Bacardí, la sombra de lo que un día fue

 

Aprended, Flores, en mí

lo que va de ayer a hoy,

que ayer maravilla fui,

y hoy sombra mía aun no soy.

En persona del Marqués de Flores de Ávila, estando enfermo” de Luis de Góngora y Argote.

Muchas veces me pongo a reflexionar de que la mayor parte de las películas nuevas son peores que las antiguas, y cuando vuelvo a ver las antiguas, las encuentro peores de lo que las recordaba. Igual me pasa con el Bacardí, que una vez fue lo mejor en ron que se tomaba en Cuba y probablemente en el mundo, y ahora, en mi modesta opinión y la de los cubanos que tienen la oportunidad de haberlo probado antes y ahora, no es ni siquiera su sombra.

El Ron, esa bebida alcohólica que relacionamos con los piratas, el mojito y el daiquirí.

En Cuba, se cuenta que con el exterminio de sus habitantes originales, hacia el siglo XVI, y con la llegada de los esclavos negros arrancados de sus tierras, comenzó la historia del surgimiento del ron.

Se dice que los esclavos acostumbraban a beber lo que llamaron “guarapo”, obtenido de la fermentación de la yuca y el maíz. Luego, pasaron a extraerle el jugo a la caña de azúcar, que una vez fermentada, daba origen a un licor fuerte. El líquido se obtenía a través de rudimentarios aparatos, pero más tarde se utilizó el trapiche en ingenios y centrales; el guarapo se transformó en alcoholes y de ellos surgió el aguardiente.

Apetecido por su transparencia y agradable olor, destilación tras destilación vino a surgir el ron.

El “ron” es un destilado de la caña de azúcar por fermentación y destilación de la melaza y que posteriormente puede o no estar sometido a procesos de añejamiento, generalmente en barricas de roble.

Se menciona por primera vez en documentos provenientes de Barbados en 1650. Se le llamaba kill-devil (literalmente: mata diablo) o rumbullion (una palabra de Devonshire, Inglaterra, que significa ‘”un gran tumulto”)  y hacía referencia a las noches de parranda en las que los piratas se emborrachaban a base de Ron, y que se celebraban cuando se conseguía un buen botín.

En las colonias antillanas francesas, se le llamó guildive (modificación de kill-devil) y posteriormente tafia, un término africano o indígena. Pero para 1667 se le llamaba simplemente rum., como mención oficial de la palabra aparece en una orden emitida por el Gobernador General de Jamaica con fecha 8 de julio de 1668.

En lo que seguramente la historia no ha mentido es que los piratas eran unos grandes bebedores de ron.

Los piratas hacen famoso al ron

El pirata es un personaje controvertido, por una parte es un bandolero, un criminal, y representa la vulgaridad,  la falta total de moral y de ética, y por otra parte lo vemos como un símbolo de la libertad y la felicidad.  No debía ser esto último válido pues su estandarte, el Jolly Roger,  cuyo origen tiene múltiples interpretaciones y se relacionan con el rojo sangre y no con la bandera negra con el cráneo y dos tibias o sus múltiples variantes, pero esta es la más conocida. Un barco pirata que lanzara al viento la Jolly Roger podría intimidar la tripulación enemiga y obligarla a rendirse sin disparar ni un solo cañonazo. Típicamente, si un barco decidía resistirse, la Jolly Roger era recogida y se izaba la bandera roja, indicando que los piratas iban a tomar el barco por la fuerza y sin mostrar ninguna compasión, por lo que se extendió la idea de que resistirse era una mala idea para el barco amenazado por los piratas.

En la armada británica, al menos la Royal Navy Submarine sigue enarbolando la Jolly Roger, después de una victoria.  Así lo hizo, por ejemplo, el comandante Wreford-Brown del HMS Conqueror al arribar a puerto tras hundir al Crucero argentino General Belgrano durante la Guerra de las Malvinas.

Mientras tanto recordé el famoso poema de José de Espronceda, “La canción del pirata”:

“Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,

no corta el mar, sino vuela,

un velero bergantín;

bajel pirata que llaman

por su bravura el Temido

en todo el mar conocido

del uno al otro confín.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi Dios la libertad;

mi ley, la fuerza y el viento;

mi única patria, la mar.”

A lo largo de la historia han existido una multitud de asesinos y bandidos  que han hecho todo tipo de aberraciones pero pocos, o ninguno, diría yo han sido tratados de forma tan romántica como los piratas, a pesar de haber sido el terror de muchas poblaciones.

Pero detrás de la relación entre el ron y los piratas hay una historia muy interesante.

Recordemos que cuatro siglos atrás los viajes en barco eran lentos y de mucha duración y muchos marineros morían jóvenes a causa de las deficiencias alimenticias, sobre todo en viajes muy largos, que hacían que los alimentos y el agua se corrompieran. Un buen día unos marineros descubrieron que si les echaban un poco de ron al agua, ésta se hacía potable.  

Esta práctica se universalizó y hasta se les fué la mano en la cantidad de ron, que llegó un momento que en lugar de echarle ron al agua, lo que le echaban era un poco de agua al ron. Si a esto le sumamos que esta bebida era la que se conseguía más fácilmente en el Caribe y a que a los piratas, para entretenerse, les gustaba empinar el codo, pues no es muy difícil llegar a una conclusión sobre el tema.

El ron por tanto se convirtió en algo imprescindible, y hasta sirvió durante muchos años como moneda de cambio en muchas partes del mundo. En África hasta llegó  a cambiarse por oro y marfil o esclavos.

Muchas veces representamos a un pirata, sobre todo al más famoso, no por su valentía o hazañas, sino por su imagen literaria universal en “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson o por sus variadas adaptaciones cinematográficas, como a un personaje con un pañuelo en la cabeza, un parche en un ojo y una pata de palo o una mano con un garfio, como el famoso Capitán Garfio de Peter Pan, al cual un cocodrilo le comió la mano.

El hecho real es que en un barco donde había repetidas peleas cuerpo a cuerpo con sables y cualquier tipo de arma, a lo cual le podemos sumar la perpetua borrachera, entonces no es extraño encontrarnos muchos piratas tuertos o que les falte un miembro superior o inferior.

Sin embargo sobre los tuertos, es cierto que en una feroz lucha o un accidente, pudieron haber perdido uno de sus ojos,  pero en realidad la mayoría de los piratas tapaban uno de sus ojos a propósito como modo de estrategia a la hora de atacar un barco o defender el suyo, pues al abordar el navío atacado y penetrar en sus bodegas, descubrían el parche y tenían una vista excelente dentro de las mismas.

Pero podemos ir un poco a otra zona no delictiva, sino todo lo contrario, la Marina Inglesa.

Esta nota, atribuida a Winston Churchill, que negaba que fuera suya es muy explícita:

“Don’t talk to me about naval tradition. It’s nothing but rum, sodomy, and the lash.”

Traducción: “No me hablen de la tradición naval. No es más que ron, sodomía y el látigo.”

Durante más de tres siglos,  la Royal Navy instruyó a los oficiales de sus barcos, sobre  las tripulaciones de los mismos, donde siempre se recomendaba un ron doble antes de la batalla y otro después de la victoria.

Es decir que durante siglos las raciones de ron para la tripulación de la Royal Navy fueron de ley, la vida a bordo era extremadamente difícil y la tripulación necesitaba un aliciente que los motivara, pues la preservación de cerveza en misiones de largos períodos de tiempo era imposible, por lo que vinos y licores ocuparon su lugar a partir de 1655, y el ron llegó a ser el preferido.

Las cantidades de ron asignada fue cambiando con el tiempo, pero de todas maneras eran bien generosas. En 1740 recibían medio litro de ron puro dos veces al día por lo que la embriaguez y las consecuencias para la salud y la moral eran funestas. Por ello se determinó:  “Cada día se mezclará con la proporción de un cuarto de galón de agua y media pinta de ron y se llevará a cabo en la cubierta en presencia del teniente de la Guardia, que tendrá que tener especial cuidado para que los hombres no sean defraudados en su asignación completa de ron“.

Esto no gustó mucho a las tripulaciones y a partir de 1756 la ración diaria se incrementó a dos partes de agua y una parte de ron, un litro por día y por hombre.  El  Ron se convirtió en una forma de moneda, una manera de pagar deudas o para recompensar a un compañero de un favor, incluso en los juegos de cartas se admitían raciones de ron.

Así que tanto la marina inglesa como los piratas tenían al ron en alta estima y consumo.

El  Ron efectivamente posee propiedades curativas, ya que así lo demostró en su momento un misionero inglés llamado Labat, que aseguró que tras beberlo de forma moderada durante algún tiempo, este brebaje lo había curado de la malaria. Lamentablemente este acontecimiento quedó a las sombras de otro un tanto más negativo para los defensores de las virtudes del Ron: Labat murió un tiempo más tarde por intoxicación etílica, debido a una descomunal borrachera.

Una moraleja que se ha dicho a lo largo de la historia y que nadie le hace caso: Todo en exceso es malo.

Internacionalmente se aceptan tres grandes tipos de ron según su origen:

Rones de origen hispano:

Se producen a partir de melaza, la crianza es por sistema de soleras y son rones ligeros, de secos a dulces y se les añade azúcar o caramelo.

Son los rones del  Caribe y Centroamérica en general, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, México, Nicaragua, Guatemala, Colombia, Panamá, Venezuela y España (principalmente Canarias y Granada).

Rones de origen británico:

Se producen a partir de melaza, la crianza es por soleras o en barricas los de más calidad. Son rones oscuros, dulzones y especiados y se les añade caramelo, azúcar y especias.

Acostumbran a poner una descripción independiente en la etiqueta (Spiced rum, extra old,…) que tiene un significado diferente para cada productor y son de Barbados, Bermuda, Belice, o Guyana.

Rones de origen francés agrícolas:

Se producen a partir de caña de azúcar y su crianza es igual que el whisky de malta escocés en barricas. Son rones ligeros muy aromáticos, secos y fuertes y controlados por denominación de Origen.  No tienen aditivos y tienen vejez en madera o madera superior, lo que les da años  de vejez que se acostumbra sean menos de 10.

Guadalupe, Haití y Martinica son los típicos rones de este origen. Debido a su producción y sobre todo a su crianza estática, acostumbran a ser más caros que los rones de melaza.

Pero a su vez hay diferentes tipos de ron:

– Ron blanco o carta blanca; Ron dorado o carta oro; Ron añejo; Ron viejo; Ron dulce o licor de ron; Ron escarchado;  Ron ligero.

Normalmente los rones añejos suelen comercializarse siguiendo la pauta de los años de antigüedad del ron, por ejemplo: ron añejo 3 años, 5 años, 7-8 años o 12 años.

