CINES DE LA HABANA

El día que Marlon Brando nos deje, todos los demás actores subiremos un escalón.

         Al Pacino

Antes de la era de la televisión, y aún con ella, la Radio y el Cine, en primer lugar, era el entretenimiento favorito de los cubanos.

En La Habana existían 358 cines, en una ciudad de un millón de habitantes para una media de un cine por cada 2793 habitantes. Me atrevo a apostar que esa proporción era mucho mayor que muchas de las grandes ciudades del mundo contemporáneo y muchísimo menos que lo actual. El cine era un medio bien barato, al alcance de todos los bolsillos; por supuesto había circuitos de películas de estreno, como el Carrerá, y una buena cantidad de salas de cine y cine-teatros tales como RadioCentro, Mónaco (me gustaba mucho este cine no solo por el cine en sí y que era de películas de estreno, sino porque tenía la hasta entonces única máquina en la que usted echaba cinco centavos y caía un vaso de cartón con la etiqueta de Coca Cola y lo llenaba hasta arriba sin derramarse, muy entretenido para un adolescente), Payret, Los Angeles, Rodi, Atlantic y otros más. Y era una aventura ir al cine Verdún y ver como por la noche su techo se abría.

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RADIOCENTRO ANUNCIANDO CINERAMA

En 1958 Cuba alcanzó la cifra más alta de espectadores en los cines de su historia con casi 400.000 espectadores. Después nunca más ha podido rebasar esa cifra, que se apoyó en los más de cien cines existentes en la capital y la tupida red de cines de barrio dotados con las más modernas tecnologías de la época.

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CINE CUBANO ANTES DE LA REVOLUCIÓN

Pero lo más impactante y los más concurridos eran los cines de barrio. Con precios entre 10 y 40 centavos, con matinés para los niños y días de damas donde las mujeres acompañantes no pagaban, eran un atractivo inigualable. No había muchacho que no esperara con ansias el mediodía del domingo para disfrutar de la matiné y darle continuidad a los episodios que lo tenían enganchado.

La programación casi era estándar para todos los cines: avances de los nuevos filmes, anuncios, un noticiero, la película ¨de relleno¨o clase B (muchas veces excelentes filmes), dibujos animados o documentales cortos y el invariable filme principal. El cine más cercano a mi casa era el Maravillas pero no era mi predilecto porque ahí solo pasaban películas españolas, mexicanas y argentinas, aunque muchas de ellas eran excelentes, pero una cuadra más allá estaba mi preferido: El Edison.

Mi padre era amigo del hermano del dueño y a su vez vecino de mi compañero de escuela el que después fuera famoso escultor, de Lázaro, conocido por de Larra. Así que de vez en cuando nos daban unos pases para entrar gratis al cine de lunes a viernes y así me daba el banquete de la vida. También estaba el cine México, cercano al desaparecido puente de Agua Dulce, donde ponían 3 películas por 15 centavos, pero este era un cine que estaba bastante deteriorado, a veces se llenaba de todos los muchachos del barrio y había que ir a la platea y esta no tenía respaldo, era de madera y similar a los estadios de pelota en sus lugares más baratos, estar cuatro horas en esa incomodidad por mucho que disfrutaras las películas no era nada fácil.

Si no conocí todos los cines de La Habana, creo que impuse un récord porque fuí a cines de todos los extremos de la ciudad persiguiendo películas.

Había otros cines como el Rialto, el Bélgica, el Actualidades o el México que proyectaban 3 películas y además todos los cortos mencionados, aquello era como un disco de larga duración.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, La Habana había crecido con el surgimiento de nuevas barriadas y una clase media económicamente apoderada. También aumentó el número de salas de cine: El Mónaco, en el reparto Sevillano; Atlas, en la barriada de Luyanó; City Hall, en el Cerro; Salón Rosa, en Cotorro; Ambassador, en Playa-Marianao… Teatros como Carral, en Guanabacoa, y Céspedes, en Regla, se readaptaron para salas de proyección.

