Lugares y hechos interesantes de Cuba III

 

Lugares y hechos interesantes de Cuba III

Cuba es un país pequeño en extensión, pero tan grande en bellezas naturales y en historia, que este tema de lugares y hechos interesantes en Cuba ya lo hemos abordado en dos ocasiones anteriores y seguramente nos quedan muchas otras cosas, este no va a ser el último sobre el tema.

En este artículo haremos una reseña de la finca de los monos, el Cementerio Espada, la Piscina de Mister Claude, el Castillo de Jagua, el Mural de la Prehistoria, el barrio de El Cerro, las Escaleras de Jaruco,  el Primer Barbero en La Habana, el restaurante Rincón Criollo, el Vuelo de Rosillo y Parlá y Aerovías Q.

La finca de los monos

Mi niñez transcurrió a dos cuadras de la calzada de Palatino y muy cerca, apenas unas cuadras, de la avenida de Santa Catalina y Palatino.  En ese lugar había tres cosas interesantes: La fábrica de Coca Cola, el colegio de los Hermanos Maristas con un buen terreno para jugar pelota y justo enfrente el más misterioso: La finca de los monos.

Incluso hoy se dice que en esa misteriosa edificación con forma de castillo, allá en el Cerro, en las noches de luna llena se pueden percibir las sombras de unos monos bailando un vals en honor a su benefactora, Rosalía Abreu.

La Finca de los monos es un lugar situado en el reparto Palatino del municipio habanero del Cerro, que hoy es una referencia sin importancia en el tránsito por la Calzada de Santa Catalina. Se trata de un sitio prácticamente olvidado pero en su época fue tan importante que según un autorizado científico norteamericano de la época, allí ocurría “el experimento antropológico más grande jamás realizado”.

Antes de llamarse “Finca de los monos”, se llamaba “Las Delicias”. Tenía siete caballerías de tierra y fue adquirida el 26 de marzo de 1873 por don Pedro Nolasco González Abreu, padre de la insigne patriota Marta González Abreu de Estévez y de Rosalía Paula Caridad de la Luz González Abreu y Arencibia. Esta última mujer fue dueña de una enorme riqueza. Sus recursos, su filantropía y su amor a los animales dieron como resultado la asombrosa colección de animales que reunió en los terrenos que habían sido de su padre.

Famosa sobre todo por su colección zoológica, doña Rosalía fue una mujer generosa y compartió su fortuna en obras de caridad que sostenían varios orfanatos en La Habana y Santa Clara, instituciones educativas y donaciones hechas a la causa independentista durante los últimos años de la etapa colonial.

Se puede decir que la Finca de los Monos fue el primer zoológico en Cuba y que reunía aves, mamíferos y reptiles, casi todos traídos de Asia y África y atendidos personalmente por Rosalía, auxiliada por criados y jornaleros.

La revolución le cambió en nombre de la filátropo por la de un revoltoso comunista que no es ejemplo de estudiante ni de técnico.

En 1928, había fundado con su capital una Escuela Técnica-Industrial para Mujeres en Rancho Boyeros, la Habana, la que se conoce por su nombre en justo homenaje.

Pero a pesar de su filantropía,  en La Habana de las primeras décadas del siglo XX, fueron muchos los comentarios que corrían de boca en boca sobre la llamada finca de los monos, perteneciente a Rosalía Abreu.

La prensa sensacionalista también se ensañó con Rosalía  publicando caricaturas de ella bailando, volando en un avión o en otras situaciones junto con sus monos. Y por ello a su quinta “Las Delicias” la empezaron a llamar “la finca de los monos”.  Yo personalmente no conocí otro nombre que no fuera ese.

Se decía que en su mansión en forma de castillo, existía más de un misterio pues los simios que allí habitaban eran tratados casi como personas.   Con el tiempo uno de los chimpancés, llamado Jimmy, se convirtió en la mascota preferida de Rosalía y la acompañaba en sus visitas y paseos con un elegante traje hecho a su medida. Viajaba en el asiento delantero al lado del chofer y se encargaba de abrir y cerrar la puerta de su ama y llevarle las cosas que ella compraba o necesitaba.

La famosa bailarina Isadora Duncan, en sus paseos por La Habana, dejó escritas sus impresiones, sobre todo acerca de los queridos e “inofensivos” animalitos de Rosalía Abreu y la valoración de ella como una mujer hermosa, culta e inteligente.

Rosalía Abreu también era  intrépida pues fue de las primeras mujeres que se elevaron en un avión en Cuba, junto a la escritora Laura Zayas Bazán y la propietaria del hotel Telégrafo, Pilar Samoano del Toro. Y el piloto era nada más y nada menos que el pionero de la aviación cubana Domingo Rosillo.

Pero no todos pensaban igual que la Duncan, porque no tenían su clase. La mayor parte de los invitados a sus fiestas, miembros de la llamada “alta sociedad” (porque tenían dinero, pero no educación ni cultura) disfrutaban de la música, las comidas y licores y halagaban a Rosalía, pero por detrás, se burlaban de ella y de sus monos.

Pero lo cierto es que aquellos animales, a la par que mascotas, fueron convirtiéndose, en el lapso de tres décadas, y gracias al empeño de Rosalía, en objeto de profundos estudios científicos.  Allí se pudieron lograr tres generaciones de simios que, por su importancia, fueron visitados por especialistas de Cuba y del extranjero.

En 1924, el doctor Robert Mearns Yerkes, de la Universidad de Yale,  psicólogo, etólogo y primatólogo estadounidense conocido por sus trabajos en el campo de los test de inteligencia y en psicología comparada, presidió una comisión de la Carnegie Institution, y para sorpresa de quienes hacían burla de la dama, declaró que éste era el experimento antropológico más grande jamás realizado, sólo comparable a las observaciones de Burton acerca del lenguaje de los monos.

En la Finca de los Monos existían también colecciones de  cacatúas, guacamayos, papagayos, canarios, pavos reales, gallos japoneses, ciervos, osos, conejos, caballos, perros, gatos y un pequeño elefante llamado Jumbito. El nombre es en alusión a un elefante africano que se hizo mundialmente conocido gracias a la prensa y de nombre Jumbo. Walt Disney logró que Jumbo volase en su película animada de 1941 llamándolo Dumbo, el que agitaba fuertemente sus grandes orejas para poder alzar el vuelo.

Los periódicos del  de noviembre de 1930 tenían un titular que decía: “Una dama cubana lega, al morirse, varios millones para sus monos”.  Sin duda alguna, Rosalía Abreu aprendió que los monos, los perros y muchos animales, son muchísimo mejores que el hombre.

Todavía a principios de los años cincuenta, cuando mataperreaba por esa zona, para ir a jugar pelota al terreno donde actualmente está la Ciudad Deportiva de La Habana,  nos extasíabamos mirando a través de los altos muros, a los monos brincando de rama en rama.

El Cementerio Espada: Primer cementerio de Latinoamérica fuera de una iglesia

Si hubo un personaje en la historia de Cuba que llegó a la Isla con intenciones de hacer el bien, ese fue el Obispo Espada.

Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, natural de Álava, país Vasco, fue obispo español de La Habana desde el 11 de agosto de 1800 hasta su muerte en 1832, un largo obispado y un gran legado para el país.

