Lugares y hechos interesantes de Cuba V

 

Lugares y hechos interesantes de Cuba V

Hay un buen grupo de lugares y cosas interesantes de Cuba que he podido conocer o visitar, por lo que son sin duda, una parte de mis memorias, por eso paso a recordar algunas de ellas.

En Cuba hay una frase que indica que debes escapar antes que te atrapen y esa es “huye pan que te coge el diente”, pero yo la conocí de niño. En el Cerro, específicamente en el barrio en donde vivía, había un muchacho de unos 15 años o más que tenía retraso mental y lo llamaban Pedrito. Pedrito se pasaba la vida con una tapa de una de las latas de galletas que se empleaban en esos tiempos y que más o menos tenía las dimensiones de un timón pequeño. Pues Pedrito iba de un lado a otro como si estuviera manejando, paraba, aceleraba y hasta daba marcha atrás, y a ese comportamiento infantil, impropio para su edad, se le sumaba una dentadura que se le salía de la boca, la cual no podía cerrar.

En esos tiempos existía un famoso comediante cubano, Luis Echegoyen, que tenía una constelación de personajes, todos exitosos, como eran “Cuquita Sabrosura”, “Arbogasto Pomarrosa”, su inolvidable “Mamacusa Alambrito” y el de “Tino Dentino”, que formaba parte del programa Jueves de Partagás. Y siempre me he preguntado por qué a Pedrito le decían “huye pan que te coge el diente” y no Tino Dentino. Por supuesto que había otros personajes en la Taberna de Pedro como eran Salmoyedo y Tinguaro.

Echegoyen con los personajes de Mamacusa Alambrito arriba y Tino Dentino abajo.

Pues la gente de los comercios del barrio, bodegueros, carniceros, y otros, menos los chinos, que por eso son chinos, se metían incesantemente con Pedrito cuando pasaba frente a ellos a gran velocidad en su conducción imaginaria, con los dientes delante, por lo que le gritaban “ Pedrito, huye pan que te coge el diente”. En realidad los muchachos sabíamos de las carencias mentales de Pedrito y nos daba risa pero a su vez lástima y por eso cada vez que teníamos disponibles dos centavos, íbamos al puesto de chinos a comprar unas deliciosas bolas de harina con ajonjolí por fuera y una vez con ellas en la mano, nuestra venganza era decirle al chino: “cabeza de chino con piojos” y mandarnos a correr. Poco tiempo después volvíamos al puesto de chinos y ni nos acordábamos de lo ocurrido y al chino menos porque no quería perder clientes.

Y ya que mencionamos a Echegoyen, hay que hablar de Jesús Alvariño y de otros programas que están frescos en nuestra memoria a pesar de haber pasado medio siglo, así de buenos serían. Y me refiero a Jesús Alvariño en la Taberna de Pedro, a Pototo y Filomeno en sus varias series de programas, pero en particular el que todavía se escucha en América Latina como el Chavo del Ocho, todo un clásico, La Tremenda Corte; a San Nicolás del Peladero con una pléyade de estrellas encabezadas por Enrique Santiesteban, María de los Ángeles Santana, Agustín Campos, Enrique Arredondo, Germán Pinelli, Carlos Moctezuma y mi personaje preferido, el de Juan Carlos Romero, sin olvidar al “subrín”, a Leonel Valdés, Mario Balmaseda ni a otros.

Pero sin duda estos fueron los programas televisivos que me marcaron.

     El elenco del programa “La taberna de Pedro”


Pototo y Filomeno

Sin duda alguna, de toda la pléyade de cómicos que existieron en Cuba en el siglo XX, los más famosos, destacados y símpaticos fueron Pototo y Filomeno, una producción antológica en donde los excelentes humoristas cubanos Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar hicieron gala de sus cualidades de canto, baile y comportamiento histriónico, con todo un juego de palabras y ocurrencias que posteriormente los llevaría a la fama internacional con su legendario programa “La Tremenda Corte”.

Evaristo Simón Domínguez, más conocido por su nombre artístico de Aníbal de Mar, fue un humorista cubano, creador e intérprete del personaje “el Tremendo Juez”, del programa radial y televisivo La tremenda corte. En 1934 interpretó a un detective chino llamado “Chan-Li Po” en la serie radial La Serpiente Roja, basado en el detective del cine americano “Mr. Chan” con un grandísimo éxito. Mientras tanto Leopoldo Augusto Fernández Salgado, fue un humorista cubano, creador e intérprete de múltiples personajes, entre ellos Pototo y José Candelario “Tres Patines”, del programa radial y televisivo La tremenda corte.

En los años 40 comenzó su colaboración en un espacio radial llamado Pototo y Filomeno.
La tremenda corte comenzó a radiarse en 1941, y en un show de televisión en el año 1955 llamado “El Show de Pototo y Filomeno”.

Pototo y Filomeno también tuvieron mucho éxito en teatro, en televisión y en cine, en películas como ¡Olé Cuba! (de 1957) y en centros nocturnos como el cabaret Sierra y el cabaret Montmatre.

Leopoldo y Aníbal también desarrollaron carrera como cantantes humorísticos, acompañados por la Orquesta Melodias del Cuarenta grabaron en 1957 su primer disco, en donde inmortalizaron sus parodias de temas de moda y viejas melodías, las cuales con letras jocosas, como “Carta a mamita” y “Ahorita va llover”, “Yo pico un pan”, “Boniatillo” y muchas otras que en el estilo de los cubanos de clase media baja, hacían reír hasta el cansancio.

La Tremenda Corte fue una versión radial que reflejó la Cuba de ayer. “¡El tremendo juez, de la tremenda corte, va a resolver un tremendo caso…!” Así comenzaba, noche a noche, uno de los programas cómicos de la radio cubana de más éxito en la historia de la radiodifusión latinoamericana, comparable solamente con El Chavo del Ocho.