Los más elegantes contaban con equipos de aire acondicionado, pero los que no lo tenían, siempre contaban con extractores y ventiladores que hacían el lugar sumamente agradable aunque hubiera calor afuera.

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SALON DE CINERAMA EN RADIOCENTRO

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En los cines de barrio era popular el grito de “cojo suelta la botella” cuando una cinta se trababa o se producía una breve interrupción. El “cojo” seguramente fue el proyeccionista de algún cine que quizás fuera adicto al alcohol y en su mareo no cambiaba los rollos de cintas a tiempo, y por ello se hizo popular el dicho, lo cual era inevitable en cualquier cine ante la menor interrupción. Un peligro latente era sentarte en asientos con chicles pegados o tener cuidado con las colillas de cigarros que tiraban los usuarios de la platea o piso superior hacia abajo. Era habitual que en todos los cines hubiera una pequeña cafetería donde se vendían confituras, golosinas, cigarros y refrescos. Cuenta Alvarez Guedes que el cubano es el único en el mundo al que le obligaban a taparse la boca al salir del cine…el nunca supo por qué, solo le decían: “tápese la boca”. Me consta que es así y todavía no tengo la explicación. Debe ser la misma de no bañarse hasta pasadas tres horas después de comer o no salir destapado del baño porque cogías un “aire”.

En lo particular en el cine Edison, en la Calzada del Cerro, cuando podía me tomaba los refrescos más caros entonces: Nao Capitana, una especie de batido de chocolate con leche o Naranja Nehi, casi un jugo puro de naranja y los más deliciosos “peters” Hershey. Otros cines como el Valentino en la esquina de Tejas tenían un vendedor ambulante al que no se le entendía lo que pregonaba, pero vendía muchísimo.

Me gustaba mucho algo particular de los cines de barrio: la propaganda de las películas a exhibir. Primero era un pequeño papelito impreso por ambas caras donde tenía los horarios y las películas con sus actores (siempre me ha preocupado mucho que se le da mucho valor al actor y casi no se habla del director) y en todos los días de la semana siguiente. Después en la entrada de los cines había varios carteles impresos de las compañías distribuidoras con la propaganda del filme, pero lo mejor eran los carteles a varios colores, tamaños y tipos de letras que invariablemente pintaba con pinceles un rotulista, que además firmaba en letras pequeñas su nombre. Estas personas, que no eran muchas siempre tenían trabajo pues cambiaban creo que diariamente el rotulado de todos los cines del barrio, y recuerdo que en el mío eran varios: Edison, Coloso, México, Maravillas, Principal, Valentino, Los Angeles y Mara, todos me quedaban a no más de un kilómetro de camino. Cada vez que pasaba por un cine me lo encontraba dibujando.

Proyectistas del CIR - DEL MUSEO

SALA DE PROYECCION AÑOS 50

Pero lo sorprendente era que de los filmes venían a Cuba pocas copias (las principales distribuidoras de las grandes empresas productoras, Metro Goldwyn Mayer, Universal, Paramount, Columbia, etc, estaban casi todas en las calles al fondo de la terminal de Omnibus Nacionales cerca de Ayestarán y contaban con excelentes condiciones de almacenamiento, climatización, humedad y custodia), las que eran distribuidas entre los cines por un muchacho en bicicleta. Recordemos que los filmes venían en pesados contenedores de metal con cinta de 35mm con una duración de unos 20 minutos, por lo que era verdaderamente un arte y casi un deporte olímpico andar las calles de La Habana, de un barrio a otro, en una bicicleta con una carga considerable de cintas, transportándolas de un cine a otro para darle continuidad a la proyección sin que esto fallara nunca. Conocí a un joven que se dedicaba a este trabajo y estaba más flaco que una vara de pescar por el pedaleo incesante y la carga al cuarto de proyectores, siempre situado en lo más alto del cine.

