua para obtener agua fresca y comida de la población local. Luego se convirtió en una sólida edificación tras la decisión del gobierno colonial de fortalecerla para defender la ciudad de la más potente amenaza que representaba la Armada Inglesa durante la guerra entre España e Inglaterra.

Considerado la joya de la arquitectura Cubana del siglo XIX, Cienfuegos se destaca por el diseño perfecto de sus calles y por el refinamiento y el buen gusto de los edificios en el centro histórico de la ciudad, monumento nacional. Dos cementerios son notables por su belleza, el Cementerio de Reina es un ejemplo excepcional de su tipo, y su arquitectura se inserta en el neoclasicismo imperante en las edificaciones de la ciudad y es el único en Cuba que conserva sus nichos para enterramientos. Pero en mi criterio el más imponente es el Cementerio Tomás Acea, donde destaca un enorme edificio del más puro estilo dórico donde además los cipreses, bastante escasos en Cuba allí se levantan majestuosos.

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CEMENTERIO TOMAS ACEA.

Punta Gorda es una península que le da continuación al malecón cienfueguero y donde se crearon chalets y viviendas fabricadas por los sectores pudientes en los años 40 y 50, allí existían unos manglares que desaparecieron y también se urbanizó completamente y se crearon varios clubs, como el Náutico Club, posteriormente el Club deportivo, y el Yacht club, centros turísticos como la Laguna del Cura (donde una vez nos quisimos retratar y nos querían incautar la cámara por ser zona prohibida para fotografías, en esos momentos se hablaba de la existencia de una base naval para submarinos de forma secreta en la bahía de Cienfuegos y años más tarde y más de una vez vimos submarinos soviéticos entrando o saliendo por Pasacaballos).

A finales de los años 50 se inaugura el hotel Jagua, que se caracteriza por líneas rectas, planta libre, sobriedad y se ubica en una pequeña península de la parte norte y central de la bahía de Jagua, casi en el extremo de Punta Gorda. La construcción del Jagua está vinculada a la historia de Cuba, en 1956 la inició en los jardines del Palacio de Valle, el magnate del hampa neoyorquina, Meyer Lansky, para alojar a turistas y mafiosos norteamericanos. Formó parte de una cadena hotelera que incluía el Havana Riviera, Havana Hilton (hoy Habana Libre) y el Colony, de la isla de la Juventud. Si los conoce a todos verá que tienen el mismo aire modernista. Hemos tenido la suerte de haber estado en casi todos esos hoteles, menos el Habana Libre y realmente son muy modernos, funcionales y agradables.

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CIENFUEGOS ENERO DE 1969.

El 28 de diciembre de 1959 tuvo lugar la inauguración del Hotel Jagua y comenzó a brindar servicios el 31 de diciembre.
Pero vamos a la historia, mi esposa y yo nos casamos el 11 de enero de 1969, tiempos difíciles para cualquier cosa, y después de pasar la primera parte de la luna de miel en el Hotel Habana Riviera, regresamos a la casa y preparamos el viaje en avión al día siguiente para Cienfuegos, donde habíamos reservado en el Hotel Jagua.

El vuelo era entonces en unos aviones rusos IL-14, imitación de los famosos DC-3. Era tiempo de invierno y por lo tanto de posibilidades de que algún frente frío nos afectara. Por suerte no fue así en la ida, porque aquel avioncito lo mejor que tenía eran las bolsas para mareo, porque ni presurizado estaba y recuerdo unos ventiladorcitos pequeños con paletas de goma que estarían buenos para el clima de la Unión Soviética pero para los cubanos estaban fatales.

Creo que primero hay que hablar de la luna de miel en el Riviera, la luna de miel es una etapa importante de la vida, ya hoy a lo mejor no tanto pues las parejas viven y se conocen mucho tiempo antes, si es que deciden casarse, nosotros habíamos tenido un noviazgo de casi dos años y nos habíamos preparado con mucho tiempo y esmero nuestra boda y por supuesto nuestra luna de miel y nueva vida.

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HOTEL HABANA RIVIERA, ENERO DE 1969.

Por eso cuando llegamos al Riviera y vimos que las meriendas y desayunos eran a base de pan con queso y pan con lascas de lengua de res, (mi esposa me confesó que no le gustaba el queso, que me lo comiera, así que le deje por todo desayuno unas hojas de lechuga, 45 años después todavía me lo sigue sacando), pero el asunto es, si en un hotel de primera como el Riviera la comida era escasa en variedad, ¿qué pasaría en un hotel de provincia con mucho menos categoría y de un costo mucho más barato como el Jagua?

¡Que equivocados estábamos!. El hotel tenía un salón comedor grande que por las noches se empleaba como cabaret y que en esos momentos estaba en reparaciones o ampliación, por lo que se acomodó el comedor en un local más pequeño y el capitán del restaurante se disculpaba por las molestias de tener que acomodar a otras personas en la mesa que ocupabas. Eso no nos molestó porque conocimos a una pareja, ya mayor, maravillosa con los cuales hicimos amistad. Gema y Rogelio los que eran de Camajuaní, pueblecito de Las Villas, cercano a la costa norte de la provincia, donde poseían fincas y se iban de vacaciones varias veces al año en su jeep Willys y les gustaba mucho el hotel. Después repetiríamos muchas veces en viajes al Jagua para encontrarnos y compartir con ellos y después con nuestros hijos, hasta que llegó la época en que los cubanos no podían hospedarse en hoteles, increíblemente. Si esta política discriminatoria hacia el propio connacional no es un record creo que sus antecedentes, si los hay, son muy pocos y constituye un average bastante alto.