La tremenda corte estuvo saliendo al aire hasta, cuando fue cancelado por las autoridades revolucionarias a raíz de comentarios y chistes que criticaban al gobierno. En una actuación en el entonces Teatro Nacional, hoy Gran Teatro de La Habana, pude presenciar en 1961 un chiste que no le cayó nada bien al gobierno y que fue el siguiente: Pototo pregunta cuál es el colmo de un gobernante, a lo que responde Filomeno que no sabe. La respuesta fue que el colmo de un gobernante es matar al pueblo de hambre y después enterrarlo gratis.
Por supuesto que poco tiempo después Pototo y Filomeno, “Luz María Nananina” y otros humoristas que hacían los papeles de “Rudecindo Caldeiro y Escobiña”, el Secretario y “Polito Abril y Mayo” abandonaron el país. Eso hizo que la leyenda perdurara unos años más. Y no solo eso, hizo posible que en nuestros días sigue vigente.

Setenta y seis años después de haber salido al aire por primera vez, y gracias a que más de 300 episodios fueron sacados de Cuba, todavía La Tremenda Corte se escucha no sólo en la radio de Miami, sino también en la de países como México, Perú, Panamá, Costa Rica y República Dominicana. Y las razones de su éxito son simples a pesar de que reflejan una sociedad que no conocen: la tremenda calidad de los libretos y la simpatía y profesionalidad de los actores. No se usaban palabras de doble sentido, ni malas palabras, ni ofensas, todo era el más puro y pulido humorismo, apto para todos y del gusto de todos. Tengo un amigo mexicano que en su auto lleva siempre una colección de discos compactos con toda la producción radial de La Tremenda Corte. Los escucha una y otra vez, sobre todo en los viajes largos y no cansa de reírse con ellos, aunque los haya escuchado mil veces.

La Tremenda Corte fue, es y será un clásico de la radio cubana, una nave insignia del verdadero humor cubano, que sin vulgaridad, era criollo y popular a la vez.


Mi familia

El programa Mi familia era una presentación con un esquema familiar sencillo, pero contaba con un grupo actoral de primera línea, como eran Agustín Campos, actor que había tenido una presencia destacada desde la década de 1940 en espectáculos dramáticos y cómicos del Circuito CMQ, Julito Díaz, viejo y talentoso actor de teatro cubano y Martha del Río. Agustín Campos, con el personaje de Romualdo Pinzón es recordado por expresiones tales como: ” ¿quieres que te haga un Cake?… Le pongo tu nombre y tu dirección y una almendrita y un piñón. Sin duda uno de los éxitos humorísticos de 1956.

San Nicolás del Peladero

Con un mensaje satírico, un excelente libreto y un cuerpo de actores y de dirección de primera, este popular programa humorístico de los años 60 y 70, ponía al descubierto las falsedades de la sociedad cubana prerrevolucionaria y estampas de la vida política nacional, que aunque existían exageraciones válidas para lograr más comicidad, la mayoría eran tristemente ciertas y en cierta forma contribuyeron a la debacle social que ha constituido la revolución comunista.

Este programa se mantuvo en el aire por espacio de veinte años: su última transmisión tuvo lugar el 26 de diciembre de 1983.

Carballido Rey, el guionista de San Nicolás

A la muerte del escritor prolífico Marcos Behmaras, Carballido asumió la creación de
los libretos del programa Detrás de la fachada, también exitoso, con la actuación protagónica de José Antonio Cepero Brito y Consuelito Vidal, escoltados por un elenco artístico de primer orden. A su vez abordó el humor costumbrista con otros programas, de uno de los cuales surgió San Nicolás del Peladero, de transmisión semanal que, sin ser de continuidad, seguía una misma tónica, basándose todos en el mismo lugar, los personajes y los hechos.

En San Nicolás del Peladero, un pueblo rural de la época republicana se destacan los personajes principales del alcalde, Plutarco Tuero, papel asumido por el experimentado Enrique Santiesteban y la alcaldesa Remigia, magistralmente interpretada por María de los Ángeles Santana.

A ellos le seguían una impresionante serie de personajes secundarios que en algún momento tenía mayor relevancia que los principales, como eran su servidumbre, el jefe de la guardia rural, el jefe de la policía, los politiqueros, los sargentos políticos, los guatacas, el guapo, la salsosa, el gallego y su sobrino y otros personajes costumbristas que creaban situaciones incómodas y complicadas, es decir en un “peladero” que en su definición es un terreno pelado, desprovisto de vegetación. Y a San Nicolás la corrupción, el latrocinio, el abuso y la trampa lo tenían hecho un “peladero”.

Uno no puede olvidarse de un personaje que quizás consideramos menor, el de Simplicio, genialmente actuado por Carlos Más y que había hecho similares papeles conocidos como “el cesante” un hombre sin trabajo, escuálido, con voz susurrante, con hambre crónica y que al oler un potaje se desmayaba.

Germán Pinelli, que no necesita presentación, representa a Eufrates del Valle, el dueño del periódico local y guataca del alcalde. Pero el gran guataca o adulón es Ñico Rutina ( los cubanos le decimos rutina a la repetición del mismo cuento falso) interpretado por Carlos Moctezuma, quien era muy conocido por su papel de “jala leva” en el Cabaret Regalías, donde con su mano extendida le decía a personajes poderosos: “las cenizas senador” y se las guardaba en el bolsillo del saco. Ñico además de delincuente y estafador, era ahijado de la alcaldesa y se afanaba en meter la mano dentro de la caja contadora de la botica del gallego interpretado por Juan Carlos Romero, uno de los más cómicos y auténticos del programa.

    De pie Leonel Valdés (¿me sigue?) y sentado el incomparable Juan Carlos Romero, el gallego.

El gallego tenía frases históricas en la Televisión Cubana, como fueron: “¡Ay, mi farmacopea!”, “¡Santiago de Compostela!”. Y sobre todo por la actuación con su sobrín “¡Salustiano Palmiro!” (Ramoncito Hernández) que siempre cargaba todas las culpas y los infaltables coscorrones sobre su boina, se agachaba y se acurrucaba para protegerse. “¡No pegue, Ti! ¡No pegue, Ti!”
Y el que más me gustaba cuando el sobrín se atrevía a increpar al gallego, o decía alguna barbaridad, el tío contestaba: “¡Cá la boca animal!”