Cuando un muchacho le proponía a la novia escaparse al cine, las cosas se podían poner más o menos intensas en la zona más apartada del “gallinero”(platea alta), si no estaba cerca la chaperona, o no importunaba la acomodadora con su linterna. Era una alternativa que terminó creando una bonita tradición. Una alusión a esta costumbre era el dicho: “si tu me la movietoones y a mi se me paramount, yo te la metro goldwyn meyer por la columbia pictures….”

CINE SOVIETICO berlin

HEMORRAGIA DE CINE SOVIETICO: 99.999999…% ERAN DE GUERRA

CINE SOVIETICO

Dos acontecimientos importantes fueron Cinerama, una opción para no tener que ver las películas en tercera dimensión con espejuelitos de cartón con un ojo verde y otro rojo a través de papel celofán. El otro y más importante e impactante fue Cinerama.

En 1947, se inauguró oficialmente el Cine Teatro Warner como parte del complejo Radiocentro en la capital cubana, surgía un estilo lujoso, moderno y funcional para un complejo cinematográfico teatral que marcaría pautas en las prácticas de este ámbito. Pocos años después en junio de 1953, la instalación había inaugurado también la tecnología del sistema norteamericano de 3Dimensión exhibiendo el filme Casa de Cera.

El 24 de febrero de 1958, se reinauguró el cine teatro RadioCentro después de varios meses cerrado tras una reconstrucción a un costo de 250 mil pesos para instalar el sistema cinematográfico Cinerama del cual la empresa exhibidora (propiedad de los hermanos Mestre, dueños de circuito CMQ de Radio y Televisión, la publicitaria Mestre Conill y el Edificio FOCSA) contaba con la exclusividad para Cuba y el área del Caribe.

Cuba fue el primer país del Caribe y el tercero de América Latina que estrenó esta tecnología, hasta ese momento sólo existente en Buenos Aires, Argentina y Caracas, Venezuela.
La primera película exhibida en Cuba se llamó This is Cinerama y lo hizo entre ese día hasta el 25 de agosto de 1958, cuando más de 200 mil personas la habían visto. El sistema estuvo en operación hasta noviembre de 1960, sólo con películas de este tipo. En ese período se proyectaron:

-This is Cinerama
-Holiday

No hubo muchas películas en Cinerama, y además el sistema llegó tarde, pues con los cambios que se avecinaban pronto esto no tendría continuidad.

CINE-NEPTUNO-CALLE-NEPTUNO-C.-HABANA

CINE DE BARRIO. ANTIGUO CINE NEPTUNO EN LA ACTUALIDAD

En la memoria emotiva de los mayores viven Cantinflas, Tin Tan, El Llanero Solitario, Kirk Douglas, Sofia Loren, Humphrey Bogart y cientos más. El cine negro estadounidense o los grandes musicales de Hollywood atraían por igual al público.

Pero no hay nadie como Marlon Brando. No lo ha habido ni lo habrá jamás. Nadie, nunca, ha sido capaz de impactarme tanto interpretando un personaje. Al Pacino, Humphrey Bogart, Michael Caine, Jack Nicholson, Robert Duval, Dustin Hoffman, Anthony Hopkins, el inmenso Robert de Niro,….son todos mis favoritos, maravillosos actores, pero nadie como Marlon. Su intensidad, su carisma, su fascinante personalidad la que trasladaba a su personajes, es inalcanzable para cualquier actor.

Marlon Brando es el cine en sí mismo. El es “el actor” igual que en el canto fue Sinatra “La Voz”, son inalcanzables.

Marlon Brando encadenó, seguidas, tres de las mejores interpretaciones de la historia del cine: Un Tranvía Llamado Deseo, Nido de Ratas y Julio Cesar. Con las dos primeras y de la mano de Elia Kazan, cambió por completo la forma y los métodos de actuación que existían en ese momento. Con Julio Cesar, dio una lección a los que dudaban del talento del actor americano en comparación con los grandes actores británicos. Y que decir de Nido de Ratas o La Ley del Silencio. Interpretación mil veces imitada y nunca igualada. Ni sus imitadores James Dean de escasos recursos, Monty Clift (grande también) o Paul Newman (otro peso pesado, pero lejos del talento de Marlon) , ni sus herederos (Al Pacino, Robert De Niro o Sean Penn) han podido igualarlo.