Su clasificación según su añejamiento es:

– De 18 a 36 meses: Ron Blanco, Light, Carta Plata o Silver Label

– De 5 años: Ron Rubio, Dorado, Etiqueta de Oro

– De 7 años: Ron Añejo

– De 10 a más años: Ron Extra Añejo

Pero clasificar el ron por tipos o edades es complicado, debido al hecho de que se produce en muchos países y cada uno tiene su propia legislación que lo regula, no existiendo acuerdos internacionales  para la vejez o para una clasificación estándar aunque muchos países no quieren poner restricciones a sus productores y encontramos varios términos, como Añejo, Solera, Solera Reserva, Viejo, Extraviejo, XO, Old, o de edades, 3, 5, 7, 10, 15, 20, que a menudo no son más que un término de mercadotecnia y que, por lo tanto, son de dudosa credibilidad para usarlos como elemento diferenciador en cuanto a su calidad.

Bacardi, el ron moderno.

Bacardí es la marca de ron más vendida en el mundo, se comercializa  en 150 países y obtiene unos 20 millones de dólares en ganancias al año. Bacardí produce cerca del 80% del ron que se consume en el mundo, pero sin embargo a nivel global ocupa la tercera posición en cuota de mercado como compañía de licores, detrás de la británica Diageo y la francesa Pernod Ricard.

Diageo es la compañía líder mundial en el segmento de bebidas alcohólicas premium. Actualmente ocho de las veinte primeras marcas más vendidas del mundo son propiedad de Diageo: el vodka Smirnoff, el whisky Johnnie Walker, el ron Captain Morgan, el tequila José Cuervo, la crema de licor Baileys, el whisky canadiense Crown Royal, el whisky escocés J&B, la ginebra Gordon’s y adicionalmente la cerveza Guinness.

Pernod Ricard es una empresa francesa que produce bebidas alcohólicas. Los productos más famosos de la compañía son los pastis Pernod y Ricard, ambos licores de anís, y a menudo identificados simplemente como Pernod o Ricard, pero además comercializa a

Allied Domecq y sus productos: Ballantine`s, Kahlúa, Malibu, Stolichnaya Vodka, Champagnes Perrier-Jouet y Mumm;  Campo Viejo, Azpilicueta, Jacob´s Creek y otros vinos;  los vodkas Absolut Vodka y Wyborowa; los whiskeys Jameson Irish, Chivas Regal, Glenlivet,Wild Turkey, Ballantine`s, Royal Salute, Passport Scotch, Clan Campbell;  ginebras Seagram y Beefeater; el famoso brandy armenio Ararat; el tequila Olmeca y muchas otras marcas, dejando para lo último a un ron muy superior al Bacardí: el Habana Club.  

Bacardí lucha porque en la categoría de rones no corra el riesgo de entrar en el juego de precios y pierda valor y prestigio como en un momento dado le ocurrió al tequila en México.

Actualmente en Puerto Rico se embotella solamente el ron que se consume en la isla, mientras que en Jacksonville, Florida se hace lo mismo con el que se consume en Estados Unidos, y en España el consumido en Europa, donde su venta está en descenso. Sin embargo en Puerto Rico se produce el 83 por ciento de todo el Bacardí y el 16 por ciento en México.

Pero en Cuba, donde nació y se hizo famoso mundialmente el ron Bacardí, no se vende ni una gota de este licor. Bacardí ganó premios internacionales después de 1900 y pronto se convirtió en el ron que hizo a Cuba famosa por su azúcar, su tabaco y su ron.

Facundo Bacardí.

Facundo Bacardí Massó nació 1814 en Barcelona, hijo de un comerciante de vinos y en 1830 marchó con su familia a Cuba estableciéndose en Santiago de Cuba, donde prosperó en el mismo negocio que su padre.

Desde 1852 comenzó a experimentar con el proceso de destilación del ron para obtener una bebida más suave, hasta que obtuvo una fórmula satisfactoria y que no existía en el mercado de rones y además inventó un sistema de filtro con carbón y fue el primero en añejar el licor en barriles de roble. Para ello adquirió una antigua destilería en Santiago y el 4 de febrero de 1862 fundó la empresa Bacardí donde comenzó a fabricar y vender el nuevo producto. Sus hijos José, Emilio y Facundo colaboraron activamente en este negocio familiar. Los dos últimos apoyaron públicamente la insurrección independentista de 1868, lo que ocasionó que la empresa tuviera algunos problemas con las autoridades.

Su hijo Emilio tuvo contactos con José Martí en 1892 en Nueva York, luchó por la Independencia de Cuba, y llegó a ser el primer alcalde postcolonial de Santiago y senador de la República (1906).

                                            Edificio Bacardí en La Habana Vieja, una joya del Art-Decó.

La marca Bacardí obtuvo en 1876 la Medalla de Oro de la Exposición Universal de Filadelfia y posteriormente otros prestigiosos reconocimientos en Europa, Estados Unidos y Cuba.mercados.

Bacardí ganó premios internacionales después de 1900 y pronto se convirtió en el ron “que hizo a Cuba famosa”. Las primeras generaciones de los Bacardí consolidaron y expandieron la empresa en los años difíciles de la guerra y la ulterior dominación americana, hasta asociar su ron al popular dicho, que entonces derivaba de un cartel publicitario: “Ron Bacardí, el que a Cuba ha hecho famosa”.

La prohibición de la venta de alcohol en Estados Unidos llamada “Ley Seca” empujó a los norteamericanos a correr a Cuba, sedientos de bebidas. Un anuncio de la época, presenta a un murciélago,  el logo de Bacardí,  cargando a un Tío Sam en sus garras con un vaso vacío de Florida a Cuba.

Los años de la prohibición en Estados Unidos fueron una de las oportunidades de oro para el ron cubano, con La Habana convertida en Las Vegas del Caribe, un paraíso de alcohol y desenfreno para los turistas americanos.

Para el 1935 el periódico The New York Times citó a Bacardi como un nombre propio que penetró en el léxico de Estados Unidos como un término genérico, igual que pasó con Kleenex o con Gillette.

Bacardí fue la primera multinacional cubana, tras inaugurar una planta embotelladora en Barcelona (España) en 1910.  En 1936, Bacardí estableció una destilería en Puerto Rico para evitar el pago de aranceles sobre el ron que enviaba a Estados Unidos.

En el siglo XX, bajo el liderazgo de dos lumbreras de los negocios, Enrique Schueg y José Pepín Bosch, se consolidó como la firma cubana más grande e importante de la isla y se expandió internacionalmente. Ellos tuvieron la visión de llevar la producción primero a Puerto Rico y luego a México, lo que supuso su salvación cuando Fidel Castro tomó el poder.

De alguna forma estas decisiones influyen en la continuidad de la compañía y de la marca, la que fue nacionalizada por la revolución castrista .   La sede internacional de esta empresa está en Bermudas, pero también tiene oficinas en México, Miami y en Puerto Rico. La compañía trasladó sus operaciones a Puerto Rico, donde tiene la destilería de ron más grande del mundo. Aunque la mayoría de las operaciones todavía se centran en Puerto Rico, las oficinas centrales (y la sede social) de la corporación se ubican en las Bermudas donde se registró como Bacardi Limited y en México tiene una gran planta en Tultitlán Estado de México.

Continúa siendo una corporación familiar y privada. En 2004, los beneficios de la compañía fueron aproximadamente de 3.300 millones de dólares estadounidenses.  Su actual presidente es Facundo Bacardí, tataranieto del fundador, nacido en Estados Unidos y que es más norteamericano que cubano. La historia ha hecho que una de las familias más patrióticas, que hicieron famosa a Cuba y enraizadas en la vida cubana haya perdido sus raíces.

El murciélago de Bacardí

Si los murciélagos construyen nidos en tu hogar significa que la familia se hará muy rica. Los chinos consideran el murciélago un signo de riqueza El dibujo en círculo de los cinco murciélagos es muy conocido y está en los muebles, cuadros o cerámicas. Creen que sólo hacen los nidos en sitios de buenas energías por tener muy desarrollados los órganos de los sentidos, que les hace olfatear la energía auspiciosa.

Excepto en los polos y algunas islas, los murciélagos se distribuyen ampliamente por el mundo: con unas mil doscientas especies documentadas, constituyen el segundo grupo más grande de mamíferos tras los roedores.

Para la mayoría de las personas estos animales evocan historias de casas encantadas, cementerios y vampiros sedientos de sangre.  Pero los murciélagos, lejos de ser los monstruos de las leyendas populares, tienen verdaderamente una importancia capital para la vida de nuestro planeta. Se tenía al murciélago gran simpatía como remedio contra las plagas de hormigas, langostas y la mordedura de serpientes. Son el mejor insecticida natural; polinizan y dispersan de semillas (muchas plantas tropicales dependen por completo de los murciélagos, de hecho); sus excrementos (guano) se usan como fertilizante para plantas; y forman parte de la cadena trófica como presas de otras especies.

Para los griegos el murciélago era un animal híbrido, de aspecto siniestro y fantasmal. Fue considerado símbolo de inteligencia seguramente por su habilidad para volar por la noche sin tropezar con los obstáculos.  En muchos pueblos españoles, especialmente castellanos, tienen la costumbre supersticiosa de clavar detrás de la puerta un murciélago que haya entrado en la casa, porque se considera un amuleto de buena suerte.

En el Popol-Vuh, el libro sagrado de los mayas, se dice que el cuarto lugar de castigo en Xibalbá era la casa de los murciélagos, en donde había muchos de ellos encerrados que chillaban y revoloteaban constantemente, una de las regiones subterráneas que es necesario atravesar para alcanzar el país de la muerte.

El mito más vinculado a la imagen del murciélago quizás sea el del vampiro. Se introdujo en la leyenda moderna cuando los exploradores de la América Central descubrieron un murciélago con horribles costumbres alimenticias (solamente 3 especies entre miles) , por lo que al murciélago se le ha asignado el papel de villano en las historias de terror tradicionales. Se encuentra en el folklore de todos los países y en la literatura con el célebre Drácula de Bram Stoker se fijó en la imaginación popular.

El murciélago, que goza del aprecio de los valencianos, es un animal heráldico, que figura en la cima de la corona del escudo de la ciudad de Valencia. Históricamente ha desempeñado un papel destacado como lo atestigua su presencia coronando los escudos de armas de los Reyes de Aragón, Valencia, Mallorca y Barcelona, y Condes de Barcelona y Urgel. Se cuenta que el rey Jaime I el Conquistador descubrió, durante el sitio de la Valencia morisca, que un murciélago había anidado en la cúspide de su tienda de campaña y entendió que auguraba un signo de victoria.

