Los proyectos inconclusos o fracasados de Fidel Castro

 

Los proyectos inconclusos o fracasados de Fidel Castro

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana.  Y del Universo no estoy seguro.”

Albert Einstein.

Los cubanos tenemos una forma muy particular de ver las cosas, tal es así, que como dice el refrán: “a mal tiempo buena cara”, hemos enfrentado, a lo largo de nuestra historia, en particular la republicana y la llamada “revolucionaria”, los mayores contratiempos, sean desastres naturales, debacles políticas o ideas absurdas impuestas, como ha sido el caso del último medio siglo, con el mejor semblante, y qué bueno que haya sido así, porque si no, todos los cubanos hubiéramos muerto de infarto agudo del miocardio.  Y sería bien agudo, porque salvo las locuras de los líderes soviéticos, el estalinismo, el maoísmo,  la demencia de Ceausescu, la dinastía Kim de Corea del Norte, Pol Pot o la existencia de guerras de forma permanente, pocos países del mundo ha vivido con tanta inestabilidad emocional y con tantas carencias cíclicas y restricciones de todo tipo durante tanto tiempo como el pueblo cubano. Eso se debe en parte a nuestra estupidez como pueblo, porque nadie dude que Fidel Castro alcanzó el poder y se ha mantenido en él hasta su muerte gracias al apoyo de una buena parte de la población o a su complicidad muda y ciega.

Afortunadamente los cubanos,  que nos jactamos de saber de todo y más que los demás (aunque en eso nos ganan los argentinos), hemos logrado tener una salida ingeniosa para tanta locura. Sabemos que una sonrisa, un chiste o una burla, tienen mejor efecto que una protesta (aprendimos que una protesta se puede pagar con la vida)  y que como, siguiendo con los refranes, esta vez parafraseados, “Dios le da barba al que no tiene cerebro” y no al que no tiene quijada y que además ha impuesto su parecer “a Dios rogando y con el mazo dando”, no cabía otra cosa sino esperar que aquellos que exigen conductas y comportamientos que ellos no practican, no pueden terminar en otra cosa que no sea en un objeto de burla o chiste con visos de amargura, sumados a un inmenso deseo de que desaparezcan de la faz de la tierra,  porque las consecuencias no las han pagado los acomodados y oportunistas que han estado en el poder por el último medio siglo, sino el pueblo, que ha sido testigo de su ignorancia, su prepotencia y su vida cómoda, pidiendo durante decenios austeridad y sacrificios, mientras ellos viven como millonarios y proyectando objetivos inalcanzables, utópicos o simplemente estúpidos que todos saben son irrealizables.  Nada más parecido a la religión, porque de ella aprendió mucho Fidel Castro, prometiendo mucho y ejerciendo la política de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”.

Pero esto no ha sido un rubro exclusivo de la revolución en el poder, antes también existieron proyectos irrealizables, parece que es algo que está en nuestros genes desgraciadamente.  La diferencia es que aquellos proyectos republicanos no fueron contra el nivel de vida del pueblo y los que se lograron, conllevaron a que Cuba fuera un país más amable para vivir.

En la etapa republicana se proyectaron obras monumentales que al final no se materializaron y que quedaron solo como grandes proyectos frustrados.  Entre ellos están algunos curiosos, por cierto, como los siguientes:

El edificio más alto del mundo en La Habana

En 1913, en el lugar que después sería el Parque de la Fraternidad y llamado antes Campo de Marte, se ideó construir un inmenso rascacielos de cien metros de altura,  completa­mente á prueba de fuego para lo que se emplearía una estructura de acero y hormigón armado. El número de habitaciones sería de mil novecientas, con todas las comodidades y amplitud, agua corriente, luz eléctrica, teléfono, luz directa de la calle ó del patio interior, buzones y servicio neumático de correo entre todos los vecinos.

El edificio contaría un una gran piscina con agua de mar y tendría posibilidades de instalar un observatorio meteorológico.  Pero la Compañía de Construcciones y Fomento no logró conseguir la capacidad económica de seis millones de pesos necesarios ni la tecnología para respaldar la construcción de este edificio colosal, por lo que se quedó en una simple aspiración de levantar un edificio del primer mundo en un país del tercero.

Fue una suerte, porque con la revolución hubiera sido de los primeros en engrosar el triste inventario de edificios derrumbados por la falta de mantenimiento.

Puente sobre la bahía de La Habana

En varios artículos hemos analizado que tras su independencia de la península, Cuba se convirtió en el principal destino de la emigración española en América, calculándose que más de 825 mil españoles se asentaron en la isla en pocos años, y sólo en 1919 llegaron a Cuba casi cien mil españoles.

La Habana fue durante el primer tercio del siglo XX el destino principal de los inmigrantes, que provenían de distintas regiones españolas, fundamentalmente de Galicia y Asturias,  con los deseos de prosperar.  Los trasatlánticos, entre ellos el famoso buque “Marqués de Comillas” venían repletos de familias y hombres y mujeres solos y el arribo era por la bahía de La Habana como punto fundamental de entrada, lugar donde se hacía cumplir la política de control migratorio existente en esa época.

Los inmigrantes españoles, sobre todo los más pobres y humildes, eran conducidos al campamento Triscornia, ubicado en el pueblo de Casablanca, para situarlos en cuarentena, los que todos valoraban como condiciones muy difíciles para vivir después de una larga travesía.

Triscornia,  creado en 1900 durante la intervención militar norteamericana en la Isla con fines de control migratorio, era el lugar a donde los inmigrantes que arribaban a las costas habaneras sin dinero, contrato de trabajo, presentando síntomas de enfermedad o no disponiendo de algún aval de un familiar o centro regional , eran confinados en varios pabellones. Su similitud con el campamento de Staten Island, en New York, que hemos visto en películas como El Padrino era impresionante.

A Triscornia iban todos los emigrantes que llegaban en tercera clase hasta que eran reclamados por un familiar o conocido, y era requisito demostrar además que tenían trabajo para poder salir de dicho centro de “cuarentena”. Las condiciones de vida y la situación higiénica, sanitaria, de alimentación y salubridad de dicho campo fueron sumamente deficientes.

En este campamento fue muy famoso además por una actividad ilícita relacionado con  numerosas jóvenes provenientes de regiones de la península, como Galicia y Asturias, porque las que no tuvieran quien las avalara al llegar a su destino, podían terminar en el penoso negocio de la prostitución, convirtiendo el reclusorio un lugar de fácil acceso a jóvenes, y haciéndolo un paraíso de las meretrices y proxenetas de la época.

Casa Blanca y Regla, poblados contiguos a Triscornia, fueron uno de los lugares donde se asentaron quienes, al salir del campamento migratorio, prefirieron mantenerse de ese lado de la bahía, donde aún a un siglo de distancia, existen huellas de lo que allí ocurrió.

Como ocurre con los centros de llegada de extranjeros,  los movimientos entre la Habana y Regla y Casa Blanca crecieron exponencialmente con los trámites derivados del arribo ininterrumpido de inmigrantes.

Para ir de La Habana a Triscornia había que hacer un largo rodeo hacia el sur, después hacia el este y después hacia el norte, lo que hizo que seriamente se pensara en la necesidad de un puente que uniera ambos destinos y acortara la distancia a recorrer y por tanto se realizó un proyecto.

Los motivos por los que no se construyó o no prosperó la idea son oscuros, la única razón más cercana es el pie de una foto fechada en 1911 que dice:

…”Proyecto de un gran puente para unir La Habana con Regla que no pudo llevarse a efecto por la oposición de los americanos”…

Por supuesto que contar con una vía rápida que permitiera el acceso al este de la bahía y redujera el viaje a las playas de esa zona, era un sueño de los urbanizadores. Pero no fue hasta el gobierno del general Gerardo Machado que el proyecto tomó forma dentro del gran plan de desarrollo urbano que este había concebido para La Habana.

Aparentemente el presidente, de mala recordación pero que dejó para la posteridad algunas obras importantes en el país, se puso de acuerdo con los inversionistas y los propietarios de los terrenos y proyectó la construcción del ansiado y necesario  puente, pero el crack bancario y la crisis económica de 19 29 lo echó abajo todo y nuevamente se abandonó la idea.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se concluyó la construcción de la Vía Blanca mejorándose el acceso al este de la ciudad sólo de forma parcial por lo que se retomó el proyecto de construir el puente sobre la bahía. En medio de muchas expectativas y cuando todos daban por seguro la construcción del puente, se anunció por el gobierno la firma de un contrato a favor de una compañía francesa para construir el túnel de La Habana y nunca más volvió a hablarse del puente.

Yo personalmente pienso que la solución del túnel fue mejor que la del fallido proyecto del puente.

Una isla artificial frente al Malecón

La idea de construir una isla artificial frente al Malecón de La Habana apareció en el Plan Maestro que se elaboró en 1956 con el objetivo de convertir a La Habana en una de las ciudades más modernas de América, sobre todo en darle mayor carácter de ciudad capital y centro turístico, e incrementar las fuentes de ingresos.

En la década de los años 50 La Habana era un hervidero de turistas americanos. El plan de fomento del gobierno y las instituciones cívicas se había traducido en la construcción de hoteles majestuosos el Capri, el Habana Hilton, el Riviera, el Rosita de Hornedo y otros hoteles, que darían respuesta al exigente turismo del norte. Ese plan fue encargado por el dictador Fulgencio Batista para ordenar el fuerte desarrollo turístico previsto en La Habana, Varadero, Cojímar y la Isla de Pinos, muy ligado a la penetración de capital mafioso desde los Estados Unidos. Meyer Lansky y Santos Trafficante llegaron a invertir aquí con los hoteles Habana Riviera y Capri, respectivamente, como parte de una estrategia para convertir a La Habana en Las Vegas del Caribe.

De esto se ha hablado mucho, sobre todo por los acuerdos del presidente Batista con la mafia italoamericana para crear cientos de hoteles y casinos que convertirían a La Habana en el Montecarlo de América, pero solo los habaneros más viejos conocemos la idea de la construcción de una isla artificial justo frente al muro del malecón y que comprendería el espacio comprendido entre las calles Galiano y Belascoaín, por donde se accedería a ella,  justamente una de las zonas que más se inundan ante la ocurrencia de fenómenos naturales como ciclones, frentes fríos o bajas extratropicales.

Como esa zona frente al litoral, está llena de edificaciones de diversas épocas y estilos que daban a La Habana su atractivo único, los proyectistas buscaron una solución que no afectara la belleza de la ciudad, construyendo lo que la urbe demandaba para los nuevos tiempos, pero respetando lo existente y creando un entorno increíble con hoteles y casinos en dicha isla artificial.