A lo largo de su extensa vida, fueron apareciendo personajes destacados y uno de ellos era el guapo, Cheo Malanga, personaje que nos dió a conocer al experimentado en teatro vernáculo Enrique Arredondo. Por supuesto este era un guapo que en realidad era un cobarde. Hacía alarde su gigantesco cuchillo. “No me aguanten que lo mato; estoy hoy que me corto a mí mismo; el animal quiere sangre”; y la famosa “No es lo mismo Santiago de Compostela que compóntela como puedas con Santiago”, eran algunas de sus frases más jocosas y que siempre terminaban cuando su mujer, Natalia Herrera le pegaba cuatro gritos. Hasta ahí llegaba la guapería y contestaba “¡Bueno, así sí!”.

Remigia, la alcaldesa, siempre celosa de la rica del pueblo, Chiquitica Rubalcaba, y la finura con que llamaba a su mayordomo, siempre en crescendo hasta que aparecía la forma de la chusmería con “Agamenón… ╘╙Agaaamenooon╘╘… ¡AGAMENÓN!”.

Plutarco Tuero, el alcalde, vivía rodeado, agitado y amenazado por todos estos personajes, más sus enemigos políticos, el gobernador provincial, los senadores y el gobierno de la nación, por lo que no tenía otra forma de sobrevivir que no fuera sobre la base de la trampa. Por eso todos los programas terminaban con esta frase suya: “¡Que dura, chico, pero qué dura es la vida de un alcalde!”

Por supuesto que detrás de todo, y a diferencia de La Tremenda Corte, San Nicolás del Peladero tenía un objetivo político detrás de su contenido, que era demeritar al máximo a la Cuba republicana. Pero no obstante será recordado con mucho cariño.

   Ruinas del ingenio Taoro.

La fiesta del Guatao

Trabajé muchos años en la industria del vidrio existente en Arroyo Arenas, cercana a la carretera central en su recorrido de salida de la capital hacia Punta Brava, Bauta y seguir camino hacia Pinar del Río, por lo que mucha gente que allí trabajaba vivía en esas poblaciones, y conocí algunos que vivían en el poblado del Guatao. A ellos siempre la preguntaba y la mayoría me decía que sabían que allí había existido hace mucho tiempo una gran bronca por motivos políticos pero hasta ahí era su conocimiento del verdadero origen de este famoso dicho en Cuba: ¡Se acabó como la fiesta del Guatao!

Esta frase centenaria se dice en todo el país con el mismo significado e igualmente la gran mayoría ni sabe de dónde salió ese refrán y mucho menos quién o qué es el Guatao.

Muy cercano a Punta Brava, en el municipio La Lisa,en La Habana, en el Guatao en la época de auge azucarero en el siglo XIX existía un ingenio llamado Taoro, ubicado en la carretera de Cangrejera a Santa Fe y cuyas ruinas constituyen una de las muestras de la producción azucarera esclavista en esa zona, sobresaliendo la torre del campanario que en esos tiempos de esclavitud determinaba los horarios de la vida de los cerca de doscientos cautivos en el ingenio y cuyas ruinas tiene un buen estado de conservación al menos en la torre.

Relativamente cerca de esta fábrica de azúcar se encontraba el ingenio de Maurín o Baracoa que tenía 150 esclavos. Dentro de las pocas licencias que tenían los esclavos, se les permitía, junto a los asignados a las fábricas de San Antonio de Macastá y san Joaquín, que se reunieron para celebrar fiestas bailables a la que llamaban “Tambor de Yuca” precisamente en el lugar llamado el Guatao. El baile, el aguardiente, los cantos y las improvisaciones eran abundantes.

Precisamente en una controversia, se produce un altercado entre un cantante de Maurín y otro de Taoro, la que hicieran suya los respectivos bando, produciéndose una gigantesca riña tumultuaria en la que se rompieron decenas de cabezas, piernas, brazos y muebles.

Así acabó la fiesta y el hecho fue transmitiéndose de generación en generación e hizo popular el nombre del lugar a través de la conocida frase: “Acabó) como la fiesta del Guatao”.
De El Guatao, exitosa zona ganadera y azucarera del siglo XIX, hoy solo queda esta leyenda, porque la actualidad, si es cruda para los habitantes de la capital cómo será para los guataenses, si es que así son llamados.


¡Solavaya!

Recuerdo que mi abuelo paterno murió cuando yo tendría unos cinco años y según la costumbre, o yo diría la mala costumbre de la época, fue velado en la sala de la casa. Yo realmente estaba aterrado viendo a la gente llorar, el reunirse toda la gigantesca familia como no lo hacían ni en navidad ni en el día de las Madres, pero sobre todo porque de la gente que pasaba algunos se persignaron, pero yo desde mi escondite en el portal, los escuchaba decir: ¡Solavaya!.

Después cuando llegó el carro fúnebre, a su paso la gente decía bajito: ¡Solavaya!. Una vez que visité a mi pueblo Bejucal, fuimos al cine con los primos a ver una película donde Audi Murphy mataba él sólo a medio ejército alemán y al salir de la tanda dominical nos encontramos con un entierro, y mis primos dijeron bajito la mencionada palabra.

Me fui dando cuenta que si en medio de la negrura de la noche se sentía el canto de una lechuza, al pasar un entierro y en tiempos de la dictadura de Batista, cuando aparecía la policía o el ejército, la gente repetía el dicho de ¡Solavaya!

Hay quien dice que esta palabra es gitana, y se usa para ahuyentar los espíritus y las fuerzas del mal, para alejar a alguien, o para alejar a las malas vibraciones, la mala suerte o los problemas y por sí sola para alejar a la muerte. De cierta manera tiene semejanza con la frase “tocar madera” para evitar desgracias. Quizás los negros curros la trajeron a Cuba, pero no es muy extenso su uso, salvo entre los gitanos.

Pero el hecho real es que esta palabra es propiamente cubana y tiene su origen en los campos cubanos. Asumo que solavaya se deriva de que vaya sola una persona o cosa y que no la acompañemos.

Con los cambios políticos ocurridos en Cuba, la palabra se ha empleado tanto para ahuyentar el llamado imperialismo norteamericano y sus adeptos, como ahora para ahuyentar a Fidel Castro y su cohorte.
Yo no estaba en Cuba en esos momentos, pero a los que se vieron obligados a estar presentes en la caravana del entierro de Fidel Castro, una buena parte debe haber dicho bajito o para sus adentros: “¡Solavaya!”. To también hubiera dicho lo mismo.