El-Padrino-Gato

MARLON BRANDO EN SU CARACTERIZACIÓN DE EL PADRINO

No me perdía una película de Marlon como fueron : Sayonara, El Rostro Impenetrable, Dos Seductores, Reflejos en un Ojo Dorado, Rebelión A Bordo o Motin del Bounty, La Jauría Humana, Queimada,etc…Una etapa, los sesenta, con altibajos y poco brillo. Fué Coppola, quien le “recuperó” para el cine con El Padrino. Y qué decir de ese papel…., Brando creó el personaje masculino (con permiso de Borgart y su Rick en Casablanca) más legendario de la historia del cine. A partir de ahí, se aisló del mundo huyendo de la fama, y eligiendo sus papeles en función de con quien trabajaba (Apocalypse Now, The Score), del sueldo que le pagaban (Superman) o simplemente, para reírse de su propio mito (El Novato). Su final, con desgracias familiares incluidas, no fue el que este dios del cine hubiera merecido.

Pero entre toda su filmografía, no se puede olvidar su composición mas compleja en El Ultimo Tango en París. En esa hermosa película se muestra mas vulnerable que nunca. Atormentado, visceral….puro Brando. Bertolucci le deja a sus anchas y el actor nos ofrece su interpretación más personal. Nunca he visto a nadie apoderarse de la pantalla como lo hace Brando en esta película, salvo en El Padrino, ya que a ese nivel no ha llegado nadie.

Como dijo Al Pacino: “El día que Marlon Brando nos deje, todos los demás actores subiremos un escalón”.

Hasta que “se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”. Tenía razón el cantante Carlos Puebla. Se apagaron los proyectores. Se confiscaron las películas. Las productoras abandonaron la isla. Las salas fueron intervenidas por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Casi un tercio cerró los primeros años. Se seleccionaron las películas en función de criterios ideológicos. Cintas soviéticas, checas y polacas subtituladas se adueñaron de las pantallas, aunque nunca se prohibió del todo el “decadente” cine capitalista. El público desertó. Sin mantenimiento de ninguna clase, el deterioro de las salas fue imparable.

La Balada de un Soldado Pelicula

LA BALADA DEL SOLDADO, DE LAS POCAS PELICULAS SOVIETICAS QUE COMBINABAN GUERRA Y AMOR

Mientras tanto, los cines de barrio comenzaron a depauperarse. Para finales de los años setenta, muchos presentaban huellas evidentes de desidia y abandono. En la segunda mitad de los setenta e inicios de los ochenta, los cines principales de la ciudad se anotaban éxitos de taquilla con la exhibición de películas como Tiburón (Sangriento), de Spielberg, o Cujo (el perro asesino). En los años 60 y principios de los 70 solo había ocurrido con Vals para un millón, película checa sobre las Espartaquiadas y las españolas La Vida Sigue Igual de Julio Iglesias y Cera Virgen de Carmen Sevilla. El resto eran películas de guerra rusas y de “los países”, como se le decía entonces (países socialistas de Europa del Este, o sea, Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Rumania, Bulgaria, Hungría, Yugoslavia y por supuesto la Unión Soviética), las cuales aportaban algunas obras de arte y muchísimos panfletos.

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CINE YARA, ANTIGUO RADIOCENTRO

La gran mayoría de esos cines ya no existen o se encuentran en pésimo estado. En la Habana, capital del país con una población de 2,1 millones de habitantes había 18 cines en 2011.
En la actualidad, con la excepción de los cines ubicados en la céntrica avenida 23 del Vedado y los que con motivo de la celebración del Festival de Cine Latinoamericano reciben una priorizada atención estatal, los cines habaneros han ido desapareciendo lentamente, y los que subsisten presentan pésimas condiciones constructivas y de infraestructura para disfrutar de un buen filme.