En la antigua China y Japón, el murciélago se consideraba como símbolo de buena suerte, primordialmente a causa de que su nombre (fu) significa murciélago, además de buena fortuna. Un talismán típico es un medallón que representa a un árbol con raíces y ramas como símbolo de vida.

Hace muchísimos años que las empresas se dieron cuenta de que asociar su firma a una mascota era la mejor herramienta para que los consumidores la identificaran como una marca amigable y de confianza.

El León de la Metro Goldwyn Mayer, el caimán de Lacoste, el perro (y otros animales) de la cerveza Guinness, el camello de los cigarros Camel, el jaguar del auto de igual nombre, el pingüino del sistema operativo Linux, el caballo de Ferrari y de Porsche, la mariposa de Microsoft, el pájaro de Twitter, el famoso conejo Playboy, el caracol de mar de la marca  Shell y también el murciélago de Bacardí, son inequívocos ejemplos de ello.

Todos los protagonistas de esta lista tienen en común que se han hecho extremadamente famosos y están asociados a estos animales.

El murciélago fue asociado a un símbolo de buena suerte, así que cuando Doña Amalia Bacardí encontró murciélagos en los tejados de la destilería de la familia, por lo que sugirió que se convirtieran en su símbolo. Al día de hoy, permanecen en la botella, ayudando a la familia a sortear cualquier destino que se les ponga enfrente.

Era lógico que hubiera murciélagos y fueran murciélagos de la fruta, y les gustaba el olor de la melaza, la cual es un subproducto de la caña de azúcar, por lo que la producción de ron se asoció con el murciélago directamente.

He tratado de llegar a una definición de cuáles son las bebidas más consumidas en el mundo,  y hay múltiples evaluaciones, mediciones y rankings, de los cuales los más coincidentes son:

  1. Cerveza
  2. Vino
  3. Whisky
  4. Champagne
  5. Vodka
  6. Ron
  7. Tequila
  8. Gin
  9. Ginebra
  10. Fernet

Puede haber diferentes formas de llegar a este posicionamiento, pero sin duda el ranking se acerca bastante a la verdad, mirándolo desde un punto de vista universal, con las lógicas variaciones de que en muchos países prefieren la bebida que se produce nacionalmente o es la más barata. Y sin duda en ello han incidido, con mucha fuerza, Bacardí y los rones cubanos.

Otros rones cubanos vs. Bacardí.

A partir de su nacionalización, el gobierno cubano ni siquiera pensó en registrar la marca Bacardí, sabían que esa era una gestión perdida. Pero tenían algo mejor, tenían la fábrica que producía el ron Bacardí original,  que al final garantiza la calidad que hizo famosa a la marca.  Pero Bacardí tenía la fama, aunque no mantuviera la calidad, así que se aferraron al refrán de “cría fama y acuéstate a dormir”.

Es por ello que la media de los rones (no los más exclusivos)  de Bacardí, sean de una calidad muy inferior, bastante alejada, del Bacardí que conocimos los cubanos de mi generación y las anteriores. Con decir que mucho mejor es el ron Matusalén, que también pudo llevarse la marca fuera de Cuba y mantiene una excelente calidad en su productora de República Dominicana, pero no deja de decir que es un ron de Santiago de Cuba en su etiqueta, aunque no se fabrique muy lejos de allí. Santiago de Cuba en el mundo es sinónimo de ron de calidad.

A Cuba no le quedó otro remedio que buscar un sustituto de calidad para el Bacardí, que era un gran rubro de exportación, por lo que empezó a promocionar el ron Havana Club, la marca que producía la familia Arechabala, competidores de Bacardí, quienes no pelearon por el nombre luego de la nacionalización.

José Arechavala procedente de Bilbao, Viscaya, llega a La Habana en 1862 y quince años después de su llegada, ya operaba una pequeña destilería en la ciudad que había elegido para establecerse con su familia y buscar fortuna: Cárdenas, que era entonces una nueva ciudad bulliciosa, con ferrocarril, un puerto muy activo, y la nueva riqueza visible en todas partes.

En 1888 su compañía había crecido notablemente y en marzo de 1934 se inaugura una nueva fábrica y aparece un nuevo producto: el ron Havana Club. Solo la planta de destilación, en 1950, ya tenía la capacidad de producir 125,000 litros diarios de rones especiales e inmejorables, como el Ron Havana Club y Añejo 75 Arechabala. Arechabala producía azúcar refinada, caramelos, coñac Arechabala, Vermouth Quirinal, Brandy Relicario, Cremas Arechabala (de varios sabores), Ron Caña, el popular Alco-Elite válido para curar una herida o emborracharse a bajo costo, Alcohol Natural y el famoso Ron Havana Club.

Bacardí compró los derechos sobre el nombre de Havana Club a la familia Arechabala y comenzó a vender su propia versión del Havana Club en Estados Unidos,  pero no ha ganado la patente internacionalmente, por lo que el Havana Club cubano asociado a  Pernod-Ricard es el más conocido de los rones cubanos. Y aunque no es, en mi gusto, el mejor de todos, es de altísima calidad.

Los hermanos españoles Benjamín y Eduardo Camp en 1872 crean el ron más suave y de alta calidad que se hubiera probado nunca. Abrieron una destilería de ron inspirándose en el proceso de elaboración y añejamiento de brandys y coñacs, crearon una fórmula secreta, cuidadosamente guardada, que pasó de generación en generación. Y por supuesto, en Santiago de Cuba.

Ron Matusalem. Un nombre que, casi 140 años después, sigue siendo mundialmente conocido como sinónimo de calidad y excelencia.

Y sobre todo por su renombrado comercial que decía: “Matusalén, hoy alegre, mañana bien”.

El ron de la época dorada de Cuba, Matusalem fue una de las estrellas de los años de esplendor cubano. La Ley Seca atraía al turismo americano al país caribeño, que vivía una etapa de glamour. La Habana, considerada “el París de las Américas”, era una ciudad cosmopolita llena de espectáculos y fiestas.

Junto con el Bacardí, Matusalén fue expropiado por el gobierno, y actualmente, el ron Matusalem se produce y embotella íntegramente en República Dominicana. El sol, el clima y la excelente calidad de la caña de azúcar son las bases óptimas para conservar la Fórmula Original y seguir fabricando Ron Matusalem bajo los más altos estándares.

Pero en su propia fábrica en Santiago de Cuba sigue produciéndose este ron de alta calidad.

Los países de habla hispana producen rones muy secos y de cuerpo ligero, algo parecidos al brandy, según su añejamiento. Pero en particular en Cuba y en Santiago de Cuba, el ron es como hablar de una denominación de origen.

Cuba produce rones sobrios y equilibrados, con cuerpo y añejamiento en roble. Y entre los mejores están los de las marcas Havana Club, Santiago de Cuba, Legendario o Caney.

                                El ron que es buque insignia de los rones cubanos.

Havana Club es fabricado en Santa Cruz del Norte, Cuba, y sus productos estrella son: Añejo 7 Años, Cuban Barrel Proof,  San Cristóbal de La Habana – Ron Añejo Solera,  Gran Añejo 15 Años, Máximo – Ron Extra Añejo, Añejo 15 años Gran Reserva.

En la antigua destilería Matusalem en Santiago de Cuba se fabrica hoy el ron que honra con su nombre a la ciudad, el “Santiago de Cuba”, de excelente calidad como su antecesor.

Desde 1862 se fabrica en Santiago de Cuba el Ron Varadero, el goza de muy buena fama.  Su mejor presentación es la del Varadero 7 años, un ron oscuro y dulce con un agradable sabor acaramelado.

Existen otros que apenas se encuentran en los lineales de las superficies de gran distribución y que también constituyen símbolos de la calidad de los rones originarios de Cuba, como Mulata, Caribbean Club, Guayabita del Pinar, Legendario, Arecha, Pinilla, Caney, Relicario, Santero, Bocy, Ronda, Castillo y muchos otros que se me escapan.

Las únicas cinco marcas de ron que ostentan la Denominación de Origen Protegida Cuba son: Havana Club, Santiago de Cuba, Cubay, Varadero y Caney.

La cerveza Hatuey, la cerveza de Bacardí.

Siempre que se hable de Bacardí, hay que hablar por fuerza de la mejor cerveza de Cuba, la Hatuey.

En 1919 existía el Santiago Brewing Company bajo la dirección de Don Enrique Schueg cuyas instalaciones fueron adquiridas por la Compañía Ron Bacardí SA. La fábrica de cerveza situada en el barrio San Pedrito de Santiago de Cuba, fue comprada con el único propósito de construir una nueva destilería Bacardí y dar servicio a una mayor demanda de consumo de los estadounidenses que viajaban en un gran número de Estados Unidos a Cuba.

La nueva destilería fue inaugurada el 4 de febrero de 1922, y poco después una nueva fábrica de hielo abrió sus puertas en el lugar de la desaparecida fábrica de cerveza.

Pero en 1926,  Bacardí decidió hacer uso de las instalaciones de fabricación de cerveza con el propósito de producir cerveza para el consumo local sin otras pretensiones.  La Compañía Ron Bacardí SA y los Cerveceros de Santiago Brewing Company en 1927 lanzaron la cerveza Hatuey.

George J. Friedrich fue contratado con el único propósito de producir la cerveza Hatuey.  Friedrich, un alemán “master brewer” y farmacéutico, se acredita con la primera producción de Hatuey,  empleando para esa cerveza el mismo principio que fue responsable del éxito de ron Bacardí: la calidad como clave.

A fin de garantizar la calidad óptima de la cerveza Hatuey, Enrique decidió ofrecer bloques de hielo gratis con la compra de Hatuey. La cerveza creció rápidamente en popularidad y se convirtió en la única cerveza fría que estaba fácilmente disponible en la isla.

Joaquín Bacardí (hijo de Enrique) estaba interesado en la cerveza. Graduado de Harvard con un título en ingeniería química, fue a la escuela de cervecería en Copenhague, siendo reconocido como el primer Master Brewer cubano y fue Director Técnico de Hatuey. Durante la década de 1950 Joaquín y el nuevo presidente José M. Bosch y Lamarque eran responsables de la vanguardia de Hatuey y su rápido crecimiento.

En sus primeras dos décadas la producción y las ventas en la fábrica de cerveza Hatuey en Santiago de Cuba se incrementó cinco veces.

Como parte de su expansión y el gran consumo en la capital,  la Cervecería Modelo fue creada en 1947. Esta cervecería se construyó en 1947 en El Cotorro, en los alrededores de La Habana.