Estas enormes perspectivas que proporcionaba el proyecto proyecto (1956-58) dirigido por José Luis Sert y Paul Lester Wiener  para construir toda una cadena de edificios altos  por todo lo que hoy es el Malecón habanero y  crear, frente a este, una isla artificial para casinos y hoteles, fue otra víctima del dicho:  “…llegó el comandante y mandó a parar”

Y el comandante lo paró casi todo, excepto las ejecuciones en La Cabaña.

Todos los que conocemos  el litoral  noroeste de la Habana, en dirección a las Playas, sabemos de las grandes extensiones de terrenos sin explotar que aún hoy en día existen desde Bacuranao  hasta donde termina Brisas del Mar, a ambos lados de las carreteras que importantes que circundan a La Habana o van hasta Matanzas,  la vía Monumental y la Vía Blanca.

Son particularmente importantes las que rodean las urbanizaciones  de Celimar, Tarara, Mégano,  Santa María, Boca Ciega, y  Brisas del Mar. Incluso, hasta en la única población significativa de la zona: Guanabo, existen miles de metros cuadrados  de tierra  sin construir.

Y nos referimos a terrenos firmes, prácticamente llanos, con buenos accesos, donde se disfruta  la brisa del mar  por su proximidad y con más de quince kilómetros de buenas playas, sin mucho que envidiarle a Varadero, y sí mucho para hacerle competencia por su cercanía a la capital. Pero al paso de tortuga que avanza la economía cubana estas tierras seguirán presas del marabú durante muchos años o decenios más.

Nuevo Palacio Presidencial de Cuba

El Plan Maestro o Piloto también contemplaba la construcción de un nuevo y monumental Palacio Presidencial. en los terrenos existentes entre las fortalezas de El Morro y La Cabaña y

que se podía concebir como un gran complejo cívico residencial con un muelle para yates con acceso privado hacia la bahía de La Habana. Hasta se contaba con el financiamiento para llevarlo adelante, pero la revolución triunfante de 1959 dió al traste también con este proyecto.

El Palacio Presidencial sería el centro de este gran complejo donde existirían también varios ministerios, dos grandes plazas cívicas, un parque martiano, un museo de oceanografía y un acuario.

Sin duda un monumental proyecto que también se fue a pique con la llegada al poder de Fidel Castro.

El Canal Vía Cuba: un remedo del canal de Panamá.

Cuando muchacho, creo que una de las noticias de las que más cobertura tenía en la prensa escrita, radial y televisiva y acerca de lo que se hablaba incesantemente,  era el controversial canal Vía Cuba. A la cabeza de ellos estaban los comunistas, que como siempre hacen ruido con cualquier cosa.

Este proyecto consistía en la construcción de un canal para el tráfico marítimo que atravesaría la isla de Cuba de Norte a Sur comunicando el estrecho de la Florida con el mar Caribe.   Desde el año 1902 se venía gestando y cobró mucha fuerza en 1954 bajo el gobierno de Fulgencio Batista.

El basamento de esta obra es muy claro, pues se valoró que gran parte de las mercancías que transitan a través del Canal de Panamá o que provenientes de todo el Caribe y el sur del continente , así como desde la costa atlántica de Panamá o que cruzaban el canal, tenían como destino la Costa Este de EEUU. y por supuesto la ruta más directa y económica sería la que atraviesa a Cuba sin bordear el estrecho de Yucatán o el paso de los Vientos.

El proyecto contemplaba la construcción de un canal de 80 Kilómetros que cruzaría a Cuba de Norte a Sur entre la Bahía de Cárdenas, en la provincia de Matanzas y la Bahía de Cochinos, en la misma provincia ahora pero que entonces pertenecía a la provincia de Las Villas, con una anchura mínima de cuarenta metros y profundidad mínima de quince metros, lo que permitiría el tráfico de buques de gran calado con un ahorro considerable de tiempo y de gastos de navegación.

No hay duda que la construcción del Canal daría un gran impulso económico al país, que se beneficiaría del tráfico marítimo entre los puertos del este y el sur de los Estados Unidos con el Canal de Panamá.  Para ello se le dió una concesión a una compañía norteamericana, la “Compañía del Canal del Atlántico al Mar Caribe” por 99 años, algo parecido al Canal de Panamá y el costo era de 400 millones de pesos, existiendo entonces paridad del dólar con el peso cubano.

El canal fue bautizado como Canal “Rompe Cuba” en lugar de “Vía Cuba”, y contó con gran oposición popular a partir de una serie de argumentos.

Muchos partidos políticos afirmaron que desde el poder se pretendía partir la isla en dos para beneficiar a un escaso número de empresas y particulares y le hizo una fuerte oposición.  

Igualmente destacados economistas cubanos argumentaron en contra del canal que de construirse la vía de agua, esta sólo sería interesante para el tránsito marítimo entre los puertos de la Florida, las Carolinas y algunos del Sur; pero totalmente inútil para los grandes puertos del Norte como Nueva York o Boston, así como para el resto de los del Sur y todos los del Golfo de México.

Asimismo los científicos alertaron de que la construcción del canal implicaría la infiltración de aguas salinas que arruinaría las fértiles tierras de la llanura de Colón, así como las del sur de Matanzas e incluso las de partes de La Habana, generando un desastre económico.

En resumen, fue tanta la oposición al proyecto desde todos los sectores políticos y cívicos del país que el Gobierno, poco a poco, se fue distanciando de él, hasta que finalmente quedó en el olvido.

La historia siempre nos da lecciones de lo que no debe hacerse y parece que el gobierno corrupto de Nicaragua no conoce esta historia y quiere aventurarse en la construcción de un canal, que parece que en los años que lleva en proceso con un millonario chino venido a menos no ha avanzado ni una pulgada.

Edificio de 20 plantas en la Plaza del Vapor

La manzana comprendida entre las calles Galiano, Reina, Dragones y Águila a partir de la remodelación urbana de 1824 quedó como un solar yermo, haciendo que allí se establecieran desordenada e irregularmente los vendedores de abastos diarios para los habitantes de la parte más moderna de la ciudad, de modo que los mejores de aquellos puestos eran casillas mal hechas que pertenecían a diferentes dueños.

Miguel Tacón y Rosique, al asumir el cargo de Gobernador General de la Isla en 1834, decidió resolver dicha situación y dotar a la zona extramuros de la capital de un mercado digno de ella, para lo cual su ingeniero principal diseñó un edificio de dos plantas de 100 por 145 varas, con galerías cubiertas sostenidas por columnas de piedra,

A este mercado, llamado inicialmente Mercado de Tacón,  se le conoció popularmente como “del Vapor” debido a que Pancho Marty tenía un local con una fonda en la que situó un cuadro del Vapor Neptuno, que fue el primero que viajó a La Habana no movido por velas. El catalán Francisco Marty, constructor y empresario del Teatro Tacón, tenía el monopolio del pescado en la capital,y había puesto en una posada de su propiedad frente a la calle Galiano, un cuadro donde se veía al barco Neptuno, el primer buque a vapor que, en 1819, hizo la primera travesía entre La Habana y Matanzas.

En 1872 un voraz incendio destruyó totalmente el Mercado de Tacón para lo que se habilitó un mercado provisional en el Campo de Marte, actual parque de la Fraternidad.  Por ello se decidió construir  otro mercado en el mismo sitio y ya con el nombre de Plaza del Vapor.

Yo conocí la Plaza del Vapor en los años 50 y en él había todo tipo de negocios habido y por haber. Allí acudía asiduamente a comprar discos nuevos a un precio equivalente a la mitad o la cuarta parte de su costo original. También iba a librerías de uso y por curiosidad a decenas de puestos con mercancías de todo tipo.

Pero llegó nuevamente el comandante y mandó a parar y todas  las construcciones del mercado fueron demolidas, y en su lugar se construyó un feísimo parque en el centro del área, rodeado de una zona de parqueo que se ha constituido en uno de los lugares más deprimentes de La Habana.

Entonces el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV) (un organismo estatal creado después de 1959 con el objetivo de construir casas para todos los cubanos que carecían de ellas) y que supuestamente sustituiría a la Lotería Nacional, la cual fue abolida, y que era dirigida por Pastorita Núñez, una guerrillera recaudadora de impuestos durante la insurrección y a la que se acusó de asaltar iglesias y cometer actos de corrupción, proyectó un edificio que se construiría en la manzana que hasta muy poco ocupara el mercado de la Plaza del Vapor.

Los niveles superiores serían destinados a viviendas y en la planta baja habrían comercios variados para mantener la tradición existente en el lugar (eso decía el proyecto pero el verdadero objetivo era borrar toda la historia republicana). Aunque algunos periódicos de la época dieron la noticia a finales de 1959 que las obras para la construcción del edificio habían comenzado, la realidad es que del emblemático edificio hoy no existe el menor resto en el lugar que está ocupado por un parque horrible y un parqueo deprimente.  Pero si hubieran construído el edificio, estaría, como el resto de los de la capital, en estado ruinoso.


Gran Acuario de Guanabo

A inicios de los años 50 la Comisión Nacional del Turismo abordó la idea de construir un Acuario digno de nuestro país.  Este se proyectó en el Rincón de Sibarimar, en la playa de Guanabo, muy cerca de Boca Ciega, al este de la ciudad y en primera y 60 en Miramar se instalaría un laboratorio donde se realizarían los estudios y se aclimatarían las especies para el Gran Acuario de La Habana.

Esta idea quedó aletargada y fue en 1959 que gobierno cubano dio luz verde al proyecto.

La idea era que el Gran Acuario de Guanabo dispusiera de áreas de exhibición, parques infantiles, centros educacionales, laboratorios y botes con suelo de vidrio para que los visitantes pudieran observar el arrecife cercano, entre otras facilidades.

Con los cambios políticos, económicos y sociales en el país muchos arquitectos abandonaron  el país y otros pasaron a colaborar con el estado, incorporados a grupos de trabajo de donde saldrían los proyectos de escuelas, centros recreativos y deportivos, y otros y aunque al final resultó en fracaso, a corto plazo logró ambiciosos e interesantes proyectos, aunque la mayoría  quedaron en papel, entre ellos el Acuario Nacional –Sibarimar.

Escuela Nacional de Arte también inconclusa y con la arquitectura típica de la época.

Ubicado en el Rincón de Sibarimar, Guanabo, al este de La Habana, estaría el gran aquarium cubano, con un diseño de formas curvas y circulares que tanto influyeron en la arquitectura moderna cubana de la época y que aspiraba a ser el mejor del mundo en su tipo.

Ocho cilindros de vidrio y hormigón para exhibición, de unos 20 metros de diámetro por seis de profundidad, daban una superficie de observación de 1735 metros cuadrados y era su principal atractivo, aparte de los ya mencionados.