Respecto al cine nacional, hay que decir que antes de la Revolución cubana de 1959 el total de películas filmadas fue de aproximadamente 80. Se destacaron La Virgen de la Caridad (protagonizada por Miguel Santos) y Romance del Palmar (con Ramón Peón). Muchos actores cubanos también hicieron presencia en México y Argentina. Músicos como Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Rita Montaner, Benny More y Rosita Fornés también actuaron o participaron en la banda sonora de películas de diferentes países.

Al período comprendido entre 1959 y 1969, muchos críticos cinematográficos lo bautizaron como la «Época de oro del cine cubano», generalmente por la producción de Lucía (1968) por Humberto Solás y Memorias del subdesarrollo (1968) por Tomás Gutiérrez Alea. Estos dos directores son catalogados como los dos mejores que ha tenido Cuba. La película Memorias del subdesarrollo fue seleccionada entre las 100 mejores películas de todos los tiempos por la Federación Internacional de Clubes de Cine, pero probablemente la más notable de la última década del siglo XX fue la película Fresa y chocolate (1993) por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Trata sobre intolerancia y presenta la amistad entre un homosexual y un joven revolucionario militante de la Unión de Jóvenes Comunistas. Fue la primera película cubana nominada a los premios Oscar.

CINE RIVIERA

CINE RIVIERA

Existen notables diferencias entre el cine cubano realizado antes de 1990, principalmente con presupuesto del ICAIC, y el cine posterior a la caída de la URSS. A partir de ese momento histórico y hasta la actualidad, se han diversificado las formas de producción del cine y el video en Cuba, principalmente a partir de la llegada de las tecnologías digitales, lo que ha propiciado una producción independiente increíble en volumen y calidad.

Además, al igual que en la literatura, se ha dado una mayor apertura para abordar temas críticos acerca de la sociedad cubana actual, aunque estos documentales y filmes suelen proyectarse solo en festivales de cine y muestras de poca distribución, destacándose la televisión por su ceguera en no transmitir el cine nacional que pudiera constituir motivo de señalamiento o crítica de la sociedad.

El futuro del cine cubano es incierto, al igual que lo ha sido la permanencia de las salas de cine. Es verdaderamente lamentable por lo que ha significado el cine para el cubano.

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PIRATERIA EN CUBA

En el mundo, a pesar de todas las teorías de que con el desarrollo de la televisión el cine desaparecería (lo mismo se dijo de la radio cuando apareció la televisión y ahí sigue ocupando un papel de primera importancia en todo el mundo), el cine sigue vivo y bien vivo a pesar no solo de la televisión sino de las cintas de video primero y después del DVD y el Blu-Ray y del gran depredador de todos los medios: Internet. Nada ha podido ocupar el lugar del cine. En Argentina, México y Panamá el cine es un entretenimiento buscado y ciertamente no muy caro, las salas son sofisticadas, normalmente están formadas por complejos de salas y tienen otras variantes como el iMAX y hasta cines que ofrecen comidas y bebidas como parte del espectáculo.

El cine se ha renovado y aunque muchos buenos directores como Fellini que dice que le gustan más las series televisivas que las películas actuales (yo comparto esa opinión) y del gran Martin Scorsese que dice que el cine actual en su mayoría es una sucesión rápida de imágenes y sonidos que no dicen nada, siempre hay en buena cantidad filmes que vale la pena ver, muchos para verlos más de una vez.

Mientras tanto en Cuba proliferan las películas piratas de cualquier parte, la distribución de materiales descargados de internet y la prohibición de salas privadas de cine en 3d, todo lo que no oferte el monopolio estatal es vetado y eso es lo que la gente busca sin saber que ahí hay cosas que vale la pena ver y una gran mayoría de cosas de nula calidad, nocivas y que no aportan nada a la cultura personal. Algún día se darán cuenta del daño que se le ha hecho a la cultura y superación personal de las personas con las políticas prohibitivas en la música, la literatura, el teatro y sobre todo en lo que más le gusta al cubano: el cine.

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CINE RODI, ACTUAL TEATRO MELLA

 

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