Ante el aumento de las ventas,  en 1953 fue construida la fábrica de cerveza Manacas, Las Villas. De esa forma Hatuey llegó a controlar el 50% del mercado cervecero de Cuba.

   El maniquí viviente de la Hatuey.

Hatuey fue tan popular que en 1956, Ernest Hemingway la reflejaba en sus libros y cuando se la  concedió el Premio Nobel de Literatura, la Compañía hizo una fiesta en la Cervecería Modelo. Hemingway era asiduo a  la cervecería, ya que se encontraba cerca a su casa en Finca Vigía.

Continuó produciéndose y se puede decir que a principios de los años 80 recuperó su antigua calidad, para después volver a caer en el desastre.

Sin embargo, la Hatuey, añoranza de muchos cubanos sobre todos los de más edad como yo, ha renacido en Miami y la intención de Bacardi es mantener la producción de la cerveza de forma artesanal, manteniendo una producción baja y así tener la apreciada cerveza Hatuey como una cerveza exclusiva.

El Daiquirí, el Mojito y el Cubalibre.

Estos tres cocteles que tienen fama internacional, son elaborados a partir de ron, y en ellos ha tenido una importante participación el Bacardí.

El Daiquiri.

Daiquirí es una playa abierta situada en la costa sur del oriente cubano, aproximadamente a 30 kilómetros al este de la ciudad de Santiago de Cuba, famosa porque por ella desembarcaron en 1898 las tropas norteamericanas en la guerra española-norteamericana-cubana, con fines de tomar la ciudad de Santiago.

Pero desde la década del 80 del siglo XIX, varias compañías norteamericanas explotaron las minas de hierro a flor de tierra de Daiquirí, a unos cuatro kilómetros de la playa.

La combinación de 2/3 de ron y 1/3 de limón era sin lugar a dudas un calmante para la sed de los mambises (libertadores cubanos) en sus campañas contra el ejército colonial español durante la segunda mitad del Siglo XIX. Era también un excelente remedio para calmarse después de recibir heridas o para disponerse al combate. Algunos preferían endulzar esta mezcla de ron y limón con miel. Es esta la razón por la que con frecuencia se veía colgar de la montura de la cabalgadura de los mambises, una botella llena de “Canchánchara”, nombre que daban a esta bebida.

A principios del Siglo XX, el ingeniero Pagliuchi, capitán del ejército libertador, una vez concluida la guerra de independencia de Cuba, consiguió capital estadounidense para reactivar unas viejas minas de cobre, situadas cerca de Santiago de Cuba, de las cuales Pagliuchi era el director. Cuentan que mientras Pagliuchi cumplía este trabajo fue de visita a la citada mina llamada Daiquirí y después de terminada la jornada de trabajo Pagliuchi sugirió tomar algo, y dicen que en la despensa del ingeniero Cox no había ni Ginebra ni Vermouth, solamente ron, limón, azúcar de caña, y hielo que inmediatamente pusieron en una coctelera y lo batieron y se dispusieron a beberlo. Pagliuchi pregunto: “¿Cómo se llama este cóctel?” A lo que Cox respondió: “Rum Sour”.

En los Estados Unidos había una bebida que se llama whisky sour que se hace con whisky, azúcar, limón, hielo. Entonces Pagliuchi dijo: “Ese nombre es muy largo. ¿Por qué no llamarlo Daiquirí?” Pagliuchi y Cox fueron para Santiago de Cuba al Bar del “Club Americano”, donde estaban varias personas conocidas y pidieron un Daiquirí. Entonces Cox explicó cómo se hacía, recomendando batirlo hasta servirlo muy frío. Algunos de los amigos que estaban en el bar también pidieron un Daiquirí. A todos les gustó y muy pronto este cóctel se hizo popular en Santiago de donde pasó a La Habana, capital de la isla.

Lo cierto es que quien lo inmortaliza es el cantinero Constantino Ribalaigua Vert, el gran Constante, en El Floridita, la cuna del Daiquiri. Es Constante quien luego de cuatro versiones llega a la definitiva, la perfecta número 4, nombrada Daiquirí Floridita. Es esta la que le da la vuelta al mundo, e identifica al Daiquirí internacionalmente.

En 1939 el escritor norteamericano Ernest M. Hemingway se hospeda en el Hotel Ambos Mundos, situado en el número 511 de la Calle Obispo, en la parte más antigua de La Habana, a 200 pasos del que se convertiría en uno de los bares más famosos del mundo, gracias, en parte, a su obsesiva presencia en este bar durante los siguientes veinte años, período durante el cual reside en La Habana, hasta el final de su vida. Es por esta época que Hemingway descubre el Floridita y su Daiquirí.

Cuentan testigos presenciales como el cuñado de Constante, Meilán, atravesó Hemingway la calle Obispo, una de las más transitadas de La Habana, donde se ubican “El Floridita” y el “Hotel Ambos Mundos” y entró para dirigirse al baño. Cuando salió le llamó poderosamente la atención la bebida que se servía y que todos tomaban, rápidamente se sentó y degustó uno y dijo: “…está bien, pero lo prefiero sin azúcar y con doble ron”. Entonces Constante preparó uno a su gusto y se lo sirvió diciéndole: “aquí tiene Papa”, que era como lo llamaban sus amigos cubanos. Así surgió el cóctel que lleva su nombre: Papa Hemingway. Más tarde se le agregaría una onza de jugo de toronja.

Ernest Hemingway hace mención del cóctel daiquirí en alguna de sus novelas, donde dice que era asiduo del bar llamado La Floridita, que abrió en 1817 con el nombre de La Piña de Plata, donde mojaba sus letras con este colorido cóctel.

El ron y el turismo en Cuba.

Ya que hablamos del Mojito, el Cubalibre y el Daiquirí, veamos cuáles fueron los bares que hicieron famosos a esto exquisitos tragos cubanos.

El Floridita, uno de los bares más famosos del mundo.

En el año 1817 abre las puertas por primera vez, en la esquina de Obispo y Monserrate “La Piña de Plata”, un poco después “La Florida” y más cercano a nuestros días el “Floridita”, como se le conoce en el mundo entero, aún en nuestros tiempos.

Por su célebre Bar han desfilado varias generaciones de cubanos y cuanto extranjero visitara la Habana, conocido o no, muchos para apreciar y constatar aquello que le encontró el célebre escritor norteamericano Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, que tantas horas pasara sentado en su barra, escuchando a los asiduos del lugar, o dándole forma a algunas de sus historias acompañado de su bebida favorita el Daiquirí, o del Papa’s trago que él transformó a su gusto y que hoy muchos vienen a degustar.

Se cuenta que después Hemingway llegaba al lugar, se tomaba varias copas y se llevaba otro par en un termo para el camino, o si no se lo servían en una copa especial -previamente helada- que iba bebiendo mientras el chofer lo conducía hasta la cercana Finca Vigía, la casa que tenía en las afueras de La Habana.

A partir de ese momento, el escritor acostumbraba llevar por las noches a invitados del calibre de Errol Flyn, Ingrid Bergman, Ava Gardner, Spencer Tracy y toda una constelación de estrellas de las letras, la plástica, la música o el deporte.

En 1953 “El Floridita” fue considerado por la afamada revista “Esquire” entre los siete más famosos bares del mundo, codo con codo con el “Pied Piper Bar” de San Francisco, el “Ritz” de París y su similar de Londres, el “Club 21” de New York, el bar del hotel “Shelbourne” de Dublín y el “Raffles Bar” de Singapur.   Y en 1992 se le concede el Premio Best of the Best Five Star Diamond Award de la Academia Norteamericana de Ciencias Gastronómicas como el Rey del Daiquirí y Restaurante especializado en pescados y mariscos más representativo.

Hemingway conoció el lugar cuando escribía “Por quién doblan las campanas”. El barman Constante le preparó un daiquirí sin azúcar y con el doble de ron, entre otros ingredientes. A partir de entonces se convirtió en la bebida favorita del Premio Nobel de Literatura. aquí se reunía con sus amigos, leía la prensa, se preparaba sus propios cócteles y vivía su espacio, y eso es lo que vienen buscando los clientes hoy, pues quieren saber dónde se sentaba, qué tomaba y qué comía”.

Un mediodía del año 1940,  Hemingway remonta la calle Obispo hasta la puerta principal del bar El Floridita. Una vez dentro, toma su asiento de siempre, esquinado en la primera banqueta y pide a Constante, el barman, amigo y maestro indiscutible de la coctelería cubana, un refrescante daiquiri. Ernest Hemingway sigue estando allí, era y sigue siendo su propia casa.

A Hemingway sólo le bastó una visita al Floridita para quedar prendado por siempre de uno de los más emblemáticos rincones de la Habana y de Cuba “La Cuna del Daiquirí” fue por los años 30, cuando escribía el borrador de “Por quién doblan las campanas.”

Por el Floridita, aparte de su cliente predilecto, Ernest Hemingway, han desfilado históricamente miles de personalidades, entre los que podemos nombrar a: Giorgio Armani, Imanol Arias, Jean Michel Jarré, Ornella Mutti, Ted Turner, Jane Fonda, Ana Belén, Víctor Manuel, Paco Rabanne, Pierce Brosnan, Danny Glover, Jack Nicholson, Spencer Tracy, Rocky Marciano, Graham Greene, Gary Cooper, Tennessee Williams, Marlene Dietrich, Jean-Paul Sartre, los Duques de Windsor Eduardo VIII y Wallis Simpson,  Matt Dillon,  Naomi Campbell, Graham Greene, Ava Gardner, entre otros.

Las visitas de “papá” Hemingway eran tan frecuentes que El Floridita quedó impreso en las páginas del Nobel de Literatura en cuentos y novelas donde afirmaba que “la bebida no podía ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna parte del mundo”.

En recuerdo a las muchas horas que el escritor pasó, hasta poco antes de su muerte en 1961, acodado a la barra del bar Floridita, y también como gancho turístico, en este establecimiento se colocó hace poco una estatua en tamaño natural del Nobel de Literatura, un legendario bebedor.

El floridita sigue respetando su decoración al estilo Regency, que estrenara en los años 50.

De ahora en adelante todos los días se le servirá un daiquiri a Hemingway.

Y si hablamos del Floridita hay que hablar de Constante.

Pero el Daiquiri había recorrido un largo camino para el lugar que tenia destinado y ser recibido, mimado y recreado por el “cantinero” que lo hará mundialmente conocido: Constantí Ribalaigua, conocido en Cuba como Constante.