Aunque este proyecto no fue ejecutado marcó una línea que influyó en muchos de los trabajos posteriores que se ejecutarían en la Cuba de los 60, como la Escuela Nacional de Arte y la heladería Coppelia, conjuntos habitacionales desarrollados por el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV), supermercados circulares, entre otros.

Finalmente fue abandonado el proyecto y en la planta piloto de Miramar comenzó entonces un proceso de expansión que la llevaría a convertirse en el Acuario Nacional, dejando el olvido al Gran Acuario de Guanabo.

El Metro de La Habana

El proyecto de construir un tren subterráneo para la ciudad de La Habana se concibió desde la década de 1920, pero la idea se frustró debido al alto costo de su construcción unido al riesgo del negocio para sus promotores. A nadie le interesaba viajar en metro cuando el servicio de tranvías era muy eficiente y barato.

¿Por qué alguien pagaría para viajar en metro cuando el costo del tranvía era de 5 centavos  

La eliminación de los tranvías a principio de los años 50,  en un turbio negocio, llevó a varios inversores a pensar que había llegado la hora del tranvía por haber crecido notablemente la ciudad y la congestión vehicular, pero como muchos de los grandes proyectos de aquellos años su ejecución nunca se concretó.

Pero llegó la revolución y con ella un aumento poblacional de la natalidad y de la emigración interna  importante, así como una ineficiente administración del transporte a pesar de la notable reducción de la cantidad de vehículos, llevó a un estado caótico del transporte capitalino, lo que se fue agravando por años.

Por ello en los años 80 se retomó la idea e incluso se creó un “Grupo Ejecutivo del Metro de Ciudad de La Habana” para darle un carácter oficial al asunto.  Tras años de creación de empresas constructoras y de diseño, todo tipo de estudios, capacitación de personal y un pedazo de túnel y huecos abiertos, el Metro de La Habana volvió a dormir otro sueño, esta vez quizás eterno.

En una ciudad que se está cayendo a pedazos, donde sus habitantes sufren todo tipo de carencias, a nadie con razonamiento lógico se le ocurre pensar en un subway en una ciudad con más de dos millones de habitantes y una gran población flotante.

El metro de la capital, desgraciadamente, cayó entre los grandes proyectos de obras civiles en Cuba después de 1959 los que se han destacado por su descontinuación o por su terminación y después carecen de mantenimiento, que es lo mismo que si no se hubiera construído.

Yo recuerdo que fui a Panamá por cuestiones de trabajo, en 2009 y 2010.  En la primera visita se hablaba de la necesidad de una solución vial a los problemas de transporte en la capital del país, entre ellos la construcción de vías rápidas alternativas, circunvalaciones, etcétera y también la construcción de un metro.  En 2014 se inauguró el metro y se ha seguido construyendo otras líneas. La situación económica de Panamá es muy favorable para acometer cualquier inversión, pero el hecho es que no falta lo fundamental: la voluntad.  En Cuba lo que no tenga una repercusión política, no le importa al gobierno ni un comino.


Carretera Central en las cercanías de Santa Clara.

Obras de algunos presidentes republicanos.

Varios presidentes de la etapa republicana acometieron en mayor o menor medida algunas obras importantes, sobre todo impulsados por la modernización que trajo al país la intervención norteamericana.

En una rápida ojeada y sin evaluar el carácter de su presidencia, sino solamente las obras acometidas vamos a señalar algunos logros.

Entre ellos hay que hablar de Gerardo Machado, el que realizó ambiciosos proyectos de obras públicas, financiados con préstamos extranjeros.  Machado inició su gobierno con el lema “Agua, Caminos y Escuelas”, aprobándose por el Congreso una ley de obras públicas importantísima, de acuerdo con los planes y las ideas del Ejecutivo.

Los principales obras realizadas fueron la construcción de la Carretera Central y del Capitolio Nacional, las obras de embellecimiento de la Habana, Parque de la Fraternidad, Monumento del Maine, Paseo de Martí y Malecón, Avenida de Palacio; las obras de la Universidad comprendieron la construcción de los edificios para la Facultad de Derecho y la Escuela de Ingenieros y Arquitectos, la gran escalinata monumental y muchas calles y jardines; se construyeron los alcantarillado y pavimentaron calles de las ciudades de Santa Clara y Camagüey; se construyeron los acueductos de Santiago de Cuba, Pinar del Río y Trinidad, edificios  escolares y públicos en muchas ciudades importantes como el Palacio de Justicia de Santa Clara, el Instituto del Cáncer, las Escuelas de Aviación y de Ampliación del Campamento Militar de Columbia, las aduanas de Isla de Pinos y de la Isabela, los hospitales de Maternidad e Infancia de Santa Clara y Matanzas, ampliación del hospital  de Dementes de Mazorra, y de  la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, y muchas obras importantes en varias ciudades y poblaciones, destinadas a fines benéficos.

Se organizó el servicio de limpieza de la Habana, el sistema de faros de todo el país y la reparación de los daños ocasionados por el ciclón de 1926.Hubo un considerable aumento de  las escuelas primarias y se crearon la Escuela de Comercio, y una gran Escuela Técnica Industrial de varones, para la cual se construyó un espléndido edificio.

Se reformaron los aranceles y se firmaron tratados de comercio con varios paíse, fundaron escuelas comerciales e industriales, se dió gran impulso a la ganadería y la agricultura y se crearon mercados libres y gracias a esas disposiciones, Cuba era en 1929 un país que producía casi todo lo que consumía. La industria azucarera y la tabacalera, contaron con medidas para desarrollarlas, de acuerdo con los productores, aliviándose un tanto la crisis que atravesaban.

Todo lo malo que tuvo en el orden político, lo tuvo de bueno en lo económico y en obras públicas.

Anteriormente, el gobierno de José Miguel Gómez Gómez se caracterizó por la corrupción política, los negocios turbios, la implantación del juego y un elevado grado de servilismo hacia los intereses extranjeros. Pese a ello y a que recibió del gobierno interventor el tesoro público en crisis, en este mandato se pavimentaron calles, se hizo el alcantarillado de La Habana, y se implantó el sistema telefónico.

También Mario García Menocal es destacado por el amplio desarrollo que tuvo la industria azucarera cubana, la introducción de tecnologías industriales, en locomotoras, casillas de ferrocarril, y el desarrollo de la infraestructura de muchos pueblos en Cuba.

Túnel de la Bahía de La Habana y Puente de Bacunayagua en la Vía Blanca.

Fulgencio Batista, en su segundo mandato, recibió uno de los países más prósperos de América Latina. Aunque un tercio de la población vivía bajo el umbral de la pobreza, Cuba era uno de los países más desarrollados de la región.

Una prueba de ello es que en 1950, el PIB de Cuba per cápita era aproximadamente igual al de Italia y superior al de España. La Habana estaba llena de casinos, prostitución, tráfico de drogas al servicio de organizaciones mafiosas, policías corruptos y políticos elegidos de manera fraudulenta, pero había trabajo para muchos y el nivel de vida de la población crecía constantemente.

Ayudó a ello el que se acometieron obras de primera importancia, como son la vía Blanca, entre La Habana y Matanzas, el túnel de la Bahía de La Habana, grandes hoteles y rascacielos en La Habana, los túneles entre La Habana y Miramar en 5ta avenida y calle Línea, el diseño y comienzo de la construcción del viaducto La Farola en Baracoa,  el puente Bacunayagua, el más alto de Cuba, en Matanzas y muchas otras obras de infraestructura.

Pero después de Batista, llegó Fidel Castro, y rompió todos los récords en cantidad de proyectos y en cantidad de fracasos.  Mucho ruido y pocas nueces.

Mussolini, su fórmula, sus obras y la adoración de Fidel Castro por sus ideas.

Existe un discurso de Fidel Castro, Palabras a los intelectuales, que se convierte en el discurso icónico de la política cultural cubana.”Contra la revolución, nada. Ningún derecho”, dijo Fidel Castro en 1961.  Según ello, la revolución estaba por encima de cualquier ley, de cualquier derecho, una declaración clara del totalitarismo. Como en la edad media cuando todo el arte y la cultura tenía que estar en función y al servicio de la iglesia.  Pero algo inconcebible para los cubanos, sin embargo ya llevaba decenios de práctica impuesta en los países del llamado campo socialista.

Con este discurso del líder de la revolución, comienza en Cuba el doble discurso y la doble moral. Se crean instituciones culturales con el fin de difundir y promover el desarrollo de la cultura cuando en realidad cumplen una función represiva y policial hacia los creadores.

Todos pensaron enseguida en la imposición del llamado “realismo socialista” que regía todas las manifestaciones culturales en el campo socialista y al final trataron de justificar que esa era una fórmula mal comprendida y tergiversada por el imperialismo., y que de aplicarse correctamente beneficiaría a la cultura considerablemente.

Lo que mucha gente no sabe es que esa fórmula viene de un personaje tenebroso, Benito Mussolini que, en La Scala de Milán, dijo en 1925 en un discurso: “Tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato” (“Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”). Y Fidel Castro fue,sin duda alguna, un lector frecuente de Mussolini. Yo me atrevería a decir que fue un lector ferviente y apasionado de Mussolini.

Benito Amilcare Andrea Mussolini

Conocido como Il Duce (“líder”), en 1926 ya había cambiado el país a un régimen unipartidista y totalitario basado en el poder del Gran Consejo Fascista.  Con unos principios muy parecidos al comunismo, el fascismo procura la homogeneidad en el campo sociopolítico, rechazando el parlamentarismo y la idea de democracia occidental, y potencia las decisiones del Estado en la economía.

A ello Mussolini le añadió un estímulo extremo al nacionalismo dictando que los italianos eran un pueblo destinado a la grandeza, rememorando la edificación del Imperio Romano, las repúblicas marítimas (Venecia y Génova) y el Renacimiento.  Pero el fin principal era contar con un gobierno centralizado, autoritario, dirigido por un líder populista y carismático el cual dictaba los derechos civiles de forma absoluta, incluyendo la abolición de los sindicatos y el derecho a la huelga.

Hasta ahí, si hubieran traído a Mussolini a Cuba, podría llamarse Fidel Castro, que copió en muchos aspectos su fatídico régimen.

Mussolini estableció una economía empresarial de propiedad estatal, aunque no eliminó el capitalismo, pero conformó grandes conglomerados industriales con una estructura donde el sector privado pareciera no tener participación.   A pesar de ello se incrementaron las hectáreas cultivadas se inició un programa cuyo objetivo era incorporar a la producción extensas áreas agrícolas marginales del país, muchas de las tierras intervenidas eran pantanos o grandes latifundios improductivos.