La Bahía de La Habana.

La primera vez que ví la bahía desde la Avenida del Puerto yo era muy pequeño y me impresionó mucho, pero ya después hacía recorridos en la ruta 57 en la que trabajaba mi padre y si pude observar el panorama con mucho más detenimiento. Ya mayor mis primeras aventuras fueron observar la construcción del Cristo de La Habana en Casablanca y hacer viajes de ida y vuelta desde el Muelle de Luz hasta Regla y desde las cercanías del Templete y el Castillo de la Fuerza hasta Casablanca.

Cuando aquello la gente pescaba en la Bahía, era temida por los tiburones que pululaban ante el vertimiento de comida de los buques mercantes y el agua, a pesar de los siglos de explotación de la misma, mantenía niveles de oxigenación aceptables.

No en balde los colonizadores españoles decidieron trasladar la capital de la Isla desde el sur de la provincia donde la había fundado Pánfilo de Narváez, hacia el llamado Puerto de Carenas, ideal por su tamaño y características de bahía de bolsa que la hacían segura. . Su ubicación estratégica tanto geográfica como económicamente pues confluye con el Estrecho de la Florida, el Golfo de México y el canal viejo de Bahamas hizo que se constituyera en la capital del país, que fue trasladado desde Santiago de Cuba y por Decreto Real se le declaró “Llave del Nuevo Mundo y Salvaguarda de las Indias Orientales” disponiendo que la villa fuera el lugar de concentración de las naves españolas procedentes de las colonias americanas antes de cruzar juntas el océano, factores que convirtieron a La Habana en la más ciudad más rica y notable de la zona de América Central y Caribe.

La Habana fue el puerto más importante de España en América y fue una de las más fortificadas de toda América, para cuya protección se construyeron el Castillo de la Punta (1590), el Castillo de los Tres Reyes del Morro (1589-1630), el Castillo de la Real Fuerza y la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña (1763-1774), esta última la mayor construida por los españoles.

Fe de su importancia es que se produjo la Toma de La Habana por los Ingleses, siendo atacada por una escuadra naval comandada por el conde de Albermarle, la que ocasionó grandes daños al Castillo del Morro y tomó la ciudad.


La Toma de La Habana fue una gran victoria para las fuerzas británicas, y no solo por hundirle a España una escuadra entera. Significó la pérdida de un puerto que dominaba el camino hacia el Golfo de México y un extenso territorio, aparte de hacerse con un botín de una inmensa cantidad de artillería, armas, municiones, pertrechos, más de unos tres millones de libras esterlinas en plata, tabaco y otras mercancías contenidas en los almacenes de la Habana.

Bajo el mando inglés, la trata de esclavos aumentó y 10.700 esclavos africanos fueron importados por John Kennion a quien Albemarle autorizó en exclusividad la trata de esclavos, que eran vendidos a precios inferiores a los habidos con anterioridad.

También se favoreció el comercio de La Habana, dejando de ser exclusivamente con la ciudad de Sevilla o con cualquier otro puerto habilitado por el gobierno español, pudiendo importar los géneros y productos de las colonias españolas del norte y hubo un intercambio de mercancías durante ese tiempo, bueno para todos.

Las mercancías extranjeras bajaron de precio y los productos nacionales se vendían a mejores precios pues tenían más demanda. .En los once meses que duró la ocupación, al puerto habanero llegaron cerca de 900 barcos, por lo que no es de extrañar que los vegueros, azucareros y ganaderos cubanos pudieron exportar sus productos, mejorar los precios e importar otras materias a precios muy favorables en condiciones comerciales libres.

La toma de La Habana por los ingleses en 1762, fue uno de los acontecimientos más importantes de la segunda mitad del siglo XVIII para Cuba, la región del Caribe y el Hemisferio Occidental.

Siempre recuerdo que mi abuela me contaba que en España se hablaba y se transmitía a los descendientes, los cuentos sobre esta ocupación y las cosas buenas y malas que trajo, así como una limitada resistencia al poder inglés, ya que llamaban casacas rojas a los soldados de Albión y les daban plátanos maduros con leche de vaca con la creencia de entonces de que se iban a envenenar. Pero lo cierto es que muchos cubanos nos lamentamos de no ser súbditos de su Majestad, de no hablar inglés y no ser prósperos y libres. Pero los ingleses no eran tontos como pensamos, cuando nos dejaron colgados de la brocha para cambiar a la incomparable Habana por los pantanos infectados de la Florida.

Pero ahí nos queda la Bahía, aunque esté entre las más contaminadas del planeta, por la considerable cantidad de desechos provenientes del a ciudad que desembocan en ella, también tenemos monumentos, fortalezas, hermosas estatuas, bellísimos edificios, parques, los espacios más bellos de La Habana Vieja, se extienden a lo largo de la bahía. Y por sus aguas navega un símbolo de la Capital: la Lanchita de Regla y es atravesada por un túnel submarino en su canal de entrada, una de las maravillas de la ingeniería civil cubana.

Y no olvidemos que en ella, el 15 de febrero de 1898, ocurrió la explosión del acorazado Maine hecho que dio inicio a la guerra hispano-cubana-norteamericana que aceleró el fin del dominio colonial español en la Isla, que tristemente duraría sólo medio siglo, pues otro imperio vino a sustituir al español. Y esta vez uno bien ajeno a nosotros.

Padre Pico, la más increíble de las calles santiagueras

Muchas veces por motivos de trabajo, tanto en el Ministerio de la Industria Básica, como en el Instituto del Libro, como en el Instituto de Radio y Televisión, tuve que ir a Santiago de Cuba. Es por ello que no me era ajena para nada la ciudad y mucho menos sus atractivos, entre los que está la calle de escaleras, Padre Pico.

Por supuesto que la visita con mi familia a Santiago, los muchachos se quedaron impactados con esa rareza. Y es que esa calle es atractivo tanto para los turistas como para los propios pobladores de Santiago. Con su escalinata de 52 peldaños, es un sitio icónico de la ciudad.