Constantí Ribalaigua llega a Cuba en 1914. Nacido en Lloret de Mar, su inquietud lo llevará a emigrar a América como tantos otros españoles. De estos, muchos volvieron ricos, otros dejaron sus ilusiones en tierras caribeñas y algunos, entre ellos Constantí, se quedaron en Cuba, preso para siempre de la dulzura del Caribe, pero todos, absolutamente todos, viven en nosotros los cubanos descendientes de ellos, por eso nos llega tan hondo la canción “El Abuelo” de Alberto Cortés”, porque es parte de nuestras propias vidas.

Constantino Ribalaigua Vert comenzó a trabajar como mesero y cuatro años más tarde se convertiría en dueño del local al adquirirlo a Sala i Perera, ya bajo su nombre definitivo, Floridita

Constantí, ya convertido en Constante, nuevo propietario de El Floridita, es espabilado y sabe que se ha de diferenciar de los demás, ya que conoce los secretos de la barra y encuentra rápidamente la solución. Trae de los Estados Unidos la primera máquina de picar hielo que habrá en Cuba. Una Flak Mak que pondrá el acento a su creación: el Daiquirí Floridita. Pica hielo y lo guarda en una caja con aislante y agujeros por debajo para mantener el hielo seco.

El restaurante Floridita pronto fue conocido como “La Catedral del Daiquiri” y a Constantí Ribalaigua como “The Cocktail King” (el rey de los cocteleros), por haber extendido por todo el mundo la moda del Daiquiri, inventando el Daiquiri helado. Hay un olvidado, el Havana Special, del cual hablaremos más adelante.

Y qué curioso, la cadena hotelera Guitart, que ha formado parte del desarrollo turístico hotelero en Cuba, tiene sus oficinas centrales en la calle Constanti Ribalaigua 7, Lloret de Mar, Girona. No puede ser coincidencia, tiene que ser una especie de homenaje al destacado barman catalán.

De La Habana siempre se hablará para mencionar al menos dos lugares que nos distinguen, ya que para disfrutar de esta capital, hay que tomarse un daiquirí en El Floridita y un mojito y la buena cocina criolla en La Bodeguita del Medio.

Cuba Libre

El Cubalibre.

El Cubalibre (a veces también Cuba Libre) es un cóctel cubano resultante de la mezcla del refresco de cola con ron y limón que es conocido internacionalmente.

La receta clásica se refiere a poner en un vaso alto y fino varios cubos de hielo, añadir una onza y media de ron blanco y terminar de completar el vaso con refresco de cola. Finalmente se añaden unas gotas de lima, preferentemente, aunque a falta de esta se emplea limón, que es lo más usual hoy en día, y se adorna con una rodaja del mismo cítrico. En ocasiones pueden usarse rones añejos, al gusto, pero lo adecuado es usar un ron blanco ligero.

El Cuba Libre surge en la Habana, Cuba,  durante la ocupación norteamericana después de concluida la guerra de Independencia.  Las fuerzas norteamericanas que colaboraron con Cuba durante la guerra Hispano-Estadounidense, mezclaban regularmente ron Bacardí y bebida de cola en un vaso de los utilizados para servir whisky, esta bebida empezó entonces a denominarse Cuba Libre, en honor al grito de batalla de las tropas cubanas.

Mojito Bacardi, ¿el original?

El ron Bacardí tiene relación directa con el origen y existencia del Mojito y esto es así por Facundo Bacardí Massó, fundador de Bacardi y que un día decidió probar una variación de la bebida hasta entonces conocida como Drake, en honor al pirata capitán de la marina británica Francis Drake.

La bebida conocida como Drake estaba hecha a base de aguardiente, azúcar, limón y hierbabuena. Fue creada a finales del siglo XVI cuando el capitán Drake se planteó la idea de asaltar la Habana para saquear el Oro Azteca que los españoles habían saqueado a su vez a los aztecas.

El caso es que a mediados del siglo XIX Facundo decide reemplazar el aguardiente del Drake, una bebida que hasta entonces se tomaba más bien por motivos medicinales, por el ron que él venía fabricando. Por tanto se le puede considerar como uno de los precursores del mojito que conocemos hoy en día.

El Mojito cubano es una de las bebidas más conocidas en todas partes y la bebida reina de muchas fiestas.

En cuanto al nombre mojito, al parecer deriva de la palabra africana “mojo”, que significa “hacer un pequeño hechizo”, ya que su sabor se consideraba tan especial que lo asociaban con magias o hechizos.

También el mojo criollo en Cuba es el adobo o aliño principal para todo, principalmente carnes. Esta receta es excelente para acompañar carnes rojas especialmente la carne de cerdo que dicho sea de paso los cubanos somos unos maestros en su elaboración; también es agradable para acompañar el pollo y hasta para ciertas ensaladas. así como la yuca o malanga hervida.

El mojo cubano se compone principalmente de aceite de oliva, naranja agria, naranja dulce, ajo, sal, pimienta negra, orégano, comino y limón. El nombre no puede provenir directamente de la salsa picante de origen canario (mojo picón) sino de la acción de mojar combinada con la ya mencionada referencia africana a algo adorable o hechizante. Pero para mí es más sabrosa la variante que emplea manteca de cerdo en lugar de aceite de oliva.

Y cuando se habla de Mojito, hay que hablar de La Bodeguita del Medio.

La Bodeguita del Medio.

El fundador de La Bodeguita del Medio, Ángel Martínez, repetía que a los 12 años de edad su padre lo condenó a cadena perpetua detrás de un mostrador. En 1942 compró el establecimiento que  entonces se llamaba La Complaciente y que no era más que una bodega de barrio.  A diferencia de las bodeguitas de barrio, todas las cuales se encuentran invariablemente en una esquina, la suya se encontraba a medianía de la calle. De ahí el nombre.

Las bodegas venden víveres y bebidas, pero no alimentos elaborados, pero su esposa Armenia comenzó a cocinar para unos pocos clientes, entre ellos Felito Ayón, un impresor y conocido bohemia de las noches cubanas, el cual decía a sus clientes: “Si no estoy en la imprenta, búscame en la bodega, una bodeguita que está en el medio de la calle”. De ahí surgió La Bodeguita del Medio, algo tan obvio que a nadie se le ocurrió antes. Así se llama este establecimiento desde el 26 de abril de 1950.

Por supuesto se dejaron de vender los víveres y licores habituales en las bodegas y puso unas pocas mesas en el reducido espacio de que disponía, creció la fama de la cocina de Armenia, reforzada por otra cocinera conocida como “La China” Silvia Torres, y los mojitos, que adquirieron allí carta de ciudadanía internacional, hicieron el resto.

La Bodeguita del Medio es el más bohemio de todos los bares de La Habana. No hay artista o escritor internacional que no haya pasado por allí, pero se puede hablar de Pablo Neruda, Agustín Lara, Brigitte Bardot, Gabriel García Márquez, Joan Manuel Serrat, Errol Flynn.  Es tan famosa la Bodeguita y el trago que identifica, el mojito, que ya es una marca con establecimientos en países como Colombia, México, Argentina, Bolivia, Alemania, España y el Reino Unido.

Desde entonces acá por ese lugar ha pasado todo el mundo, de lo que da fé el  apreciar la extensa galería de fotos de famosos que adornan las paredes o los mensajes y firmas que han vencido al tiempo.

Se dice que el local no funcionaba muy bien hasta que un día entró Ernest Hemingway, tomó un mojito y le gusto tanto que dejó una nota de agradecimiento, la que fue enmarcada y puesta en la pared, lo que dió origen a la leyenda. A ello le siguió la iniciativa del periodista Leandro García, quien firmó en la pared de éste local, existe la tradición de que las personalidades que por ella pasen dejen una huella, un recuerdo, bien sea en forma de foto, un objeto, o un graffiti, es por eso que aparte de los que nunca pasan, simples mortales como nosotros hemos puesto nuestro nombre o firma allí, lo que implica que parafraseando una canción llamada “La Habana no aguanta más”, pudiéramos decir que las paredes no aguantan más, pero la gente sigue yendo y dejando su huella.

Los mejores bares literarios del mundo.

 

En una lista reciente de la revista Forbes, sobre los diez bares literarios más famosos del Mundo, el Floridita aparece en el primer lugar, y lo acompañan el Harry’s Bar (París), Ye old cock tavern (Londres), Hemingway bar en el Hotel Ritz (París), White Horse Tavern (Nueva York), Eagle and child (Oxford), Heinold’s First & Last Chance (Oakland, California), Davy Byrnes (Dublín), Algonquin (Nueva York), Long bar en el hotel Raffles (Singapur).

Aunque esta categorización está basada en la literatura anglosajona y con énfasis en escritores norteamericanos y británicos, podemos aprovechar esta lista para saber que estas distinciones no se dan aleatoriamente ni por capricho.

Hemingway dejó su huella bien profunda en El Floridita, en el Hemingway Bar del Hotel Ritz y el Harry´s Bar de París.  Pero cada uno está lleno de anécdotas de grandes escritores, por ejemplo en el Harry´s Bar nació el Bloody Mary. El bar del Hotel Ritz, nombrado en honor a Hemingway posteriormente, fue adoptado por escritores como Proust, Cocteau, Joyce, Sartre, Fitzgerald y Hemingway como su segundo hogar desde que se inauguró en 1921.  

Abierto en New York desde 1880 y construido de madera, el White Horse Tavern, es de los bares más antiguos de la ciudad y por el pasaron muchas generaciones de escritores, como James Baldwin, Norman Mailer, Alan Ginsberg y Dylan Thomas, el cual rompió un récord, al tomarse 18 whiskies seguidos, de un solo trago.  

Ya pudimos ver que la rica historia del Floridita guarda entrañables anécdotas de lo que fue y es la Habana, de sus más selectos visitantes: de la cultura, la política, el arte, la vida social que han disfrutado de su excelente coctelería y la exquisitez de sus platos a base de pescados y mariscos, con un sello único y solo se podrá encontrar aquí entre estas paredes que se conservan a pesar del paso del tiempo y por el celo entrañable de sus más fieles guardianes, los trabajadores. El Long Bar del hotel Raffles de Singapur, fue el lugar donde dos grandes como Joseph Conrad y Rudyard Kipling, recordaban a la inglaterra natal. Y por supuesto en Dublín, el Davy Barnes, aparece, y no por gusto en la obra “Ulises” de James Joyce, donde solía estar junto a Samuel Beckett.

Y si vamos a hablar de los bares famosos de cuba, por supuesto que incluiremos El Floridita, el Sloppy Joe´s (preferido por el turismo durante medio siglo y donde eran asiduos el propio Hemingway, Gary Cooper, John Wayne, y el bambino Babe Ruth. Este bar dio su nombre al del mismo nombre en Key West, gracias a Hemingway, y uno de sus elementos más llamativos es la impresionante barra de caoba negra, de 18 metros de largo, hecha de un único tronco de árbol.