Como es sabido, en el siglo XIX Cuba se convirtió en una de las colonias más prósperas y apetecidas, debido a los cambios económicos, sociales y políticos ocurridos. Es en esa era que llegan a Cuba personajes como el capitán Luis de Las Casas y Aragorri, gran promotor del servicio público y del primer periódico cubano,  y del Obispo de La Habana, el alavés Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, quien también contribuiría a modernizar y desarrollar el país, la educación, la ciencia y la intelectualidad y hasta las obras públicas, construyendo el primer cementerio de alto rango.

Espada emprendió la más ambiciosa reforma eclesiástica que conoció Cuba ya que cuando llegó a ella, las iglesias son antros de putrefacción, pues en ellas se sepulta a los difuntos. Tras lucha sin cuento contra una feligresía y un clero ignorantes acaba con la insana costumbre,  inaugurando en 1806 el primer camposanto habanero. Aquel obispo progresista sería, además impulsor de la enseñanza científica, adalid de la vacunación y un entusiasta del estilo neoclásico, que tantas huellas iba a dejar en la arquitectura habanera.

Bajo su dirección también se construye el Templete, que es un pequeño templo clásico que se construye en conmemoración de la primera misa realizada en La Habana. Fue la primera construcción de carácter neoclásico de La Habana y se considera una reproducción a pequeña escala de la Casa de Juntas de Guernika.

El Obispo Espada era un clérigo muy especial, dotado de una preclara inteligencia unida a una energía poco común, emprendió una vasta labor de reforma de la Iglesia y de las instituciones sociales, prestando su apoyo a los hombres más honrados y brillantes que se preocupaban por el bien común.

Fue miembro de la Sociedad Patriótica, en la cual un año después de su entrada a ella asume su presidencia. Logró disciplinar la vida del clero e ilustró a los sacerdotes. Fue parte junto al doctor Tomás Romay de la campaña a favor de la vacunación contra la viruela, Fundó una casa de dementes. Fue mecenas de las artes y la cultura.

Estas intervenciones que lidera el Obispo de Espada fue secundada con el apoyo del Gobernador General Don Luis de las Casas, Tomás Romay, Don Felipe de Tres Palacios, y la Sociedad Económica Amigos del País en pleno.

Los restos del cementerio Espada.

Las tradiciones funerarias han distinguido a las distintas civilizaciones a lo largo de la historia y estos rituales, incluido el enterramiento, se llevaban a cabo en templos religiosos, pero esto, particularmente en un país tropical como Cuba, iba en detrimento de la salud pública y el feliz desarrollo de la ceremonia religiosa.

Por ello se construyó el primer cementerio fuera de una iglesia bajo el gobierno del Marqués de Someruelos, quien mandara a cimentar tal sitio entre las actuales calles de San Lázaro, Vapor, Aramburu y Espada. Después de llamarse de modo oficial Cementerio General de la Habana, sería rebautizado como Cementerio de Espada, en honor al Obispo de Espada y Landa, cuya mano fuera decisiva para su culminación, el que además financió la realización total de la obra, así como los tres negros esclavos con igual número de carretones tirados por caballos para el traslado de los cuerpos.

A lo largo de casi un siglo cobijó a nobles, ricos, pobres y usureros, sin distinción de origen ni raleas y su reglamento fue modelo de los que se redactaron con posterioridad para otros cementerios de Hispanoamérica.

Álvaro de la Iglesia (1859-1928), en sus Tradiciones Cubanas  recoge como el Huerto del Señor colapsó en 1833. La Habana fue azotada por una epidemia de cólera morbo y en los primeros tres meses la necrópolis tuvo ocho mil 315 entierros y al cerrar diciembre ya eran doce mil.

Otro hecho nefasto acaecido en el fúnebre paraje centro-habanero, comenzó en su sala de anatomía, suceso que condujo al horrendo fusilamiento de ocho estudiantes de Medicina, en 1871, a instancias y presiones del tristemente célebre Cuerpo de Voluntarios de La Habana.

El cementerio de Espada fue clausurado en 1878. De él sólo se conserva una pared con nichos y tapas, que cierra la calle Aramburu, al norte, en el municipio de Centro Habana.

Pero sin duda fue una de las tantas obras que legó el vasco Espada a la historia cubana.  Un tanto para un sacerdote, porque él constituye una excepción a la regla, ya que todos eran unos sinvergüenzas.


En el Castillo de Jagua en 1981.

Castillo de Jagua

Siempre quise conocer a Cienfuegos, por muchas razones.  Primera porque conocía a dos cienfuegueros que no cesaban de hablar de esa ciudad, de compararla con La Habana y de elogiar hasta el cansancio su belleza. Segunda por la canción de Benny Moré.

 

“Cienfuegos es la ciudad

que màs me gusta a mí.

Cienfuegos es la ciudad

que màs me gusta a mí.

Cuando a Cienfuegos llegué

y esa ciudad quise verla

Ya que la llaman “La Perla”

ahora les diré porqué.

Una cienfueguera me dijo, Moré

en una parte de mayo

allá por Pasacaballo

con rumbo hacia Rancho Luna

Ella me dió una fortuna, señores,

Y en Cienfuegos me quedé

ya tú lo ves”

Cienfuegos de Benny Moré.

 

En Cienfugeos por dondequiera está su huella, hasta el nombre de una escuela de arte, menuda ironía para un músico y compositor que nunca recibió lecciones de academia.  Pero si embargo se puede considerar, si no el mejor cantante cubano, sí el más carismático y querido de nuestros músicos.  Sin duda alguna.

Y en enero de 1969, cuando nos casamos, Finita y yo seleccionamos dos destinos para pasar nuestra luna de miel. Primero el Hotel Riviera, famosa propiedad de Meyer Lansky y en segundo lugar el Hotel Jagua de Cienfuegos.  Hay que decir que Cienfuegos nunca dejó de gustarnos como destino vacacional. Una ciudad muy limpia, muy tranquila y todo junto a una bahía hermosa con miles de cosas que disfrutar en unas vacaciones sanas.

Y es en la bahía de Cienfuegos, espléndida, donde se encuentra, casi en su entrada, la Fortaleza, Castillo de Jagua o Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, erigida por el rey Felipe V de España (1683-1746) en la década de 1740, (terminada exactamente en 1742) para proteger la bahía de los piratas y corsarios que merodeaban las costas del Caribe y solían refugiarse allí, en busca de acopio de agua, víveres y otras provisiones.  Y esta justo enfrente a lo que se llama Pasacaballo., un promontorio en uno de los primeros asentamientos de pescadores, descendientes de aquellos que en el siglo XVIII habían venido a edificar las Fortaleza de “Nuestra Señora de los Ängeles de Jagua”, ubicada justo frente a este peñón.

 El abandono primaba cuando conocimos el Castillo de Jagua en 1969

Allí existió una grandiosa mansión, la que fue destruída por un incendio y en cuyo mismo lugar se edificó en los años 70 del siglo pasado, el Hotel Pasacaballo, que tuve el gusto de visitar con mis hijos casi recién inaugurado y en otras ocasiones.

Como está frente al angosto canal de entrada a la bahía, colmado de arrecifes en los fondos justo frente a esa roca, hacían dificultoso el giro de las naves hacia puerto cienfueguero, el llamado “torno de Pasacaballo”.