No es la única en Santiago con escaleras, pues también existe la Escalinata de la Calle Santiago y la Escalinata de Virgen, pero ellas no superan el atractivo y la historia de Padre Pico. Y tampoco el paisaje que desde ella se admira, pues vemos una clásica postal de muros y escalinatas que descienden hasta la ciudad con sus edificios coloniales. Es por ello que es uno de los sitios de Santiago más fotografiados, tanto de su escalinata como de su panorámica.

Y también Padre Pico está llena de historia, pues en la intersección con Santa Rita, fue velado el cadáver de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria cubana.

Y el nombre viene del sacerdote que oficiaba en la iglesia de San Francisco, y del cual toma su denominación y fue construida en 1899 por el alcalde Emilio Bacardí, el que avizoró que ella sería uno de sus sitios inconfundibles. Antiguamente el lugar se conocía como Loma de Carvacho, ya que en uno de sus locales existía una juguera, propiedad de un catalán llamado Juan Carvacho. A su vez Bacardí logró que se rebautizara en honor a Bernardo del Pico Redin, cura muy querido, sobre todo por los pobres.

Sin duda un lugar genuino dentro de la ciudad de Santiago de Cuba, una ciudad no apta para hipertensos, pues todo se vuelve subir y bajar lomas, y si no, escaleras como calles.


La calle Franco
Pero las calles en forma de escaleras no es una exclusividad de Santiago de Cuba, y la capital también tiene la calle Franco en el municipio Centro Habana. Esta calle va desde Carlos III hasta la calle Manglar, con una extensión de diez cuadras y justamente en la segunda calle partiendo de Carlos III, encontramos la calle escalera, no tan imponente como la de Padre Pico, pero no deja de llamar la atención. Tal es así que durante los años que trabajé en el Ministerio de la Industria Básica, justo frente a donde nace esa calle, en la hora de almuerzo iba a tomar café a la cafetería El Lluera y de ahí bajaba una cuadra para bajar y subir la mencionada calle-escalera. Debido al abrupto desnivel del terreno en la cuadra de Franco entre Estrella y Maloja, la solución ingeniera más sabia fue la escalera.Y hay algunas otras, pero sin duda la más imponente es la inmensa escalinata de la Universidad de La Habana.

Supongo que el nombre de la cafetería haga referencia a las Cuevas de la Lluera en Asturias, en Oviedo, en la que se encuentran importantes representaciones prehistóricas del Paleolítico. Tendría que haber sido propiedad de un asturiano, pues es un nombre que no he encontrado en otra parte de Cuba.

Ajiaco
Cuando había ajiaco en mi casa para mí era una fiesta. Era y es una de las comidas que más me gusta y no es por gusto tal afirmación, pues es difícil que haya un cubano que no tenga una preferencia particular por esta exquisita receta.

El ajiaco es uno de los platos más sabrosos y distintivos de la culinaria cubana. Hay quien dice que es solamente un potaje o hasta una sopa compuesta por un guiso de viandas y vegetales y carnes, pero realmente va más allá, pues es el alma de Cuba convertida en un manjar en el que unen medio siglo de historia, la mezcla de razas y culturas que dieron origen a la gastronomía cubana.

Algo parecido al ajiaco, preparado con ají, era consumido por los aborígenes cubanos a la llegada de los conquistadores, y lo utilizaban para mojar su famoso casabe, pero el plato en realidad como lo conocemos actualmente nació por la combinación del cocido español y las viandas cubanas.

No por buena gente sino para tener a los esclavos en buena condición física, y con el menor gasto posible, llevó a que los españoles le añadiesen a la olla podrida, el famoso guiso español, viandas locales y un pedazo de tasajo. Y este plato comenzó a ser verdaderamente cubano cuando se le suprimieron los garbanzos.

Por supuesto que variaciones del ajiaco hay muchas, casi tantas como regiones hay en el país, que se diferencian por sus ingredientes y condimentos, pero mantienen algo en común, y es que todos se cocinan en un gran caldero y sin tapar.


El espeso caldo fue llamado ajiaco, voz indígena, y se compone de carne de cerdo o de res, tasajo, pedazos de plátano, yuca, maíz, boniato y calabaza, bien cargado de zumo de limón y ají picante, aunque este con el tiempo fue siendo sustituido por ají pimiento.

El ajiaco socialista: la caldosa

Como el gran objetivo de la revolución era no solamente tomar el poder político y perpetuarse en él, sino también negar todo lo que existió anteriormente, cambiar las costumbres y hasta la historia, las carencias asociadas a la ineptitud del régimen también afectó al ajiaco, surgiendo en su lugar la caldosa.

La caldosa es una versión moderna del Ajiaco, pero por supuesto con mucho menos componentes y por ende con menos sabor y valores alimenticios.

A ello contribuyó la guaracha “Caldosa”, popularizada en los años 80 guaracha que se refería a la “Caldosa de Kike y Marina” con origen en la ciudad de Las Tunas.

En la gran crisis económica ocurrida en los años 90, que ses ha atenuado pero que no termina, y la que se caracterizó por una aguda carencia de suministros básicos, la caldosa pasó a tener una presencia muy frecuente en la mesa de buena parte del cubano común por su versatilidad y posibilidad de incluir en ella un poco de todo el alimento disponible, sobre todo porque tenía una escasa presencia de cárnicos y se le echaba cualquier cosa.

A ello se sumó, como una forma de estimular la celebración del día de la fundación de los llamados Comités de Defensa de la Revolución, organización a la que creo hemos pertenecido a la cañona todos los cubanos excepto mi suegro, que se mantuvo en sus trece y ni eso aceptó, las autoridades entregaban viandas y la cabeza de un puerco, así como unas botellas de ron de baja calidad y refrescos para hacer una caldosa y celebrar así este día.

Por supuesto que una cantidad escasa de carne o una cabeza para decenas de personas, implica que hay que tener suerte de capturar una porción al azar, lo que es motivo de celebración por que tuvo la suerte de agarrar al menos un pellejo y de burla por los demás comensales.

Y como en Cuba todo el mundo se volvió humilde en los 90, salvo la nueva clase, a raíz de la crisis económica eufemísticamente llamada “período especial” porque es un caldo hecho con lo que aparezca., pues la caldosa se volvió el plato estrella junto con los espaguetis y la pizza.
Por algo será que la chispa criolla renombró entonces a esta receta como “Sopinguete”.