                                           Constante preparando un Daiquirí.

The Havana Special, un cóctel de Constante.

Para quien esto escribe fue una sorpresa constatar la vigencia de ese trago que algunos llaman el Manhattan cubano, y que el cronista suponía olvidado ya en la preferencia y el paladar de los bebedores, aunque se reitera en la carta-menú de muchos bares no estatales. Una mezcla cuya invención se atribuye a Constantino Ribalaigua, que se inspiró en una línea de transporte de pasajeros y mercancías que hacía el recorrido Nueva York-Cayo Hueso-La Habana-Nueva York.

Desde esa ciudad, el tren  demoraba dos días en llegar a Cayo Hueso, donde un servicio de ferry-boats, en una travesía de diez horas,  transportaba los vagones hasta La Habana. Esa ruta se conoció con el nombre de The Havana Special y posibilitó que Cuba la aprovechara para reafirmarse como importante suministrador del mercado norteamericano.

Cruzar el mar sentado cómodamente  en un vagón de ferrocarril que antes avanzó sobre los bellos paisajes de los Cayos de la Florida  que parece un cuento de hadas hecho realidad por Henry Flagler: un tren sobre las olas.

El ferry de Cayo Hueso se interrumpió después de 1959 y entre las cosas que desaparecieron estuvo el Havana Special que quedó como un cóctel creado por Constante Ribalaigua con el objetivo de hechizar con este sabor cubano a los turistas de aquella ruta para que al regreso del oriente, volvieran a pasar por su bar, mientras que en los Cayos un busto de Flagler recuerda la historia de su famoso ferrocarril.

Babe Ruth

En la temporada de Grandes Ligas de 1920, el famoso toletero Babe Ruth había bateado nada menos que 54 jonrones.

El empresario cubano Abel Linares, con intención de levantar ese deporte en Cuba, trajo a La Habana, en octubre de 1920,  a los Gigantes de New York, a los que sumó a Babe Ruth, para una serie de veinte juegos con los clubes Habana y Almendares, los dos mejores del béisbol cubano de todos los tiempos. Babe ganaría 2000 dólares por encuentro, todo un capital para entonces.

Cuando llegó a Cuba ya los topes habían comenzado por lo que debía participar en nueve encuentros, que se celebraban en el entonces Almendares Park, donde actualmente está la Terminal de Ómnibus de La Habana, no existiendo el histórico estadio de la Tropical y mucho menos el estadio del Cerro o Latinoamericano.

Pero Babe Ruth, fue una decepción total para los habaneros, pues solamente conectó dos jonrones.Se aludió a que los pithers o lanzadores, temerosos de su poder, lo trabajaban con bolas malas, y que él, con la ilusión de complacer al público, les tiraba a todas. Pero en Grandes Ligas había iguales y mejores lanzadores y el hombre había bateado 54 jonrones, por lo que el argumento no es válido.

Todas las ganancias y también parte del capital que trajo, lo perdió en el frontón jai alai y en el hipódromo Oriental Park. En el hotel Casagranda, de Santiago, gastó una fortuna en los dados, pero estaba enamorado de La Habana y se quedó por más tiempo.

Pero seguro que una buena cantidad de su dinero se gastó en uno de los bares más famosos del mundo: el Sloppy Joe´s.

La calle del Obispo.

La Calle Obispo es una de las calles más famosas y transitadas de La Habana Vieja. Los vehículos tienen prohibido su paso por ella. Las tiendas, restaurantes, ventas de artesanía, librerías, museos, antiguas farmacias y la bella arquitectura de las casas y edificios circundantes la convierten en uno de los sitios más imprescindible de la ciudad. Es el Boulevard más largo de La Habana, y si el peatón que la transita desde la Avenida del Puerto con dirección a Zulueta, y decide continuar por los portales del edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes y luego por el Parque Central se puede virtualmente empatar con el Boulevard de San Rafael perteneciente al municipio de Centro Habana.

Es una de las calles más viejas de La Habana, siendo diseñada en el año 1519, cuando se asentó la Villa de San Cristóbal en las cercanías de la bahía homónima de manera definitiva. Durante su historia ha recibido varias denominaciones como: San Juan, Del Obispo, Weyler, Pi Margall, entre otras hasta sumar un total de 47.1 Desde el año 1936 su nombre ha permanecido como Obispo.

La calle data del siglo XVI, por aquel entonces se concibió para resguardarse del sol, y hoy en día también sigue realizando esa función, ya que se trata de una calle estrecha rodeada de edificaciones de cuatro y cinco plantas que la resguardan del sol. La calle fue bautizada en homenaje al obispo Fray Jerónimo de Lara, quién vivió en ella en 1641, y al también obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, quien solía recorrerla desde su casa en la vecina calle de los Oficios.

Casi prácticamente desde los inicios, en la calle siempre han abundado los establecimientos de comercio minoristas a la par de la calle O’Reilly, que es paralela a esta desde su inicio en Zulueta hasta la bahía de La Habana. Con los años fue ganando en importancia y a los pequeños negocios se le unieron otros servicios económicos e incluso edificios públicos, y otros de hasta 9 o 10 pisos con fachadas neoclásicas que contrastan con las viejas casas coloniales.

Se extiende a lo largo de 11 cuadras desde la calle Zulueta hasta la Avenida del Puerto.

Palacio de los Capitanes Generales, Plaza de Armas, Librería La Moderna Poesía, Café París, Monumento al Ingeniero Albear que fuera el creador del primer gran acueducto de la ciudad, el Hotel Ambos Mundos, y allí estuvo desde 1728 hasta 1902 la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de la Habana, las famosas farmacias Johnson y Taquechel, y por supuesto el Bar el Floridita.  Y si no bastara el Floridita, excelso por su coctelería y su comida, contiguo estaba la meca de los mariscos, el restaurante La Zaragozana. De El Gato Negro y El Gato de Papel, billetería y librería de Adolfo Cacheiro, con quien trabajara, merece un aparte. Y a dos cuadras paralelas hacia el mar, la Catedral y la Bodeguita del Medio.

Café Europa: el grande de la calle Obispo

Cafés y cafetines abundaban ya en el siglo XIX, unos ataviados con instalaciones lujosas, los otros modestos y sencillos, más todos, colmados y bulliciosos, especialmente en las noches cuando en ellos se reunían periodistas, escritores, cronistas teatrales y demás intelectuales de entonces.

“Había tantos cafetines de esquina como bodegas de barrio, porque echarlos a andar costaba poca cosa, pues con cuatro o seis mesas, dos docenas de sillas, un mostrador de madera, una cocinilla en un ángulo para las cafeteras, algún espejo y adorno,  un mediano surtido al crédito de bebidas entre extranjeras y nacionales sobre todo y debajo del mostrador un garrafón de coñac barato de los que se fabricaban en alambiques clandestinos, ya se llenaba el expediente” contaba n cronista de la revista Carteles, Federico Villoch, en 1941.

No fue hasta finales de los años 50 que conocí al Café Europa, famoso porque sus productos se basaban en una oferta tanto de productos criollos como europeos que la convertía en una de las casas mejores surtidas, al parecer por este anuncio, su propietario se autoabastecía para la elaboración de una parte de ellos, lo que le brindaba seguramente al negocio autenticidad y credibilidad  devenidas aceptación general y ganancias.

   El Café Europa a principios del siglo pasado.

Del mismo modo, aparece en la etapa republicana con esta dirección el Edificio Europa, de oficinas, y la billetería El Gato Negro, con cuño dueño, el inquieto Adolfo Cacheiro tuve el gusto de trabajara en su librería El Gato de Papel.  Siempre  mantuvo el nombre de Europa, en cambio su carta tradicional se transformó en los últimos tiempos, pero yo no olvido los pasteles de ensalada de pollo. Nunca he comido otros iguales de sabrosos.

Al terminar la calle, y frente al Floridita, se encuentra el antiguo Centro Asturiano, ahora parte del Museo de Bellas Artes, el Parque Central de La Habana, justo al costado del Capitolio Nacional, el Gran Teatro de La Habana, antiguo Centro Gallego y los hoteles Plaza, Parque Central y Telégrafo, y por supuesto un edificio icónico: la Manzana de Gómez recién convertida en hotel de lujo. A muy poca distancia, el Sloppy Joe´s.

Durante los años 50, en que trabajé en esa zona, este fue el centro de un triángulo bancario que surgió en esta zona a principios del pasado siglo; la que fuera conocida, incluso, como el Wall Street habanero, por la presencia de grandes bancos que ocuparon aquí lujosas sedes. El “Wall Street Habanero” y acogiendo a su vez en sus predios instituciones de este tipo como el Banco Nacional de Cuba, el Banco Mendoza, el Banco Gómez Mena y el Trust Company of Cuba y la sede de la Western Union y muchas compañías de seguro. Era el lugar de Cuba donde más dinero corría. Y donde más turistas iban.

La Manzana de Gómez, ahora un hotel 5 estrellas.

Antes de abrir una botella de ron los cubanos se ponen de acuerdo en qué van a tomar. Entonces buscan opciones que van desde el conocido Habana Club, hasta otras variantes como el magnífico Santiago de Cuba, Caney, Varadero, Cubay, Legendario, Mulata y muchos otros, casi hasta el infinito, y todas compitiendo por  la supremacía para conquistar al cubano, que goza en este sentido de una cultura etílica transmitida por generaciones, en lo que respecta al ron.

Gracias a nuestros ancestros españoles, somos como ellos, intensos en todo tipo de emociones y lo que se haga, debe hacerse en grande, y no implica solo en lo material, sino a sentirlo de verdad, lo que nos hace muy impacientes y trabajamos porque el objetivo se cumpla. Quizás ahí esté, unido a los dones de la naturaleza, la calidad del ron y el tabaco cubanos.

Para competir con el ron y el tabaco cubanos hay que pasar mucho trabajo, y difícilmente se pueda ganar, aunque hay casos que han estado muy cerca.  Pero el que ha probado un habano de calidad, de Vueltabajo, Pinar del Río, sabe que no hay ningún otro que pueda llegar a su altura, así sean semillas llevadas de Cuba, escogidas o esmeradamente cultivados y procesados. Igual ocurre con el ron. 

Es por eso que Bacardí, cuando comenzó sus producciones en Puerto Rico y México, de una forma inadvertida estaba minando la calidad que lo hizo famoso.