Pero el nombre se dice que viene del siglo XIX, cuando un marino japonés que admirado por la belleza de la bahía decidió asentarse definitivamente en Cienfuegos.  El marino se jactaba de ser muy diestro en la inmersión a gran profundidad, y para ello se lanzó al fondo marino para supuestamente sacar de allí monedas de oro.  El japonés, al que se suponía se había ahogado, subió a la superficie gritando:

Cuentan que el asiático se empleó en las faenas del Muelle Real y que entre los “braceros” (así llamaban entonces a los estibadores), gustaba de jactarse y hacer apuestas sobre sus destrezas para la inmersión a gran profundidad y en prolongadas zambullidas.

Fue entonces que se empeñó en una de sus jugadas, y frente a esa orilla que tanto le impresionara a su llegada a Cienfuegos, se lanzó a los fondos probando suerte para traer a la superficie una moneda de oro. ¡Caballo, caballo, grande! …Y mientras respiraba profundamente recobrando el aliento, no cesaba de murmurar que en aquella hondonada había un enorme caballo.

        En 1981 el Castillo continuaba en ruinas.

Esta es la leyenda que rodea el nombre de Pasacaballo, pero al final no importa, lo importante es que es un entorno envidiable.  Y desde él hay una vista envidiable del Castillo de Jagua.  Y en su momento, para recordar cosas vividas, pudimos observar algo que en esos momentos se consideraba secreto: un submarino soviético entrando en la bahía de Cienfuegos, donde se decía había una base de estas naves.

Desde que la ciudad costera de Cienfuegos fue construida a finales de la segunda década del siglo XIX; su puerto, custodiado por la fortaleza, devino en uno de los centros más importantes de comercio, en la parte central de la isla de Cuba durante ese periodo de la colonia, y aun por estos días, sigue siendo un puerto imprescindible en la economía del país, amén de su impresionante desarrollo industrial, que como todas las cosas en Cuba, fenece.

Hay que decir que en enero de 1969 la fortalza estaba en un estado de abandono tal que cruzar su puente levadizo, con tablas rotas y faltantes era toda una proeza. Proliferaban crías de carneros, supuestamente salvajes y dentro de sus habitaciones o salones se encontraban miles de murciélagos y quién sabe que más.  Pero así todo la visitamos y nos conmovió la indolencia con un lugar tan bello.   Cuarenta y cinco años después, al visitar una fortaleza muchísimo más añeja, la del Castillo de San Marcos en San Agustín, Florida, la vergüenza fue muchísimo mayor., pues aquella parecía acabada de construir.

Ahora declararon a la Fortaleza Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, Monumento Nacional, después de una restauración capital que duró seis años.  Se restauró el puente levadizo que se haya junto a la escalera que enlaza las dos plantas del castillo y que además el único de su tipo que funciona en el país.

El Museo del Castillo de Jagua es la única fortaleza militar española del siglo XVIII en el centro de Cuba. Ambientan los salones objetos, documentos y maquetas relacionadas con la etapa aborigen, la del contrabando de corsarios y piratas, así como de los comandantes de la fortificación y del patrimonio marino, mientras la Capilla, primera de su tipo en la región, dispone de un fresco creado en la década de 1830, y retocado recientemente.

Esta vetusta fortaleza custodia la entrada de la bahía desde 1745 y es uno de los símbolos que identifican a Cienfuegos. El nombre Nuestra Señora de las Ángeles de Jagua es una simbiosis criolla del santoral peninsular y la voz aborigen que deja la huella en muchos patronímicos locales.  Como todo en Cienfuegos, su estilo francés establece la relación armónica entre la topografía, las formas geométricas y el bello paisaje aledaño a la bahía.  Esta fortaleza contuvo el filibusterismo de Francis Drake, Jacques de Sores, Guillermo Bruce, Juan Morgan, Lorenzo Craff y otros de los llamados temibles lobos de mar y en 1762 ocupó un relevante lugar en la historia de Cuba, cuando acogió el mando militar español, frente a la breve ocupación inglesa de La Habana.

Como fortificación ocupa el tercer lugar, luego del Castillo del Morro, de La Habana y el de Santiago de Cuba, todos con el valor de monumentos históricos.

Y para no ser menos que otras, también tiene su leyenda, en este caso el de la dama azul.

Se dice que durante los primeros años de construido, a horas avanzada de la noche, un ave rara, desconocida sobrevolaba al Castillo, describía sobre él grandes espirales y lanzaba fuertes  graznidos. Simultáneamente se filtraba por las paredes el fantasma de una mujer alta, elegante, vestida de brocado azul, guarnecido de brillantes, perlas y esmeraldas y cubierta por un velo transparente que flotaba.  Esta visión se repetía todas las noches y los soldanos no querían hacer la guardia nocturna.

Un joven alférez, que no creía en fantasmas, se dispuso a sustituir al centinela.Cuando ell reloj daba las doce de la noche, sintió el aleteo, vio la extraña ave de blanco plumaje, con los grandes círculos sobre el Castillo y el surgimiento de la aparición misteriosa llamada La Dama Azul.

A la mañana siguiente lo hallaron tendido en el suelo, sin conocimiento y al lado un manto azul y la espada partida en dos pedazos. El alférez se recobró del letargo, con la razón perdida y fue recluído en un manicomio.

Todavía hay quien cree que la Dama Azul, de tarde en tarde aparece y pasea sobre los muros del Castillo de Jagua.

Y algo que me gustó mucho, quizás más que el propio Castillo, fue que en el embarcadero situado a unos metros de la fortaleza, existe un restaurante, más bien una fonda, pero en la cual pude comerme, más de una vez, los camarones más deliciosos de mi vida.

Escaleras de Jaruco

Hay un lugar de la antigua provincia de La Habana, hoy perteneciente a Mayabeque, al que durante más de un año, domingo tras domingo, iba a trabajar, y más que a trabajar, a disfrutar de la naturaleza exuberante.  Ese lugar era Las Cuevas del Cura, en el municipio de Jaruco y que es una de las más hondas del occidente del país, con 150 metros de desnivel., y que pertenece a las elevaciones de las Escaleras de Jaruco, las que  fueron asiento desde hace siglos de los aborígenes del país., y después en la época colonial,  un refugio casi perfecto, para esclavos cimarrones que huían de los ingenios azucareros que existían cerca de la zona.

Cuando durante 1958 trabajé con Adolfo Cacheiro en la librería “El gato de papel”, historia que he abordado en otras publicaciones, al ser él el propietario de Las Cuevas del Cura, donde había un impresionante restaurante-bar criollo y un mirador del Valle de Tapaste, yo hacía las funciones de cobrador de la entrada a la cueva y además disponía de un abastecimiento material de las ofertas gastronómicas.

Según conocí, después de la revolución, ese lugar se convirtió en una unidad militar y por supuesto adiós restaurante, adiós cuevas y no se si habrán acabado también con el paisaje.

Después de los años 80 fuimos mi amigo Jaime Ferrándiz y yo con nuestras familias y pasamos un día espléndido tomando cerveza, montando caballo, comiendo sabroso y admirando el paisaje, pero dicen que aquello después decayó, por lo que no se cual será su situación ahora.  

Ahora se denomina Parque Escaleras de Jaruco, cuenta con tupida vegetación de belleza característica y fauna de gran diversidad, con algunas especies endémicas de Cuba y del Occidente del país y en ella se encuentra la Estación Terrena Caribe de transmisiones satelitales,  construída por los soviéticos, muy importante en su momento y que creo que ahora no lo sea.