En Cuba este popular plato se ha convertido en frecuente en la mesa de las familias más humildes en particular en los años 90, cuando por obra y gracia del Comandante en Jefe todo el mundo se volvió humilde.


El Parque Trillo y Pato Macho.

Siempre me ha gustado mucho caminar, y sobre todo para conocer. Es por ello que en La Habana y creo que en todas partes, he transitado todo lo que me ha sido posible. En ello incluyo a barrios de no muy buena reputación, incluyendo el de Cayo Hueso, donde está situado el parque Trillo. Barrio famoso por haber sido escenario de hechos sangrientos, como fueron en 1902 la huelga de los aprendices, con un saldo de 4 muertos y 150 heridos, hecho conocido como “ Lunes Sangriento “ en Neptuno entre Lucena y Marqués González, después en 1907 la huelga de la Moneda y lo peor que ocurrió allí es que: Fidel Castro fue elegido al Partido Ortodoxo en 1951 por el barrio de Cayo Hueso.

Siempre me ha gustado mucho caminar, y sobre todo para conocer. Es por ello que en La Habana y creo que en todas partes, he transitado todo lo que me ha sido posible. En ello incluyo a barrios de no muy buena reputación, incluyendo el de Cayo Hueso, donde está situado el parque Trillo. Barrio famoso por haber sido escenario de hechos sangrientos, como fueron en 1902 la huelga de los aprendices, con un saldo de 4 muertos y 150 heridos, hecho conocido como “ Lunes Sangriento “ en Neptuno entre Lucena y Marqués González, después en 1907 la huelga de la Moneda y lo peor que ocurrió allí es que: Fidel Castro fue elegido al Partido Ortodoxo en 1951 por el barrio de Cayo Hueso.

En fin que de todos los lugares llamados peligrosos en La Habana, uno de los que menos visité por su aspecto sobre todo, fue el de Cayo Hueso. Frente al parque Trillo había un cine, un típico cine de barrio llamado Strand y como estaba dedicado a romper el récord de asistencia a todos los cines habaneros, que al final no sé si cumplí, pero si no lo hice quedé bastante cerca de lograrlo, pues a ese cine también fui a más de una función en el mismo.

Strand uno de los cines más antiguos de La Habana, pues existía desde el año 1906 en un viejo inmueble que fue demolido en 1941 para construirle un nuevo edificio, esta vez de estilo Art Deco, que hacía furia por esos años, y es el inmueble que ha llegado hasta nuestros días y que sirve de sede al mencionado Palacio de la Rumba. Al menos no se derrumbó como ha ocurrido con cientos de cines habaneros.

El parque Trillo debe su nombre a Jesús Maria Trillo Our, natural de O Barro en la provincia de A Coruña en Galicia, y que emigró a la Habana donde se convirtió en un personaje respetado, que construyó multitud de edificios por la ciudad e incluso fue concejal de barrio y miembro de la Junta del Casino Español.

Entre las calles San Rafael- Hospital- San Miguel- Aramburu, existía un área comunal que más tarde se convirtió en el Parque Trillo que es uno de los más antiguos de La Habana en la primera década del pasado siglo.

El lugar además fue sede de un mercado abierto, pero entre su historia destaca el asesinato del famoso delincuente conocido como “Pato Macho”.

Dice una famosa canción tradicional: “Por culpa de la chaucha/ (comida)/mataron a Pato Macho/ allá en el parque Trillo/ peleando con los muchachos/(policías) “. Pero hasta hubo una obra teatral dedicada a Pato Macho en el teatro musical dirigido por Héctor Quintero en 1966. El Teatro Musical gran popularidad entre los espectadores capitalinos y funcionó durane unos cuantos años en su sede de la calle Consulado, pero un buen día lo cerraron y hoy su inmueble goza de un indetenible deterioro y olvido.

En un un enfrentamiento armado con la policía el tristemente célebre delincuente conocido por el sobrenombre de “Pato Macho” murió. El que se las daba de gran tirador, estaba escondido prófugo de la justicia en la llamada Sierra del Arzobispo, en Santa Cruz del Norte, pero fue a buscar víveres y fue sorprendido por las autoridades.

Leyendo el libro “Cuba. La República de Generales y doctores” de Robert A. Solera comenta de que a Pato Macho lo habían matado no por lo que dice la canción que lo hizo famoso en toda Cuba, la cual afirmaba que lo habían matado por culpa de la ¨chaucha¨, es decir, por la comida, sino que narra que el bandido Pato Macho no era tan guapo pues su muerte fue huyendo y que era falso que que se hubiera batido a tiros con la policía, ya que hasta tenía antecedentes de delator o chivato como decimos en Cuba. Quiere decir que Pato Macho era igual que el personaje de Cheo Malanga del gran actor Enrique Arredondo, o sea, como se dice popularmente, “más rollo que película” o “más cáscara que boniato”.

En ese barrio hice una sola visita a el Colmao, un club de música española al costado del parque, otra de las razones que me hicieron borrar de mis rutas a dicho parque y si era posible a dicho barrio. Una noche con amigos de la adolescencia terminó, por suerte no con nosotros, en una riña tumultuaria, incluidas roturas de cabeza con botellas y quién sabe qué otras desgracias. Puesto y convidado.

Y fue muy sonado que un alcalde habanero de los años 50, Justo Luis del Pozo, enterró un cubo en los terrenos del parque, como símbolo de que la escasez de agua del barrio de Cayo Hueso, se acabaría con su mandato pues habría agua en abundancia. 70 años después la gente añora que la situación del agua fuera como cuando era alcalde Justo Luis.

Una sola pasada por el Parque Trillo actual, te mostrará que es un sitio inhóspito, sin apenas árboles ni césped y con los bancos destruidos, a lo que se suma que el entorno, Cayo Hueso, es uno de los barrios habaneros donde el estado de la vivienda es más precario, pues de unas doce mil, requieren reparación unas diez mil y deben ser demolidas el resto. Y esa es sola una avanzada de la desidia y el abandono de una ciudad tan linda como La Habana con un gobierno que ni siquiera es capaz de mantener decentes a unos pobres parques.