En México he podido probar muchísimas variantes de Bacardí. En realidad lo considero un ron de mediana calidad que no tiene nada que ver con el ron que se consumía muchísimo en Cuba y que ganó fama internacional, aún sin ser el mejor ron, ya que había de calidades superiores, pero que no tenían el marketing de que gozó esta firma, que sin duda, estaba respaldada por su calidad

Al hablar de “Matusalén”, rápidamente se comprende el significado, pues los cubanos repiten mucho un dicho popular para las cosas viejas “Es más viejo que Matusalén” (hombre que vivió novecientos y tantos años). Dicho así tienen razón porque un ron tan joven como el Paticruzado cuando se toma parece que ha estado muchos años en añejo, y la verdad es que después de haberlo saboreado no lo cambias por ninguno.

Hoy por hoy, por precio y calidad, es el mejor ron que se puede tomar en México (después de Flor de Caña, por supuesto) y ambos gozan de una característica inconfundible: el ron es de 40 grados, no de 38 o 36 como son casi todas las bebidas mexicanas, incluyendo todos sus tequilas.

Hasta el Bacardí perdió su esencia y bajó hasta los 38 grados.

La que fue bebida de corsarios, marineros y piratas durante siglos y bebida para disfrutar de muchas formas,  es ahora una encrucijada para el cubano.

A pesar de que fue en Cuba donde se inició la producción moderna del ron (al menos la del ron que hoy conocemos, distinto del aguardiente que tomaban los piratas) y de que quien inició ese proceso (la fabricación del ron moderno) fue, precisamente, la familia Bacardí, en su destilería de Santiago de Cuba, el Bacardí por los habitantes de la Isla, ya no se considera cubano.

Tomar ron o cerveza es en Cuba un deporte nacional. Cualquier evento, fiesta familiar o suceso es un buen pretexto para descorchar una botella que le permita decir lo que normalmente no dice y de alguna forma eufóricamente celebrar algo, ahogar las penas o simplemente sentirse diferente a la agobiante rutina del cubano.

La diferencia entre un borracho con dinero y un borracho de escaso poder adquisitivo es notable. Generales, ministros, empresarios y artistas (y muchos deportistas también)  disfrutan con tragos amplios de whisky escocés o del bourbon Jack Daniel’s, ediciones especiales de rones con añejamiento extra, tequilas de largo añejamiento y otras bebidas de primera, los “curdas” del barrio tienen que conformarse con el fulminante ron peleón, barato y a granel adulterado a más no poder, bautizado doblemente, con agua y con nombre tales como:  Chispa de tren, Bájate el blumer, Hueso de Tigre, Salta pa atrás, Azuquin,  Lágrimas negras y otros que se asocian a su mala calidad y efectos.  Menos mal que a los cubanos no se nos ha ocurrido el “Papi no te Vayas o Don’t Go”, que es una famosa bebida Dominicana la cual consiste en Ron Blanco con jugo de fresa en polvo mezclados con una una menta Hall`s. Eso es denigrar a una bebida tan delicada como el ron.

Mientras ese líquido infernal cuesta diez pesos cubanos, el exquisito ron Santiago, hoy por hoy el mejor de Cuba, vale más de diez pesos convertibles, veinticinco o treinta veces más y que no hay salario en Cuba al que le de respuesta.

El ron y su influencia en nuestra cultura

La historia de Cuba es un poco la historia de la caña de azúcar, y la caña de azúcar tiene como uno de sus principales derivados justamente, el aguardiente primero y el ron después. Y durante mucho tiempo la caña fue la industria fundamental de Cuba, al extremo que se manejaba como un eslogan nacional hasta el triunfo de la revolución: “Sin azúcar no hay país”.

Y así era, pero la revolución acabó también con el azúcar, algo impensable, inimaginable, y por eso no hay país.  El turismo es ahora el renglón más importante. Si estás hablando de la historia de Cuba estás hablando un poco de la historia de la caña, y del ron como derivado de la caña y después del tabaco.

El maridaje perfecto de ron y tabaco tiene nombres propios. Havana Club, Santiago u otros rones  y las diversas marcas de habanos comparten mucho más que su origen, son íconos de Cuba.

Lejos de quedar relegado al olvido, como quedaron los piratas, el ron es una de las bebidas más populares tanto en Oriente como en Occidente; según agencias como Euromonitor, el volumen de las ventas de ron en el mundo viene experimentando desde el año 2009 un crecimiento que ronda el 17%. Y se hace un esfuerzo por las grandes firmas para crear y lanzar al mercado rones de gama alta y ediciones Premium lujosas que albergan ron cada vez más añejo.

Es cierto que hay muchas producciones de grandísima calidad no cubanas, como son: Ron Zacapa Centenario 23 años, Guatemala, que por su bouquet es considerado “el cognac de los rones”; el Motu Rum, Islas del Pacifico Sur, es un ron obscuro, destilado con los mejores procesos y las cañas de la más alta calidad;  El Flor de Caña de Nicaragua, un ron de calidad internacional; Ron Flor de Caña ha sido premiado con numerosos galardones internacionales y está considerado como uno de los mejores del mundo, a lo que me sumo.

Entre toda variedad y cantidad de marcas especializadas en la elaboración de ron, las grandes enseñas cubanas ocupan un lugar privilegiado debido a la calidad y excelencia de sus productos, valorados en todo el planeta. A continuación se enumeran cinco de las mejores marcas de ron de Cuba.

Edmundo Dantes

Pero si de prestigio y exclusividad se trata, hay que hablar de Edmundo Dantés, la firma productora de ron con sede en Santiago de Cuba que tan sólo produce tres mil botellas de este tesoro líquido al año. Y en uno de los productos de la industria ronera más valorados del mundo. Edmundo Dantes, que debe su nombre a la novela “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, produce ron de 15 y de 25 años. Éste último se comercializa en un packaging de lo más lujoso que incluye oro de 24 quilates.

Caney

El ron Caney es elaborado en la antigua destilería de Bacardí de Santiago de Cuba, conocida en la actualidad como Nave de Don Pancho. El clima húmedo de esta zona es el que confiere a la caña de azúcar un sabor diferente, un aspecto éste que, unido al sabor de un tipo de mango exclusivo de Santiago (el Caney de las Mercedes), origina un producto único que alberga el origen más tradicional de la industria ronera cubana.

Havana Club Máximo Extra Añejo, Cuba

Reúne cualidades que lo hacen exclusivo y de una probada calidad que lo ubican entre los rones más finos de la historia.

Se dice que está elaborado con reservas “extremadamente raras” y comercializado mundialmente en una edición limitada de mil botellas anuales. Afirman los expertos que “no existe ni existirá jamás un ron que exprese mejor la cultura ronera cubana y su rica tradición que éste producto ultra premium”.

El arte, la cultura y las bebidas alcohólicas.

No tiene y sí tiene que ver con Bacardí, pero sobre todo con el ron….y otros licores.  Además si la relación no es directa, al menos son informaciones interesantes.

Horacio, el poeta autor de esos clásicos inigualables; la Ilíada y la Odisea,  decía: “No siembres ningún otro árbol antes que la vid junto a las orillas del Tíber, pues Dios depara toda clase de males a los sobrios”.  Yo creo que es cierto. En una fiesta, por ejemplo, lo peor que hay es ser sobrio. Los sobrios sufren muchísimo, porque sufren todas los desvaríos de los borrachos. Como solo están viendo lo que hacen los demás, tan completamente claros y lúcidos sufren muchísimo. Por supuesto que tampoco es buena la esclavitud del alcohol, pero moderadamente nos alegra. El rey del vino y el esclavo del agua, decía el poeta peruano César Vallejo.

Por eso hay una gran cantidad de artistas, intelectuales y personajes importantes en la historia de la humanidad que se han destacado por empinar el codo más de la cuenta, algunas veces o sistemáticamente.

El poeta nicaragüense Rubén Darío era un gran bebedor.

Un escritor de gran magnitud (la princesa está triste…¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa), vivió una vida atribulada y llena de carencias y  plasmó su alcoholismo y sus problemas de sobrepeso en la “Epístola a la señora Lugones”. Su muerte prematura a los 49 años se debió a su crónico alcoholismo.

Frank Sinatra: bebió vinos tintos caros y martinis mezclados para sus amigos. Sin embargo, su propia bebida era una mezcla sencilla y exacta de hielo, Whisky Jack Daniels Tennessee y agua. “Esta es la bebida de un caballero”, es como él lo describió. “Esto es bueno.” En ocasiones lo llamaba “El asno negro de Jack Daniel”.  Parece ser que no hay otro Whiskey tan promocionado tanto en la música como en el cine.

Frank Sinatra pidió ser enterrado con una Daniels No. 7.  En honor a su pasión, la marca produjo un whisky exclusivo: Sinatra select.

John Fitzgerald Kennedy: el último presidente asesinado en EE.UU. era un amante de la buena vida: mujeres, viajes en velero, habanos, bebidas y fiestas. Dicen que antes de afianzar el bloqueo a Cuba mandó comprar por todo el país las existencias de H. Upmann Petit Coronas, su cigarro preferido. Encontraron 1.200 y todos pasaron a su humidor. También amaba tomar Mojitos hechos con ron cubano. Buena combinación.

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway: que se hizo famoso por novelas como “El viejo y el mar”, “Adiós a las armas” o “Por quién doblan las campanas”, era también famoso por beber whisky con un chorrito de jugo de limón. A él se le atribuyen las siguientes palabras: “¿No bebe? Veo que habla con desprecio de la botella. He bebido desde que tenía quince años y pocas cosas me han dado más placer. Cuando uno trabaja duro todo el día con la cabeza y sabe que tiene que trabajar al día siguiente ¿qué otra cosa puede cambiar sus ideas y hacerlas funcionar en un plano diferente como el whisky?

Pero esto fue antes de irse a vivir a Cuba.

Según nos explica Ana Andreu Baquero en su libro Lo que Robinson Crusoe le contó a Lolita, Hemingway fue capaz de hacerse con un premio Pulitzer a pesar (o porque) consumía diariamente litros de ron, vino o whisky. Su bebida favorita, con todo, era el daiquirí, del que llegaba beber diez copas seguidas. Su afición al daiquiri alcanzó tal nivel que solía llevar consigo un termo para disfrutar de él en cualquier momento.

Hemingway tuvo tres grandes amores: el mar, los libros y el daiquirí y los tres los encontró en La Habana, donde pasó sus horas más felices y creativas de mano de las letras y el ron.

No hay otra parte del mundo donde el ron sepa mejor y no se ha probado un verdadero daiquirí hasta visitar El Floridita, donde Hemingway realizó tertulias, bebió y escribió muchos de sus mejores libros por más de 20 años.