Hay que decir que esta zona está formada por elevaciones no mayores de 300 metros que forman terrazas de rocas cársicas con numerosas cuevas y con aspectos de mogotes.

Entre las cuevas del área está la ya ,mencionada Cueva del Cura, con 150 metros de desnivel que se considera una de las más hondas del occidente del país y de gran importancia estratégica y la Cueva de Aguirre donde tuvo su puesto de mando del Mayor General del Ejército Libertador José María Aguirre, considerado el patriota insigne del Municipio Jaruco.

Otras cuevas importantes son la Cueva Sitio Perdido, La Cueva Los Tarecos, la Cueva del Jagüey, La Cueva de la Yagruma y la Cueva de los Bandoleros donde se han hallado restos arqueológicos y una de gran valor cultural es la Cueva del Águila donde la escultora Ana Mendieta talló en la piedra de la propia caverna sus esculturas conocidas como Las Mujeres de Piedra.

Siempre fue famoso el restaurante El Árabe, especializado en platos elaborados con carnero, La Roca, en pizzas y espaguetis, Sitio Perdido, distinguida por pescados y mariscos y otros de comidas criollas como El Mirador y El Criollo.  Y un lugar muy curioso: la Cueva de la Cerveza.

El valle, así sencillamente, el más lindo de Cuba

A un cubano solamente hay que decirle “el valle” y sabe a qué nos estamos refiriendo. No es al hermoso valle del Yumurí en Matanzas, el histórico Valle de San Luis o de los Ingenios o el Valle del río Agabama, ambos en Sancti Spíritus, el Valle del Cauto en la provincia Granma, los valles de San Vicente, San Claudio, y San Diego en Pinar del Río, sino sencillamente al Valle de Viñales, una maravilla de la naturaleza declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de Paisaje Cultural.

Pero no vamos a hablara del Valle de Viñales, que por sí solo merece una crónica y es insuficiente, sino de algo que se encuentra dentro de él, de una roca desnuda de uno de los mogotes de ese valle, y que luce desde hace más de medio siglo en su superficie uno de los mayores frescos al aire libre del mundo: el llamado Mural de la Prehistoria.

Es bueno aclarar que un mogote es una elevación del terreno, prominente y aislada y que describe los accidentes de ese tipo que se encuentran en El Caribe, en islas como República Dominicana, Cuba y Puerto Rico. Son elevaciones de roca caliza propias de regiones de lluvias tropicales o subtropicales y se caracterizan por su estructura redondeada, similar a la de una torre. Si quieres saber visualmente lo que es un mogote, ahí están, en el Valle de Viñales y el mural de la Prehistoria está en uno de ellos.

Y sorprendentemente, a 16 mil kilómetros de distancia, en Vietnam, en la bahía de Halong, existens 1 969 mogotes que se levantan sobre las aguas azules de la bahía, formando pequeñas islas con un enorme parecido con uno de los paisajes más representativos de Cuba.  Mientras el paisaje pinareño está enclavado dentro de un valle, el del noreste de Vietnam surge de un mar poco profundo, muy cerca de la costa.  Quizás para continuar con las coincidencias, existe la posibilidad de que un día Halong se seque, o Viñales vuelva a ser parte del mar.

Con una extensión de 120 metros de alto y 180 de ancho, el Mural de la Prehistoria representa doce figuras alusivas a especies prehistóricas que existieron en la zona: moluscos de más de 70 millones de años, reptiles marinos mesozoicos, mamíferos como el megalocnus rodens u oso gigante, amonites y hombres primitivos, entre otros.

El mural se encuentra en una ladera de la montaña llamada Rita, y paras su ejecución dieciocho campesinos de la zona trabajaron durante cuatro años, para eliminar la capa vegetal que la cubría, rellenar con cemento la piedra accidentada y delimitar las figuras que integran la pintura.  A su vez estos campesinos se convirtieron en pintores, sujetados por correas de paracaídas para rellenar las líneas dibujadas con pincel.

Detrás de ello no podían dejar de estar los grandes muralistas mexicanos.  El pintor cubano Leovigildo González Morillo, discípulo del maestro Diego Rivera, plasmó la obra en esa pared vertical.

Este lugar es un objetivo obligado del turismo y  recibe la visita de alrededor de cinco mil viajeros nacionales e internacionales diariamente, una cifra verdaderamente impresionante.

En sus alrededores hay numerosos sitios de interés turístico y gastronómico e inclusive de salud con aguas termales de San Vicente, pero si algo no se puede perder uno es la comida criolla que puede disfrutar mientras contempla el mural, su exclusivo plato Cerdo Asado al estilo Viñales.

Yo he estado no sé cuántas veces en Viñales,  y no me cansaría nunca de disfrutar un pasaje, una tranquilidad y una comida como las que allí se obtienen.

Desde mi primer visita en 1974, cuando acostumbrados a irnos de vacaciones a Varadero o a Cienfuegos, decidimos aventurarnos a conocer a Viñales, al que fuimos literalmente asustados, pues mientras en los otros lugares la habitación costaba entre ocho o diez pesos la noche, allí era de solamente seis.  Pensábamos encontrarnos en el Hotel Los Jazmines una especie de covacha.

Nos equivocamos, era una maravilla en todos los sentidos y eso que no habíamos probado la comida ni recorrido el valle.

Por eso, entre las cosas que quisiera repetir en la vida, es ir a Viñales.

Gloria, la meretriz torera de La Habana

Gloria la Cangrejera… tan puta como torera

La colonización de Cuba por los españoles, aparte del idioma, la influencia en la música, la gastronomía, costumbres y todos los aspectos de la vida no podía dejar de imponernos también un entretenimiento cruel y sanguinario que por suerte ha sido suprimido posteriormente.  Me refiero a las corridas de toros.

En 1796 era conocida una plaza de toros en el sitio en que hoy se cruzan las calles  Monte y Egido y en el siguiente siglo existieron muchas otras en todo el país, siendo las más reconocidas las situadas en La Habana.  Entre ellas estuvo la Plaza de Toros de Belascoaín, conocida también como de La Habana, por su importancia, y que se mantuvo activa hasta que en  1897 un terrible incendio la destruyó.

También fueron famosas la Plaza de Toros de la Calle Águila, en 1818; la del Campo de Marte, en 1825; las de Regla, en 1842 y una segunda en 1866, en donde le gustaba torear al famoso Manzantini y finalmente la Plaza de Toros de Carlos III e Infanta, la que, junto a la segunda de Regla, se mantuvo activa hasta 1899, con el fin de la dominación española.

Esta fue la mejor plaza de toros que existió en La Habana Infanta, que se llamó así por esa  calzada, aunque realmente su frente daba a Carlos III y donde después estuvo el cine Manzanares y ahora quién sabe las ruinas que allí existan.

Por esta plaza pasaron los mejores toreros de la época y se dieron las mejores corridas de la Isla.  Era una gradería circular con un bonito techo, contaba con capacidad de hasta diez mil personas y tenía 55 palcos sombreados entre ellos el del Capitán General de la Isla.

Por supuesto que Luis Mazzantini tampoco se podía perder su actuación en esta plaza, para lo que se dice se batieron récords de precio con diez pesos la entrada y cinco para las graderías de sol, una suma exorbitante entonces.  En varios artículos hemos hecho referencia a la expresión popular cubana: “ni Mazantín el torero”, que se refiere a algo muy difícil de realizar, en comparación con la maestría del torero en algo tan repulsivo como matar a un animal indefenso después de torturarlo.