También se acometió la construcción de vías de comunicación, canales, drenajes, y una red de ciudades y la colonización por parte de campesinos y jornaleros sin tierra dándole empleo a medio millón de trabajadores se construyeron 32.400 km de carreteras, 5.400 km de acueductos y quince ciudades.  Y como sabemos, compartió con Hitler, como principal aliado,  una gran responsabilidad por la Segunda Guerra Mundial.

Fidel Castro tuvo en el dictador italiano su gran fuente de inspiración para su desastrosa obra y sobre todo para sus imposibles proyectos.  Y a eso hay que sumarle su sumisión casi total a lo que consideraba la magnificencia soviética.  Hubo muchos intentos anteriormente de anexar Cuba a los Estados Unidos.  Fidel Castro por poco convierte a Cuba en una república soviética. Todo era ruso, desde un despertador hasta los alimentos, desde los eletrodomésticos hasta la literatura, el cine, y el pensamiento. Todo había que hacerlo a imagen y semejanza, para emplear términos religiosos, de la madre Rusia (entonces era un pecado llamarla así, era la Unión Soviética, un país artificial creado bajo la garra de la Rusia zarista disfrazada de comunista).  


José Pardo Llada se arrimó al árbol equivocado con Fidel Castro.

Las Obras completas de Benito Mussolini, una presea deseada para Fidel Castro.

Toda la gente de mi generación recuerda a José Pardo Llada, uno de los principales líderes del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) bajo la dirección de Eduardo Chibás.  Excelente periodista y locutor radial, sus encendidas críticas a lo mal hecho le valieron que su programa radial fuera suspendido en 42 ocasiones y detenido 27 veces, hasta que se incorporó a la guerrilla en la Sierra Maestra y ahí fue donde conoció la verdadera cara de Fidel Castro, el mismo que en una visita a su casa tomó prestadas las Obras Completas del fascista italiano y nunca las devolvió.  Ante este hecho seguramente Pardo Llada diría, como repetía a diario con los latrocinios de los políticos: qué desparpajo, qué relajo!

Es es una versión de los hechos, la otra es que al haberse casado Fidel Castro con Mirtha Díaz-Balart, y en cuya boda se derrocharon miles de pesos producto de la explotación de su padre, el negrero Angel Castro,  a sus obreros agrícolas que se morían de hambre.  Se cuenta que su padre le regaló diez mil dólares para viajar a Estados Unidos y un Lincoln último modelo. Pero la historia oficial escrita por el régimen castrista se refieren a él casi como un santo, cuando todos los que conocen la historia real saben que fue un demonio.

El padre de Mirtha, alcalde de Banes y muy cercano a Batista, pronto se dio cuenta que se había ganado un yerno, no sólo revoltoso, sino que era adicto a la vagancia, no trabajaba. Su intento de montar un bufete con dos compañeros fue un fracaso estrepitoso y la única vez que trató de ganarse la vida, fue poniendo un puesto de fritas y un gallinero en la azotea de su casa, que por supuesto también terminaron en desastre.

Su trayectoria como abogado se limitó a cuatro casos. En todos, más en el que actuó como su propia defensa tras ser apresado por el asalto al Cuartel Moncada, los perdió.  Pero el hecho relacionado con Mussolini es que la otra versión refiere que al no aportar nada para la casa, Mirtha le pidió dinero a su padre para la manutención de su hijo y los gastos propios de una casa y el señor abogado progresista y revoltoso, paladín de los oprimidos y los pobres del mundo, como muchos lo pintan, se gastó ese dinero en las Obras Completas de Mussolini.

Cualquiera de las dos variantes nos muestra la catadura moral del personaje y su supeditación a sus ansias de poder, que fue lo único que le interesó en la vida, pasar a la posteridad como un nuevo mesías para su pueblo y el mundo.

Fidel Castro tosses a peanut to an elephant at the Bronx Zoo as he tours New York City.

Los elefantes blancos de Fidel Castro

Un elefante blanco (también elefante albino) es un tipo poco común de elefante.  En la antigua Siam, ahora llamada Tailandia, los elefantes blancos son sagrados, siendo un símbolo de poder real, ya que todos los descubiertos han sido regalados a reyes. Pero nos vamos a referir a otro tipo de elefantes blancos.

Un “Elefante Blanco” se le dice a una obra pública de construcción, mantenimiento o instalación de un bien inmueble, la cual tiene un impacto negativo para la comunidad debido a que ha sido abandonada o está  inconclusa,  sus costos superan los beneficios de su funcionamiento, no es utilizada, o su uso es diferente para aquel que fue creada.  Usualmente tienen un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan, o proporcionan beneficio a otros, pero que únicamente ocasionan problemas a su propietario.

Se cree que la expresión Elefante Blanco viene de una historia según la cual los reyes de Siam (hoy Tailandia), tenían la costumbre de regalar elefantes blancos (albinos) a las personas que detestaban, con el fin de arruinarlos por su alto costo de mantenimiento y gran tamaño. De esta forma los animales se convertían en una gran impedimenta para sus dueños y su costo era muy alto comparado con los beneficios de poseerlo.

Los elefantes blancos son considerados en todos los países del sudeste asiático como portadores de la buena suerte.  El elefante es respetado por su longevidad, memoria, por su fuerza y aguante. Por su piel tan gruesa todo se le resbala, algo que, dicen, los humanos deberíamos aprender.

Los elefantes deben llevar la trompa para arriba  y que apunten hacia adentro de la casa para de esa forma atraer la fortuna.  Sin duda esta es una costumbre asiática fuertemente arraigada en Cuba, ya que en ninguna casa puede faltar al menos un elefante con el fondillo mirando hacia la puerta y la trompa hacia la pared. Y si son una familia de elefantes, mejor todavía.

Pero los “elefantes blancos” del Comandante en Jefe son el centro de este artículo. Una mente llena de delirios de grandeza, sustentados en una ideología represiva condenada históricamente al fracaso como es el comunismo, con un líder que podía delirar hasta la saciedad, (de hecho lo estuvo haciendo con sus ridículas “reflexiones” casi hasta su lecho de muerte)  porque en esos delirios él no derramaba una gota de sudor para acometer los absurdos e irrealizables proyectos, a los que se dedicó uno tras otro, como un obseso.  


Ni a un demente se le ocurriría la desecación del humedal más grande del continente.

Estos “elefantes blancos” de Fidel Castro son casi interminables, pero vayamos enumerando algunos de los más increíbles y ridículos.

En marzo de 1959, en uno de sus ininterrupidos e interminables discursos, que muchos cubanos idiotas, entre ellos yo y millones más,  en la Universidad Central de Las Villas, Castro dijo: “Estamos ya estudiando y preparando los proyectos para desecar la Ciénaga de Zapata, con una capacidad de 15, 000 caballerías de tierra, y que cuando esté en condiciones de cultivo, va a servir de sustento a decenas de miles de familias cubanas.”  El mayor humedal del Caribe, con una extensión de unas 300,000 hectáreas, por voluntad expresa del Máximo Líder sería convertido en productivos campos de arroz.

La desecación de la Ciénaga, no solo fué su primer delirio, a él lo siguieron muchos otros igualmente absurdos y que muchos nos tragamos como proyectos útiles.

La milagrosa idea con la que la Ciénaga de Zapata sería para sembrar arroz, una idea genial de Fidel, tuvo la objeción de muchos le señalaron que esa obra destruiría la industria camaronera y langostera del Golfo de Batabanó, (entonces también esponjera) y por suerte solo en proyecto se quedó, pero no por falta de voluntarismo, sino de recursos.

Entonces se le ocurrió el Plan Costa Sur, que abarcaba el área entre las playas Mayabeque y la Playa Rosario. Allí se situaron enormes turbinas para extraer el agua de la ciénaga y poder emplear esta zona cenagosa para la siembra de cultivos varios. Años después se abandonó el proyecto, con el triste resultado de la salinización de enormes extensiones de tierra fértil.

Paralelamente se estudió y comenzó a acometer otra obra mucho mayor, que crearía un gigantesco dique en la punta de la Broa, para desecar todo el golfo de Batabanó.

En su delirio de grandeza puso al mundo al borde de una catástrofe nuclear.

Se construyeron varios centros porcinos y ganaderos, situados estratégicamente cerca de la costa, para poder verter los residuales al mar, que junto con los residuos químicos de la agricultura, envenenaron los mares bajos del sur de La Habana, al punto que ya no es la rica zona pesquera y productora de mariscos que era antaño.

Estos fueron los primeros proyectos económicos que lo único que lograron fue afectar el medio ambiente en Cuba

Pero ahí no paró el absurdo. Con la impunidad total que le daba su poder absoluto, se invistió como gran especialista en numerosas disciplinas, que abarcaron en esos momentos a la  agronomía, la hidráulica y la biología. Además se consideraba el principal educador del país, un economista de nivel mundial y el gran impulsor de proyectos de infraestructura e industriales del país.

Sin haber dado un guatacazo a la tierra en su vida, determinó lo que había que sembrar y dónde se cultivaba.  Los campesinos que durante generaciones sabían qué cultivos alternas en sus tierras, vieron con mucho recelo, y con toda razón la intromisión de un ignorante, como una real amenaza a sus existencias.

Y la tapa al pomo fue la del pez Claria o Pez Gato.  La idea es que este pez aumentaría el consumo de proteínas por parte de la población, algo que sigue sin resolverse, mientras el pez se convirtió en un peligro para el equilibrio ecológico de la isla.   La introducción de esta especie en Estados Unidos (Florida), Indonesia, Hong Kong, China, Gran Bretaña, Papúa Nueva Guinea, Guam, Taiwán, Tailandia y Cuba, han producido impactos negativos en los ecosistemas locales.


El río Almendares ayer con aguas cristalinas, hoy un arroyo apestoso gracias al Comandante.

Construcción de presas y desaparición de ríos

Después del desastre del Ciclón Flora en octubre de 1963, se emprendió un ambicioso proyecto de construcción de embalses en todo el país.

Mandó a construir embalses de agua para irrigar los cultivos y suministrar agua a la población sin estudios de viabilidad previos, lo que causó daños ambientales irreparables, los ríos dejaron de serlo, las aguas se iban hacia el manto freático hacia las aguas subterráneas y los embalses se quedaban vacíos o muy por debajo de lo que su diseño preveía. No obstante, se crearon embalses prácticamente en todos los ríos, algunos de ellos para la acuicultura (cría de peces), para almacenar agua para el ganado o en algunos casos sin necesidad alguna, solo para alimentar a las estadísticas.