Sarrá el hombre con más casas

En la década de los años 50, cuando en Cuba se quería hablar de grandes fortunas, lo primero que venía a la mente eran dos nombres: Julio Lobo, el magnate azucarero, y sin duda alguna el de Sarrá, famoso por su droguería, pero más famoso por su carácter de magnate inmobiliario.

No hay que olvidar que la “Droguería Sarrá” no solo llegó a ser la droguería más grande de Cuba y de Latinoamérica, sino incluso la segunda del mundo tras la norteamericana “Johnson”. Y por eso es más conocido, aunque su historia es muy curiosa.

Los catalanes José Sarrá y su tío Valentín Catalá, que eran boticarios, llegaron a Cuba a mediados del siglo XIX para probar fortuna en los negocios. En 1885 existían más de 65 farmacias que vendían tanto patentes nacionales como extranjeras, pero pocos años más tarde la fundada por ellos se convertiría en la más importante.

Todo comenzó el 20 de mayo de 1853 cuando crearon en la calle Teniente Rey, no. 41, la farmacia La Reunión, con el propósito de agrupar en un mismo sitio las farmacias alopática y homeopática. Pronto adquirieron ese inmueble y después otras cercanas para sus almacenes.

Tras fallecer don José Sarrá y Catalá en la ciudad de Barcelona, el 10 de diciembre de 1877, queda al frente del negocio su sobrino José Sarrá y Valldejuli, y llevó a tal importancia el negocio que en 1881 Alfonso XII de España le concedió al Dr. José Sarrá el título honorífico de “Farmacéutico y Droguero de la Real Casa”.

En 1882, Sarrá adquiere otras casas anexas a Teniente Rey 41 por la calle Compostela, los
que son objeto de profundas remodelaciones estructurales. agregándole áreas de oficinas, producción de medicamentos, remodelación de la droguería y otras obras.

Hacia 1886, La Reunión era una de las farmacias más elegantes y prestigiosas de la Habana, llegando a considerarse a principios del siglo XX la segunda en importancia en el mundo y la primera en Cuba. Pero en 1898 muere en Barcelona José Sarrá y Valldejuly en 1899 Celia Hernández, viuda de Sarrá, y Ernesto Sarrá forman la sociedad mercantil Viuda de Sarrá e Hijo.

Es precisamente esta tercera generación de propietarios, con Ernesto Sarrá Hernández a la cabeza, la que en las primeras décadas del siglo XX transforma el prestigioso negocio en uno de los emporios más importantes de Cuba.

En 1912, Ernesto Sarrá adquiere varias casas que junto a los edificios ya existentes, hacen que el complejo farmacéutico abarcara 18 inmuebles para un total de trece mil metros cuadrados y es reinaugurada en 1914. Poco tiempo después llegó a tener 46 edificios, 600 empleados y más de medio millar de productos.

Varios edificios emblemáticos son obra de Sarrá, uno de ellos la actual Embajada de España situada en uno de los extremos del Malecón habanero, muy cerca de la Fortaleza de San Salvador de la Punta y del Monumento a Máximo Gómez, el llamado palacio Velasco-Sarrá, y que es la única delegación diplomática en Cuba ubicada en La Habana Vieja; otra es el emblemático edificio sito en 23 y 12 en el Vedado y que al bordo del derrumbe está siendo reparado, así como su residencia, ocupada actualmente por el Ministerio de Cultura, es la espectacular mansión enclavada en la calle 2 esquina a 13 en el Vedado y que ocupa toda la manzana. Como trabajé en el Ministerio de Cultura pude constatar las insólitas violaciones y la destrucción de obras arquitectónicas valiosas convirtiendo un palacio en una especie de solar para oficinas.

Salvo el Palacio Velasco-Sarrá, el resto han sido víctimas de la negligencia, el descuido, y la indolencia de los que pueden hacer algo pero no les interesa el perder parte de nuestra historia.
Ahora me doy cuenta que algunos de sus productos siguen produciéndose en la Florida, sobre todo para los nostálgicos cubanos, ya que sus nietos revivieron el negocio en 1999, cuando crearon la Sarra Natural Products.

Taquechel y Johnson, eran otras grandes droguerías, ambas muy cerca una de la otra y en la calle Obispo y siempre fueron las grandes competidoras de Sarrá. Yo personalmente estuve cientos de veces en todas ellas, tanto antes como después de la revolución y siempre me pareció, que aparte de la ubicación privilegiada que tenían Taquechel y Johnson en la calle Obispo, estas dos hacían y vendían productos de mayor calidad que Sarrá, pero Sarrá fue el precursor.


El cañonazo de las nueve

Hará unos 20 años, cuando comenzó o se revitalizó o se comercializó la ceremonia del disparo del cañonazo de las nueve, tuve la oportunidad de ir al mismo con un grupo de compañeros del trabajo como parte de la parte de entretenimiento de un encuentro con representantes de todo el país y en verdad que la ceremonia me pareció bien montada y lo valoré como algo que valía la pena ver. Mucho tiempo después en mi visita a San Agustín, en la Florida, en el Fuerte de San Marcos pero en horas de la tarde pude disfrutar de una ceremonia parecida, sin tanto despliegue y efectos, pero con una fortaleza tan bien conservada que parecía acabada de construir, a diferencia del deterioro que tienen muchas cosas en la fortaleza de la Cabaña.

La ceremonia del “cañonazo” recrea un desfile militar con atributos y técnica de la etapa colonial, y concluye con el disparo de una salva desde uno de los cañones ubicados en la Cabaña, justo a las nueve de la noche.

San Carlos de la Cabaña, es el complejo militar más grande construido por España en América en el siglo XVIII con 700 m de largo por 240 de ancho y con una dotación de 200 hombres y varias baterías de cañones con 245 piezas, fue pieza clave en la defensa de La Habana.

Actualmente es un museo donde se representan las tradiciones cubanas como la ceremonia militar del Cañonazo de las Nueve, costumbre que viene de la época colonial cuando se disparaba un cañonazo a las 4:30 de la mañana. y otro a las 9:00 de la noche. para avisar de la apertura y cierre de las puertas de la muralla que circundaba a La Habana como defensa contra piratas y corsarios. También señalaba la puesta y retirada de la cadena que cerraba la entrada del puerto, que por aquel entonces, estaba entre los castillos de La Punta y El Morro.