En esta plaza sufrió su única corneada en toda su carrera Antonio Guerra, “Guerrita” que moriría rico en España tras haber asesinado toros en medio mundo así como muchos otros toreros de fama mundial como Currito Cuchares, Hermosilla, El Sacaso, El Minuto y Paco Merluza.  El de nombre de pescado era tan malo como torero que cada vez que salía a la arena el público lo insultaba.

Pero lo más impactante de esta plaza, fue que en ella  hizo su aparición Gloria la Torera.

Con una propaganda impresionante se decía que Gloria era la mejor matadora andaluza de todos los tiempos, por lo que a lleno completo a finales de 1890, los habaneros estaban ansiosos de ver a esa personalidad y la Plaza recaudó más dinero que cuando Mazzantini (60 mil pesos contra 80 mil la torera).

La expectación era tremenda pero cuando la andaluza salió a la arena todos vieron con asombro que en vez de un furioso Miura salió a enfrentarla un tímido becerrito.

Ahí no quedó el escándalo, todos se sentían estafados y algunos reconocieron en Gloria la Torera a Gloria la Cangrejera, una prostituta vecina de la calle de la Bomba, a quien los promotores habían convencido de participar en la jugada por una paga miserable.

Aquello se acabó como la fiesta del Guatao  ((una de las trifulcas más famosas en la historia de Cuba ocurrida en el pueblito del Guatao en la provincia de La Habana, donde se produjo una descomunal riña entre los asistentes a una fiesta).

La indignación devino en cólera, la gente exigía la devolución de lo pagado y al final degeneró en una de las riñas tumultuarias más grandes que recuerda La Habana, con decenas de heridos y el arresto de otros tantos, entre ellos la falsa torera.

No se si a Gloria le dirían la cangrejera porque ello es sinónimo de mujeres que pueden contraer violentamente la vagina.

El final no es muy conocido, pero lo que sí fue un hecho es que la cultura del toreo en Cuba desapareció por varias razones, entre ellas se dice que porque era demasiado española en momentos en que hacían rechazo hacia la dominación colonial (por qué no rechazaron la fabada, el caldo gallego o el chocolate con churros que también eran demasiado españoles), pero yo creo que las razones estuvieron dadas porque en las plazas de toros era muy evidente el privilegio de que hacían gala la clase dominante política y militar, españolizante y cerrada al intercambio con los cubanos y además porque apareció la verdadera pasión del cubano: el béisbol, que contó con rápida asimilación.

Seguramente que la pobre meretriz pagó los platos rotos y los delincuentes estafadores se fueron con la plata.  Pero así es el ser humano.  Si yo pudiera soltaría desnudos a los toreros en el ruedo y que se las tuvieran que ver con varios toros a la vez a ver si les hacía gracia.

Los animales siempre van a ser mil veces mejores que los llamados seres humanos, que de humanos no tienen nada, salvo la clasificación como homínidos.

El cerro y sus personajes.

“El Cerro tiene la llave”, es el título de una guaracha que compuso Fernando Noa en 1949 y musicalizó y popularizó Arsenio Rodríguez.

Ahora hay que ver de dónde viene la expresión.  Y es que el primer acueducto construido por los españoles en América, por allá por 1592, la llamada Zanja Real, atravesaba la localidad de El Cerro. Después de ello el Acueducto de Fernando VII en 1835 también atravesó ese barrio y más tarde el Acueducto de Albear en 1893, que tiene sus depósitos en Palatino, que es parte de el Cerro.

Quiere decir que el agua de La Habana durantes siglos, se ha distribuido a través de El Cerro, y por eso tiene la llave.  La llave del agua, que es una llave importantísima.

El patio de mi casa daba justamente a “El Canal del Cerro” con un sistema de abasto por cañerías y gravedad que todavía funciona.  Y hablar de El Canal del Cerro era hablar de un barrio marginal extremo, donde podía ocurrir cualquier cosa.  Cuando niño me extrañaba mucho que a ese lugar fueran personajes como el actor Otto Sirgo, y los cantantes Orlando Contreras y Benny Moré.  Seguramente eran grandes consumidores de las plantaciones que allí existían porque ni la policía se aventuraban a entrar.  Justo en la calle Salvador, en la intersección con el Canal, existía una bodega de mala muerte que no se sabía cómo sobrevivía porque no vendía nada,, pero tenía una vidriera casi vacía con un jabón, un perfume barato y no se que otra cosa para aparentar su venta, cuando en realidad era un lugar para apuntar la “bolita” juego prohibido, pero no prohibido por los policías que iban a menudo a cobrar su comisión.

Vivíamos en una espléndida casa de piso, paredes y techo de madera construida a principios del siglo XX con portal y patios gigantescos, un sótano a lo largo y ancho de toda la casa y en un entorno donde predominaban los obreros, albañiles, zapateros, plomeros, carpinteros y trabajadores de servicios y otros que vivían de la santería o del tráfico de marihuana, con gran cantidad de solares o casas de vecindad, (hasta entonces no sabía que la gente vivía en esas pésimas condiciones) y estaba situada muy cerca de los nudos fabriles de Palatino y Buenos Aires, con la colosal productora de cervezas y maltas Tívoli, (ya entonces en declive por las nuevas fábricas construidas), de la Compañía Nueva Fábrica de Hielo, Crusellas, gran productor de jabones y detergentes y otros productos de limpieza y aseo, La Estrella y la Ambrosía grandes productores de chocolates y confituras, los entonces muy populares productos de perfumería Menem, la fábrica de Coca Cola y de Canada Dry, Materva y Salutaris y otras industrias.  Además allí están el estadio del Cerro, el mayor estadio beisbolero del país y la Ciudad Deportiva.

El Cerro fue originalmente un territorio aristocrático, y luego transmutado en el más marginal de los barrios.

No tiene una existencia muy antigua, El Cerro fue fundado en 1803, pero solamente en 1807 llegó a constituirse en poblado y barrio extramural de la capital, con su famosa Calzada que prosperó entre 1840 y 1860, convirtiéndose por ello en un lugar escogido por las familias acomodadas, las que salían del centro de la ciudad para pasar el fin de semana o el verano.

El Cerro llegó a ser el lugar residencial de moda en La Habana por lo que se fueron construidos suntuosos palacios con grandes jardines, casas y quintas.

Este barrio, cuyo impresionante esplendor y rápida decadencia ocurrió dentro del siglo XIX, fue el principal exponente de la arquitectura neoclásica cubana.Ninguna otra ciudad importante de América Latina produjo o pudo conservar un eje urbano tan relevante y coherente. La historia del Cerro estuvo asociada con el nacimiento de la identidad nacional en la oligarquía criolla, un proceso que fue en esencia habanero. El Cerro conserva un patrimonio arquitectónico único y muy valioso, a pesar del avanzado deterioro.