Yo recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, todavía el río Almendares, en la zona de la taza de Vento y Río Cristal, estaba lleno de peces, el agua fluía limpia y cristalina y hasta nos bañábamos en el río, del cual también obteníamos peces tropicales para la pecera y su alimento.  Igual ocurría con la zona contigua a la Heladería Coppelia, donde había competencias de clavados, en el Husillo, donde se disfrutaban las hermosas cascadas y en los Jardines de la Tropical y el Bosque de La Habana.  Años después, gracias al fabuloso diseño del Comandante, la presa de Paso Seco, junto al Parque Lenin, casi no tiene agua, y el río Almendares, en todo su recorrido, se vuelve un arroyo apestoso y muero, carente de agua y de peces.

Actualmente muchas de estas presas están secas o solo acumulan agua en periodos de grandes precipitaciones, debido a ciclones tropicales, se evapora casi completamente y no se aporta al manto como se hacía antiguamente de forma natural.  Prácticamente han desaparecido todos los ríos, en cuyo curso superior se crearon embalses, incluyendo su caudal ecológico.  Ni agua ha dejado la obra de Fidel Castro, la suerte ha sido que en la medida que se iba el agua, también se iban del país los cubanos. Si no hubiera sido así hasta el agua estaría racionada por la libreta de abastecimientos.

El Cordón de La Habana

Otra película categoría B, fue el Cordón de La Habana.  A Castro en sus delirios de gigantismo, concibió que si se sembraran cafetos en los alrededores de la ciudad Cuba podría competir con Brasil en exportación mundial de café.

Así que el proyecto volcó a estudiantes, profesores y trabajadores en largas jornadas de trabajo voluntario(???). Como parte de la llamada “ofensiva revolucionaria” de 1968, que nacionalizó hasta a los limpiabotas, se quiso cambiar los sembrados de las expropiadas fincas que desde los tiempos coloniales abastecían a la urbe de frutas, viandas y vegetales, con el fin de plantar café y gandul.

Este jardín que rodeaba la capital haría desaparecer la escasez del café y proveería de alimentos a la ciudad.  A partir de ello se hizo imposible conseguir frutas, viandas y hortalizas y el café nunca volvió a las cafeteras criollas, salvo la mezcla con chícharos a la que los cubanos nos acostumbramos por cansancio.

Y ello no solo quedó allí, sino que estas locas ideas se extendieron por todo el país, convirtiendo a Cuba en un país en el que incesantemente crecen sus cifras de importación de alimentos porque no produce nada.

La idea del comandante, que como siempre, no contó con criterios en contra, era llenar a La Habana con cafetos de la variedad Caturra, un café enano de sol que se cultiva en las haciendas de Brasil, para lo que ni siquiera se tuvo en cuenta los estudios de suelos.

Años después, en mi camino de regreso a casa en Fontanar, atravesaba un campo abandonado de café caturra y me entretenía recogiendo los frutos maduros que nadie recogía,  hasta que finalmente todas las matas murieron por falta de atención.  Hoy en día las calles llenas de huecos del reparto Fontanar nos recuerdan cómo poco a poco, como ocurrió con el caturra y el gandul,  la mano del hombre, su desidia y su falta de motivación, sumada a ideas locas sin sustento científico,  son capaces de destruir lo que tanto trabajo costó lograr. Y el Cordón de La Habana es un ejemplo de ello.

La Brigada Invasora Che Guevara

Asociado a esta tarea, y como preludio, estuvo la creación de la Brigada Che Guevara sus integrantes eran miembros activos de la Fuerzas Armadas que se dedicaban al desbroce de manigua y monte espeso. La llamada Brigada Invasora Che Guevara, una poderosa agrupación de equipos pesado, fue constituida en 1968 en la provincia de Oriente para avanzar hacia el occidente del país desmontando terrenos de manigua y marabú para poner en posibilidades productivas decenas de miles de hectáreas que como dije eran monte, pero que incluían árboles de maderas preciosas y frutales.  Inicialmente estas tierras, en Oriente y Camagüey, se destinarían a cosechas de azúcar y arroz.

El 30 de octubre de 1967 Fidel Castro dio un discurso en Bayamo donde destacaba que la brigada contaría con 500 equipos de estera, camiones y todo tipo de equipos necesarios.

Y continuaba: “A nuestro juicio esta unidad de maquinaria agrícola constituye la más grande unidad de esta índole que se haya organizado en ningún país del mundo, o, al menos, no tenemos noticias de que en ningún otro sitio haya operado una unidad de semejante magnitud.

Ha resultado ser de una formidable magnitud, pero es el resultado de una concepción nueva acerca de la forma de usar la maquinaria; es el resultado de la magnitud de los planes que nos proponemos llevar adelante; es el resultado de la necesidad de desbrozamiento de tierra que tenemos en nuestro país todavía.”

Ante tanta palabrería hueca, que por desgracia o por estúpidos los cubanos nos tragamos, solamente queda decir que es cierto que cada caballería que se desbrozara haría más fuerte la revolución, pero por eso la revolución o la involución cubana hoy en día es más débil que nunca, porque lo que se desbrozó, incluyendo el daño a millones de árboles de maderas preciosas y de frutales en plena producción, fue muchísimo menos, una parte ínfima de las millones de caballerías que hoy en Cuba están plagadas de marabú y no producen nada.

Recuerdo con tristeza, cuando esta brigada llegó a La Habana, y se hacía obligatorio ir a trabajar a tareas agrícolas, como lo viví en Ceiba del Agua y en lugares cercanos al Habana Golf Club, al fondo de Boyeros y la carretera al Central Martínez Prieto, donde eran derribados cientos de árboles, muchos de más de un siglo y los campesinos observaban atónitos y con tristeza la fatídica tarea. En esos momentos me regocijé porque todos los días me iba para mi casa con una bolsa llena de frutas, muchas de ellas ya desaparecidas prácticamente en Cuba, como el níspero, el anón o el caimito.  Pero el daño nadie lo avizoraba entonces, la idiotez humana era más fuerte que el sentido común.

Se acabaron las frutas, las maderas preciosas y la fallida siembra de cítricos, gandul y café caturra y en su lugar hoy en día reina el marabú y por ende la miseria. Lo que se producía en Cuba, ahora hay que traerlo de otros países. Esa es la herencia que nos dejó otra de las locuras del Comandante en Jefe de la devastación.


Con la política ganadera de la revolución se acabaron la carne de res y la leche en Cuba.

Cuando era un niño o un adolescente, en Cuba la carne de res era lo más barato que se podía consumir. Comer carne mañana y tarde era algo habitual. El pollo, más caro, a no ser que usted tuviera una cría de gallinas, se reservaba para los domingos o cenas familiares señaladas. Yo hacía los mandados en mi casa y la visita a la carnicería era diaria, carne fresca, no hacía falta refrigerar nada y todos la consumían en grandes cantidades.  Si había un negocio en cada esquina, aparte de la bodega y el puesto de chinos, era la carnicería.

La leche y sus derivados eran baratos, de muy buena calidad y los que entonces lo vivimos recordamos que los litros de leche vacíos se dejaban en la puerta de la casa y al uno despertarse ya el lechero los había dejado llenos y nadie se los robaba.

Pero la política de Fidel Castro sobre la ganadería acabó con las reses, la leche y sus derivados.  Fidel Castro a pesar de ser hijo de un terrateniente que se dedicaba a la cosecha de caña de azúcar y la cría de ganado, y que por cierto fue denunciado y multado por robarse continuamente ganado de la United Fruit Company, así como correr en su beneficio los linderos de las fincas contiguas, nunca se embarró de fango un zapato, por lo que no tenía la menor idea de las decisiones que tomaba al respecto. Bastaba para que se leyera cualquier artículo en una revista para que comprometiera toda la economía del país en aventuras insensatas.

Igualmente le dió por encabezar investigaciones genéticas, sin tener ideo de ello, solo por haberse leído algo sobre un científico francés llamado Voisin. La inseminación artificial y el cruce de ciertas razas de ganado vacuno, convertiría el país en la lechera del mundo, según su predicción

Todos recordamos aquellos magnificentes discursos sobre los cruces entre Holsteins y Cebú.

Después empezó a traer búfalos de agua de Viet Nam, porque producían más y mejor leche que las vacas y se alimentaban con menos pasto.

A la vez se empezó a trabajar en el proyecto de las vacas enanas. Cada familia podría criarlas en sus viviendas para tener la leche necesaria, y fomentó, en ideas solamente, la cría intensiva de conejos para resolver el suministro de carnes.

Sus delirios, hicieron que a finales de 1960 Fidel Castro se concentrara en la ganadería. Según él, Cuba produciría más leche que Suiza. “Para llegar a este plan gigantesco necesitamos tener por lo menos cinco millones de vacas de cría y un millón y medio de vacas de leche. Nuestra tierra da para eso. Todavía vemos infinidad de pedazos de terreno llenos de manigua, marabú, mal cultivados por dondequiera”, decía el entonces mandatario.  El que leyera eso y pudiera ir al futuro, es decir a los tiempos actuales, vería que su política había llevado a tener un país sin vacas y las que existen de razas improductivas y la mayoría de las tierras plagadas de marabú.  Las infantiles campañas de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución)  con el lema “el marabú es el enemigo de los CDR” parece que lo que logró fue darle más fuerza a esta plaga.

Después de las aventuras del pastoreo intensivo del científico francés André Voisin y lograr la débil, enfermiza y poco productiva raza F1, la importación de algunas reses de razas importantes, logró que el delirio vacuno de la Revolución llegara a su clímax cuando la vaca Ubre Blanca produjo 109.5 litros de leche en tres ordeños en 1982, entrando en el libro Guinness de los récords. La vaca, que era tratada con honores, falleció prematuramente seguramente debido a la sobreexplotación a la que era sometida con fines propagandísticos. Le fue erigida hasta una estatua de mármol en la Isla de la Juventud. Los sueños de autoabastecerse de leche se fueron con ella.

Durante un tiempo yo me estuve beneficiando personalmente de estas medidas, al inicio muy prometedoras, porque trabajaba en la imprenta del periódico Revolución que después pasó a llamarse Granma, y al existir la concepción de que para evitar el saturnismo, enfermedad de envenenamiento por plomo característica de los trabajadores de las imprentas de entonces, se suministraba diariamente un litro por cada obrero diario para su consumo en el centro de trabajo y era de la vaquería llamada Niña Bonita, que suministraba a los altos dirigentes del país ese alimento.