El disparo se siente en buena parte de la ciudad, tal es así que yo vivía en el barrio del Cerro, a unos siete kilómetros del sitio del disparo y con la diferencia de segundos derivada de la velocidad del sonido y la distancia, escuchaba todas las noches con claridad el cañonazo.

En los últimos siglos la ceremonia se dejó de realizar en contadas ocasiones, y una de ellas fue durante la Segunda Guerra Mundial. Lo cierto es que nuestro país cuenta con una extensa lista de Patrimonio Cultural de Cuba, con más de 20 declaratorias, entre las que se encuentran tradiciones como las parrandas del centro del país o los lectores de tabaquería, así como manifestaciones musicales como el son, el danzón y la rumba. Y por supuesto el Cañonazo de las Nueve también forma parte de ella.

En los últimos años, una de las atracciones de esta antigua edificación es la Feria Internacional del Libro de La Habana, que se celebra cada año en el mes de febrero. Yo que he trabajado en ese sector, que soy un profundo amante de la literatura y el libro y que he asistido a diferentes Ferias del Libro, puedo afirmar que aquello es como una especie de acumulación de vendutas donde lo menos importante y lo menos demandado es el libro.

Recuerdo que cuando inauguraron el túnel de la Bahía de La Habana, para pasar el cual había que pagar un peaje de 25 centavos, una suma considerable entonces, pues era el valor de un galón de gasolina, o un pan con bistec, o una completa en una fonda, o una función en un cine de barrio, me atreví a cruzar, para lo que no había que pagar, el túnel a pie. En ambos sentidos existían senderos para peatones, así que en varias ocasiones fuí desde la Avenida del Puerto hasta la salida en la Habana del Este, me puse a disfrutar de la vista desde las cercanías del morro y de la Cabaña, a donde no había acceso entonces, pero era una caminata que bien valía la pena. Claro que nunca me atreví a hacerlo de noche y las pocas veces que pude ver el cañonazo de las nueve desde la Avenida del Puerto, en donde muchas personas se sentaban en su malecón para ver el chispazo, pues todavía no había habido ocurrencias de comercializar un patrimonio.


El Hotel Trotcha, frente a Chantres.

Cuando uno pasa por la calle Calzada llegando a Paseo, particularmente frente a la famosa Tintorería Chantres, que ha perdido no solo el nombre sino su fama, se encuentra unas ruinas que llaman la atención. Allí estuvo el lujoso Hotel Trotcha.

A principios de los años 60 era asiduo al Club Olokkú, cercano a dichas ruinas, que despertaban la curiosidad en todos, y por tanto los incipientes rockeros de la época, cuando el rock and roll era considerado una música imperialista y que dañaba ideológicamente a los jóvenes, tenían su nido casi secreto en dicho Club, que siempre estaba repleto y con gente afuera esperando que se fuera alguno de los que habían tenido la suerte de entrar.

Siempre al salir llegábamos hasta Paseo simplemente para admirar las que entonces nos parecían fantasmagóricas ruinas.

Había un libro de poemas premiado que leí durante mi juventud y del cual no recuerdo su autor, pero sí un poema que decía algo así como: “Soy la puta de Trotcha, la comulgante apaleada por tanta gente, poséeme, besa mi boca arrugada y sin dientes…”

De esta imagen onírica en aquel entonces no conocía a qué se refería la palabra Trotcha, cuyo lugar vine a conocer muchos años después, aunque había pasado por el lugar cientos de veces, justo en la calle Calzada en el Vedado, frente a la famosa tintorería Chantres.

El último segmento de fachada auténtica del hotel Trotcha que fuera el primer hotel de lujo en la barriada capitalina del Vedado se derrumbó tras las penetraciones del mar y la fuerza de los vientos del huracán Irma de septiembre de 2017. Los restos del pedazo de frente del Trotcha, había resistido durante 131 años los maltratos de los ocupantes ilegales, un incendio, la erosión del tiempo y la dejadez y abandono de las autoridades.
En 1880 Buenaventura Trotcha, un empresario catalán, compró el terreno al Conde de Pozos Dulces en la parcelación conocida por “el Carmelo del Vedado” (justo se encuentra a varias cuadras del famoso restaurante El Carmelo) con el fin de hacerse de una quinta cercana al mar.
En esa época La Habana Vieja y El Cerro dejaron de ser atractivos para la naciente burguesía cubana, y la ciudad comenzó a crecer hacia el este, donde entonces se encontraba El Vedado, zona prohibida o vedada como su nombre indica, a los pobres, y allí se radicaron, en grandes mansiones, las familias de los más adinerados.

Pero la idea concluyó en una lujosa residencia que se convirtió en 1886 en un lugar sede de la Sociedad del Vedado, además de ofrecerse las mejores comidas, platos españoles, franceses y cubanos. Por su aceptación, pronto se habilitó en la planta alta varias habitaciones para los que quisieran extender sus tertulias y también su éxito hizo que se añadieran nuevas habitaciones a la mansión original.

El Trotcha funcionó como hotel hasta la crisis económica de 1929, cuando fue convertida en casa de huéspedes, y a partir de 1959 los ocupantes ilegales lo convirtieron en una cuartería o solar y, a mediados de la década del 80, un incendio acabó con casi todo el inmueble, dejando solamente utilizable el bloque conocido por Washington, que en 1997 por el peligro de derrumbe, fue desalojado de ocupantes procedentes de las provincias orientales.

De aquel Hotel Trotcha, solo quedaba el frontón neoclásico en ruinas, y ya nadie se acuerda del famoso estanque de cocodrilos y el célebre jardín y las leyendas del lugar se pierden en la memoria, como el ardoroso idilio que vivieron en este lugar la célebre actriz Sarah Bernhardt y el torero Mazzantini.

Y haciendole compañia, enfrente, no en ruinas, pero en nada parecida a lo que un día fue, está la que fuera la más moderna y famosa tintorería cubana: Chantres. Pero los cubanos siempre sabemos revivir nuestra historia, y en Chantres Cleaners, en Miami, renace esta tintorería de lujo que cuenta con una experiencia de más de 80 años de establecida que continúa bajo el mando de una misma familia.

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