Pero por otra parte en ese barrio han surgido artistas e intelectuales que han trascendido las fronteras no del barrio ni del país sino del mundo.  Portocarrero conoció allí la pintura,  había nacido en Calzada del Cerro y una serie notable de sus pinturas se llama “Interiores delCerro”. Reneé Méndez Capote, la insigne escritora, plasmó sus memorias en “Nostalgias de una habanera de el Cerro”. También es de allí José Delarra, escultor conocido por sus obras en Cuba y en el extranjero. Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido como Alberto Korda, fotógrafo cubano de fama mundial es otro de sus famosos. José Tejedor fue un compositor, guitarrista y cantante de bolero, ciego, se paseaba por las calles de su barrio de traje y corbata. Eligio Sardiñas Montalvo, Kid Chocolate, nace en el municipio habanero del Cerro. Aparece en la selecta lista de los inmortales del boxeo y su estatua prestigia una de las entradas del afamado Madison Square Garden, en Nueva York.

El cerro era un barrio popular de los menos favorecidos pero que contaba con el Coloso, el México, el Valentino, el Principal, el Edison y el Maravillas, seis cines que siempre estaban a lleno completo a pesar de que había una gran población interesada en otro tipo de arte, como era la comparsa del Alacrán.

Pero el Cerro de hoy en día es otra cosa, es uno de las barrios más pobres económicamente y de los más tradicionales y rico cuando hablamos de manifestaciones de la cultura popular.  Es un lugar donde la privacidad es imposible, donde los equipos de música están a todo volumen en todas partes y la gritería sustituye a la conversación.

Y si El Cerro tiene la llave, la tiene escondida, porque hace muchísimos años que hay problemas con el agua en La Habana.

Claude, la piscina termo-marítima y Matanzas

En 1902 Georges Claude Claude, químico, físico e inventor francés, desarrolló lo que hoy se conoce como el sistema de Claude para licuar aire, lo que permitió la producción industrial de nitrógeno líquido, oxígeno y argón.  En ese mismo año aplicó una descarga eléctrica en un tubo sellado con gas neón,  inventando la lámpara de neón, que no solo se aplicó a la publicidad y la aparición de los carteles luminosos, que cambiaron la cara de las ciudades sino que fue el antecedente de la luz fluorescente, que reemplazó a las lámparas incandescentes por su menor gasto energético y mayor luminosidad.

Es por ello que es considerado el Thomas Alva Edison francés.  Pero ahí no quedaron sus estudios, Claude, gracias a la idea de Arsène d’Arsonval, biofísico e inventor francés que  ideó el galvanómetro de bobina móvil, el amperímetro termopar, el desfibrilador y un tipo de teléfono magnetoeléctrico y trabajó con Nikola Tesla, propuso estudiar la energía maremotérmica, por lo que en Matanzas, en 1930 se construyó el primer proyecto de utilización de energía maremotérmica basado en el gradiente térmico oceánico, aprovechando la diferencia temperatura de las aguas superficiales y las aguas profundas de la bahía matancera.

Estos dos científicos franceses tempranamente vieron las enormes reservas de energía que ofrece el océano.

La idea consistía en aprovechar las significativas diferencias de temperaturas entre la superficie de la bahía de Matanzas y sus aguas profundas, estimadas en aquel entonces entre los 20 y 25 grados a nivel del mar y entre los 4 y 7 grados Celsius a casi un kilómetro de profundidad, por lo que acometieron el experimento, bien sencillo en términos científicos y lo realmente difícil consistía en utilizar las aguas de la superficie para evaporar un líquido de bajo punto de ebullición, en ese caso el amoníaco y utilizar los vapores de este para poner en funcionamiento un turbogenerador que dará electricidad; siempre y cuando se mantengan ininterrumpidamente un ciclo de evaporación y enfriamiento.

El día de la prueba la temperatura era de 27 oC en la superficie y de 16 oC en el fondo, a una profundidad de 700 metros. El resultado obtenido fue encender 30 bombillos eléctricos incandescentes de 500 Watts de potencia cada uno, es decir, 15 KiloWatts, sin contar con una pequeña parte de la energía captada que era necesario para el bombeo del agua del fondo.

La energía eléctrica obtenida en total fue de 22 KiloWatts, y según el pronóstico debió alcanzar los 40 KiloWatts.

Este logro científico se mantuvo funcionando por 11 días entregando alrededor de 300 Kilowatts hora, hasta que un inoportuno huracán provocó su destrucción.

Las Academias de Ciencias de París y La Habana confirmaron el experimento matancero en la categoría de “hecho probado”, y en la noche del 9 de octubre en la sede de la Academia capitalina fue felicitado el científico francés.

El proyecto se pensó continuar en gran escala en el sur de la provincia de Oriente, entre Santiago de Cuba y Guantánamo, con gran profundidad y donde la temperatura estaba sobre los 5 grados centígrados y no había corrientes marinas.  Se esperaba producir 25 mil KiloWatts, para beneficiar la minería de la zona y la instalación de una fábrica de papel bagazo. Pero el proyecto quedó estancado cuando el descubrimiento de nuevos campos petrolíferos eliminó la amenaza de escasez de petróleo en el mercado mundial.

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En 1934 en aguas de Río de Janeiro Brasil, se realizó otra prueba que ratificó la viabilidad del proyecto de Claude, pero también terminó en fracaso por los efectos del oleaje en la conducción sumergida.  Hasta el presente se mantiene el problema del rendimiento de este sistema, pero los nuevos diseños en intercambiadores y otros dispositivos térmicos hacen que éste se aproxime al máximo teórico.

Pero no se ha detenido el desarrollo de las OTEC (Ocean Thermal Energy Conversion), funciona la Mini C.E.T.O. en Hawai, de 50 KiloWatts, y la C.E.T.O.1 en el Caribe, de 1 MegaWatt.  

Está en proyecto en Estados Unidos la construcción de una central de 40 MegaWatts, para luego construir una de 100 MegaWatts. Los japoneses han construido una central de 1 MegaWatt en la isla de Nauru y proyectan otra de 100 MegaWatts, e igualmente  Francia, Italia y Alemania también están realizando investigaciones sobre este tipo de centrales.

El experimento de Matanzas, a pesar de todas las imperfecciones propias de una primera vez,  dejó el camino abierto a una nueva fuente de energía completamente limpia e inagotable, de mucha perspectiva para un futuro donde el precio de la electricidad no solo será fijado atendiendo a factores económicos, sino teniendo en cuenta principalmente su impacto medioambiental.

Hoy solo queda como muda evidencia de este proyecto,  una poceta de enfriamiento, que al ser rectangular asemeja a una piscina y algunos conductos labrados en duro diente de perro de la costa y pero sobre todo el hecho histórico porque los yumurinos nombran al lugar como la piscina de míster Claude, cuando lo justo debería ser, la piscina de Monsieur Claude.

El primer barbero de La Habana.

La ciudad de La Habana fue fundada inicialmente en la costa sur de la isla en 1914 por

Pánfilo de Narváez, conquistador bajo las órdenes de Diego Velázquez  y fue nombrada Villa de San Cristóbal de La Habana, una de las primeras siete villas fundadas por la Corona española en Cuba. En 1519 fue trasladada a su privilegiada ubicación, frente a las costas del Atlántico, lo que sumado a las características de su bahía, se convirtió en el más  importante centro comercial, y ello provocó ataques y saqueos por parte de piratas y corsarios durante los primeros años del siglo XVI.

En 1561, España dispuso que La Habana fuera el lugar de concentración de las naves españolas procedentes de las colonias americanas antes de cruzar juntas el océano, conocida como Flota de Indias), por lo que se acomete la construcción de defensas militares a la entrada de la bahía de La Habana y en sitios estratégicos, convirtiendo a la ciudad en una de las mejor defendidas del Nuevo Mundo por sus fortalezas.