Uno de sus combinados favoritos era una mezcla de jugo de tomate y cerveza,  que se toma bastante en Cuba, donde no es conocido el famoso trago llamado Michelada en México, donde también hay una versión llamada Michelada Cubana que ningún cubano conoce. Pero es más conocido el cóctel que él bautizó igual que uno de sus libros: Muerte en la tarde. Y que trata de las corridas de toro.

Muerte en la tarde es una mezcla de absenta, una bebida con cerca de 80 por ciento de alcohol y que se prepara con una medida de absenta en una copa de champaña, se añade  champaña helada hasta que adquiera la opalescencia propia de la leche. En primer lugar y según las palabras que dejó escritas sobre las paredes de la mítica Bodeguita de En Medio en Cuba, los mojitos eran lo suyo:

“My mojito in the Bodeguita del Medio and my daiquiri in the Floridita.”

Charles Bukowski

Ese es el problema de beber, pensaba, mientras me servía un trago. Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para que hacer que algo pase.

Edgar Allan Poe

El gato negro o El Cuervo no serían lo mismo sin el delirium tremens en el horizonte. Edgar Allan Poe era el clásico borracho que perdía la conciencia o se caía en redondo

Su pasión por la bebida era tan poderosa como la que tenía por las cartas

Cuentan que tomaba un vaso entero de un solo trago sin pestañear y que ese vaso solía bastar para sumirlo en un estado de sopor etílico. Era una persona de débil complexión y su enfermiza constitución.

Charles Baudelaire

El autor de Las Flores del Mal decía “Hay que estar siempre borracho. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo hay que emborracharse sin tregua. Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero emborrachaos.”

François Rabelais

El creador de una obra tan extrema como Gargantúa y Pantagruel debía llevar por necesidad una vida excesiva, así que, para no decepcionarnos, así lo hizo, relacionándose con el vino casi como si fuera agua bendita

Juan Rulfo

A menudo encontraban a Rulfo desnudo, durmiendo la borrachera en plena calle. No se quedaba dormido por exhibicionismo, sino porque estaba tan borracho que ni siquiera se daba cuenta cómo le robaban la ropa. Entre una borrachera y otra, escribió Pedro Páramo, lo que bastó para inmortalizarlo.

Sus problemas con el alcohol eran tan grandes, que su esposa, Clara, lo encerraba con llave para que no siguiera bebiendo. Finalmente trató de combatir estérilmente su adicción ingresando, a finales de 1962, en el sanatorio La Foresta de Guadalajara, donde recibió tratamiento a base de electroshocks.

El que es considerado el mejor escritor latinoamericano, a pesar de su corta obra, y comparado con Kafka, Faulkner, Balzac y otros, es fundamental para la narrativa mexicana, pero tal como el país que lo vio nacer, logró todo a partir de la tragedia, convirtiendo su vida en su propia narrativa pesimista.

William Faulkner

Escritor estadounidense que siempre aceptó que mantenía cerca de él una botella de whisky, incluso afirmó que la civilización comenzaba con la destilación.

Scott Fitzgerald

El alcohol fue un punto de encuentro para el autor estadounidense y Zelda, su esposa. Se cuenta que eran un par de bromistas borrachos, famosos por hacer incursiones acuáticas en la fuente del tradicional hotel Plaza, en Nueva York, o por su costumbre de sumergir en la sopa los relojes de sus invitados. “Primero uno se toma un trago, luego el trago se toma otro trago, y luego el trago te toma a ti”, decía el autor de El Gran Gatsby.

Juan Carlos Onetti

El uruguayo Juan Carlos Onetti se volvió tan esclavo del alcohol que, según cuenta Eduardo Galeano, junto a su cama disponía de un alambique con un sistema de tubos a fin de libar vino sin mayor esfuerzo. Fue compañero fiel de borracheras de Juan Rulfo y decía que el alcohol lo ayudaba a escribir, pero que todavía no había escrito borracho como Faulkner, su maestro. Este era mi maestro en lo literario, no en lo alcohólico.

Oscar Wilde

Este famoso escritor inglés, solía gastar el poco dinero que ganaba en alcohol, pero no en cualquier botella barata sino en Champagne. Se cuenta que aun durante su lecho de muerte pidió una última copa de champagne.

Manuel Mejía Vallejo (Colombia, 1923-1998). Era un tremendo bebedor de ron, pero como era paisa, le gustaba el Ron Medellín Añejo, o Medellín Vallejo, como lo llamaban sus amigos, de la Fábrica de Licores de Antioquia. Lo tomaba con Coca-Cola (el famoso cubalibre).

El gran escritor inglés Graham Greene, aficionado al ron añejo e inventor de cócteles diabólicos, inmortalizó el Sloppy Joe`s y también al Hotel Sevilla en su novela “Nuestro hombre en La Habana”, llevada además al cine.

En Hollywood.

Spencer Tracy fue el único que pudo competir en la fiereza de sus borracheras y en sus alarmantes  resacas con Humphrey Bogart. En referencia a él se decía: “Humphrey es un tío estupendo hasta las once y media de la noche. Después se cree Bogart”.  Su chiste preferido era que alguien le preguntara: ¿nacionalidad? y él contestaba: borracho. Murió a los 50 años por el exceso de bebida y fumar.

De Monty Clift se dice que fue el suicidio más largo de Hollywood, porque completamente borracho chocó con su auto y quedó totalmente desfigurado. Durante el rodaje de “De aquí a la eternidad” bebía de tú a tú con Sinatra. Burt Lancaster a menudo iba a buscarles y les metía en la cama y si lograba hacerlo,  Clift terminaba despertando a todo el hotel con su corneta. Con Brando en París se tomó 15 martinis con ginebra. Terminó desplomándose sobre un coche. Pero su cóctel favorito era el vodka y las pastillas. Hitchcock, que le dirigió en Yo, confieso, detectó su debilidad. Un día le vio borracho y le retó a beberse una copa de brandy de un trago. Clift aceptó y, tras cumplir, se desmayó. Cuando se enteró de su muerte, el director dijo: “Siempre caminaba con un ángel de la muerte junto a él”.

Richard Burton

Ena escena del rodaje de “El espía que surgió del frío”, Burton tuvo que beberse un whisky de un golpe. Le dieron ginger ale, cerveza de jengibre, el brebaje que suele sustituir al whisky en el cine, pero el actor lo rechazó: sólo quería el producto original. La escena requirió cuarenta y siete tomas.. Esta anécdota refleja bien el carácter de Burton, que durante su matrimonio con Taylor seguía la siguiente dieta: su primer Bloody Mary a las diez de la mañana, y a primera hora de la tarde ya iba por su segunda botella de vodka de las que habitualmente tomaba tres. Siempre se excedió en todo, hasta en sus defectos y que lo llevó a la muerte a los 58 años.

La versión inglesa del Rat Pack compuesto por Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., se trataba de Peter O’Toole, Richard Harris y Oliver Reed, que junto a Richard Burton pasaron sus primeros años perdiendo la consciencia en los pubs ingleses. Bebían antes y después de sus funciones, se presentaban borrachos en los rodajes y tenían fama de peligrosos.

FILE — For actor Peter O’Toole, shown in this a Feb. 4, 1989 file photo, giving up drinking was not so much a case of shouldn’t, but couldn’t. “My health was affected and it was actually more difficult to go on drinking than to give it up,” O’Toole said in an interview published by the Sunday Express in London Dec. 17, 1995. (AP Photo/FILE/Mark Lennihan)

Reed aseguró que llegó a beberse 71 litros de cerveza en un día y Peter O’Toole hacía gala de su descontrol. “me lo pasé bien en esos tiempos en que te ibas a tomar una cerveza al bar del barrio en París y te despertabas en Córcega”.

“O’Toole y Peter Finch en un tour de tabernas irlandesas, el dueño de la última se negó a servirles porque ya había pasado la hora de cierre. Los dos actores decidieron que la única solución viable era comprar el pub, de manera que en ese mismo instante extendieron un talón por el local. A la mañana siguiente, cuando comprendieron lo que habían hecho, corrieron a la escena del crimen. Por suerte, el dueño aún no había ingresado el cheque: se había evitado el desastre. O’Toole y Finch siguieron manteniendo una buena relación con el dueño del pub, y cuando éste murió, su mujer les invitó al funeral. Los dos actores se arrodillaron ante la tumba y lloraron ruidosamente mientras el féretro era bajado a tierra. En un momento dado, Finch giró el rostro, porque ya no podía soportarlo más, y O’Toole vio que en la cara de su amigo el dolor daba paso al asombro. Se habían equivocado de exequias. Su amigo estaba enterrado a cien metros de allí”.

 

Una especie de resumen

Podemos asegurar que gran parte de los clásicos de la literatura no fueron escritos con tinta, sino con vino, ron, vodka, whiskey y quién sabe qué más. François Villon, James Joyce, François Rabelais, Edgar Allan Poe, Philip Milton Roth, Malcolm Lowry, Horacio, Giovanni  Boccaccio, César Vallejo, Guillermo Cabrera Infante, Omar Khayyam, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Anthony Burgess, William Faulkner, Scott Fitzgerald… todos escribieron y bebieron abundantemente.  Pero lo de Hemingway es otra historia.

No se si la imaginación del autor tiene algún gen que le predispone a empinar el codo más de la cuenta, ya sea porque el alcohol siempre ha sido la droga legal de acceso más fácil y efectos muy variados, tenemos una amplia colección de escritores dipsómanos que a lo mejor no serían lo que son sin el alcohol.

Pero como toda regla tiene sus excepciones, está el inmenso Isaac Asimov, que más prolífico y lleno de imaginación combinada con sus conocimientos científicos no podría ser y sin embargo no bebió una sola gota de alcohol en toda su vida.

No justifiquen que son borrachos porque eso les trae la inspiración, que es un proceso intelectual que no tiene nada que ver con la bebida.


                                      Isaac Asimov, otra cara de la moneda.

 

 

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3 Comentarios

  • Reply
    Raul Alfonso Rodriguez
    July 26, 2017 at 11:17 pm

    MUchas gracias por todo lo expresado ha llenado, mi dia de felicidad,con sus comentarios ,tan brillantes a partir de ahora leere sus articulos hacia tiempo no encontraba alguien que motivara tanto, soy cubano vivo en Ecuador

    • Reply
      carlosbu@
      July 27, 2017 at 11:29 pm

      Hola tengo un muy buen amigo que lleva unos 18 años en Ecuador, Norberto Wong, es ingeniero informatica pero ahora se dedica a editorialista de libros, gracias por su comentario y me alegra mucho que comparta mis memorias,un saludo

  • Reply
    Italo Nuñez de la torre Hartmann
    October 30, 2017 at 9:19 pm

    siempre me gusta leer artículos sobre rones, y este, fue uno muy bueno. Soy de Lima, Perú.

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