Como muchos no tomaban leche yo a veces me tomaba 4 o 5 litros y ni almorzaba, después iba al baño como un bebito, pero me sentía bien alimentado.  A ello se sumó el yogurt de sabores, pero igualmente la mayoría prefería un ron a los lácteos, así que seguí mi racha alimenticia, hasta que fue feneciendo porque las cantidades sobrantes eran grandes y botaron el sofá como medida radical en lugar de dejarlo para los que sí tomábamos leche.

A la vaca Ubre Blanca la reventaron con tanto ordeño.

Raúl Castro, sucesor de su hermano en el poder, gran consumidor de whisky y no de leche, decía en el 2007: “Hay que producir leche para que se la pueda tomar todo el que quiera”. En Cuba, este producto, como la mayoría de los de la canasta básica, se encuentra racionado. Los niños pueden recibir leche hasta los siete años y el privilegio se extiende a unos pocos adultos a los que se le da una exigua cantidad de leche en polvo por motivo de alguna enfermedad específica.

El queso en Cuba se convirtió en un artículo de lujo, al igual que la mantequilla y en su lugar se pretendió imponer el gusto por el yogur de soya.

El dueño de ganado vacuno en Cuba, acorde con estas políticas, se convierte en una persona enferma de los nervios, y voy a decir por qué.  Un amigo de una zona rural de Alquízar, cercano a Artemisa, vieron como sus vacas y terneros fueron sacrificados al igual que sus perros.  Lo retribuyeron con cerca de 600 pesos según el valor estimado del peso de los animales y al mismo tiempo lo multaron con 3000 pesos por no haber cuidado debidamente a sus reses. “El que críe vacas en Cuba está loco”, me dijo.

Cómo coño en Cuba va a haber carne de res si aparte de estas medidas, si a usted lo sorprenden matando una vaca le imponen una pena de cárcel como si hubiera matado a una persona!. El absurdo total. Vuelvo a recordar a mi amigo y profesor de la CUJAE, Juan Carlos Oliva, que me decía que Cuba se parecía mucho al planeta marte, por las cosas increíbles que ocurrían, e instaba a los escritores de ciencia ficción a vivir la realidad de Cuba para tener temas para sus novelas.

Pero los personajes que ostentan el poder no se privan de comer toda la carne de res, camarones, langosta y todos los alimentos a los que el pueblo no puede tener acceso.  Y los dirigentes locales del Partido, como pude comprobar con Luis Acosta, secretario del Partido en Guane, Pinar del Río, le ofrecían a sus amigos y colaboradores, grandes cantidades de carne de res.  La fuí a buscar al matadero de Guane con Tony, entonces director de Radio Sandino y que después pasaría respectivamente a Director Provincial de Radio y Director de Radio Progreso, siempre bajo el ala del delincuente dirigente partidista que durante muchos años manejó la Vicepresidencia Primera del Instituto Cubano de Radio y Televisión, lugar donde por poco se lleva, con sus acólitos a los que ubicó en cargos relacionados con recursos, todos importados de Pinar del Río, hasta los clavos.

Por eso para el cubano se convirtió en una obsesión comerse un bisté con papas fritas, una combinación bien difícil de lograr en Cuba, la carne de res casi nunca se consigue, las papas a veces y cuando no hay papas no hay grasa para freírlas.

Los edificios de La Habana, gigantescos solares cayéndose a pedazos, son una curiosidad para los turistas.

La mentira de la Reforma Urbana

Uno de los primeros y no de los principales fiascos de los primeros años revolucionarios fue la Ley de Reforma Urbana.  Primero se aplicaron descuentos de hasta un 50 por ciento en los alquileres de las ciudades y luego se prohibió tener más de una propiedad.  Y después durante casi medio siglo se prohibió la compraventa de casas y terrenos, por lo que al final la propiedad no era suya.

Esas medias conllevaron a que se paralizara prácticamente la construcción en todo el país. En Cuba los años 50 se caracterizaron por un boom constructivo que nunca más conoció.

Tras la creación en todo el país de barrios completos de edificios de microbrigadas, de mal acabado y calidad, pero que resolvieron de alguna forma la demanda de viviendas, aunque muy insuficientemente e implicaba que la gente dejara por años su trabajo y se dedicara a tareas de la construcción, para la que la inmensa mayoría no estaba preparada ni conocía en lo más mínimo, cesó el movimiento constructivo, provocando un inmenso déficit de viviendas, agravado por la falta de mantenimiento y la imposibilidad de la gestión privada, abastecida solamente por el robo de materiales de construcción por los microbrigadistas como una forma de vida, aunque ello implicara la dilación en la terminación de su propia vivienda.

La situación de la vivienda en Cuba en la actualidad es super crítica.  Estadísticas gubernamentales muestran que existían unos 3,882,000 hogares, para una población de alrededor de 11 millones de habitantes, con malas condiciones en más de un 40 por ciento de los inmuebles, casi todos construidos antes de la Revolución. La necesidad asciende al menos a un millón de casas nuevas para solucionar esta situación, por lo cual diversas familias deben compartir espacios reducidos o reformar antiguas casas para convertirlas en viviendas multifamiliares, por lo que el país se ha convertido en un gigantesco solar o casas de inquilinato con servicios compartidos.

Yo personalmente, me casé y viví durante casi 50 años con mis suegros y mis hijos.  Tuve la suerte de contar con unos suegros fantásticos, inmejorables, pero no es así para todos los cubanos, que han tenido que convivir hasta tres y cuatro generaciones bajo una misma vivienda.

El principal estímulo del cubano es irse del país, pero si quisiera construir una casa o remodelarla o restaurarla, no tendría las posibilidades económicas y muchos, con la reforma urbana, ni siquiera obtuvieron títulos de propiedad, sino un certificado de usufructo.  Por tanto el proyecto de la Reforma Urbana, ciertamente reformó las zonas urbanas, pero no para mejorarlas sino para convertirlas en ruinas vivientes, como es hoy La Habana.

Un deprimente campamento de la Escuela al Campo.

La Escuela al Campo y la Escuela en el Campo.

En uno de sus arranques a Fidel Castro se le ocurrió un plan “único en el mundo” que denominó Escuela en el Campo. Ordenó la construcción de 535 gigantescas  escuelas de tres y cuatro pisos en los campos (40 de ellas para becados del Tercer Mundo), todo ello a costa de la consiguiente afectación para la economía nacional y la vida de los cubanos, que iban a renunciar a tener a sus hijos adolescentes a su lado e ir a visitarlos y controlarlos como pudieran en sitios apartados de la geografía urbana con los consiguientes problemas de transportación y preocupación.

Los recursos empleados en este proyecto fueron de miles de millones de dólares. Se emplearon diez millones de toneladas de cemento, se ensamblaron 2.000 ómnibus rusos (Girón) para transportar a los estudiantes.  Se consumieron 16 millones de toneladas de alimentos y 15 millones de toneladas de combustible, a lo que se suma el equipamiento técnico y docente, uniformes, y todo el avituallamiento necesario.  Todo son cifras estimadas, lo realmente gastado, y que salía de los subsidios soviéticos no lo sabrá nadie nunca.

Si se hubieran destinado estos cuantiosos recursos financieros a desarrollar más la economía nacional y satisfacer las más agobiantes necesidades de la población, se hubiera hecho un uso efectivo de los mismos, mientras que lo gastado fue como echarlo a un pozo sin fondo o a un saco roto.

El proyecto implicó que la mayoría  de los estudiantes secundarios y preuniversitarios fueron trasladados a vivir en escuelas situadas en el medio de la nada  y trabajar como peones agrícolas de media jornada. Mientras tanto otros estudiantes de las ciudades eran llevados a trabajar en la agricultura por períodos entre 45 días y tres meses, la conocida “escuela al campo” que también sufrimos los padres de forma reiterada.  Eran precarias las condiciones de alojamiento en estos campamentos,pero lo más indignante, es que a ellos no iban los hijos de los dirigentes.

Al explotar el campo socialista y los subsidios asociados a esos lazos, se acabaron las escuelas al campo y en el campo, tareas totalmente improductivas que lo único que consiguieron fue angustiar a los padres, hacerle gastar recursos que no tenían, limitar su tiempo libre y ver como muchos hijos e hijas tuvieron serios problemas de convivencia, embarazos precoces, accidentes laborales y otros males incontables.  

El daño social marcó negativamente a cientos de miles de adolescentes en lo psicológico,  familiar,  moral, sexual, académico, educativo, y en las buenas maneras para comportarse socialmente.

El “hombr nuevo” solamente existió en la turbia mente del Ché Guevara.  El “hombre nuevo” es el que se dió cuenta de lo irracional del sistema donde vivían.

Hoy en día, las escuelas al campo se hallan abandonadas y de ellas solo quedan las paredes, baños, puertas y ventanas han sido “canibaleadas”(robadas en Cuba).  Otras fueron convertidas en cárceles y otros en viviendas, que siguen vacías por falta de trabajadores que quieran laborar en terrenos llenos de marabú y con los servicios básicos a decenas de kilómetros de donde viven.

Combinado del Vidrio “Amistad Cubano Húngara”. Con amigos como estos no hace falta enemigos.

La mentira de la industrialización del país.

Entre los principales fracasos está la “industrialización instantánea”, la rápida instalación de una amplia gama de industrias de sustitución de importaciones como la metalurgia, ingeniería pesada y maquinaria, productos químicos, equipos de transporte e incluso plantas de montaje de automóviles.  

Es cierto que se construyeron cientos de fábricas de todo tipo, pero como trabajé en el Ministerio de la Industria básica y en particular conozco al detalle la industria química y del vidrio, puedo afirmar que todas, con muy pocas excepciones, todas las instalaciones eran tecnologías completamente obsoletas, algunas de ellas anteriores a la segunda guerra mundial y de la que los países socialistas se fueron deshaciendo como hierros viejos ineficientes y en su lugar obtuvieron acceso a las modernas tecnologías norteamericanas con que Cuba contaba entonces.   

Trabajé muchos años en el Ministerio de la Industria Básica y pudo dar fé del engaño gigantesco de la llamada industrialización.  El Combinado del Vidrio de La Lisa, gigantesca empresa de Vidio, contaba con una tecnología húngara anterior a la segunda guerra mundial. La mandaron a Cuba antes de fundirla como hierro viejo.  En la planta de vidrio de San José de Las Lajas, única existente en Cuba antes de la revolución, y dedicada a la producción de envases, se hizo una inversión polaca de vidrio plano.  La tecnología igualmente era de los años 40 y el vidrio tenía ondulaciones, por lo que no servía para nada.

Cuando se hace una nueva planta de producción de vidrio, se escoge la ciudad de Las Tunas, a más de 700 kilómetros de La Habana y casi a mil kilómetros de la fuente de su principal materia prima, la arena sílice, cuyos yacimientos explotados se encuentran en Guane, Pinar del Río, aparte de que los grandes consumidores de sus productos estaban en La Habana. Grandes inversionistas hicieron posible que la planta nunca fuera rentable.