Hay que recordar que en la Edad Media, los barberos no se dedicaban exclusivamente al  corte de pelos o afeitado del hombre, sino que, a partir de las decisiones de las autoridades de la Iglesia Católica que prohíbieron que los clérigos realizaran operaciones de cirugía, las que comenzaron a ser hechas por los barberos.

Pese a sus trece mil habitantes, La Habana no contaba con ningún médico.  En el resto del país por supuesto que tampoco.

En 1515 sólo había en Cuba “curadores de heridas” pues señala Fernández Castillo, en su Cronología Médica Mexicana (Gaceta Médica de México, de 31 de Diciembre de 1945) que en la expedición de Cortés para la conquista de México en 1519 iban soldados ignorantes que hacían de cirujanos como Juan “Catalán” que “santiguagua y embalsamaba heridas y descalabraduras”; Murcia, “barbero y boticario”; y Botella” nigromántico y astrólogo”, que curaban las heridas con trapos sucios. Y que con los expedicionarios de Narváez “iba el maestro Juan de Amezquita, cirujano que curaba algunas malas heridas y se igualaba en las curas”.

En 1538 se promulgó en España en 1538 una ley para que “ninguna persona aunque sea graduada pueda ejercer en las Indias de médico y cirujano sin que lleve licencia del Consejo de España”.  Esta complicada situación trajo consigo por su precariedad, irregularidades en la admisión de cirujanos, boticarios, componedores de huesos, flebotomianos o sangradores y otros que carecían de acreditación y falsificaban sus títulos, pero ante ellos el Cabildo se mostraba condescendiente dada la mala situación de la salud pública.  Por ello se hacían de la vista gorda cuando la gente iba a curanderos o herbolarios, sobre todo en el resto del país.

Como solución a esta situación, en un acta del Cabildo de fecha 26 de agosto de 1552 se dice: “Recibimiento de Juan Gómez. Este día sus mercedes del dicho señor Gobernador Justicias e Regidores recibieron por barbero e cirujano desta Villa a Juan Gómez estante en ella el cual es maestro examinado en el dicho oficio e hábil e suficientemente para usar y exercer : e mandamos y mandaron por otra persona ninguna durante el tiempo que el dicho Juan Gómez viviese en esta dicha villa usando el dicho oficiono sea osado a usar del dicho oficio so pena de dos pesos de oro por cada vez que usaren del dicho oficio los cuales aplican para el dicho Juan Gómez barbero”. Firman el Dr. Ángel Juan Rojas-Diogo de Soto-Antonio de Soto-Antonio de la Torre. El Lcdo. Avendaño-Pedro Blasco y Juan de Lobera.”

Es decir, que cuando La Habana todavía no tenía ninguna fortaleza, ni siquiera el Morro, ocurrió un acontecimiento muy importante en la vida de sus vecinos: se recibió en la ciudad al primer barbero.

El 1ro de julio de 1552 llegó el barbero, que se llamaba Juan Gómez, el que iba a dar solución no solo a cortar el pelo, sino a la labor para la que era más reclamado, como cirujano, porque la gente podía tener el cabello largo, pero no con una herida de espada abierta o una bala de arcabuz incrustada en las costillas.

Fue tan deseada la llegada de Juan Gómez que el Cabildo le celebró una fiesta con serenata y todo, donde tocaron los únicos tres músicos con que contaba La Habana, uno de los cuales era timbalero. Parece que el barbero era muy bueno, porque los vecinos, constituidos con el Cabildo, siete meses después, acordaron:

“Aquel que incumpliera con la reglamentación podía ser castigado con dos pesos oro de multa.

Para garantizar que no hubiese roces innecesarios el Cabildo le otorgó al licenciado Gamarra el monopolio del comercio de botica y por ley los vecinos no se podían curar con otra persona.” De esa forma se eliminaba la competencia entre Gómez y Gamarra. El primero se dedicaría a la práctica de la cirugía y el segundo a algo semejante a lo que llamamos hoy medicina general.

Al no existir otros médicos en La Habana, una plaga de curanderos y brujos curaban a la población con prácticas que se consideraban  bárbaras y herejías.

Pero la llegada de Juan Gómez fue el comienzo de una práctica que siglos más tarde sería una actividad que destacaría a la medicina cubana internacionalmente, y que a pesar de que no ha contado con los adelantos tecnológicos mundiales, es reconocida por su calidad.

El Rincón Criollo

Puede que a mucha gente este lugar no le parezca importante para mencionarlo aquí, pero sin duda muchísimos habaneros, y sobre todo los que viven al sur de la ciudad, les va a parecer muy justo hacer alusión a uno de los lugares de La Habana donde mejor se comía y donde se pasaba el tiempo como si estuviera en una finca, con un aire puro y un ambiente relajado.

Santiago de las Vegas era un pueblecito donde se acaba lo que hoy es la Ciudad de La Habana, y unos cinco kilómetros más allá, está Bejucal, el famoso pueblo de la panadería y dulcería Los Pinos Nuevos y sobre todo de las Charangas de Bejucal.  A mitad de camino entre estos dos pueblos, por el camino del Cacahual, unas alturas de donde se divisa la capital, y unos pocos metros antes de llegar al mausoleo donde yacen los restos del Titán de Bronce, Antonio Maceo, se encuentra el Rincón Criollo.

El puerco asado, típicamente criollo, tenía dos magníficos lugares en que se vendía, ambos  en la carretera rumbo al Cacahual: El Rincón Criollo y La Tabernita.  Otros preferían ir a la vecina Bejucal donde en muchísimos lugares se podía conseguir el lechón asado, los chicharrones, las masas de puerco, la jutía asada o en fricasé, el conejo y sobre todo terminar en Los Pinos Nuevos.

Yo no lo viví, pero me cuentan mis tíos bejucaleños, que el 7 de diciembre, aniversario de la muerte en combate de Antonio Maceo y Panchito Gómez Toro,algunos habitantes de Bejucal iban en una especie de romería hasta el Cacahual, y entre ellos había quienes vendía puerco asado, en la llamada “fiesta del panteón”.

Y por supuesto en Santiago de las Vegas, la peregrinación al Cacahual los 7 de diciembre era una de las mayores tradiciones. Unos desfilaban por la carretera llena de curvas bordeando La Tabernita, y otros cortaban camino atravesando la Finca Pajarito, pero a lo largo de todo el trayecto, existían decenas de vendedores ambulantes, la mayoría ofreciendo pan con lechón. De una de esas mesas nació el que fuera después el famoso “Rincón Criollo” de Sindito Acosta.   El lechón asado de Cindito, propietario del Rincon Criollo del Cacahual, solamente rivalizaba en calidad con los que traía la gente de Bejucal.

   El medio propagandístico por excelencia en Santiago de las Vegas y sus cercanías.

Pero Sindito, llamado Rudesindo Acosta, tenía la magia de la cocina, no solo con el puerco asado, sino que también se hizo famoso porque todo lo que preparaba era exquisito y también la gente quería sus tamales y sus buñuelos.

Así fueron apareciendo los restaurantes del Cacahual, si consideramos desde la base de la loma hacia el monumento, estarían : La Tabernita, El Rincon Criollo, Las Brisas y El Palmar, pero sin duda alguna,  el mejor era El Rincón Criollo.