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FINITA CON GEMA Y ROGELIO.

 

Uno de nuestros recuerdos inolvidables data de esa primera vez que fuimos a almorzar al Jagua, la sorpresa de la variedad y calidad de la comida, por ejemplo, pedimos bisté empanizado y nos trajeron dos bistés a cada uno que se salían del plato y las raciones de tostones, arroz, etc. eran adecuadas para un comelón como yo pero exageradas para una persona de apetito normal. Pero la anécdota es que en una mesa contigua había una pareja, seguramente igual que nosotros en luna de miel. Ella era una muchacha de vestir sencillo y él un guajiro colorado seguro descendiente de isleños, como los hay tantos en la zona central de Cuba. Ambos estaban bien nerviosos cuando les trajeron la comida por una razón para nosotros increíble: sólo sabían usar la cuchara. El colorado trató de de cortar el bisté y toda la comida, bisté y arroz, salió volando hacia todas partes. Nosotros estábamos tan apenados como él y su cara no se nos olvidará nunca.

Fuimos al Castillo de Jagua mediante unas lanchas de transporte público que hacen el recorrido desde un muelle cercano al Parque José Martí hasta el poblado donde está el Castillo. Aparentemente hoy ha sido restaurado, pero en esos momentos aquello era un potrero, donde para entrar al castillo había que jugarse la vida pues el puente de madera estaba roto en varias partes y además había familias de chivos y ovejas que allí vivían y hasta parece que se empleaba de baño público por el mal olor que había.

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EN LA LAGUNA DEL CURA
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RESTAURANTE COVADONGA, FRENTE AL JAGUA.

El regreso de nuestra luna de miel desde Cienfuegos también fue memorable. Era un día típicamente descompuesto como los que ocurren en Cuba cuando entra un frente frío o “norte”. El avión, cuyas características ya expliqué, no daba abasto con las bolsas para mareo, nombre muy bonito para el vómito. El traqueteo del avión era propio de una película de guerra cuando los cañonazos de la artillería antiaérea le explotan cerca al avión.

A mi lado iba un militar que se reía con otros que ocupaban diferentes asientos, cada vez que alguien vomitaba.
Al final el militar debe haberse reído de el mismo, pues también comenzó a vomitar. Al llegar a La Habana había muy pocas personas que no habían vomitado durante el vuelo: la aeromoza, acostumbrada quizás a esos trajines en semejante aeroplano, una familia que habíamos visto en el Jagua, constituida por un señor bien alto, flaco y de barba, su esposa y un niño de unos 8 o 10 años, los cuales le estaban dando la vuelta al mundo en una embarcación de vela y que habían hecho una escala en Cienfuegos, y por último yo, que hasta ese momento y los 45 años que han seguido no se lo que es vomitar. Por supuesto que no lo hice pero a causa de eso ahí se acabó mi luna de miel pues estuve varios días bien enfermo del estómago.

Tiempo más tarde leí en alguna parte que el matrimonio inglés y su hijo habían naufragado en no recuerdo que parte del Océano Pacífico y no pudieron completar su vuelta al mundo.

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HOTEL PASACABALLOS Y CASTILLO DE JAGUA.

Años después ya viajando con los muchachos, pero no al Jagua, sino al recién estrenado Hotel Pasacaballos, justo enfrente del Castillo y poblado de Jagua, el estado del Castillo no había cambiado mucho, salvo que parece que se habían comido a los chivos y ovejas, que ya no estaban. En el embarcadero del poblado del Castillo había una fondita donde había pescado fresco y camarón pescados en la propia bahía. Así que para luego era tarde, almorzamos riquísimo y nos montamos en la lancha pero continuamos hasta la ciudad. Ahí me entró una revoltura tremenda y pensé que los camarones me hacían daño, por suerte fue esa única vez y a los mejor provocada por el movimiento del bote. Porque la verdad que perderse de comer camarones es bien triste.

A Pasacaballos fuimos en dos ocasiones pero siempre valoramos como superior en todo a nuestro hotel Jagua.
Muchísimos años después fuimos con nuestra amiga Julita a Cienfuegos y rememoramos nuestros buenos tiempos en esa ciudad. El acceso al Jagua estaba con precios prohibitivos, el Covadonga cerrado hasta determinada hora, otro lugar a donde íbamos a menudo, La Laguna del Cura, no la encontramos y los ostiones frescos que se vendían en el Prado no aparecieron. Pero la bahía seguía siendo igualmente bella y ese viaje nos llenó de buenos recuerdos.

Seguimos diciendo como la canción: “Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí…”

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EL HOTEL JAGUA Y LA BAHIA EN LA ACTUALIDAD.

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