Por suerte eso fue solo al inicio, el Ministerio prácticamente no hacía inversiones en el campo socialista, salvo cuando no hubiera disponibilidad alguna de divisas, por lo que las termoeléctricas más eficientes como la de Cienfuegos, era japonesa, otras francesas, así como plantas de todo tipo fueron mejorando a medida de que se modernizó la tecnología con manufactura capitalista.

Pero como ha pasado con todo en Cuba, falta de mantenimiento, de fuentes de abastecimiento o de mercado, han llevado al país a contar con un índice de industrialización muy inferior al que se encontró el Comandante.

La Autopista Nacional de Cuba que de Nacional no tiene nada.

Llamada popularmente “Ocho vías” es otro megaproyecto nunca concluído.  Aparte de no concluirse no cuenta con los requisitos técnicos para ser considerada un autopista propiamente dicha, como tampoco su recorrido incluye todo el país, pero algunos segmentos de su trayecto le sirven de pista de aterrizaje y despegue a la aviación de combate, que era uno de los objetivos que perseguía.

Debemos recordar que una de las obras más importantes del dictador Machado, la

Carretera Central, inaugurada el 24 de febrero de 1931, abarcaba 1139 km entre Pinar del Río y Santiago de Cuba, y sus escasos seis metros de ancho enfrentan a duras penas los requerimientos actuales del transporte por carretera.

Es por ello que en la década de los 80 comenzó la construcción de una ambiciosa autopista nacional, diseñada para 6 u 8 carriles con un separador intermedio. Se terminó el trazado Pinar del Río- Habana-Santa Clara, alcanzando las proximidades de Taguasco en Sancti Spíritus. En  Santiago de Cuba se construyeron unos 45 kilómetros en terreno de montaña hasta San Luis, el único obstáculo geográfico complejo en su largo recorrido llano, algo superior a los mil kilómetros.

Al desaparecer la URSS en 1990 se habían construido cerca de 600 kilómetros, cerca de la mitad de lo previsto.

Así y todo, la Autopista Nacional de Cuba es la mayor arteria vial del país. Son en realidad dos autopistas que parten de La Habana hacia el este con Santa Clara y Sancti Spíritus, la A-1 y hacia el oeste o Pinar del Río la A-4,  conectando 8 de las 15 provincias del país.

Un tramo construido de la A-1 une la ciudad de Santiago de Cuba con Palma Soriano y ofrece acceso a la ciudad de Guantánamo, por lo que en total hay 597 transitables.

Pero la autopista no es ajena al pésimo estado de las carreteras, lo que está entre las principales causas de accidentes en Cuba. Otro gigante blanco, esta vez bastante grande y que por supuesto no provoca más accidentes por el escaso parque automotor que hay en Cuba.

Junto con la Autopista Nacional, el Metro de La Habana.

Un buen día, supongo que alguien le haya mencionado a Fidel Castro algo relacionado con los problemas de transporte en La Habana, otro haya alabado este sistema de transportación y quizás otro guataca le haya hablado de los planes de principios del siglo XX de construir un metro en la capital.

El caso es que sacó nuevamente de su gaveta una vieja idea que desempolva y crea, sin estudios ni fuentes de financiamiento, solo con su voluntarismo,  el Grupo Ejecutivo del Metro de Ciudad de la Habana.

Esta idea, que lógicamente debía ser financiada por la madre Rusia, tenía dos objetivos:

La línea inicial abarcaba desde Alamar hasta la Ciudad Deportiva, para posteriormente llegar hasta la calle 100 y finalmente hasta el Aeropuerto Internacional José Martí, y ello le permitiría contar con l decenas de kilómetros de túneles, disponibles en los años que durara el proyecto, como parte de la “guerra de todo el pueblo” Si Reagan no atacaba durante el tiempo de su construcción, podría ser una obra que quedara como parte de su legado. En segundo lugar, el Metro abonaría su ego y lo colocaría, junto con la terminación de la Autopista Nacional como obras que eclipsarían al Capitolio y a la Carretera Central.

El triste papel del Ché Guevara como inventor de desastres.

Varias desastrosas ideas del Che Guevara, que pasó súbitamente de médico de segunda a ser un gran estratega militar y escritor, un gran economista y un filósofo y politólogo con ideas de alcance mundial, fueron acogidas por la distorsionada mente de Fidel Castro.

Sin duda de todos sus desvaríos, el más ridículo fue el enfoque radical “guevarista” de la creación del llamado ” Hombre Nuevo”, sin duda algo para reírse, digno de una película italiana de los años 50, mientras más profundizo en su teoría, más me acuerdo de Ugo Tognazzi, Alberto Sordi, Vittorio Gassman, Nino Manfredi y Marcello Mastroianni.  Con ello se pretendía institucionalizar el lavado de cerebro de niños, adolescentes y jóvenes. Mediante la repetición de una visión distorsionada  de la historia de Cuba y del mundo, el desprecio a los valores democráticos y las libertades  individuales, y como efecto de ello en Cuba surgió un hombre nuevo, pero no el que ellos querían, sino el hombre nuevo que avizoraba con precisión que seguir viviendo en Cuba era convertirte en un mediocre, un títere y un esclavo y por ello toman la decisión de convertirse en otros hombres, hombres libres, verdaderamente nuevos y  pagar el precio de abandonar a su familia, su país y sus raíces.  Eso es lo que lograron el Ché y Fidel  con sus teorías fanáticas.

De la nada, el Ché se convirtió de pronto en un excelso economista y a su genio debe Cuba dos temas de los que no ha podido salir y que la han sumido en la miseria casi total: en primer lugar el invento del sistema financiero presupuestado, un pozo sin fondo que se traga todos los recursos de manera descontrolada, para cuya implantación se materializó la desaparición de la contabilidad y los aparatos económicos y financieros, y la otra gran idea fue el sentar las bases de los controles monetarios sin convertibilidad en divisas que provocó un poder adquisitivo bajísimo de la moneda y que hace que desde casi 55 años el dinero cubano no tenga valor convertible fuera del país.  Para ello primero efectuó un cambio de la moneda existente que no benefició a nadie, salvo al gobierno. Yo pude ver a personas que no tenían fe en el sistema bancario, mucho menos con la revolución, que perdieron todos sus ahorros por estar limitada la cantidad de dinero que se podía cambiar.  Y no me lo contaron, participé en un centro de cambio, lo que me costó veinte pesos, una fortuna para la época, que celosamente guardaba en una gaveta.

A eso podemos sumarle que Fidel y su incapaz asesor, el Ché no fueron capaces de comprender que únicamente exportando azúcar podrían obtener las divisas para instalar  fábricas nuevas. El  argentino  viajó por el mundo y  gastó cientos de millones de dólares en la compra de plantas completas , casi todas de tecnologías obsoletas, a la vez que se desmantelaban 130 mil hectáreas de caña.

Por eso, ahora que se conmemora el medio siglo de la muerte del Che Guevara en Bolivia y oigo las voces que lo han convertido en un símbolo de lucha y de rebelión, y lo muestran como un ícono de la libertad, los invito a que profundicen en la herencia maldita que le dejó a nuestro país, sin hablar de su condición de asesino, que la conozco de primera mano y no de fanatismo o preferencia política, sino porque mi padre luchó con él en la guerra contra Batista en su columna y puedo decir que vivió en el monstruo y le conoció sus sangrientas entrañas.

Otro improvisado, niño mimado que lo tuvo todo y se creyó que era un nuevo profeta, y tuvo un oído receptivo en otro ejemplar similar a él, su alma gemela, Fidel Castro.

Cuba produjó más de una tercera parte de todo el azúcar del mundo.

Sin azúcar y sin país.

En la Cuba republicana había un lema que estaba por encima de todas las concepciones filosóficas y políticas: “Sin azúcar no hay país”.  Hay quien consideraba que era una frase exagerada, pero el gobierno revolucionario demostró que era totalmente cierta y objetiva.

Después de Fidel Castro hay que modificar la frase, que quedaría como :”Sin azúcar y sin país”

Por más de dos siglos el azúcar fue parte principal en la cultura y el paisaje cubanos y si a un niño le pedían que dibujara algo, seguro era un bohío, con un caballo, una vaca y un central azucarero con su ferrocarril.

Y fue precisamente la industria azucarera, la que propició que el 19 de noviembre de 1837 Cuba se convirtiera en el primer país de Latinoamérica con ferrocarril, segundo del continente luego de EEUU (Albany, 1831),  11 años antes que en España .

Recuerdo una revista National Geographic de 1947, posterior a la Segunda Guerra Mundial y cuyo artículo principal era “Cuba, American Sugar Bowl”, es decir, Cuba, la azucarera de América, y

Cuba fue la azucarera del mundo durante más de 160 años. Alcanzó  1,1 millones de toneladas métricas en 1894, un tercio de toda el azúcar producida en el mundo. Con la guerra de independencia la producción cayó, pero en 1905 se produjeron 1,3 millones de toneladas métricas en 174 ingenios, y ya en 1925 la zafra llegó a 5,1 millones de toneladas métricas, con una cuarta parte de la producción mundial.

Pero no solo era el mayor productor de azúcar de caña sino también el más eficiente mundialmente al registrar un 13,17% de rendimiento industrial, y en los años 50 la Isla exportaba la mitad de toda el azúcar mundial, con una producción de 7,1 millones de toneladas métricas, en 161 fábricas y con el rendimiento industrial promedio mayor del planeta.

La producción se limitó por la cuota de importación acordada con Estados Unidos, país que pagaba un precio superior al mercado mundial, y que era mayor a tres millones de toneladas anuales.

Fidel Castro, en su afán de poder, en 1960  nacionalizó toda la industria azucarera y el resultado fue que en solo dos años la producción se derrumbó de 6,8 millones de toneladas métricas a  3,8 millones en la zafra 1962-1963.

Después del descalabro de la zafra de 1970, logró ventajosas negociaciones con la Unión Soviética. La URSS gastó miles de millones de dólares en este rubro y amplió la producción azucarera cubana hasta llegar a ocho millones en 1990,  construyendo seis grandes centrales azucareros y además pagaba  45 centavos de dólar por libra de azúcar, mientras en el mercado mundial estaba a cinco centavos. Este subsidio inmenso se reproducía por la reexportación de parte del petróleo soviético regalado por Moscú.

Pero el autoritarismo de Fidel lo hizo reventar de rabia por la ineficiencia de la industria azucarera y tomó la decisión, típica del cubano, de “botar el sofá” y ordenó desmantelar 95 de los 156 centrales existentes y reducir, para que fuera pasto del marabú, un millón 250 mil hectáreas de tierras.  Después fueron desactivados cinco más y quedaron al final 56 centrales en funcionamiento.