Yo vine a conocerlo después de la revolución, pero mantenía, según conocidos, toda la calidad en la oferta que lo hizo famoso, y para nosotros era el Quinto Cielo o sea, los Cielos del placer.

Mi esposa trabajó un buen tiempo en Santiago de las Vegas, así que no somos ajenos, no solo a los restaurantes del Cacahual, sino a los Caporales, los Picking Chicken, donde un tazón de caldo de pollo costaba 5 centavos y una ración de pollo frito 25. Tampoco nos olvidamos de las croquetas de La Dominica y de los sandwiches y las galletas preparadas de la Central.

En Nochebuena, Santiago de las Vegas era una ciudad muerta, solo había celebraciones familiares, eso sí no faltaba en toda Cuba.  Era una forma de respetar las tradiciones y hacer un pacto de honor con Bejucal, donde se celebraban en esos días la Charangas, para no opacarlas.

  Restaurante Rancho Luna de El Chico, Wajay.

Y me cuentan que en los años 40 y 50, existía un auto con un altoparlante como medio muy efectivo de difusión, que anunciaba una invitación a esperar el Año Nuevo en el Rincón Criollo. Me imagino que sería espectacular pasar allí un fin de año.

Yo mientras tanto, me voy acordando del lechón asado, las masas de puerco fritas, los tamales, el bacalao con papas, todo regado con cerveza bien fría, en ese restaurante inigualable.

El restaurante Rancho Luna, ubicado al fondo del pueblo de Wajay al costado del reparto Residencial llamado  El Chico, tenía un entorno muy bonito y la comida muy buena. No se si el existente en el Vedado de igual nombre sería una sucursal de esta, pero al final, sin desdorar, me sigo quedando con el Rincón Criollo.

De Cayo Hueso a La Habana en avión (hace un siglo)

Hace poco más de un siglo, se produjeron dos vuelos históricos y de gran audacia, cuando

Domingo Rosillo y Agustín Parlá atravesaron el estrecho de la Florida  en mayo de 1913.

Este  primer vuelo internacional de la aviación en América, hizo que Rosillo estableciera un récord mundial de distancia el 17 de mayo al volar en su Bleriot XI las 90 millas desde Key West (Cayo Hueso) y La Habana en 2 horas y 40 minutos.  

Dos días después, Agustín Parlá efectuaba el segundo vuelo en la misma ruta. Estos dos pilotos quedaron inscritos en los iniciadores del progreso en una época de nuevos inventos, en  una nación joven, llena de sueños de aire de libertad y progreso.

En esos tiempos el viaje aéreo entre Key West y La Habana era considerado una aventura extremadamente peligrosa.  El norteamericano John A.D. McCurdy había hecho el intento y falló, por lo que el ayuntamiento habanero decidió premiar la proeza con diez mil pesos al primero que lo hiciera y cinco mil para el segundo, toda una fortuna. Igualmente asignaron tres barcos que se situarían a diferentes distancias del recorrido para custodiar el vuelo.

Estas hazañas pueden ser comparadas con la que realizó años más tarde otro grande de la aviación, Charles Lindbergh.

En los tiempos actuales, en unos cuantos minutos, a bordo de poderosos aviones modernos modernísimos, equipados con los más avanzados medios de comunicación, dan el salto desde Cayo Hueso y Miami a La Habana, salvando grandes distancias en transportes aéreos amplios, confortables y seguros. Todo ello gracias a las proezas de pioneros como Rosillo, Parlá y Lindbergh, que montados en una especie de papalotes a bolina guiados por una brújula y que estaban a merced de cualquier viento platanero.

Pero ese solo fue el comienzo, analicemos que fue Aerovías Q.

Aerovias Q

Si pasamos hoy en día por el Paseo del Prado en La Habana, desde su comienzo hacia el Capitolio, nos vamos a encontrar con el Café Prado 12, de la cadena estatal Habaguanex, y que se dice que fue inaugurada en 2012, un dia 12 a las 12 del mediodía para reforzar el número del edificio.

Pero si vemos detenidamente el piso de terrazo del portal, que perdura como si fuera reciente su construcción, veremos un logotipo que nos indica que allí radicó Aerovías Q.  Este extraño logotipo que, a primera vista, no nos ofrece mucha  información si no se tiene la suerte de encontrar a alguien que conozca un poco de la historia del edificio y por supuesto de Cuba y en particular de La Habana.  Y es que cuando la aerolínea pasó a manos de Batista, el diseño del logotipo cambió.

Aerovías Q S.A. era una de las cuatro aerolíneas comerciales cubanas. La letra “Q” con una especie de ala en su parte superior no es otra cosa que el logotipo de Aerovías Q S.A., una línea de aviación cubana, fundada en La Habana el 28 de Septiembre de 1945, por  Manuel Quevedo Jaureguízar, quien fuera su presidente y gerente general hasta 1957, año en que le vendió el 75% de las acciones a  Julio  lglesias de la Torre, un testaferro del dictador Fulgencio Batista, quien a partir de ese momento se convirtió en propietario de la compañía y  otros accionistas eran el Coronel Francisco Tabernilla y Julio Iglesias de la Torre.

Se dice que Silito Tabernilla, hijo del Mayor General Francisco Tabernilla Dolz, era el mayor contrabandista de mercancías a través de los aeropuertos militares, gracias a su participación en Aerovías Q y a su alto cargo militar.  Aerovías Q, desde su fundación, operaba desde el aeropuerto de Columbia empleando al personal el combustible, las piezas de repuesto y otros abastecimientos de origen militar pues los jefes militares la utilizaban para introducir contrabando.

Aerovías Q comenzó sus vuelos comerciales en 1946 con una pequeña flotilla de aviones Douglas DC-3, que realizaba viajes hacia Nueva Gerona y otros destinos dentro de Cuba. Poco después, se adquirieron más DC-3, e incorporaron los Curtiss C-46, ampliando así sus destinos hacia Florida en 1947 y Mérida-Veracruz en 1949.  En 1951 se suspendieron los vuelos a los destinos mexicanos, pero las rutas hacia Florida se mantuvieron e incrementaron a Palm Beach y Cayo Hueso (Key West) en 1952.

Se podía llegar al aeropuerto de Columbia en Marianao a las siete de la mañana y tomar un avión, del que salía uno cada hora a Miami o Cayo Hueso.  Como relaté en un artículo había gente que tomaba este vuelo, iba de compras, paseaba, almorzaba o cenaba y tomaba el avión de regreso y en 40 minutos estaba de vuelta en La Habana.

La compañía llegó a tener rutas nacionales e internacionales con México, Haití y Estados Unidos, pero la mayor cantidad de vuelos y la principal era Cayo Hueso-La Habana.

El costo del vuelo era bien barato y la rentabilidad de la empresa era muy exitosa, pero el triunfo de la revolución hizo desaparecer este servicio.

Por eso si pasas por el Paseo del Prado, en la esquina que hace un cuchillo con San Lázaro, en el inicio de esta calzada y muy cerca del Malecón de la capital cubana, es recomendable sentarse a tomar un refresco o una cerveza y con disimulo acércate, mientras la brisa del mar te abanica, al portal del edificio y mira hacia tus pies para que veas un pedazo de la historia de Cuba.

La historia solamente se puede borrar en libros como 1984 de Orwell, lo que ocurrió  realmente  siempre se nos va a mostrar, de una forma o de otra.

 

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