Y además dijo por televisión: “el azúcar es la ruina del país” y calificó de disparate la producción azucarera. No le importó la historia, la cultura, los cientos de miles de personas que vivían en los bateyes y pueblos cercanos a los centrales y cuya vida y actividad económica dependía de la producción azucarera.  Tuve oportunidad de ir a varios de esos lugares y el odio con que hablan del gobierno que les acabó la vida, es infinito.

Estas decisiones hicieron que Cuba pasara de mayor exportador de azúcar del mundo a país importador, después de casi dos siglos de ostentar esa supremacía, y la producción del azúcar disminuyó al nivel de 1894, cuando Cuba era una colonia española.

En la zafra de 2015-2016,  la producción azucarera no llegó a los 1,6 millones de toneladas métricas, de las cuales se destina la mitad al consumo nacional. Se logró llegar a producir tres veces menos que en 1925, algo vergonzoso.

Solo un dato interesante, los hermanos Fanjul, industriales azucareros cubanos cuyas propiedades fueron incautadas por Fidel Castro, producen actualmente más de siete millones de toneladas de azúcar en sus fábricas de Estados Unidos, México, República Dominicana, Canadá, Gran Bretaña y Portugal.

Juraguá.

Antes de entrar en el proyecto más ridículo y escandaloso de todos, vamos a analizar uno que estuvo a punto de poner en peligro la seguridad nacional y la estabilidad internacional: la Central Electronuclear de Juraguá, en Cienfuegos.

Quizás sea el ejemplo más grandioso de las obras faraónicas fracasadas.  Es por ello que fue bautizada como “La obra del siglo”. Comenzó su construcción en los años 80 y su reactor costaría mil cien millones de dólares.  Paralelamente se construyó la Ciudad Nuclear para albergar a los trabajadores temporales y a los que trabajarían en la operación de la Central.

Se movilizaron decenas de miles de trabajadores de múltiples especialidades. Ell Ministerio de la Industria Básica, inversionista de la obra, nombró a Carlos Mateu, que actualmente es viceministro del Trabajo, como responsable de la inversión.  Se le dió una atención especial y esmerada a la obra, de acuerdo con el carácter que se proyectaba.

Las obras se paralizaron cuando llevaban más de un 50 por ciento de avance y aún tras el colapso de la URSS se ofreció a otros países concluirlas, pero los estudios relacionados dieron resultados de que su funcionamiento podría haber sido letal por los niveles de radiación de plantas similares en la Unión Soviética.

Hoy la Ciudad Nuclear se ha convertido en un sitio fantasmagórico, donde a duras penas sobreviven algunos cientos de habitantes que se dedican a desmantelar estructuras para sustraer las cabillas y otros elementos constructivos y vivir de ello.  Otros dicen que en su visita a la Ciudad Nuclear no encontraron una ciudad fantasma porque el mercado tiene buena actividad y en la comunidad tienen una escuela primaria, una farmacia, un parque infantil y una clínica, aunque sin embargo hay una gran pobreza por la falta de trabajos.

Algunos de sus habitantes trabajan en Cienfuegos, a unos 40 kilómetros de distancia y con muchas dificultades de comunicación. Pero ahí siguen como mudos testigos de lo que no fue.

La desaparición de la URSS propició que Cuba no pudiera contar con una planta nuclear que suministraría el 15% de la energía al país, pero a su vez evitó un muy posible y considerable impacto negativo para el ecosistema y un posible conflicto con Estados Unidos.

Y para el final, el ridículo mayor.

Y de que van, van! La desastrosa zafra de los diez millones de toneladas de azúcar.

En las zafras azucareras de la década de los 50 el país producía más de seis millones de toneladas de azúcar, aunque había más capacidad de instalada y más caña por moler y la producción estaba limitada por la demanda mundial.

Con la expropiación de los centrales azucareros y las tierras por parte del Estado, la producción decreció y comenzó el racionamiento. Ante esta situación en 1970, Fidel Castro anunció uno de los proyectos más desastrosos que dejó su mandato: la épica zafra de los 10 millones.

“Fidel Castro lo hizo por su ego, para hacer la zafra más grande que había tenido Cuba”, explican especialistas. Todas las fuerzas productivas fueron movilizadas para conseguir el logro de ese objetivo. En un país de corte socialista, hasta la cultura servía a intereses propagandísticos. Una agrupación de músicos decidió tomar el nombre de la consigna que por entonces estaba en boga, “de que van, van”, y así surgieron los Van Van.

El Volkssturm (que se puede traducir como ‘fuerzas de asalto del pueblo’) fue la milicia nacional alemana, creada en los últimos días de la Alemania nazi, específicamente el 18 de octubre de 1944 bajo las órdenes de Joseph Goebbels, por lo que todos los varones entre los 16 y 60 años fueron conscriptos e integrados en el plan de defensa de la patria contra el avance del Ejército Rojo en el este, y las tropas anglo-estadounidenses en el oeste y en el sur.

Fidel Castro igualmente, y haciendo uso de su admiración por todas las medidas absurdas, en particular las del nacional socialismo y el comunismo, ordenó un reclutamiento masivo entre la población civil cubana, incluyendo en primer lugar a todos los trabajadores, de cuya finca él era el único dueño.  Así gente como yo, que solamente había visto un cañaveral desde lejos, fuimos literalmente obligados a ir a los cortes de caña por períodos no menores a un mes o 45 días, cerrándose todos los centros productivos, y poniendo al país en función de una meta tan inalcanzable como estúpida.  

Ni había caña suficiente, ni capacidad industrial para ello, por lo que el ministro del ramo, Orlando Borrego, se lo dijo a Fidel  y la respuesta fue la destitución instantánea.   Era una idea completamente loca que de haberse logrado derrumbaría el precio del azúcar, pues Moscú  compraría solo 3,5 o cuatro millones de toneladas métricas y el resto aumentaría la sobreoferta que ya había internacionalmente. El monto obtenido de 8,5 millones de toneladas métricas  tuvo un costo tan alto que el país entró en una recesión de varios años.

Yo debo haber consumido mil veces más azúcar, solamente durante el tiempo de la movilización que las cuatro cañas que cortaba diariamente y así ocurría con la inmensa mayoría de los que allí estábamos contra nuestra voluntad.

Por supuesto que fue un desastre total, y no sólo en ese momento, de ahí en lo adelante nunca se alcanzaron las cifras de producción anteriores. Acabó con las instalaciones industriales al someterlas a esa presión. En cuanto al rendimiento agrícola, fue mermando también y nunca más se ha recuperado.  Las gordas y altas cañas de entonces nunca la hemos vuelto a ver, y el guarapo se volvió tan escaso como el whisky en Cuba.

De ocho millones de toneladas de azúcar, Cuba en los últimos años ha pasado a producir apenas 1.3 millones, cifras similares a las producciones de inicios del siglo XX.  El capricho de Fidel Castro no sólo acabó con la frase que conocíamos todos los cubanos desde niños de: “sin azúcar no hay país”, sino que nos llevó a cien años atrás en los volúmenes de producción de azúcar.

Como todo lo que ha tocado, Fidel Castro ha logrado llevarnos al pasado o estancarse en el tiempo, pero no con las condiciones de ese momento, sino deteriorándose completamente.

La zafra de los 10 millones fue el ridículo más sonado de la revolución, pero como políticos comunistas, entrenados en la mentira, comenzaron a hablar de “convertir el revés en victoria”.  Todavía estoy por ver el primer éxito verdadero.

Ese ha sido el ridículo más grande que ha hecho Fidel Castro, y que nunca ha podido borrar de su larga historia de fracasos.


Hasta después de muerto hizo el ridículo, el auto que lo transportaba hubo que empujarlo.

El final de la película.

Perro huevero aunque le quemen el hocico, Fidel Castro, al borde de la muerte y más loco que nunca, se empeñó en sus postreros proyectos, a ver si alguno le salía bien.

Desgastado por tanta psicosis, acometió y dejó de lado con igual rapidez a los maestros emergentes, profesores integrales, marchas del pueblo combatiente, batalla de ideas, tribunas abiertas, la “revolución energética” que logró un efecto contrario a lo deseado y todo cuanto no consumiera muchos recursos porque ya se la había acabado el subsidio soviético, fueron los sustitutos de los grandes planes económicos en tiempos de crisis o del llamado “período especial”.

Ya al borde de su desaparición, se enamoró del árbol milagroso, la moringa e impulsó planes para su plantación y cultivo a gran escala.  A la par se dedicó, desde su silla de oficinista y vestido con ropa deportiva Adidas, a escribir las llamadas “reflexiones”, que más bien eran “inflexiones” porque se dedicaban a combatir todo lo que beneficiara al pueblo y en particular a minar el poder que le había cedido al hermano.

Me llamó mucho la atención la controversia entre el actor Arnold Swartznegger y el presidente Trump, donde el primero le dijo a Trump que intercambiaran sus puestos y que asi los americanos y el mundo iban a dormir tranquilos, como respuesta al caos que ha sembrado el ignorante presidente en los Estados Unidos.   Supongo que a Raúl Castro, los ministros y el pueblo de Cuba, por suerte ya librado hacía algunos años de su inagotable verborrea, estarían muy contentos con la muerte de un personaje que por desgracia no puede ignorarse, pero que al igual que Trump, uno desearía ni nombrar.

Por eso soy feliz cuando leo la prensa en internet y disfruto que a alguien se le haya ocurrido una extensión para que en el navegador no haya que verle la cara a Trump y en su lugar salgan unos gaticos.  No me gustan los gatos, pero antes de ver a Fidel Castro o a Trump prefiero ver a una serpiente, y tengo fobia por esos reptiles.

Y solamente me refiero a los proyectos económicos inacabados o fracasados, porque en el orden subjetivo, desgraciadamente Fidel Castro tuvo éxito.

Es objeto de otro análisis particular, las medidas que vinieron junto con los inalcanzables proyectos, como fueron la eliminación de los derechos de los trabajadores a través de sindicatos subordinados al partido y al gobierno; la abolición completa de la libertad de expresión y de prensa; la represión extrema y la vigilancia personal así como una cruel política migratoria.  Cualquiera de estas atrocidades serían suficiente para calificar la gestión revolucionaria como un gran caos, pero si le sumamos los proyectos fallidos, entonces no hay forma de darle siquiera un voto favorable a Fidel Castro y su banda.

Esta fue una de las pocas cosas que no se le ocurrió a Fidel Castro Ruz (QEP no D).

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